Microvacaciones




Lo bueno de trabajar cerca del mar es que puedes tomarte unas microvacaciones de un par de horas y comerte una paella a pie de playa, disfrutar del sol de finales de septiembre, celebrar lo que sea, beber un par de copas de vino blanco, comerte un bizcocho de arándanos y luego volver al curro nueva, como recién estrenado junio. Y ya está, no hay que darle más vueltas, mañana no seremos ni mejores ni peores. Lo que realmente importa es lo importante.

Por cierto, estoy pensando en cambiar el diseño del blog de nuevo, es que me canso. ¿Alguna idea?

Descubriendo nubes

Nubes de tipo Altoestratos, creo. He intentado rescatar fotos de cielos dentro de mi disco duro, pero la verdad es que tengo pocas.

Ayer estaba corrigiendo tan tranquila, cuando escuché en la radio que se había descubierto un nuevo tipo de nube: las asperatus. Y ya me distraje. Claro, las nubes también están clasificadas. Si tuviera tiempo y un poco de suerte, llenaría una libreta con fotografías de nubes y las clasificaría -como en un herbario pero en nubario-, y digo lo de un poco de suerte porque me temo que casi todas serían de los tipos altostratos y estratos. En cambio, me costaría muchísimo encontrar cirrocúmulos y estratocúmulos.

El tema de las nubes da para llenar un blog entero, otro Hotel Melancoisla. Este podría llamarse "Observatorio algodón". Sería un observatorio de nubes dónde trabajarían varios expertos, aislados, por supuesto. Aislados para no contagiarse de la realidad exterior y poder seguir viviendo en las nubes.

Escribiendo esto recuerdo que el primer libro que me regaló C.B. tenía algo que ver con nubes, además, aquel día se caracterizó por unos nubarrones descargando agua a mares.


Conclusión:

Me voy a dormir.

He encontrado otra foto con cielo, una de cuando fui a París en segundo de mi primera universidad. Creo que son estratocúmulos, pero no estoy segura.

Ya hemos descubierto para qué usan los obreros el tatami


Esta cama es demasiado alta, pero la otra era demasiado baja. La antigua cama ha acabado en el campamento base que tienen los obreros justo delante de la portería.

Están levantando la calle que cruza con la nuestra y van a hacer las aceras más anchas, cosa que como peatona agradeceré, me pone nerviosa ir en fila india, sobre todo con el carro de la compra (de 4 ruedas), pero que como conductora sufriré porque no podré dejar el coche en doble fila con los intermitentes puestos (4 intermitentes, también) ni medio minuto.

Los obreros rescataron el tatami del contenedor y lo desmontaron. Las (4) tablas las utilizan para dormir la siesta y para comer. Duermen y comen muy a gusto, se nota. Desde el balcón se ve que comen y duermen plácidamente. Disfrutan mucho comiendo y durmiendo en nuestro tatami. Comer y dormir en el tatami es lo que más les gusta de la jornada de trabajo.

Como la cama que tenemos ahora es muy alta en comparación, he soñado que me daba la vuelta y me caía por un precipicio. Cuando he llegado al suelo me he levantado y he subido en ascensor hasta la planta número 26.

2+6= 8


8:2= 4


Voy a arreglarme. Oigo la aspiradora, pero no soy yo quién la pasa porque estoy aquí sentada escribiendo un poco en el blog. Me están aspirando los pies... Me van a reñir por no colaborar en las tareas de casa. No quiero que eso pase... Cierro esto.

Tengo anginas. Siempre tengo anginas.

Últimos días de verano


El jueves estuve bañándome en una playa a las siete y media de la tarde. En la del fantasma de mi perrita negra. Ya hablé de ese lugar hace un tiempo. Le gustaba nadar, jugar con los cangrejos y mover las patitas en el aire cuando la sacabas del agua. Era una perrita persona.
Allí, nadando y siguiendo el reflejo del sol me sentí muy lejos de todo. Salvada. Pensé en hacer una foto pero no la hice porque me daba pereza salir del agua. Y también porque las fotos que pienso nunca salen, las que hago siempre son diferentes a las que tengo en la cabeza. Cuando inventen una entrada usb directa al cerebro y se pueda conectar la cámara, entonces saldrán las imágenes que yo quiero.
Al día siguiente pensé en hacer otra foto pero tampoco pude. El agua estaba muy plana y salir hubiese sido tirar el tiempo, perder el momento, desperdiciarlo todo.
En cambio, esta mañana sí he hecho fotos de nuestra sombra en la piscina. También quería que Carol me grabara nadando -no me he visto nunca- pero ha bajado el vecino "David Meca" y nos ha fastidiado el invento.
Mañana empiezo a trabajar a tope. Voy a echar de menos mis vacaciones interminables.

Poema urgente de cinco minutos para los gigantes con ojos de color verde y también marrón oscuro

Para C.B.


No todo el mundo puede ser un superhéroe.

Los superhéroes necesitan gigantes
manazas y desgarbados
que lloren en un rincón
A escondidas
Aunque eso tampoco pueden,
son tan grandes,
siempre hay alguien que los descubre

les sobresale un pie,
la cabeza,
inundan el barrio con
sus lágrimas
y sufren insomnio día tras día.

Pero tienen algo
un secreto
frágil
valioso
tienen a su chica
al otro lado del teléfono
y un auricular repleto de besos.

Ahora sí tengo melancoisla de la buena


Se acabaron las siestas en los hoteles y que todos los días sean sábado o viernes. Se acabaron las vacaciones.

Lo he contado una vez, dos veces, hasta tres.

Hoy va la cuarta.

El día que mi madre me descubrió la palabra melancolía

Principios de octubre. Se acercaba mi cumpleaños. Ya no más playa. Yo escuchaba en mi radiocassette de doble pletina la música que nos había acompañado durante todo el verano. Mi habitación de entonces era interior. Me gustaba asomarme a la ventana y soñar con un patio de luces mejor, un patio recién pintado de blanco y con un árbol dibujado que subiera por la pared y alargara sus ramas hasta tocar todas las ventanas. Mi teoría era que la vecina del primero tenía ventaja porque podía salir a dar vueltas por el patio y que incluso podía montarse allí una especie de terracita interior con toldo antes, un chill out ahora. Me gustaba imaginar largas carreras circulares en bici allí abajo.

Lo cierto es que el patio era gris y más gris y aún más gris, ¿nadie más le veía posibilidades?

- Mama, no sé qué me pasa, escucho canciones y me siento alegre porque me recuerdan al verano, pero a la vez también me siento triste porque me recuerdan al verano.

- Hija, a eso se le llama melancolía.



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Voy a hacer una lista para no olvidarme de este verano:

- Tres carros del Ikea llenos hasta arriba.

- Volver a querer nadar todo el mar de Formentera, pero es que no me daba tiempo.

- Desayunos interminables y llenos de calorías. Riquísimos.

- La mañana que el supuesto escritor catalán que nos hacía tanta gracia encontrarnos por el hotel con sus pantalones minicortos, nos regaló una sombrilla porque ya se le acababan las vacaciones.

- Los mediodías bajo la sombrilla. Donde plantes la sombrilla estará tu casa.

- Los mojitos en el bar de al lado del Faro de La Mola con la camarera guapa y muy profesional.

- Lo que querías gritar en un barco demasiado pequeño para las olas.

- La semana que pasamos con mis perros en la playa.

- El día que descubrimos una cala. Y eso que yo llevaba toda mi vida pasando por delante.

- Los mojitos cerca de un puerto.

- El día que llegaste del sur morenísima y con un vestido italiano.

- El pueblo medieval lleno de peregrinos buscando el parking.

- El Tom Tom diciendo "Ja heu arribat" estando a medio camino.

- La locura de volver a Madrid y la locura de volver a disfrutar la ciudad.

- La guía rubia de la casa de Lope. Tan natural, tan personal, tan original, tan familiar, tan profesional.





¿Una noche? Me quedaría con la del vídeo. La noche que volvimos a bailar reggae: