Naturaleza



Ayer pensé:

"Me estoy alejando de la Naturaleza"

Un pensamiento así
sólo puede significar
que no tengo problemas.

Pensé en levantarme pronto
y salir a correr
o algo sano,
como en las películas.
Pero únicamente he sacado a los perros
y me he sentado en el parque.

Este parque antes era salvaje,
un árbol aquí y otro allá,
sin seguir un orden,
pero ahora parece que
aquellos mismos árboles
se han vuelto obedientes,
y se ponen en fila
para que no los regañen.

Tampoco había columpios,
ni fuente,
ni bancos de madera
ni papeleras.
Sin embargo,
teníamos un tronco caído
para sentarnos.

Allí fumé mi primer cigarrillo,
era agosto
y no había nada
mejor qué hacer.
Tendrías que haber estado conmigo.

Tendrías que haber estado conmigo
aquél verano,
éramos unos cuantos.
No sé nada de nadie.
Sólo sé
que entonces aún no te conocía.

Nos podríamos haber enamorado
en el instituto,
pero ahora es mejor,
sin tormentas bajo los párpados.

¿Sabes qué envidio de algunos cantantes?
que tienen una banda
y les tocan canciones.
A mí me gustaría tener una
y que tocaran las que a mí me gustan.

cansei de ser matemática

Cada semana hago unos 240 km -aproximadamente- en coche.

Entre tú y yo hay 22 km.

Todo lo demás son rodeos.

carta de colores



El otro día estuvimos pintando
las paredes de blanco.
Impresiona la cantidad de tipos de blanco que hay.

El Blanco Perla
le hubiese dado un toque de distinción,
sin duda,
pero para qué la queremos.

Con el Blanco Sal Marina
nos sentiríamos como pez
dentro del acuario,
nadaríamos con esa nostalgia
característica
de las aguas encerradas.

Con el Blanco Nenúfar,
ni idea,
tal vez a Monet le inspirara un cuadro.

Incluso,
barajamos la posibilidad
del Blanco Almendra,
paredes tersas
y finas como la piel de Cleopatra.

Sin embargo,
escogimos el Blanco Iceberg.
Y en seguida surgió efecto.

Al día siguiente
bajaron las temperaturas,
el temporal de viento
se lleva las sábanas como fantasmas
y la nieve cubre todas las habitaciones,
todas
menos una.



escuchar el post desde el podcast
Post grabado: #blancoIceberg.mp3

etcétera

Imagen de sxc.hu, pintada de rosa.


Cada tarde paso por delante de una farola que sostiene un cartel de

"Perro desaparecido en esta zona.
Responde al nombre de Roma,
Es un Yorkshire mini.
Necesita medicación".

Así, como un poema.

Obviamente necesita medicación, como todos los perros que se pierden. De la misma forma sucede con los adultos, que de un modo u otro, llega un día y también se pierden, y necesitamos medicación, fe, amor, etcétera.

A pocos metros de la farola había una niña sentada en el césped que rodea el aparcamiento. Iba vestida de rosa, ese rosa que sólo llevan las niñas de ocho años cuando vuelven del colegio con la cartera rosa y la diadema también, por qué no. Estaba sola y hablaba con un perro pequeño, un Yorkshire que iba suelto y sin collar. Tú guapo, no te vayas. ¿Tienes frío? Con esa vocecilla. La niña tapó al perro con su anorak infinitamente rosa.

No asocié el cartel con el perro y la niña rosa hasta la noche, cuando ya estaba en la cama medio dormida. No sé si debería llamar y decir que tal vez he visto a Roma con una niña, a eso de las seis, cerca de la piscina que permaneció vacía todo el verano pasado, y que yo vigilé atenta por si un día se llenaba, pero nada, todo el verano y todo el invierno sin agua.

sobre gustos no hay nada escrito



Desde los aviones se ven
esas parcelas de agua azul.
Ovaladas, cuadradas
y hasta en forma de estrella.
Me encantan las piscinas.

cuadrilátero


Un día nos vamos a pegar
pero no para hacernos daño.
Yo a veces te dejo el muslo
y te digo dale,
venga, dale,
pero me das de risa.

Yo tampoco puedo,
me pongo nerviosa.
Que rabia con tanta erre.
De amor.

Otro día nos vamos a morder.
Y cada día tengo más miedo,
cuando mi brazo está entre tus dientes,
cuando mi brazo stá entre tus dentes,
cuando m braz sta ent ts dientss,
porque sé que
cada semana
que pasa
hay más ganas.

Después de revolcarnos
sobre la nieve
ciento una veces,
de resisitir el dale
y el muerde
ciento una veces,
caemos despacio
como una pluma en el aire,
las mareas se calman.

Miro el reloj,
qué tarde es,
mi vida qué tarde,
aunque sea domingo,
qué tarde.

Ya no nos da tiempo de desayunar.


moondance

Para escuchar el post desde mi Podcast

Últimamente veo nieve por todas partes.

Esta mañana, mientras me vestía, he puesto la radio y la emisora se ha desintonizado, las palabras se han ido alejando y ya no se entendían.

Ha sido la nieve, que le ha tapado la boca al locutor.

En breves segundos la tormenta ha cesado y ha empezado a sonar Moon Dance de Vam Morrison. Fue la primera canción que toqué cuando me regalaron el piano. Abrí la puerta y lo encontré, reluciente y sin usar, con toda la música dentro. Intacta.

Me senté en el banquito de terciopelo verde y desplegué mis dedos sobre las teclas. Y así, sin más, empecé a tocar esa canción que tanto me gustaba y que retenía en la memoria a base de silbarla muchas veces. Lo que más me gustó fue sentarme y tocar, sin tener que tomar clases ni practicar antes. No tiene mérito alguno, fue sencillo, maravillosamente sencillo. Mi madre me preguntaba, ¿Dónde la has aprendido? Y yo no sabía qué decir. En ningún sitio, supongo.
Y la nieve, ¿dónde la has visto? En ningún sitio, supongo.

Post de alquiler - "Siempre sí"



[Este post no lo he escrito yo. Quien lo ha escrito no tiene blog y me ha pedido si le podía dejar el mío un par de días. Y yo le he dicho, ok!]

Una vez leí un texto de Michael Ende, que ahora no encuentro, en su Carpeta de Apuntes, que hablaba de las últimas veces que hacemos algo y lo poco conscientes que somos de que efectivamente son últimas veces. Creo recordar que el artículo se titulaba "Nunca más" y ponía ejemplos cotidianos, como "nunca más vamos a pasar por la calle de una determinada ciudad" o "nunca más vamos a beber de una determinada copa que al poco se cae y se rompe". Desde aquella lectura siempre me preocupé mucho por estar atenta a cada paso que podía ser el último en una calle, o esa puesta de sol que podía ser la última en un determinado lugar... Con tanta preocupación por las últimas veces, me olvidé de las primeras veces. Siempre he pensado, también en la línea de Ende, que nuestra vida es una sucesión de pequeñas vidas, que vamos naciendo y muriendo constantemente, reconstruyéndonos a lo largo del tiempo, que quien esto escribe hoy no es en absoluto quien hace un año se sentaba a escribir en esta misma silla sobre este mismo teclado. Así, la vida es también una sucesión de primeras veces y pequeños deseos cumplidos. Hace un tiempo creí que había agotado mi cupo de primeras veces. Caí en el fácil engreimiento de creer que ya lo había vivido todo. Me instalé en él, pero no estaba a gusto. Me propuse cerrar el año con un portazo y salir a la intemperie. Así lo hice. He caminado y caminado estos días de comienzo de año. Ha sucedido algo asombroso. He descubierto que existen las naves espaciales para dos. A veces tienen forma de columpio. Otras, de escaleras en una plaza. También pueden tener forma de cometa, y como son un poco imperfectas, se pueden llenar de arena que luego hay que sacudirse. Ahora hay todo un ejército de mandarinas sacando la lengua que nos protege de los asteroides y la nave espacial avanza a velocidad constante entre manos suaves, primeras veces y crepes de dulce de leche.



Escrito por "?"

Tú siempre invisible

Jamás soñé con una chica de ojos bonitos, verdes y bonitos como en las coplas. Me parecía demasiado sueño para mí. No llores que se te borran, no llores que destiñen.

Hoy he ido al cine a ver "Teresa: el cuerpo de cristo." Leí una entrevista a Xavier Melloni -experto en espiritualidad ignaciana, atropólogo, teólogo, etc.- y empleaba una metáfora para explicar la diferencia entre religiosidad, espiritualidad y misticismo. Decía: "las religiones son las copas, la espiritualidad el vino que contienen las copas y la mística el sorbo, la cata que hacemos de este vino."

Me gustaría tener un blog diferente cada día.

Cosas sin importancia





Mi habitación no tiene ventana. Tiene un balcón. Da a una calle estrecha. Aún así cabe una hilera de coches aparcados, un carril para circular y dos aceras. También puede pasar un camión de mudanzas o una ambulancia, incluso una vez se coló uno de esos carricoches de la limpieza que delante llevan dos cepillos redondos dando vueltas sin parar y que sueñan con dejar el asfalto reluciente como el parquet de una pista de baile. Pero el carricoche tuvo que dar la vuelta. Como pudo. Subiéndose a una de las aceras y resoplando fuerte hasta despertarme. Porque mi calle no tiene salida, al final se ensancha y hay un olivo. Mi calle acaba en unas escaleras que van a dar al paseo que desemboca en el parque. Yo siempre he pensado que allí, al final del paseo se equivocaron, que en el parque debería estar la playa y en la playa el parque. Pero no, todas las playas las acumulan en la costa.
En el balcón da el sol por la tarde, después de comer. Más o menos a esa hora. La de la siesta.


Esta mañana he salido con mi coche haciendo marcha atrás por la calle. A mi madre no le gusta que salga haciendo marcha atrás, pero yo siempre salgo así.
Mi intención era hablar con un profesor de la facultad. He llegado a las ocho y media exactamente, pero por lo visto el profesor estaba enfermo y no ha podido venir. Me ha dado mucha rabia. Luego no sabía que hacer por allí, dando vueltas por los pasillos. No tengo clase por las mañanas. Así que me he velto a subir en el coche.

He conducido un rato. De 10 a 11 he estado dando vueltas con el coche. Finalmente, un poco aburrida, me he metido en unos Grandes Almacenes y lo primero que he hecho es ir a la sección de perfumería a ponerme colonia porque se me había olvidado. En la misma planta está el "Rincón del pintor", me gusta esa sección, está llena de paletas, pinceles y lienzos en blanco. Alguna gente estruja los tubos de óleo hasta que la pasta rebosa por el tapón y se pone todo perdido.

Luego he subido por unas escaleras automáticas y luego por otras y luego por otras y otras y he ido subiendo hasta que he visto una mesa de billar. Sólo valía 300 euros. Yo creía que eran más caras. He pensado que cuando me vaya a vivir con Sofía compraremos una. Tendre un montón de gastos ese día. Para ese día ya acumulo una Vespa, dos cascos, una barra de bar para hacer cocktails, muchas botellas, una mesa de ping pong, una guitarra nueva, un amplificador... y hoy he añadido la mesa de billar.



Finalmente, he pensado que ya que estaba allí me iba a mirar vaqueros. Me he probado dos, unos azules y otros negros. No había nadie en los probadores. Todos para mí sola... he pensado. Al final me he quedado los azules.
He entrado en el coche y me he quitado los pantalones que llevaba y me he puesto los nuevos. No ha pasado nadie por la calle. Le he arrancado las etiquetas, me he pintado un poco los labios y ya era casi la una. He ido a buscar a Sofía. Estaba especialmente guapa. Un día hablaré de lo guapa que es Sofía.

sólo sergio y yo conocemos tu interior

Echo de menos tener amigos que vengan a buscarme a casa. También me gustaría tener algún hermano o hermana. Es bonito que te vengan a buscar, que suene el timbre y ladren los perros. Algunas veces he visto hacer cosas indecentes por otros amigos. Indecentes e injustas, pero se hacen. Ese es un motivo para no confiar demasiado en las personas.

Cuando tenía trece años me inventé que tenía un hermano que estaba en el servicio militar. No era tan pequeña. Mi hermano era guapo. Se llamaba Maximiliano porque mi abuelo había insistido... pero casi todo el mundo le llamaba Maxi.

Beeee...beee...beee.


Mañana va a llover, las ovejas de un pastor se han puesto a dar saltos sin razón. La última vez que empezaron a saltar como lo hicieron esta mañana, sin control y sin el ton y el son que se espera de unas ovejas, fue hace tres años. Por lo visto, al día siguiente empezó a llover a cantaros, a ríos y a mares. Llovieron tantas aguas que la tragedia no fue una inundación si no el campanario. El campanario de la iglesia. En la aguja del campanario apareció colgada una barca de la costa dorada. Ya se sabe, el mar, los barcos, el viento, los cántaros. En resumen, que por lo visto las ovejas saltan cuando va a llover tanto como hace tres años, o eso se deduce de esta historia animal que ha contado el hombre del tiempo de la televisión. Por otro lado, cambiando de canal mientras el Barça ganaba pero perdía en Liverpool, cosas de la vida, he visto que hay hombres que cazan pájaros, pajarillos, para que enseñen a cantar a otros pajarillos, y los llevan en sus jaulas para iniciarlos en el cante, entrenarlos y llevarlos a un concurso. El conductor del programa le ha preguntado a uno de los hombres:
- ¿Y quién le enseña a cantar al pájaro?
Y uno de los hombres ha dicho:
-Un maestro... un pájaro maestro que enseña a los demás.
Está claro.


No sé qué prefiero, si el instinto animal o el sentido común de los humanos.

volver a Lisboa

Ya sé que iremos por aire, ahora sólo queda reservar un hotel de entre todos esos. Ojalá sólo tuviera cinco hoteles la ciudad, tres bonitos y dos feos, sería más fácil. No se ha escrito demasiado sobre la felicidad, pero la conozco. No es como ver reportajes de países a los que nunca irás porque se ven mejor por la televisión, como los partidos de fútbol. La felicidad es mejor que no te la cuenten, por eso no se habla demasiado del tema.

parís y goliat (post actualizado 20:30)

He añadido una versión en audio del post. Se puede escuchar desde mi podcast, o bien descargándola (botón derecho-guardar como) directamente a tu pc. La música que suena de fondo es Serge Gainsbourg.



Me habían hablado tanto de la torre de 324 metros, de la exposición Universal de 1889, de las 18.038 piezas de hierro, de Gustave Eiffel, de las 7.300 toneladas de peso, del vértigo en lo más alto, de la antena de radio que roza las nubes. Me habían hablado tanto de París. Como se habla de Venecia, como se habla de Londres y como se habla de New York cuando alguien va y te trae una taza de recuerdo. Quise ir para poder hablarle a alguien de París. Lo peor de todo es que para hablar de la ciudad tienes que acordarte de todos esos nombres en francés.

Hace ocho años, cuando yo estuve en París para poder hablar de París, la Torre Eiffel no era más alta que una farola. Farola, farola, farola, farola...qué palabra más rara. Encontré esta fotografía dentro de una carpeta antigua, de cuando hacía primero o segundo de historia del arte. Un viaje en autocar interminable y una tristeza que aún no sé ni cómo, ni cuando, ni por qué, pero en París.
Y decidí hacer un montón de llamadas de auxilio desde una cabina.