Siguiente paso


Si hoy pudiera escribirte un mail, te contaría que no hay nada como la química para verlo todo de color de rosa, para volver a caminar sonriendo por la calle con un café para llevar. Te diría que tengo unos días libres y un poco de dinero ahorrado para, de una vez por todas, ir a conocer tu casa. He ido al banco en el que da el sol y lo habían ocupado dos chicos. Así que me he bebido el café y me he fumado un cigarrillo recostada en una pared soleada. He cerrado los ojos y he pensado en ti, en qué estarían haciendo nuestros fantasmas en Lisboa, a esa misma hora.

Lo que me apenaba, hoy ya no me importa. Lo que me hundía cada tarde un poco más que la anterior –que no era nada ni nadie– ha desaparecido. Soy yo otra vez. ¿Y ahora qué? He intentado retomar el hilo releyendo este diario, para continuarme de algún modo. Y he vuelto a los mismos bares, a los mismos sitios de antes, y casi ha funcionado... La playa en enero sigue vacía. No es que ya no me reconozcan, es que ya no es antes.

Siguiente paso.