Roberto!

He pasado por casa para lavarme la ropa que he usado estos días y volver a hacer la maleta. El caso es que no sé qué llevarme. Sólo quiero ser rica para decir eso de: "Roberto, prepáreme el equipaje que mañana salgo de viaje!" Y Roberto se pelearía por mí con la espuma del pelo y con los bronceadores, y con las 2 gafas y las sesenta lentillas, y la toalla de la playa, y con los tres bikinis y las bermudas y las camisetas y los pantalones y el pareo y las chanclas antimedusas o anticangrejos, no lo sé, y la chanclas a secas y las gafas para nadar y las gafas de sol graduadas y las de sol sin graduar y la ropa interior y me llevo pijama o no me llevo, y la chaqueta "por si refresca", los zapatos, la colonia...uff.
No es de extrañar que de aquel libro sólo recuerde el momento en el que la protagonista le deja la maleta al recepcionista del hotel y le dice: "Envíe toda la ropa a lavandería". Al día siguiente, como era de esperar, ella se encuentra toda la ropa limpia y planchada encima de la cama. Me fascinó ese detalle, realmente.

yo un día, ¿sabes qué?

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He pasado unos días con mis primas pequeñas: Frankenstein y Natalia.

En cuanto a los nombres, Frankenstein ya no quiere llamarse así y Natalia tampoco. Frankenstein pilló un cabreo monumental cuando se enteró de que ése era su nombre en mi libreta. Yo le recordé que lo había escogido ella misma- sí, aquél día en el cine- y que además estaba escrito, y las cosas escritas van a misa y amén. Pero la memoria de una niña de 8 años es más selectiva, incluso, que la de una de 28. Dice que no se acuerda de nada, de nada, de nada de nada.
Así que Frankenstein a partir de ahora se llamará Pirata. Y Natalia, hasta que vuelva a cansarse, será Caribe.

Han sido cuatro días muy tranquilos. Pirata y Caribe me han explicado algunos secretillos de chicas. Como los míos valen por diez yo sólo tuve que contar uno.
El primer día, Pirata descubrió una casa abandonada. No era muy difícil descubrirla porque aparcamos el coche justo delante. Lo mejor era la piscina. Me fascinan las piscinas en verano y en invierno. Cuando utilizaba el tren veía decenas de ellas cada día. Le daban ese toque azul al paisaje. Una pincelada imprevisible que siempre me sorprendía. Las piscinas vacías, esperando el verano, dentro de sus majestuosas casas. Si Lorca estuviera vivo.

La piscina de la casa abandonada se parece a esas piscinas de invierno. Pero en este caso, se trata de un invierno muy largo que ha oxidado las escalerillas y que ha hecho saltar algunos azulejos de la parte menos honda.
Aunque abandonada, es una casa fantástica, eso sí. Con vistas al mar y con un jardín lleno de árboles estirando los pies a sus anchas. Justo en la puerta de forja que daba a la parte trasera, Caribe nos empezó a contar una historia. Caribe está en esa fase de "yo un día, ¿sabes qué?"... Una historia parecida a la de los Goonies. Bicicletas, una casa, un mapa, monstruos. Cuando Pirata y Caribe me propusieron entrar en la casa, sintiéndolo poco les dije que no me podía enrolar en una aventura así a estas alturas del verano, Sofía me está esperando para ir a Menorca y deseo muchísimo más ese tesoro que el que supuestamente esconde toda casa abandonada.
En cuánto al oro... Sí, aún hay buscadores de oro por aquí. El viernes, mientras nos estábamos bañado en la playa, pasó un hombre por el agua, con el pelo blanco,y unos auriculares grises, con pita de extranjero, que iba con una especie de aspirador y unos cables que le salían de una muñequera ultrasónica que llevaba en el brazo. Era un aparato de ésos que sirven para detectar metales. Parece ser que en la playa se pierden muchas joyas y relojes, etc. chatarrillas de valor. El hombre se paró en una zona y estuvo trasteando por ahí, pero no sé si sacó algo porque nos cansamos de esperar. Ya teníamos los dedos arrugados.
He vuelto a buscar a Sofía y mañana nos vamos hasta septiembre.
No sé si podré escribir en el blog estos días... así que me despido por si las moscas. Pasadlo muy bien.

las entradas de cine se conservan aunque les falte una parte

Con la lluvia he recuperado las noches de verano en la terraza jugando a cartas. Los brazos húmedos y brillantes. Piel de escamas de pez.
Llevo conmigo la caja que Sofía me regaló hace un par de meses. Una caja de lata con el dibujo de un aviador. Sirve para guardar tres pares de pendientes, una goma de pelo, una moneda de dos euros y un papel doblado con el membrete de hoteles catalonia. Es una nota con una frase incompleta que acaba en "ti". Yo la sé entera. Es lo bueno que tiene ser la protagonista.


conocer a la chica

He estado callejeando, ahora lo recuerdo.
Por eso he llegado a las seis y media.
Pensaba en la suerte que tuve.
El Casino temblaba,
los japoneses me adoraban,
la ruleta giraba a mi favor y
allí me gané.

Más o menos,
-mucho más-
eso fue conocer a la chica:

subirse a los tejados,
a las chimeneas,
a las farolas,
a los árboles.
Tratar de tú a tú
a los que están rozando el cielo.


todos estamos en septiembre


Si la vida fuera una película musical, hoy seguro que cantaría y bailaría así, como Elvis en Viva las Vegas. Mi minuto preferido es el 1:36.


Tengo sensaciones de septiembre. Lo he notado esta mañana en casa. Estaba la luz de la cocina encendida y yo jugueteaba con una carta de amor en las manos mientras se hacían las tostadas. ¿Será porque he vuelto al trabajo después de una semana de vacaciones? Me he acordado de aquel eclipse que hubo hace muchos años en septiembre. Era a principio de curso y nos encerraron en clase. La señorita nos explicó que no podíamos mirar hacia arriba porque el sol nos haría daño en los ojos. Y nos pasamos un rato muy largo sentados en la mesa y mirando hacia abajo. Yo me miraba los zapatos. Como nos tomó el pelo la señorita Clara... Pues ese momento lo recuerdo muy a menudo, me debió impactar mucho. Recuerdo que pensaba en Superman, en si Superman me salvara del eclipse.

No me molesta estar tan pronto a mediados de septiembre, la semana que viene volveré a estar de vacaciones durante tres semanas seguidas. Volverá a ser agosto y aún me quedará lo mejor: una semana entera con mi madre y las dos con sofía.

Ayer vi a un niño en el metro que iba con su mamá y llevaba una bolsa muy grande de libros para el nuevo curso. Estas cosas antes sólo pasaban en septiembre, ¿lo ves?. Los libros del colegio jamás se compran en agosto porque si no es trampa.

No pude resistirlo y me las apañé para hablar con el niño:

YO: Mira qué bien, ya tienes los libros para el curso que viene. Qué pronto, ¿verdad?


La madre lo miró y esbozó una sonrisa tierna. Le acarició la cabecita y dijo:


MADRE: Sí, sí... Es que mi Jordi es muy superdotado y empieza el curso en agosto.

El niño jugaba con un coche que volaba y trepaba por los asientos del metro. Se cruzó de brazos y dijo: Me aburrro.

Me siento tan bien en mi septiembre de mentira.

Souvenir: objeto que sirve como recuerdo de la visita a algún lugar determinado.

Como recuerdo de mi semana a 121.4 km de distancia, a Sofía le traje un pote con 345 gramos de mermelada de arándanos -blueberry en inglés- que debe guardarse en el frigorífico una vez abierto y que caduca en el año 2010. También le regalé una postal que decía algo así como:
"Esta postal sólo puede llegar al país de la chica viajando en una avioneta roja y blanca. El piloto deberá llevar una sonrisa muy amplia, sonrisa de aviador <- (así se le llama) y pilotar con mucho cuidado... ¡porque todo el mundo lo sabe! cuando la chica mira hacia arriba el cielo se tambalea. Y la avioneta parece estar atrapada dentro de una botella de cristal agitada por un niño cabrón. Cuando ella reciba la postal, inmediatamente sabrá lo mucho que la."
Lo mucho que la. Lo mucho que la.

pequeña noche de insomnio



Hoy no puedo dormir. Será por el viento. Son ráfagas de aire. Desde la cama oigo como empiezan a agitarse los árboles a lo lejos. El viento sigue avanzando hasta que mueve las ramas de los pinos que quedan justo detrás de mi ventana. Tantas raíces hay aquí abajo, justo debajo de mí. Hace un par de años empezaron a reventar el asfalto, los pinos necesitaban espacio y empezaron a mover los pies.
El susto lo dieron en la piscina, hicieron una grieta. Fue la pataleta final.

Querido Elvis (I)



Querido Elvis,

Hoy me he levantado a las 8:58 y he pensado que era una hora bonita para no tener que ir a trabajar. En seguida he salido con los perros y los he llevado hasta el bosque. De paso, he comprado tres cosas en el supermercado: leche, pan y lejía. Un estómago fuerte, sin duda.

He vuelto a casa a dejar la compra y a los chuchos, y he desayunado un cruasán con mermelada de arándanos. Ya con el bikini puesto, me he ido caminando hacia a las calas por el camino de hace 27 años. He bajado a la más pequeña. A la que descubrió mi padre aquel verano. Un verano de hace años, a mi padre le llamábamos Neptuno por entonces... Un verano de cuando aún no nos había pasado nada malo. Mi padre la bautizó como la Cala de los Millonarios porque los que tomaban el sol allí se creían exclusivos, como apartados de las masas, y hablaban de pertenencias materiales y amigos de la familia. Así que en tono de guasa mi padre los bautizó como los millonarios.

La cala es bonita, la mejor de por aquí. No va demasiada gente porque está escondida y porque bajar por las rocas es algo complicado.

He salido de casa sin toalla, tan sólo quería bañarme y secarme un poco al sol. Como un animalillo. Luego me iría. Y así ha sido. Está bien que los planes de futuro se cumplan, aunque sea un futuro muy muy muy inmediato. A veinte minutos vista.

En esa playa se fijan mucho en la toalla que llevas y en el bikini -las apariencias y todo ese rollo gilipollas- Pero como ya te he dicho antes, yo he bajado sin toalla.... Eso sí, llevaba puesta una camiseta que me costó una barbaridad, y con la que en realidad, sólo voy a la playa. Dignamente voy a la playa con mi camiseta cara y la dejo arrugada en cualquier sitio y en un barullo, donde sea, y la sudo y se me moja y la lavo más de quinientas veces, pero no importa, porque es mi camiseta de ir a la playa, por muy cara que sea. Tiene mucha historia detrás. Mejor dicho, no tiene historia. La única historia que tiene es que un día me sentía sola y me fui de compras. Fue la única cosa que me gustó.

Este verano estoy contenta, sin preocupaciones. Me llega la voz de uno de tus imitadores. Sale de algún hotel o de alguno de esos bares. Podría bajar a verle. A Sofía le gustaría. Pediré una cerveza para ella... y me la beberé yo. ¿Qué te parece?