CAPÍTULO 3. Los marineros siempre se marean en tierra.



Sailor Ojosnegros siempre se marea al bajar del barco. Todos los puertos son tiovivos gigantescos, lugares llenos de posibilidades, calles llenas a reventar de esperanzas, de cosas que se esperan.

CAPÍTULO II. DANNY RUSO


Danny Ruso cabalga veloz. Mira de reojo los árboles que va dejando atrás. No es una bala, pues ellas tienen destino. Es una moneda lanzada al aire.

Su madre le deseó toda la suerte del mundo al nacer.

CAPÍTULO I. SAILOR OJOSNEGROS



Sailor Ojosnegros se arrancó la medalla que llevaba al cuello. La miró por última vez, dijo algo que nadie oyó, y la tiró al mar.

Tiene los labios rojos y un nombre tatuado en la nuca.

A lo lejos, un puerto y una ciudad.

Grandes


- Tu prima se comió un plátano y un yogur en casa, y en el entierro de su abuelo, un bocadillo.

No sé por qué, pero esta frase de mi madre me fascina.

Ayer llegué muy pronto al médico. Para hacer tiempo me fui a dar una vuelta por la playa. Personas haciendo footing. Me pregunté en que debían trabajar para estar haciendo footing a las 11 de la mañana. En la arena no había nadie, sólo dos mujeres de unos 65 años tomando el sol en bañador. Yo iba en tejanos, botas y con una muestra de orina en el bolso. El agua estaba sucia, con esa espumilla por encima que no desaparece por muchas olas que pasen. Porque las olas pasan y se hace tarde. Me sentí como un monje frente al mar. Pensé en Formentera y en las ganas que tengo de verano.


Mi profe de piano cada día está más buena. Y yo en chándal. Chándal bonito, eso sí. Ir a clase en chándal es un poco cutre, pero es que siempre me pilla después de ducharme.

Me he bebido un zumo de naranja en tetrabrik y los ingredientes estaban en portugués. Néctar de laranja.

Cada vez me parecen más bonitas las cosas normales. Se parecen a las grandes aventuras, pero al revés.

chándal.

(Del fr. chandail, jersey de los vendedores de verdura).

1. m. Ropa deportiva que consta de un pantalón y una chaqueta o jersey amplios.


Lo mejor de todo ya sabes qué es




Mirar pisos me rompe el corazón. Nos encantó un triplex que visitamos la semana pasada. Yo ya me imaginaba con la mesa de ping pong en la terraza de abajo, y con un jacuzzi exterior en la de arriba. Pero luego, en la segunda visita, la gente responsable (hermanos mayores, madres, y tal) te abre los ojos: Que si está mal distribuido, que si el aluminio es de baja calidad (ah, ¿pero hay aluminios de diferentes clases?), que si tiene muchas escaleras, que no tiene toma de agua en las terrazas, y para postres, no tiene bidet. Dios, el bidet. Todo el fin de semana imaginando donde íbamos a poner la habitación y dónde el estudio, quienes serían los invitados a nuestra primera barbacoa de inauguración, dónde pondríamos las hamacas para tomar el sol, cuántas veces iríamos a Ikea... todo para nada. Por suerte, en ninguno de nuestros planes entraba el bidet.

En fin, otro piso descartado. Y dale con las cocinas americanas, joder. Me opongo totalmente a las cocinas americanas.

En fin, un día más de búsqueda.


Hoy he comido en el paseo marítimo, a pie de playa. Han sido unas mini-vacaciones de dos horas. El mar, el sol, el vino. El contraste ha sido brutal, del rumor del mar, al rumor de 25 flautas sonando a la vez. ¿Será culpa mía o es que siempre suenan mal las flautas?


bidé.

(Del fr. bidet, caballito).

1. m. Recipiente ovalado instalado en el cuarto de baño que recibe el agua de un grifo y que sirve para el aseo de las partes pudendas.


Memoria de chucho



(Me encanta esta canción de Rufus. Qué guapo es rufus.)


- ¿Quién es el perro de la foto que hay encima del piano? - preguntó Nuria sorprendida-

Yo le contesté que había sido la primera perra de la familia, una pequinesa que mi padre salvó de una muerte segura escondiéndola en el bolsillo derecho de su abrigo. Los dueños la iban a sacrificar porque había nacido coja y no la podían vender. Unos desalmados. Yo aún no había nacido.

La foto es antigua, en tonos sepia. La perra posa mirando al frente con un jersey rojo. Nuria, muy divertida, dijo que la perra parecía una especie de antepasado aristócrata de la familia. Un poco sí, la verdad.

Yo no dejo que coloquen nada encima del piano. Razones:

1) Porque es un instrumento y no una repisa para poner objetos.
2) Porque cuando tocas, a veces vibran los objetos y ensucian el sonido.

Únicamente puede estar el retrato de mi antepasado chucho. No vibra.

El jueves operaron a mi perra albina, que lo es, y le quitaron los ovarios porque sus múltiples embarazos imaginarios nos están llenando la casa de cachorros invisibles, y es para volverse loca.

La intervención fue un éxito. Lleva un dobladillo de piel en la barriga, con pespunte. Muy curioso. El veterinario la vino a visitar esa misma noche para ver qué tal estaba. Abrió su maletín y le inyectó un calmante que la dejó con la lengua fuera. Esa noche dormí en casa. Mi padre la estuvo meciendo en brazos, caminando de la cocina al comedor, del comedor a la cocina. "Así te paseaba tu padre a ti para que te durmieras", dijo mi madre. Me sentí tan perra en ese momento, pero no más que en otros.

Debe ser difícil ser perra y no comprender por qué los que te quieren dejan que te abran la barriga. Pero los malos recuerdos desaparecen. Ojalá también en la, no sé, si memoria de los perros.





Condes con avioneta, autocares a París y libros



Paseando por Girona, entramos en una librería de la Rambla que me gustaba mucho. Casualmente, el primer libro que vimos nada más entrar fue Con la soga al cuello, de Flavia Company, digo casualmente porque justo ese mismo lunes íbamos a la presentación del libro. Aprovechamos para comprarlo.

Cuando ya nos íbamos, me llamó la atención un libro titulado Aviadores, caimanes y otras aventuras extraordinarias, de Jacinto Antón. Es una recopilación de artículos sobre aventureros y personajes curiosos: aviadoras, domadores de cocodrilos, esposas de lanzadores de cuchillos, condes exploradores... como por ejemplo el conde Almásy, muy conocido a raíz de la película "El paciente inglés", que habla más o menos de la vida de este conde aviador, explorador y espía, digo más o menos porque la película está basada en una novela que pasó por alto que el conde de verdad era homosexual y andaba detrás de un general alemán. De todo esto me he enterado leyendo el libro de Antón.

La verdad es que el Conde Almásy real no era tan guapo como el de la película , pero sí es cierto que exploró el desierto del Sáhara y descubrió la cueva con las pinturas de los nadadores ("Los nadadores del desierto"), y en fin, esa vida de aristócrata con castillo en verano, y de aventurero en invierno parece tan apasionante... Aunque bueno, yo también lleno mi vida de pasiones. Por ejemplo, podría comer espaguetis cada día si me lo propusiera, porque me encantan y jamás me decepcionan. Supongo que es lo bueno de los espaguetis, que siempre me dan lo que espero. Por eso a veces pienso que sería feliz montando una espaguetería con fotos de aviadores en las paredes. Cuando no tenga miedo me haré aviadora de verdad, cuando a mí me parezca que lo he perdido todo o que no hay nada qué perder.

Sí, estoy un poco lejos últimamente, etapa de cambios. Pero leyendo "Aviadores, caimanes..." me estoy sintiendo más cerca.

Todo esta curiosidad repentina por el Conde Almásy y su vida, ha hecho que vuelva a ver la peícula "El paciente inglés" de Anthony Minghella. La vimos en casa, con las luces apagadas y muy juntas, porque yo quería recrear el ambiente en el que la vi por primera vez: un autocar que se dirigía a París, yo medio dormida, en segundo de carrera y con una empanada mental impresionante, a un par de horas de enamorarme fugazmente de una compañera de primero, en Vézelay fue el flechazo. No correspondido.

Las malas rachas pasan. Y me digo una cosa que me dije hace un tiempo: Lo siguiente que sucederá será extraordinario.