Seguir la corriente

(ilustración de E. Gorey)
 
 
Nadie imaginaba que aquello fuera a acabar en tragedia, siempre se había hecho sin que pasase nada.
La gente se agolpaba alrededor de las ambulancias y todo el mundo comentaba lo sucedido. Aquello podía ocurrir, existía el riesgo. Una chica de unos quince años lloraba en la acera desconsoladamente. La cara desencajada, decía una mujer. No quisimos ver nada, pero estábamos a pocos metros y el aire el mismo.


Volvimos a casa por otro camino.  Pasé el resto de la tarde leyendo para olvidarme del asunto.
Esta mañana, cuando he salido a la calle, he visto que seguían haciendo lo mismo, que a pesar del accidente de ayer seguían con lo mismo.
Ya no se respeta nada. Ya no nos protege ni el miedo.
El miedo no está bien visto.
Brindo por los miedicas.



todo por nada








Lavar el dobok de Taekwondo, doblarlo (aunque sea mal) y meterlo en la bolsa, resucita en mí una porción de la ilusión que sentía a los 9 años. Lo llevamos blanco e impoluto, no como alguno de los chicos. Especialmente el de Julio, que ya amarillea. Julio es un chico que se pasa la tarde en el gimnasio practicando sin cesar. Cuando acaba nuestra clase, la última del día, él aún sigue  haciendo abdominales o dándole patadas al saco. El maestro no le hace ni caso, jamás le he oído decir "Julio, sigue así, lo haces muy bien". El chaval tiene una autoestima enorme y el maestro lo sabe, no necesita la aprobación de los demás. Un día pactamos que lo dejaríamos todo por ir a Taekwondo y por conseguir el cinturón verde. Ahora ya casi estamos y no nos ha costado tanto como imaginábamos.






Dejarlo todo por nada es una locura, dicen.  Pero en qué parte está la locura, ¿en todo o en nada?

 Me he apuntado a clases de hip hop para mayores de 25 años. Yo siempre había querido aprender a bailar siendo mayor de 25 años. Y disfruto tanto en clase, mirándome al espejo, intentando "copiar" a la profesora, contando los tiempos.  Hay movimientos muy sutiles, de hombro, de cadera, pero están llenos de significado. Luego, le metes un poco de "rollito", como dice mi profe, y listos. Ya eres feliz. Ya lo tienes todo por nada.
Cuando llego a casa busco la música en Spotify, aparto la mesa y le enseño la coreografía a Carol antes de cenar.  Mírame, ya verás. Eso es todo. Lo admito, me encanta ese momento de mayores de 25 años.


Constructivos y guapos




Ya no están los obreros guapos en la obra. Los que hay ahora son corrientes. Los guapos únicamente se encargaron del trabajo inicial, el más duro. Duro porque no había nada y nada hacía pensar que allí habría algo en un futuro. Con su belleza y su fuerza compensaban el vacío del lugar. Su misión era empezar a darle forma. Bellos como la imaginación.
Fua, cómo me estoy pasando.


Una mañana, al levantar la persiana, uno de los guapos miró hacia nuestra ventana. Estaba cortando maderas para cubrir huecos. Lo hacía rápido y sin entretenerse en las mediciones previas. Encajaban a la perfección.

Eran muy buenos, en serio.