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Mostrando entradas de febrero, 2011

Mi madre de ahora es la misma de antes

Esta mañana he llamado por teléfono a mis padres. Ha saltado el contestador porque no estaban. Yo esperaba escuchar esa voz masculina entre persona y robot que graba el mensaje de todos los contestadores automáticos. (Bueno, la verdad es que ni lo esperaba. Esperar es demasiado importante. Sencillamente, la voz desconocida era algo que iba a oír porque así había sucedido todos los demás días que había llamado a casa y no había habido nadie.)

Pero hoy, la voz del contestador era otra, no era la programada por la compañía telefónica. Era la de mi madre. Ha sido extraño. Al escucharla, inmediatamente me ha recordado a ella pero como si fuera otra persona, otra madre, mi madre de hace tiempo. Voy a aclarar que es la misma que la de ahora, pero a veces se me olvida… Mi madre de ahora es la misma que cruzaba la Meridiana todas las mañanas, como a caballo, para llevarme al colegio, y la misma a la que yo deseaba ver aparecer con todas mis fuerzas en la puerta del colegio al mediodía. Pero es…

No perder lo importante

Hoy he mirado por la ventana mientras hablaba por teléfono y he pensado que cada cierto tiempo cruzamos un puente y nos convertimos en otras personas. Hasta que no llegas al otro extremo no vuelves a reconocerte. No pierdas lo importante en el camino, Paola.

El dibujillo es mío.

Me voy a leer "Novecento" de Alessandro Baricco. Calculo que en una hora lo habré acabado. Tampoco es cuestión de calcular, ya, pero bueno, y qué pasa si calculo.

Empieza así:




La fortaleza de los pijamas

Tengo un pijama que siempre me hace reír. No puedo remediarlo, es verme con él en el espejo y troncharme. ¿Cómo pude comprarme un pijama tan ridículo? Un oso que se rasca el culo mientras mira una libélula y dice "hello, little friend". Lo peor es que en su momento no me di cuenta de nada, ni del oso, ni de la libélula, ni de que se rascaba el culo.
Cada día paso en coche por una calle levantada, en obras. ¿Qué estarán haciendo? Nunca sé qué hacen los obreros exactamente. Pero un buen día todo vuelve a su sitio. En la esquina hay un bar de esos con el letrero de la Coca-Cola, un bar de barrio con nombre de saga, "Gallegos 2", por ejemplo, y me pregunto si existirá el "Gallegos 1" y donde estará. Todo esto es en serio, a pesar del oso que se rasca el culo. Justo encima hay un bloque de viviendas. En el balcón del primer piso siempre hay ropa tendida. Una camiseta, un pantalón y un pijama de alguien que tendrá una vida similar a la mía o totalmente distinta…