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Mostrando entradas de julio, 2010

Realmente, la entrada de hoy es de diario total

Me ha despertado de una dulce siesta a las 17:30 y me ha dicho que desprendía calor de bebé. Yo ayer me confundí y la llamé "mama", me tapé la boca en seguida, no es la primera vez que me pasa. Uy, menuda empanada mental tenemos...

En mi mesa se han juntado estas tres notas.

Una es de grupos que me gustan y que escucho en Spotify mientras me pongo bronceador para bajar a la piscina. Es como esperar la ola sin mar y sin tabla, un acto de fe en vano. La otra es de horarios y precio de vuelos a Roma. La tercera la usé para preguntarle a Carol, mientras hablaba por teléfono, qué quería para cenar. Al final, cuando faltaban 10 minutos para que cerrara el supermercado bajé a buscar aguacates y preparé guacamole. Cenamos en el balcón, bebimos y nos emborrachamos alegremente. Ella tiró por la borda un poco de vino en un ataque de mini-rebeldía, y eso que es la presidenta de la comunidad. Pero aún no ha ido a ninguna reunión. Ni irá.

Acabo de escribir esto. Me paseo un rato por el pi…

penísula, nadar, historia, dj y Silk

De la historia me di cuenta un fin de semana del mes de mayo y me convencí una tarde de principios de junio. Llevé una chaqueta en la mano durante todo el día porque creía que iba a llover, pero al final hizo mucho sol. Una putada.

La historia la estoy volcando en canciones, que son como fogonazos limpios y luminosos. También en una libreta que se cierra con una cuerda <--- me gusta. También la escribo en el ordenador cuando estoy en casa.

Hemos bajado a la piscina a la hora que los vecinos comen y no hay nadie. Somos como vampiras de piscina, pero sin sangre y sin fobia al sol. Bueno, vale, no nos parecemos a los vampiros. Los primeros veinte minutos nado sin cansarme y sin tener que pensar en nada. Únicamente me concentro en la respiración, que es como llevar el compás. Los veinte minutos restantes tengo que distraer la mente en algo, si no me aburro y tengo ganas de parar. Soy una persona que lucha contra el aburrimiento las 24 horas del día, es agotador. Durante ese último cua…

Una foto llena de mar

Y conmigo dentro.

La Cova d'en Xoroi

Estas fotos son de ayer mismo. Estuvimos en La Cova d'en Xoroi, una discoteca insólita por el lugar en el que está: en una cueva al borde de un acantilado que da al mar. La primera vez que fui hace 15 años -madre mía, ¿me estaré haciendo mayor?- era una especie de bar musical en el que sonaba Bob Marley, lo recuerdo perfectamente. Ahora, desde hace ya varios veranos, es un club rollo fashion, con Dj resident (dj Cova, me encanta) y dj's internacionales. Toda esa parafernalia. La verdad es que beberse un mojito mirando el camino de la luna en el mar es un gustazo espectacular. Es la cuarta vez que voy, pero me sigue impresionando como si fuera la primera.

Os copio la leyenda de Xoroi:

Estos peñascos que el aire marino perfuma, guardan con su imponente belleza la leyenda de una historia de amor. Xoroi, hombre de ignoto pasado que llegó por mar, nadie sabe cómo, posiblemente único superviviente de algún naufragio, se refugió en la cueva.

Las casas de campo de los alrededores sufrían…

La sombrilla

Como una astronauta que llega a la luna
clavo el parasol.

Quizás me gusta tanto la sombrilla por esa obsesión mía de ir construyéndome casas ambulantes, lugares en los que no me sienta una desconocida. Por ejemplo: mi coche, mi cafetería de las mañanas, mi mesa en clase, etc. Planto la sombrilla, nace un hogar. Así de sencillo. Luego apenas la uso -la usamos- porque estamos siempre en el agua o tomando el sol, pero me da seguridad saber que está ahí, para meterme debajo y... "salvada", como en los juegos del patio.

Las sombrillas sólo me gustan cuando estoy enamorada, si no, me deprimen un poco. Los habitantes de cada sombrilla nos esforzamos para que nuestro amor sea diferente y más grande y mejor que el de los vecinos de la de al lado, pero ninguno de nosotros sabe lo que verdaderamente tiene que hacer para que sea así. ¿No? (Tecleado en mi iPhone a las 4 de la mañana de ayer, sin poder dormir).

Carol dice que toda la vida tan cerca del mar me volvería loca.

Mi madre, a veces, llama a las cámaras tomavistas. Me parece un nombre muy elegante. Yo llevo un tomavistas encastrado en el corazón, también es un tomasensaciones y, según el día, no para de hacer clic clic clic clic.

Hoy estábamos solas en la playa, hay poca gente en la isla. Hemos aprovechado para magrearnos todo lo que hemos podido y más.

Posteando con una app de iPhone (pruebas)

Estoy en casa de mis padres, cuidando de los perros. Ellos están en medio del mar con mi prima. Antes de marchase, mi madre me dejó 5 litros de gazpacho en una olla y 7 paquetes de jamón para los chuchos. Se están acabando las provisiones. Y de repente, llueve. Esto se hunde. ¿Dónde guarda mi padre las bengalas?