Haz como si me conocieras




Hoy escucho una canción mía porque el tiempo está revuelto, porque en la gasolinera olía a pan y porque "nadie personas en la playa", que es como decir "no había personas en la playa".

Esta mañana ha habido un accidente, han cortado un carril y nos hemos ido acumulando bajo la lluvia. He estado parada un buen rato frente a esos edificios de viviendas que hay junto a la autovía. A las personas que viven allí no les queda otro remedio que ser feliz. Son como los clientes de aquel bar que había en el metro, hace años, aquel que era tan triste y feo que para soportarlo tenías que enamorarte cada día. Recuerdo que estuvo cerrado por defunción y fue como una bofetada.

Cuando hago caravana y yo estoy tan atrapada como las ventanas de esos pisos, pienso que me gustaría pasar una noche en una de las habitaciones. Desde allí vería los faros pasar a gran velocidad. El tráfico disminuiría de madrugada y, ahora mismo, sólo se me ocurre una persona con la que compartirlo, con la que el 5 de abril de 2005 buscaba algo que ya no vendían en ningún sitio.

Pero a esas horas de la mañana, mi única esperanza es la chica de la Yamaha Fazer roja con una raya blanca en el depósito. Sé que tiene el pelo rizado. Hoy se ha detenido justo a mi lado y ha puesto un pie en el suelo para no perder el equilibrio. Y qué iba a hacer yo, ¿golpear con los nudillos la ventanilla de mi coche? Siempre que intento perseguirla me siento como el pobre coyote. Ella sortea un par de obstáculos y se escapa por el arcén. Siempre acabo viendo cómo mi esperanza se aleja perdiéndose entre los coches. Le diría: sácame de aquí, llévame al trabajo y ven a comer conmigo.

Chet Baker cantaba a punto de desvanecerse. Siempre me gustará.



He estado haciendo limpieza de carpetas y he abierto la de los ejercicios del curso de escritura del año pasado. Este fue el primero que escribí. Tal vez los vaya pegando en el blog ahora que ya ha pasado un tiempo... no sé, puede que todos sean un rollo macabeo. Seguramente, estuve toda una mañana de sábado intentando decidir qué nombre le ponía a la chica. Suele pasarme. Durante tres años viví con una Cristina en Girona, al borde del río, a la altura del puente de hierro. Nos reíamos mucho juntas. Un día de estos tengo que ir a verla.


Cristina apunta el secador hacia su cabeza como una pistola. El aire caliente remueve el pelo de color trigo y se acuerda de las palas del helicóptero levantando el aire, dejando atrás un remolino de rastrojos y maleza.


Se viste sin ganas, podría ponerse las medias en los brazos y los zapatos en las orejas sin importarle. El único escudo que aún conserva es su barra de labios. Hace tres años le asignaron la información sobre el estado del tráfico desde el aire. Al principio, se sentía privilegiada, pero ahora ya no, está demasiado lejos, a punto de desmoronarse como el esmalte descantillado de sus uñas. Abre las puertas de cabina. Le da los buenos días al piloto y se coloca los auriculares y el micrófono. Cristina contempla con anhelo la vida de abajo, la cuadrícula de tonos verdes y amarillos que forman los límites del terreno y la masa compacta de automóviles. Lleva como una soga el grueso collar de coches que colapsa las entradas a la ciudad. Su vida tiembla con el fuselaje del helicóptero al elevarse. Ella quiere estar en la caravana, en el meollo. Bosteza y anota en una libreta el punto en el que se encuentra un coche averiado. Amanece.


Cuatro mil metros más abajo espero su voz, que baja desde el cielo y se cuela en mi coche todas las mañanas. Las luces de freno, los intermitentes locos, los faros encendidos, iluminan mi cara. Si yo fuera Chet Baker, llevaría una trompeta en el asiento de al lado. Durante la retransmisión, escucho de fondo el ruido de los rotores del helicóptero, un ritmo continuo y rápido, parecido a los latidos de un perro.


Reflexión rápida sobre croquetas, dudas, amigas y abuelas

Estoy haciendo tiempo para que se enfríe la pasta de las croquetas que he estado preparando esta tarde.

Cuando he vuelto del trabajo, he llamado a mi abuela para preguntarle la receta. Le ha hecho mucha ilusión. Siempre que hablo con ella me da todo mucha pena. Me duele pensar que casi no voy a verla, que un día se morirá y yo no habré estado en su casa más a menudo. Me consta que ella tampoco hace demasiado por verme a mí, pero nada de esto importa porque nos queremos. Nos queremos. No está sola, mi abuelastro está con ella, es el amor de su vida. Y visto lo visto, el amor no es lo mejor que te puede pasar en el mundo. He dicho no.

Yo sé que a mi abuela le sucede lo mismo que a mí. Lo de vernos poco es por algo que últimamente está por todas partes, es por las circunstancias. El viernes pasado, después de Taekwondo, una amiga me comentaba un problema que tiene y, de repente, me di cuenta de que todo era fruto de lo que ella había dejado de hacer, de lo que había pensado pero no había dicho, de las decisiones que había tomado anteriormente, etc. Toda eso se había ido acumulando, una masa pastosa como las de las croquetas, hasta llevarla a la situación incómoda en la que se encuentra ahora. A mi abuela y a mí nos pasa lo mismo, hay una serie de circunstancias que hacen que no nos veamos tanto como quisiéramos.

Las circunstancias no se ven, no son muros que te impidan el paso, ni muebles con los que puedas tropezar y joderte el pulgar del pie, no son kilómetros de distancia, no es un cabreo aparente. Algunas circunstancias son subterráneas, son raíces que se van metiendo y van creciendo, extendiéndose, ramificándose... hasta que levantan la capa de la superficie rasgándolo todo, convirtiéndose en dudas, miedos, contradicciones, etc.

Me voy, que yo estaba haciendo croquetas.


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Editado. Viernes, 19/11/10 13:27.

He quedado para comer con mi abuela. La estoy esperando.

MADREFOBIA




Hace un mes descubrí un café recién inaugurado en el que hacen unas ensaladas muy buenas. Lo que más me gusta es que cierran la puerta, porque ahora en los bares dejan las puertas abiertas y dentro hace un frío polar. Estas son las miserias de las personas que no comemos en casa al mediodía.

El caso es que descubrí esa cafetería, la llevan dos chicas muy majas; un lugar con luz natural, todo muy limpio y bonito. El primer día que entré estaba sonando el cd de Russian Red y pensé, oh, milagro, un lugar en el que no ponen de fondo M80 Radio ni Rac 105, que menudo rollo de emisoras con éxitos de hoy y de siempre, querrán decir con los temas más coñazos de hoy y de siempre.

Con el paso de las semanas, el bar se ha hecho un hueco en el barrio y HORROR, se lo han apropiado unas MADRES jóvenes, ese colectivo tan pesado que tapona el espacio que hay entre las mesas con sus cochecitos de bebé, con el que sin querer -¡ay, lo siento!- te tiran la chaqueta, el iPhone, el libro y todo lo que puedan llevarse por delante con el 4x4 del niño. Pregunta: ¿Por qué hacen los carritos de bebé grandes como un tanque militar? Es que no acabo de entenderlo. Otra cosa que me alucina es cuando en las aceras estrechas se indignan porque tardas un par de segundos en apartarte al ver el tanque. Señora madre única y exclusiva, ¿no ve que está pasando un coche y me puede atropellar?

En total eran seis. Y venga a hablar del niño y de las revisiones y de que si me come bien o me come mal y de los mocos y de las décimas de fiebre y de la depresión post parto. Y yo pienso, joder, pero si hijos se han tenido toda la vida, en teoría no es ninguna proeza, ¿no? Menudo tostón, todas hablando a la vez de su hazaña reproductora. Luego los niños salen atontaos y no me extraña, los tratan como si fueran de una especie diferente al resto de los mortales.

¡¡¡Basta yaaaaaaaaaaaa!!!!

Queridas madres... entended que no sois las únicas ni las últimas.

Qué sería de mí sin la música




¿Qué sería de mí sin la música? Para empezar... estaría en el paro.

Hemos creado unas cuantas listas de canciones en Spotify, ese invento maravilloso que te permite escuchar todo tipo de música gratis y de forma legal. Me parece alucinante poder disfrutar de casi toda la música publicada, sea pop, rock, clásica, dance, house, bossanova, samba, lo que sea. Y si te gusta mucho un disco te lo compras, ¿no?

Voy a compartir tres enlaces a unas listas que hemos creado:

"Melancolía con vistas al futuro". Lista con temas de bossanova y samba. Esta lista la hice para los días en los que estoy feliz pero un poco melancólica, y deseando que vuelva el verano.

"Odiamos estas canciones con toda nuestra alma". Lista creada con la ayuda de Carol Blenk. Se trata de una colección de temas que cuando los ponen en los bares nos da el bajón directamente porque los aborrecemos. ¿Qué sentido tiene hacer una lista así? Pasar una tarde de martes y reírnos un rato recordando canciones odiosas (para nosotras, claro). Tenemos en esta lista a Rosana, a Dire Straits, a Miguel Bosé, a Bruce Springsteen, a Los del Río, a Modestia Aparte, a Coldplay, a Zucchero, a Rosario...

"Canciones para bailar dándolo todo con el cubata y el piti en la discoteca, pensando cada uno en su rollo y escenificando la letra". Esta lista también la he hecho con la ayuda de Blenk. Son esas canciones que cuando las ponen en una fiesta todo el mundo las canta como si fuera el tema de su vida, aunque en realidad no lo sea, y todos pensamos en nuestros "rollos", nuestros problemas, desamores, etc. Se suelen cantar con un par de copas de más y es muy importante escenificarlas haciendo gestos, señalando a tu colega, etc. Son canciones de momentos "os quiero mucho a todos". ¿Quién no se ha desgañitado cantando "Sin documentos" de los Rodríguez? ¿Quién no se ha inventado la letra de "Losing my religion" alguna vez? ¿Quién no ha intentado bailar "Vogue" de Madonna haciéndose la picha un lío con las manos? ¿A quién no se le ha caído el cubata al saltar como una posesa bailando "Smell like teen spirit" de Nirvana? ¿Quién no se ha querido colar en la fiesta de la chica con traje transparente?


Espera diez horas y verás


Lo peor ha sido que, al salir de casa, el sol me ha dado un puñetazo en todo el estómago. ¿Te sientes triste? Pues toma sol, toma día espléndido. No hay sol más limpio y transparente que el de otoño. Me apetecía escuchar Richard Hawley en el coche, pero no tenía nada de él. Vaya, mi único sueño para un día asqueroso no podía hacerse realidad. Lo he compensado escuchando una canción de La Buena Vida, una que dice cosas como ayer por fin te vi, yo no buscaba y te vi, y te di canciones nuevas por verte y no poder tenerte. Descubrir a Richard Hawley ha sido como enamorarme, ahora no puedo dejar de pensar en su música.

Me iría con sus canciones a cualquier sitio, y cualquier sitio sería el mejor lugar del mundo. Me da igual cómo se pongan el pelo esas canciones porque van a estar guapísimas siempre. Lo peor es que siento que a su música yo también le gusto. Me da miedo sentirme perdida y empezar a preguntarme si le gusto.

Este mediodía he ido un rato a la biblioteca, allí me siento como en casa, hay sofás, libros, no hace frío. He encontrado dos cd’s de Richard Hawley. Esta tarde he vuelto escuchando las canciones que tanto había deseado por la mañana. ¿Los sueños tardan diez horas en cumplirse?

El fascinante mundo de los croquis en los partes de accidente





El otro día colisionó una chica en moto con la parte trasera de mi coche, según ella no me vio. Yo no estaba escondida ni nada de eso, estaba dejando pasar a una mujer que cruzaba por un paso de peatones.

La chica de la moto no se hizo nada grave. Lo preocupante es el croquis del accidente que tuve que hacer en el parte. Sí, sí... esa especie de supositorio empotrado en el culo de mi coche es la moto en cuestión. Me parece fatal que den por hecho que los conductores sabemos hacer un croquis del accidente... así, pim pam, contando cuadritos. No me parece nada serio.

Todo lo que quiero es comer en mi casa

Quiero un hogar para comer al mediodía, estoy harta de restaurantes. Si encontrara una casa de alquiler de 13 a 15... una cocina, un sofá, una mesa... sopita calentita. Suspiro.

El agua destilada no es mala, pero Ramón Gómez de la Serna es mejor




Ayer me cautivó este párrafo de "El incongruente" de Ramón Gómez de la Serna. Pensé que lo escribiría en un papel para sentir las palabras pasar por mi mano –mejor dicho, por la punta de mi rotulador– y de ese modo estar aún más cerca de su significado. Una chorrada total que comparto con orgullo.

El párrafo lo leí en la sala de espera de un ambulatorio de guardia, quería que un médico me visitara y me recetara algún antibiótico para tratar mi amigdalitis aguda. En ese momento, un paciente nuevo se acercaba al mostrador a dar el parte de sus síntomas. (Por cierto, que cuando la gente explica sus síntomas al señor de la ventanilla lo hace gritando, como si el vidrio fuera de algún material súper aislante utilizado en los cohetes de la Nasa...) Y dijo:

–Buenas tardes. Mire, no me pasa nada, pero me he bebido un vaso de agua... –aquí hizo una pausa bastante larga y todos los que estábamos allí pensamos que nos estaba tomando el pelo– ... un vaso de agua destilada.

Hubo gente que se quedó igual, yo reconozco que me alarmé un poco, tomarse un vaso de agua destilada no puede ser muy bueno.

Pues nada de eso, porque según el hombre de la ventanilla, que es el que está protegido por el vidrio de la Nasa, el agua destilada está purificada y desinfectada. El paciente insistía y decía que el agua provenía del aparato del aire –¡alerta!– pero nada, ni caso, "el agua destilada es como si usted le echara un par de gotitas de agua oxigenada al agua del grifo", decía el hombre de la ventanilla que, un pequeño detalle sin importancia, no era médico.

No sé cómo acabó la historia, me tocó entrar en la consulta y no pude saber el final. Una lástima.

Para los curiosos como yo, aquí va un link.