La hija de Felicísimo






La Hija de Felicísimo le lavó la cara con agua a una muñeca de cartón. La muñeca se quedó sin rostro.

Cambié de línea de metro por un día. En la amarilla todo es más viejo. Los asientos están puestos uno al lado del otro a lo largo del vagón y dejan una pista de baile en medio para mí y mi amiga invisible. Mi abuela, la hija de Felicísimo, me hizo macarrones para comer pero no me contó ninguna historia de mi abuelo Miguel, el Aviador, aunque como ya he escrito alguna vez, en realidad era mecánico de motos.

El Aviador y la Hija de Felicísimo vivían en una casa muy grande, en frente de una farmacia que aún existe, en Gran Vía con Calabria. El Aviador tenía un gimnasio en el sótano y un saco de boxeo. Saltaba a cuerda y hacía mucho deporte, no fumaba y se murió joven. Le gustaba salir a pasear en sus motos. Siempre las llevaba muy límpias, relucientes, luna, plata, espejo. Uno de esos días se marchó con su amante y se llevó todos los muebles de la casa. Y también el dinero (...) El Aviador se fugó.

Una vez, mi madre también se fue de casa y la yaya no dejaba de repetir "Cómo su padre... cómo su padre, el Aviador!!"

yo, perro




Lo mejor de dormir con giulia, sin duda, es despertarse.

Dormir en sí es incómodo. Cambiar de postura es como llevar cinco copas de cristal de una punta a la otra del sueño, tienes que hacerlo con sumo cuidado. Si se pudiera aprovechar la noche con los ojos abiertos y descansar, me la pasaría vigilando. Yo, como perro, le olisquearía las orejas por detrás y hundiría mi hocico entre su pelo, buscándole la nuca con mi nariz fría. Giulia se levantaría y palparía en la oscuridad un caramelo para el costipado, luego saldría por la puerta de la habitación y bajaría las escaleras hacía la cocina. Y yo, atenta a todos sus movimientos, saldría corriendo detrás, porque giulia ha abierto el armario de las galletas y está preparando leche.
Muevo la cola muy rápido, doy saltos a su alrededor. Guaa..arrff arff...guauu...

vermut

Giulia Picnic ha podido combinar su última inmersión del verano conmigo, eso me alivia, ya que quizás quiera decir que mi cara de besugo no es tanta. Y no sólo eso, además me ha encargado comprar, mientras ella está buceando en el fondo del mar, siete tomates grandes, una bolsa de patatas Ruffles, una de 3D ( a saber que es eso), dos potes de olivas rellenas, dos fuets, tres plátanos y dos manzanas. Me ha dejado dinero y todo. Es una mandona.

Como mis padres se han ido de fín de semana, Giulia Picnic se quedará a dormir esta noche y me ha hecho poner más ropa en la cama porque sino dice que tendrá frío. Es una chica inconsciente.

He estado cocinando para esta noche una receta sorpresa que yo misma me he inventado, pero ups, se me acaba de quemar todo. El pollo está negro.

no tengo tiempo

Ya ha empezado el curso en la facultad y otra vez no tengo tiempo para casi nada. No he podido quedar con Giulia Picnic ni una noche y por lo visto se me han acumulado ya 3 o 4 golpes de aire en las cervicales.
Por suerte, hoy me toca la segunda clase de técnica de voz con Heldensgtrong y las 2 Finlandesas rubias como dos rayos de sol. Nos estirarán en una colchoneta y haremos ejercicios de relajación y sentiremos el estómago, los brazos, la garganta, las manos, las piernas, incluso la nariz y ¿el dedo pequeño del pie? El profesor nos ha dicho que si nos dormimos no nos preocupemos.
En la primera clase, Heldensgtrong nos explicó que en Occidente la única cultura del cuerpo que tenemos es la de estar muy delgados o estar cachas. En cambio, no nos preocupa el equilibrio entre cuerpo y mente, la relación con el espacio, las buenas posturas, etc. ¿A ti tu mamá te ha enseñado a sentarte bien? ¿con el culo en el borde la silla y la espalda recta?
Ayer, Giulia Picnic cambió la que iba a ser seguramente su última inmersión del verano, para estar conmigo el viernes. Esto hace que me plantee, que quizás empiezo a tener cara de sepia o de berberecho. ¿Y si tengo cara de besugo?

hablas muy rápido

Algunas veces dices palabras que no entiendo.

Enlazaslasfrasesunadetrásdelaotrasinsilenciosperonoimporta.
Hablasrápidomuyrápido.Yocadavezestoymásatentanovayasadecirme
algomuyimportante
lomásimportante
yelsonidosepierdaentretupelotuagendaoenelgiro
detucuerpoenlamadrugadaporqueeslahora
enlaquetodoseparaylasúnicascosasquepasan
sucedencontigo.

Pero es que por teléfono es muchísimo peor.

siesta




La luz revuelve todos los rincones de la habitación pero no bajo ni un palmo la persiana.
Me voy durmiendo. El sol ilumina las cortinas blancas y el aire las mueve sin darse cuenta.
A mis bailarinas no sólo me gusta mirarlas, también tocarlas, se balancean tan despacio, me siento caprichosa. No puede ser bueno ni malo, no da tiempo.
El sueño me pesa, intento ganarle y agarrarlo por sorpresa para que me reciban en la plaza como a la heroína que vence al sueño, y lo ata y lo deja paralizado y luego le pregunta por ti con los ojos abiertos.
Finalmente me dejo y es una sensación llena de agua.

Llevo el diario atrasado

notita

Lo más destacado de la semana pasada ocurrió el martes, el viernes y el sábado. El domingo, el aire olía a barbacoa como siempre.

Las demás cosas fueron de aquí para allá. El examen, los compañeros de la facultad, la mañana en la oficina, el desayuno en el bar. El ballet de los camareros con las tazas y la leche caliente, el vals de las cucharillas, el vapor de la cafetera como un suspiro de dragón. Bloooff.

Martes 6 de Septiembre
Quedé con Giulia para cenar cerca de donde aquel día tomamos te y mate, y parece que haga tanto tiempo... y en realidad, solo hace cuatro meses.
Casi a las 23:00 decidimos que era una buena noche para la práctica del tai-chi entre semana y fuimos a buscar mi coche que estaba en la otra punta de Barcelona. Luego fuimos hasta su pequeña casa que precisamente se sitúa en la punta opuesta a la primera punta mencionada y estuve allí hasta la 1:30. Y qué pereza volver hasta la otra punta otra vez.

Viernes 9 de Septiembre
El viernes fuimos al cine y Giulia Picnic sugirió que hicieramos un picnic antes de entrar. Nos compramos un bocata y una galleta de chocolate. Después de la película estuvimos bailando en un bar canciones que no pasan de moda, pero Giulia, de repente! se quiso ir a practicar tai-chi. Vaya por dios, qué sacrificio, otra vez, con lo bonitas que eran aquellas canciones que no pasan de moda. Le regalé un cd de K.T Tunstall, Eye to the Telescope, que estuvimos escuchando en la habitación. Sonaba bonito.

Sábado 10 de Septiembre
Fui a la fiesta que se celebraba en el ático. Era el cumpleaños de Violetah y le llevé el último cd de Cocorossie y una postal de unas chicas que estaban de espaldas, vestidas para bailar sevillanas y con la cabeza algo cabizbaja, como si estuvieran un poco tristes, quizás porque ya se acababa la feria de abril o quien sabe. En la postal, le recordé a Violetah aquel día que fuimos al cine y ella se comía los caramelos como si fueran palomitas, uno detrás de otro, y yo podía oir como le crujían dentro de la boca, entre los dientes, cronch, cronch. Nunca había visto a nadie comerse así los caramelos.

Muchísimo más tarde, Evita me decía que tengo mucha metáfora y poca vergüenza y me ataba su sujetador al cuello como si fuera una pajarita. Su plan era que yo le diera celos a Giulia con ella, porque dice que los celos son sexis y buenos para una relación. Además me recomendó que llegara 10 minutos tarde y con su sujetador al cuello. Entonces yo diría: "Giulia llego tarde porque he estado tomando un cubata con Eva, jo-jo, que me ha entretenido, jojo" Pero me quité el sujetador del cuello en cuanto salí de la discoteca y lo guardé.

Ya eran las 5 de la mañana, vaya horas de quedar, y la calle estaba en silencio. Oí unos susurros que decían mi nombre, "ssssh, ssshhh, shhh" y miré a derecha y a izquierda y no ví a nadie. Luego volví a oirlo y finalmente, a la tercera, descubrí que era Giulia. Ella pronunciaba mi nombre y yo parecía que lo oía por primera vez. Estuvimos practicando tai-chi y hablando de lo bien que lo hacíamos.

De camino a la casa de la otra punta, compré crusanes de chocolate. Eran las 8.00.

septiembre, un golpe de aire + vacaciones giulia (III)




Ayer, en cuanto me levanté, me miré el cuello en el espejo.

Me dolía justo ahí, donde muerden los vampiros. Pero no tenía ninguna marca, ni tampoco ninguna mancha roja en la piel. Nada de nada.

Me dolía como si me hubieran dado un golpe o churrepeteado el cuello toda la noche. Por lo menos, toda la noche. Luego tuve dolor de oído, de cabeza, de barriga, de cervicales y por último, de paletilla izquierda.

A mediodía, mi mamá me dijo que debía ser un golpe de aire o un mal gesto. Lo mismo me había dicho mi compañero de trabajo, "Eso es un golpe de aire o que has dormido en una mala postura". Y lo mismo le dije yo a mi tío Javier, cuando me lo encontré y ví que tenía un ojo enrojecido, como si se hubiera pasado la mañana llorando solamente por un ojo.

- ¿ Qué te ha pasado? Tienes el ojo rojo.
- Pues no lo sé, se me ha puesto así de repente...pero no me escuece ni me molesta.
- Será un golpe de aire.

Por la noche hablé con Giulia y a ella también le dolía la cabeza. Yo le conté lo mío y también me dijo que seguramente sería de un golpe de aire. Entre las dos, sospechamos que me tiene alergia y es por eso que cuando me ve le cuesta respirar. Mi primer regalo fue un vips vaporubs para descongestionar las fosas nasales. Aunque todo hay que decirlo, durante las vacaciones Giulia respiró muy bien.

La que no respiró tan bien fui yo, sobretodo el día que bajamos en canoa el Sella. Estuve durante todo el desayuno en tensión pensando que me caería de la canoa, me daría con una piedra en la cabeza y me la abriría como una nuez. Y adiós Paola Vaggio. Y adiós Mundo. En cambio, Giulia, además de haberse subido al Dragon Khan 8 veces seguidas, se pasó la infancia de girlscout saltando de canoa en canoa, haciendo equilibirios y remando, right- left! right-left!. Así que mi única salida era subirme a la canoa.

Primero nos llevaron en una furgoneta hasta Arriondas, que era desde donde empezaba la bajada. Creo que coincidimos unos cuántos miedosos y cagaos en el mismo grupo porque íbamos todos en silencio y muy serios. Nadie decía nada... excepto Giulia, que nos contaba a todos aquel día que se cruzó con un cocodrilo y le ató el morro con las cuerdas de saltar a la comba...

[continuará]