Un motivo para hacer caravana todos los días




La caravana que hacemos todas las mañanas no es para ir a trabajar. La verdadera razón es contemplar cómo estalla el amanecer en la C-58. Impresionante. Hay que vivirlo.

Una puerta, una calle, un cojo. Este blog cumple 7 años.



Por tercer día él ve amanecer desde una cama vacía, por tercero le oímos persignándose, Jesús, José y María. Y el tercer día, jura, es el peor. Le tendríais que ver: de rodillas con cara de idiota arañando el parqué.

Hizo listas de las personas con las que había dormido. Puso en rojo los nombres de aquellos que resultaron heridos. Su apellido figura una vez, de cada cinco o seis, en un rojo tan vivo que al mirarlo dolía. Él lloraba y gemía al pensar que le quedaban aún otros tres días.

Y cambió los muebles de lugar un treinta de noviembre. Fue a dormir y de nuevo, al despertar, estaban donde siempre. Que es diciembre, no abril, el mes más cruel, quién se lo iba a negar, si las horas le duran hoy lo que dura una vida, si el plan de su vida a día de hoy consiste en nada más que en llegar al cuarto día.

Llegaré al cuarto día, gemía. Pero lo peor, señor, es que llegará, es que llegará,
y que a ese día le sucederá otro día más, y otro día más, y otro día más, y otro más, y uno más, y otro más, y uno más, y otro más. Y uno más.
(Nacho Vegas, El tercer día)


"El tercer día", una canción de Nacho Vegas que escucho todas las mañanas en el coche desde hace una semana. La pongo nada más salir del parking. Miro el cielo y pienso que no va a llover. A veces pienso que sí. Veo a las primeras personas del día pasar por la acera y casi siempre me cruzo con un hombre que es cojo y lleva traje. Si me lo encuentro quiere decir que voy justa de tiempo. Y me acuerdo de eso que dicen, que la suerte trae cojos. Es al revés.

Pienso mucho, porque a esas horas también pienso en la suerte. Qué suerte tengo, no se me cae la puerta del garaje encima. Qué suerte tengo, nadie se salta un stop. Qué suerte tengo de no llegar tarde a pesar de la caravana. Qué suerte tengo, no se me cruza una bici en esa calle en la que si se te cruza una bici no la ves. A mí los horóscopos me suelen gustar bastante. Están mal vistos, como fumar, por eso los leo a escondidas, en la terraza. Hace un tiempo, un astrólogo leía mi blog y hacía la predicción para mi signo -libra- basándose en lo que yo había escrito. Fue una temporada muy divertida llena de casualidades falsas que ahora recuerdo con cariño.

La letra de esta canción me tiene loca. Es que la entiendo y no la entiendo, es lo que me gusta. Tiene que ser muy chungo que siempre queden tres días y no llegue jamás el cuarto.

Por cierto, este blog cumple 7 años.


Y yo estaré vuelta del revés




Hoy he ido a dar una vuelta a la biblioteca para entretenerme, el tiempo de descanso del mediodía sigue siendo una tortura, aunque a veces esté con alguna compañera, que se agradece. Una tortura como cuando era pequeña y tenía que comer en el colegio. Yo quería ser transeúnte y no fija, quería quedarme "algunos días" a comer, pero no todos. Levantar la mano sólo a veces. Estar de paso por el comedor, pagar con una moneda de 500 pesetas y que me dieran el cambio.

Bajaba este mediodía las escaleras de la biblioteca arrastrándome, cuando un grupo de personas mayores de setenta años que asistía a un curso sobre Internet, descubría la pestaña "Imágenes" de Google. Ha sido deslumbrante. He tenido la suerte de presenciar ese magnífico momento de ovaciones y madre mías. En serio, es impactante ver a tanta gente emocionada por algo tan sencillo. Me hago fan y quiero para mí una pestaña de imágenes de Google jamás vista, una pestaña por primera vez, una pestaña sin estrenar, que me saque de la rutina de mis mediodías repetidos.

(Tengo que esperar un año más para poder cantar la canción del vídeo en condiciones. Se me está haciendo más largo... "Yo tengo 33 y tú eres casi una menor/ cómo es posible que entre tú y yo/ exista algo que dure un tiempo.")

Tomando decisiones: ¿Me gusta Miqui Otero, Kiko Amat, la Nocilla... o no?



Si la cantidad de 1500 euros al año me blindara contra todos los resfriados y sus primos hermanos (gripes, neumonías, anginas, etc.) os prometo que los pagaría sin pensarlo. Estoy atravesando un catarro. Mi cabeza está dentro de un túnel, mi tos provoca desprendimientos en las carreteras de las montañas rocosas, mi boca es esa planta seca y olvidada en el balcón durante las vacaciones.

Ayer empecé a leer uno de los libros que me regalaron por mi cumpleaños: Hilo Musical, de Miqui Otero (Alpha Decay, 2010). Hay un vídeo promocional de la novela al principio de esta entrada.

Inicié la lectura con mucha ilusión, pero no logré concentrarme. Era como estar presenciando un espectáculo de magia viendo todos los trucos. ¿Por qué no me gusta algo que tiene un montón de puntos para gustarme? ¿Por qué no soy capaz de leer a Kiko Amat hasta el final? ¿Por qué no me engancha Nocilla Dream? ¿Por qué leyendo a Unai Elorriaga me retuerzo de rabia? ¿Por qué siempre son hombres?

Desgraciadamente, no me ha gustado demasiado el principio de la novela de Miqui Otero, ni los libros enteros que he leído de los autores que acabo de nombrar. No me meto dentro de sus historias porque todo el rato los veo a ellos escribiendo y escuchando música en casa, bebiendo en un bar con los amigos y comprándose unas Converse como las mías. Eso no me pasa con otros autores. Me refiero a que... es como si el escritor fuera también el protagonista principal de la novela. Parecen blogs. Eso es, parecen blogs, blogueros.

Todo esto sé que me lo comeré con patatas un día de estos, pero bueno.

Y ahora las contradicciones, que no los tambores. Reconozco que me gusta Unai Elorriaga cuando escribe que "las plantas no toman café con leche", y Miqui Otero cuando dice lo del calor seco de Madrid en el ascensor:

Estoy solo en algún punto de la costa mediterránea, a las puertas de uno de los mayores complejos de ocio de Europa, y hace calor de verdad. Pero no calor de estar en un ascensor de Barcelona y decir: "En Madrid es más seco". No, hace calor de querer estamparte contra un iceberg y quedarte cristalizado dentro de uno de esos insectos en una bola de ámbar. Al menos hasta que todo esto haya pasado.
(Miqui Otero, Hilo Musical)


No sé qué hacer. ¿Dejo de leer el libro y lo retomo dentro de unos meses o aguanto hasta el final para ver si cambio de opinión? En el fondo sé que si en vez de novelas escribieran blogs me encantarían. O novelas gráficas. El problema es mío, seguro.

Jueves de cumpleaños feliz


Hoy he cumplido 32 años. Nos hemos acordado de que no teníamos pastel pasadas las 9 de la noche. Hemos ido corriendo al corte inglés.



He puesto todo los regalos encima del piano y les he hecho una foto.




Todos menos uno:







No quiero que se muera nadie.

Aeoropuerto- post en directo



Aeropuerto: lugar en el que la gente se disfraza.

Lugar en el que la gente siempre lleva muchas chaquetas, pero ninguna puesta.

Lugar para llevar botas con chándal.

¿Alguien más se ha dado cuenta o es cosa mía?

Superfan de una fruta y de un arte marcial




He probado por primera vez una fruta: la granada. Puede que a alguien le sorprenda. La verdad es que yo también me quedé a cuadros cuando conocí a una chica que jamás había comido cuajada, lo bueno es que en la misma semana supe de dos personas más que tampoco la habían probado nunca. Qué fuerte, y yo que creía que la cuajada era un lácteo mainstream.

La granada me tiene fascinada. Me he estado informando en google. Es una fruta excepcional, muy sana, antitodo lo malo que puedas imaginar. Dentro tiene unas bolitas de color naranja transparente que parecen canicas de cristal, estallan en la boca cuando las masticas. Su sabor se parece al de la uva.

Así que, básicamente, estos días los paso comiendo granada y practicando taekwondo. Sorpresas que te da la vida. El otro día hicimos nuestro primer combate juntas en el gimnasio. Cada vez que le arreaba una patada le preguntaba si le había hecho daño. Cuidarse en medio de un combate es complicadísimo.

Ahí están nuestros duboks, requeteblancos y desprendiendo olor a suavizante. Listos para empaparse de nuevo en sudor.

Y la ganadora es...

Allá voy. Me ha costado mucho decidirme. Os agradezco vuestros comentarios y el seguimiento que ha tenido el casting.

La chica de la Ducati roja es...

BRUNELLA CARDINI

Me encantó el pasado del personaje, la historia sobre el hermano justifica el cariño que le tiene a la moto. También me gustó la fábrica de varillas de paraguas del padre. Creo que es un personaje de acción, hará que pasen cosas.





Finalistas del casting: La chica de la Ducati roja.



Tengo tres favoritas. Esto es muy difícil, porque la verdad es que se han quedado fuera muchas que también me gustaban, pero he querido reducirlo a tres para que fuera un poco más fácil. Todas, todas me gustan. Qué mal queda esto.

Voy a copiar aquí los post de las tres finalistas, a ver si decidimos algo. Como muy tarde, el martes sale la ganadora. Os vuelvo a dar las gracias a tod@s. Las que no salgáis ganadoras podéis escribir otro personaje del hotel, si os apetece. A mí sí.

Candidata 1. Entrada de Brunella Cardini

"La Ducati de mi hermano y las varillas de paraguas"

Tu hermano se va a matar con la moto, me decían.

Y, contra todo pronóstico, a mi hermano no se lo llevó la moto sino un mal navajazo.

Aquel día no entré en la iglesia. No abracé a mi madre. No me vestí de negro. Me tomé un café solo y huí en la Ducati de mi hermano. Yo, que jamás había conducido una moto, me aferré a ella como si fuera un salvavidas. Hasta que agoté el depósito y tuve que fingir desenvoltura reponiendo combustible en la primera gasolinera.

Amé su color rojo por encima de compromisos y estabilidades. Mi hermano se había marchado y yo me sentía como un ladrón sin guarida en la que ocultarse. No comprendía el mundo, lo único que me quedaba era una moto, una foto de mi tía Lisa, dinero para pasar un par de meses y muchas preguntas revolviéndose en mi cabeza. Y unas iniciales que no podía olvidar: L.V.

Mi hermano no se mató con la moto así que yo presentí que estaría a salvo sólo si no me separaba de ella. Sería mi salvoconducto hacia otro lugar, lejos de miradas turbias y envidiosas. Las mismas miradas que no habían comprendido que yo no quisiera continuar con el negocio de mi padre, ¿tanto les costaba meterse en mi piel?

Mi padre poseía una pequeña empresa dedicada a la fabricación de varillas de paraguas; de hecho, tenía el monopolio ya que no me consta que existiera otra empresa que fabricara aquellos mecanismos. Aún hoy, cada vez que abro un paraguas, no resisto la tentación de echar un ojo al interior buscando sus iniciales B.C.: Bruno Cardini. Es en vano. La empresa cerró a su muerte y en el pueblo no pudieron soportar que ni mi hermano ni yo no nos hiciéramos cargo del negocio.

Dedicarse a luchar contra la lluvia nunca me pareció una empresa demasiado próspera.

La primera noche que pasé fuera de casa recuerdo que soñé que una lluvia torrencial caía sobre el pueblo y que no existía ni un solo paraguas. Los habitantes corrían despavoridos y lloraban sin saber dónde guarecerse. Creo que es el único sueño que recuerdo de todos los que he tenido a lo largo de mi existencia.

Y ahora he llegado a la isla como una exhalación. Me he pasado toda la mañana recorriéndola, familiarizándome con sus caminos de tierra, con la vegetación, con sus olores. Todo es nuevo pero extrañamente familiar. Un impulso dentro del cuerpo me obliga a quedarme en este lugar, lo noto.

Toda mi vida ha consistido en ascender sin perder ni un segundo, sin detenerme a valorar lo realmente importante. Tal vez haya llegado el momento de descender sin cuestionarme nada más.

Ahora debo pensar dónde pasar la primera noche.

***

Candidata 2. Entrada de Lluïsa Miró

"Segundo día"

Afuera luce un sol espléndido. No podía ser de otro modo; al fin y al cabo, es lo que se espera de una isla. Sol y soledad, amarillo y gris, como las piedras del puerto. Sólo el tiempo dirá si he hecho bien; de momento, las sensaciones son positivas. No hay turistas, el contacto con los pocos habitantes se reduce a la compra semanal – tendré que organizarme bien, aquí no hay supermercados- y a la misa del domingo. Queda claro que, si me ven, será únicamente en la primera opción. Quién sabe, quizás dentro de unos meses verán a una resucitada.

Sólo 72 personas en toda la isla. Una de las razones para escoger ésta entre todas las tierras perdidas. Me pareció un buen augurio, nací en el 72… Cuando has perdido el norte y buscas orientarte de nuevo, cualquier coincidencia parece la señal para acercarse, un poco más, a la tabla que podrá salvarte. Tiempo, soledad y distancia, es todo lo que necesito. Aquí podré rehacerme, recuperar los trozos y reunirlos en algo que recuerde a mí o, quién sabe, en un nuevo yo que no necesite al anterior para seguir adelante. Quizás esto último, sí.

No puedes reprocharle que no quisiera venir contigo, lejos de todo lo que le es necesario: la ciudad, el movimiento, el ruido. Los museos, el cine en versión original, los restaurantes caros. Cómo iba a seguirte a una isla. Quizá hubiera venido de visita, pero mejor así. Me hubiera pasado los días esperando su llegada, en lugar de concentrarme en mí. Tiempo. Y el mar.

De un modo u otro, desde alguna de las ventanas de mis diversos hogares, siempre ha sido posible ver el mar. Aquí lo tengo a unos pasos, y ayer fue agradable dormirse arrullada por las olas. De momento es agradable; me pregunto cómo será en invierno… Confiemos que todo irá bien.

Iré a dar una vuelta con la Ducati. Nada como el sonido del motor para sentirme viva: kilómetros de carretera por delante, sin nada ni nadie a ambos lados, sólo la tierra yerma, llana, desnuda y salvaje. Y al final del camino, al otro lado, de nuevo el viento y el mar. Hoy voy a darle gas. Que sepan las aves y las rocas que no he venido aquí a enterrarme, sino a resurgir.

Descripción del personaje:

Tiene 38 años, es atractiva, ojos color miel, labios gruesos, media melena lisa, morena. Viste ropa cómoda (vaqueros, camisas, botas, zapatos planos), que no le molesten para ir con la Ducati. Está pasando un momento complicado, porque quiere replantearse su vida (ha conseguido todo lo que quiere desde el punto de vista material, pero se siente vacía). Tiene pareja, pero en el momento en que planteó un cambio de vida, no quiso acompañarla. Ahora mismo no se siente ligada a nada. Ha decidido hacer un parón, irse a vivir sola a una isla y ver hacia dónde encamina sus pasos.

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Candidata 3. Entrada de "A".

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A. vuelve después de más de 10 años a enfrentarse con su pasado.

Se aloja en el Hotel Melancolisla, lugar al que hubiera preferido no volver pero que irremediablemente ha marcado su destino.

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NOTAS / 19:34 PM

Cuando voy en moto me imagino siempre que nadie me conoce. Que nadie sabe quién soy.
Es como cuando te escondes tras una cortina y se te ven los pies pero crees que no te ve nadie.
A cada curva, reduciendo las marchas, sueño con que apareces directamente en la autopista y en dirección contraria.
Me vuelvo un kamikaze.

Al oler de nuevo el aire de la isla, parecía como si me estuvieran esperando.
Me moría de sed y he parado a tomar un refresco en el bar que quedaba en la travesía del pueblo. Esperaba una entrada indiferente pero en seguida me han reconocido, en la barra estaba Luis, el cartero del distrito marítimo donde tenía la casa mi familia. Al parecer, sin el casco de la moto apenas he cambiado la cara en estos años. Hacía tiempo que no veía a nadie tan contento de verdad de volver a verme. Después de tanto tiempo me ha recordado la voz del cartero a las puertas abiertas de casa de mis abuelos, corriendo con los pies descalzos y recién desayunados, recogiendo las postales que mis padres enviaban cada verano desde sus destinos de vacaciones. Le he preguntado, como por casualidad, sobre como llegar al hotel, como si lo hubiera podido olvidar durante estos años, como si no recordara al número exacto de curvas que me separaban de aquel lugar.

Mientras me hablaba, he sacado el viejo mapa de la isla que guardaba en mi bandolera como una reliquia pirata, al desplegarlo se han desprendido unos cuadrantes del mismo, era casi todo océano, agua sin importancia. Sobre los restos de pliegues resquebrajados Luis el cartero me ha marcado algunos tramos recientes y posibles obras en el camino de acceso al hotel debido a las fuertes lluvias de este verano, pero a pesar de estas pequeñas correcciones sobre el papel. en realidad, la cartografía de esta isla poco había cambiado .

Siempre me ha gustado llevar mapas usados de los sitios que conozco.
Se me hace tarde y debo llegar al hotel, todavía no he reservado habitación.

A.