gigante (III)



Estoy aprendiendo a leer, ya sé casi todas las palabras, aunque a veces me equivoco y cambio las sílabas de lugar. Es entonces cuando leo que me quieres y no puedo estarme quieta, tengo que agitar los brazos muy muy rápido, parece que nade por el aire, parece verano, parece que estoy en la piscina y mi padre me pregunta desde la barandilla de piedra: ¿Quieres macarrones?
Muevo los brazos muy muy rápido, soy un molino de viento, para que alguien me vea de lejos y así yo le parezca un gigante, un gigante porque confundo las letras y leo que me quieres, a mí a mí a mí a mí a mí! Pero ahora, la gente se rie de los gigantes, apenas les tienen respeto y sólo los locos nos ven.

Mi profesora de solfeo se llama Felicidad #

mi piano, con un poco de polvo


He subido hasta el 3º2º del 114. Al abrir la puerta "Nino" me ha arañado los pantalones y me ha dicho "miau" y yo le he respondido que "marramiau " y se ha convencido. Menos mal porque no sé más palabras. Todo esto lo he hecho porque estaba sola en el recibidor, en compañía no me atrevería a hablar con un gato desconocido.

Mi profesora de solfeo se llama Felicidad y eso que es joven. La verdad es que me gusta mucho su nombre y además lo contagia, eso sí, timidamente. Hemos estado leyendo un poco:

Paola: do, miii, la-la, si mmm dooo, fa, si, si... Sí?

Felicidad: sí, sí, es la octava, dos si, sí..

Paola: ah sí!

[risas]

Después se ha sentado en el piano y me ha dicho, "no mires.." (¿es que acaso se va a desnudar?!) "no mires porque voy a ver que tal estás de oído"

Piano: taaaaaaaaaaaaannnnn...


La nota se queda suspendida en la habitación, se escurre por el vidrio y se cuela por debajo de la ventana. Se agarra al bajante de la galería y se desliza como un bombero hasta el 2º2ª y entra por la habitación de Lucía, que observa pensativa su colección de zapatos...¿escogerá los que me siguen a mí? ....taaaaaaaaaaan

Otra vez en el 3º2ª,

Felicidad: ¿qué nota es?

Paola: Un La.

Felicidad: Muy bien...

A mí me estaba empezando a gustar hacer las cosas bien y además Felicidad es una mujer positiva.

Al cabo de varios ejercicios me ha dicho que me sentara a tocar el piano, que me quería escuchar. Yo ya le había dicho que soy autodidacta y que no tengo ni idea de las notas que toco, pero que las toco, y que no me pida que lo repita porque voy improvisando y sería muy difícil volver a tocar lo mismo y que bla bla bla

tan tiii... taaan tooon, ta ta ti ta tiii, ta ta tiii, tann tannn , ti taaa tooon... -imaginando a Lucía en el 2º2ª, que está a punto de decidirse-

Felicidad: Mmm, muy bien, tienes mucha intuición musical...no deberías desaprovecharla...
(estrategia: elogiar al alumno)

Ah sí? vaya...

tin taaan tooon. Lucía sale de casa.

desilusión #

Es como abrir la ventana y que se inunde de polvo la habitación.

Es recuperar el silencio y pasar apuntes en la biblioteca.

Es querer estar contigo sin que nadie lo note.

Es aplastar el mundo que hay bajo tu mano y llorar
porque lo puse yo.

Es un cero patatero.

observación #3

Amanece entre las rejillas de la persiana.
Me he dormido media hora en tu cama y he llegado a la mía sin sueño.
Te lo habrás quedado todo tú.
Sin querer me he puesto la camiseta del revés y he vuelto con todos los que vuelven.

Pienso en mañana, que en realidad es hoy,
otra vez hoy.

A veces es domingo y vamos al cine.

observación #2

El otro día vino una profesora nueva, muy joven, casi más que yo, a presentar su asignatura. Cuando entré en clase no la veía porque no parece una profesora, parece una compañera. Y todos decíamos "¿dónde está la profesora?" y ella se reía... Al final nos dijo "Estoy aquí" y nos callamos. Yo pensé "si que corre la gente, tan joven y con tantas cosas ya hechas, y mira yo, mira yo, muchas cosas empezadas y casi todas sin terminar!"

Apagó la luz y encendió la del proyector, nos quedamos casi a oscuras y entonces nos dijo que nos iba a leer un cuento, como a los niños pequeños. A mí me gustó mucho, era la hora de la siesta y apoyé la cabeza en María que se reía ...

Nos dijo que este cuento nos haría reflexionar sobre nuestro rol como educadores. Me gustó mucho aunque es un poco triste. Se llama "Un niño" y es de Helen Buckley. Mira igual es família de Jeff Buckley.

"Una vez, un niño fue a la escuela. Él era muy pequeñito y la escuela era bien grande. Pero cuando el niño vió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta de en frente, se sintió feliz, y la escuela no le parecía tan grande así. Una mañana, cuando hacía poco que él estaba en la escuela, la maestra dijo:

- ¡Hoy vamos a hacer un dibujo!

- ¡Bien! -Pensó él-

A él le gustaba mucho dibujar, el podía hacer todas las cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y barcos... y sacó su caja de lápices y comenzó a dibujar.

Pero la maestra dijo:

- ¡Esperen! ¡No es hora de comenzar!

Y él esperó hasta que todos estuviesen preparados.

- ¡Ahora! -dijo la maestra- Vamos a dibujar flores.

- ¡Bueno! -pensó el niño, a él le gustaba dibujar flores- Y comenzó a hacer bonitas flores con lápiz rosa, naranja y azul.

Pero la maestra dijo:

- ¡Esperen! Yo les mostraré cómo se hacen...

- Así. -Dijo la maestra-

Y dibujó una flor roja con tallo verde.

- Aquí está, dijo la maestra , ahora pueden empezar.

El pequeño niño miró la flor de la maestra y después miró la suya. A él le gustaba más su flor que la de la maestra pero no lo dijo. Sólo miró su papel y dibujó una flor roja con el tallo verde.

Otro día, cuando el pequeño niño entraba en clase, la maestra
dijo:

- Hoy vamos a trabajar con plastilina.

- ¡Qué bueno! -Pensó el pequeño niño- me gusta mucho la plastilina.

Él podía hacer toda tipo de cosas con plastilina: serpientes y elefantes, ratones y muñecos de nieve, camiones y coches...

Y comenzó a apretar y amasar la bola de plastilina.

Pero la maestra dijo:

- ¡Esperen, no es hora de empezar!

Y él esperó a que todos estuvieran preparados.

- Ahora -dijo la maestra- vamos a hacer una serpiente.

- ¡Bien!- pensó el pequeño niño, a mi me gusta mucho hacer serpientes. Y comenzó a hacerlas de diferentes tamaños.

Pero la maestra dijo:

- ¡Esperen! Yo les enseñaré cómo hacer una serpiente muy larga.

- Aquí tienen -dijo la maestra- ahora ya pueden empezar.

El niño miró la serpiente de la maestra, entonces miró las suyas...A él le gustaban mucho más las suyas que las de la maestra, pero no lo dijo. Simplemente amasó la plastilina en una gran bola e hizo una serpiente como la de la maestra.

Así que el niño aprendió a esperar, a mirar y a hacerlo todo igual que la maestra, y muy pronto dejó de hacer las cosas tal como surgían de su imaginación.

Entonces ocurrió que el pequeño niño y su familia se mudaron a otra casa, en otra ciudad. Y el niño comenzó a ir a su nueva escuela.

Esta escuela era más grande que la otra y tenía que subir grandes escaleras y caminar por un largo pasillo para llegar al aula.

Y justamente, el primer día de clase que él estaba allí, la maestra dijo:

- Hoy vamos a hacer un dibujo.

- ¡Bien! - Pensó el niño, y esperó a que la maestra le dijera que hacer, pero la maestra no dijo nada, sólo se paseaba entre las mesas. Cuando se acercó al niño, ella dijo:

- ¿Tú no quieres dibujar?

- Sí -dijo el pequeño niño- ¿Qué es lo que vamos a hacer?

- Yo no lo sé hasta que tú no lo hagas -dijo la maestra-

- ¿Cómo lo hago? -preguntó el pequeño niño-

- Como tú quieras -contestó la maestra-

- ¿Y de cualquier color? -preguntó el niño asombrado-

- De cualquier color -dijo la maestra- Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es de cuál y quién lo hizo? -siguió la maestra-

- Yo no sé... -dijo el pequeño niño-

Y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde.

observación #1

El otro día salí de la ducha y no me vestí. Me pasé un buen rato desnuda en el estudio. Hacía frío y me dolía la cabeza. Estuve titititiritando hasta que se me pasó. Tenía la piel de gallina y el culo helado y la mesa llena de trastos. Me puse a cantar y a dar saltos, no era sensual. Me dió la risa. Tampoco era importante. Pero no logré congelar nada en mí. Nada se convirtió en escarcha que rascar, ni en cristal. No soy como el vidrio de un coche que se congela de madrugada. Tampoco nadie me quita el hielo por las mañanas. Por lo tanto, no lo volveré a hacer. Tengo que eliminar este tipo de cosas. Me voy a abrigar.

Hoy una amiga me ha subido en moto a la facultad y hemos pasado entre medio de los coches. Ha sido emocionante confiar tanto en alguien. Y le he dicho en el tunel, "te quiero un montón ahora" y ella ha gritado "¿qué? no sé qué dices!" y ya en seguida hemos llegado. Me encanta entretener al conductor.

va de perfumes

Hace ya unos días, creo que empezó la semana pasada, que mi propio perfume me recuerda a ti. No sé de que fenómeno se trata, pero cada mañana, cuando me visto, mi perfume está más cerca del tuyo.

Aquella mañana, aquella del metro con tantos vagones - sí, ya sé que estaba muy guapa, me lo dijiste- fuimos en busca de tu olor y del mío. ¿Te acuerdas? Ya nos los sabíamos de memoria, por eso ya podíamos encontrarlos, y decidimos que los reconoceríamos en cuanto los tuviéramos en frente de nuestras narices. A mi me encanta hacer todas estas tonterías contigo, y el problema es que ahora no sé si encontraré a alguien que me siga el juego.

Así que entramos en la casa de los perfumes y me los hiciste probar todos. Éste, aquél, el otro... Primero encontramos tu perfume de los días especiales, aunque como yo sólo te veo en los días normales, para mí esos son los especiales.

Nos dimos cuenta de que no era lo mismo poner perfume en la varita de papel que ponerlo en la piel, porque en el papel aún no era nuestro perfume, en el papel era un perfume cualquiera. Cuando encontramos el tuyo, el de los días normales, te dije "¿Es éste?" y tú me respondiste "Claro, ¿ no lo reconoces?" y yo pensé que no, que no podía ser ese. Aquel papel no olía a cama recién hecha. Después encontramos el mío y yo te pregunté "¿Yo huelo así?" y me dijiste "No, no exactamente así, en ti es mucho mejor" y te acercaste y me oliste el cuello. Y yo, como estaba muy obsesionada con todo esto de tu perfume -¿no se nota?- te pregunté "¿Tú también piensas en ello? y me dijiste"Claro, yo también". Sonreías y me mirabas a los ojos. Me sonreías como en la oscuridad , mientras yo te decía "¿Has visto? Soy yo y estoy contigo"

Los perfumes en el papel, son como los recuerdos escritos, se parecen, pero no son exactamente lo mismo.

Foto robada de truz


Tú, profundamente afectada y preocupada por la vida, te fumas un cigarrillo delante de la ventana, poseída por el espíritu de un filósofo de Pocamonta, ciudad absurda donde las haya, mientras auguras palomas muertas en el terrado.

Tú, mi amor, empieza esta historia con tus ojos perdidos sin anclas, ahora que ya no tengo historias, con el espejismo de una luna en cada farola y tu respiración más allá. Más allá del vidrio, el vaho es sólo una huella, es la sábana que cubre al fantasma. Así que, más allá.

Tu respiración zarpando de todos los puertos, a un paso de las huídas que nos tientan, lejos...

Suena el teléfono. Riiiiingg, Riiiiiiing, Riiiingg, Riiiing, Riiiing
atravesando la habitación.


- ¿Sí? -contestas-


- Soy yo -contesto-

Yo

micro-cuento con final dudoso

Joan me ha llamado esta mañana y me ha dicho "acompáñame a comprar un portátil que yo no tengo ni idea"

Esta es la segunda vez en un mes que alguien me pide que lo acompañe a comprar una cosa de esas, lo peor es que se fían de mí y tengo que mantener esta fama de buena consejera. Para que se fien, el truco está en decir muchas veces y muy seguido, y de forma natural, palabras con tres letras como por ejemplo, cpu, usb, tft, amd, lan y puedes ir probando con otras (csi, fbi, adn, gay, ett, pmi...etc). Wifi es optativo. Y no falla, comprarán el ordenador que a ti te dé la gana y además se sentirán seguros.

Así que hemos quedado en Universitat. Joan ha aparecido de la boca del metro cual Neptuno de los mares. Y hemos iniciado la peregrinación en busca del portátil ideal. Joan me hacía preguntas que yo no entendía y yo le contestaba cosas absurdas con siglas como las de ahí arriba y así se tranquilizaba. Me ha contado mucho sobre su vida, que ha cambiado tanto este último año, y me ha estado comiendo el coco para que no deje la carrera. Nos hemos dado cuenta, que paradójicamente, nos conocimos en la otra carrera que dejé, así que ya hace siete años y seguimos siendo buenos amigos.

Todo iba bien hasta que Joan se ha puesto muy pesado con el rollo del celerón y el centrino. Todo el rato me preguntaba "¿Qué diferencia hay entre centrino y celerón?" y yo le contestaba "Para lo que tú lo quieres, ninguna" pero al parecer no le convencía demasiado y en la siguiente tienda me lo volvía a preguntar, así que finalmente le he confesado que "Centrino" viene de cítrico y "Celerón" de acelerar. Espero que duerma tranquilo.

ruido




Todo es como antes. Empezamos en silencio y acabamos igual.
Siempre llevabas un compás en la mano y te gustaba hacer circunferencias.
-Yo adoraba tu forma de hacerlas-

Por eso quisiste que todo fuera circular, silencio y silencio.
Pero dentro de mí está el estallido de la voz,
del ruido, del amor.

carnaval

Es poco útil quedarse despierta hasta las tres o hasta las cuatro o hasta las cinco, porque casi nunca sucede lo que no ocurrió ya a las doce, o a la una o a las dos. Entonces, es inútil hacer guardia sin saber por qué. Aunque, quien sabe...

Ven y cruza la Plaza Real conmigo.

se traspasa

Esta mañana estaba cerrado el quiosco del metro. Me gustaba pasar y leer las portadas. Era la parrilla de salida, todos calentando motores en las escaleras mecánicas, arreglándonos el abrigo, sonándonos los mocos. De la persiana cuelga un cartel en el que pone "se traspasa" De alguna forma, yo también estoy "en traspaso". Al quiosco y a mí nos esperan nuevos futuros.

He pensado en la mujer del quiosco, que llevaba una bata azul, como de encargada de almacén. Ella siempre ponía algún cd del "top manta" de en frente. Se habían hecho amigos. Ella y el vendedor ambulante de cd's piratas. Quizás tenían alguna aventura amorosa entre las revistas de cotilleos y las de viajes, y se han fugado juntos. Seguro que la mujer del quiosco le decía "tócamela otra vez", influenciada por los coleccionables de cine clásico y él...bueno, él estaba influenciado por el cine porno.

Hoy no estaba el caballito de plástico que daba vueltas encima de una caja y que se vendía a 6 euros en el quiosco. Al principio me parecía un juguete muy triste, con una especie de alma por la que sentir compasión, aunque al final, me había acostrumbrado a verlo cada día y creo que cumplía su misión con dignidad, el caballito daba vueltas y vueltas, sin detenerse. La última vez que te ví, y que te dije un adiós así como poco importante, el caballito seguía girando. Después estábamos en el andén, cada una en el suyo, direcciones opuestas, pero yo deseaba estar contigo como la primera vez que te besé y tu te ibas despacio contra la pared y yo pensaba que se te debía estar estrujando lo que llevaras en la mochila. Después te dije "perdona", porque queda bien, aunque sabía que te había gustado porque tu corazón no latía, daba martillazos.

Mi abuela está muy preocupada por la crisis de los quioscos, dice que es culpa de los periódicos gratuitos, que desde que han salido, al hijo de la Carmen, que de toda la vida lleva el quiosco de la calle, le va mal el negocio. Me daría mucha pena que el quiosco del hijo de la Carmen cerrara, porque allí me compraba los cromos, los tebeos de superlopez y mis primeros libros. Una vecina de mi abuela, la del segundo, que le tiene mucha manía a la Carmen por un lío de cuernos de hace años, se dedica a bajar por la mañana a repartir por los buzones un ejemplar de uno de los diarios gratuitos (va expresamente a buscarlos a la boca de metro) Mi abuela dice que es para que no tengan que ir a comprar la prensa al quiosco del hijo de la Carmen. A veces me gustaría tener ese tipo de mala baba...

This is love

Te calco con papel vegetal y me guardo tus retratos,
pero estate quieta Andrea,
que se arruga. Es que aún no sé dibujar.

Gracias por la foto. Fragmento de la canción This is Love de P.J Harvey






mono, logos existo

broches Velma

Si os interesan los broches métricos que diseña Velma, los podeis comprar desde fanzy-pop

Parece que a todos nos sueltan a la 13:00, bajamos por la misma calle y nos cruzamos cada día. Son las cosas que no dejan de suceder. Con la cinta métrica que Velma me regaló, me dan ganas de medirlo todo y apuntarlo en una libreta, como si fuera una cosa muy útil. He ido a comer a un sitio donde no había entrado antes y al salir, muy cerca de la puerta, he visto las cucharas que cuelgan de un hilo de pescar. Es verdad que hacen clinc clinc clinc y también se enredan cuando un niño pasa y da un manotazo. Recordé que las metí en el café de Simón, porque me dijiste que te ibas a comer todas mis comas, y la sorpresa es que es verdad, existen, y ha sido un golpe bajo ahora que a ratos me esfuerzo en creer que no ha habido carne y hueso.

sshSí. Yo lo sshsé. Yo shssé el por quée. Simón colgó del techo todas sus cucharas para recordar la lluvia de aquella larga Navidad. Desde entonces, el café de Simón es conocido como el café de las cucharas colgantes y no, Dalí no tuvo nada da dá que ver. Cuando alguien entra al café de Simón, debido a la corriente de aire o a lo que lleva consigo cualquier presencia, o... o porque sí, las cucharas bailan en el techo y los destellos de plata se mueven por toda la pared. Al baile le sumas el clinc clinc que oímos cuando chocan entre ellas y le añades un poco de tu imaginación...tu imaginación... ¿por qué quiero tocar todo lo tuyo, ¿puedo tocar tu imaginación? (Las cucharas de simón, 26 diciembre 04)