Post 1007. Taxi


Cuando el día ya no da para más
estiras estiras y estiras
y se hace añicos.
Queda un pedazo de mañana aquí
otro de tarde allí
un semáforo averiado 
que no se ponía en verde para nadie
una adolescente que deja el curso
un zombie comiendo una hamburguesa
con patatas
una cajera que me pregunta por el tiempo
y me cobra 75 céntimos.
Si no estoy en la ola
estoy debajo.
 ¿Y la noria que había
al final de la playa?
No puedo ofrecer demasiado
si no gano mis apuestas.
Los taxis siempre me parecen
confortables
te llevan, giran, 
el intermitente suena diferente,
pero la ventanilla 
jamás está a mi gusto.
Como por la ventanilla
de un taxi,
así miro yo.



Post 1006. Preguntas

Qué cosas de mi vida actual tienen sentido. Y qué otras no. 
Descartar, elegir, saber... es complicado sin antes probar, arriesgar, errar, intentar.
¿Por qué a veces se ve la luna y el sol a la vez y yo conduzco un coche por una autopista que empieza cada día? 
Amor. ¿Amor? amor y soledad.

Post 1005. Una historia sin importancia



Hoy he comido en el Parque de la Ciutadella. Siempre he pensado que alguna vez podía acercarme hasta allí al mediodía, que tardaría cinco minutos en coche. Y ha sido así. Hay otro mundo más allá de mi parking. Comer en el Parque de la Ciutadella está dentro del mapa de cosas posibles, como nadar, comer pizza en Italia, escribir una novela o ir a una clase de hip hop al otro lado del Oceáno Atlántico. Todo lo que se incluye dentro de ese mapa debe ser postergado una y otra vez. Debe ser posible y aplazable para que un día deje de serlo. No se vale soñar por soñar, si sueñas debes colocarlo en un mapa.

Hacía buen día y en la radio sonaban canciones alegres, de tener suerte y cosas así. El sol ha iluminado mis pestañas y el interior de mi coche cuando he bajado la lona de la capota. Mi coche que es feliz en primavera y tontorrón en días de lluvia. Esa es la verdad. He entrado en el parque y había unos chicos jugando a ping pong. He pensado que aquella parada, la de jugar a ping pong con unos chicos desconocidos de edad incierta, podía estar en el mapa de cosas posibles. Pero debe ser postergado para otro día, para que siempre quede algo que podamos hacer. ¿Me dejarían jugar? ¿Venden droga?

Me he adentrado un poco en el parque hasta que he encontrado un lugar para mí. Cuando encuentras el lugar, encuentras a Inés, y eso siempre te hace sentir bien.

Justo frente a mí se ha sentado una chica que parecía extranjera, una turista. Pero una turista que no iba de turista. Nos entendemos. Ha abierto un panecillo con las manos y lo ha llenado de algún embutido.  Yo he sacado mi tupper con ensalada de pasta. Luego, las dos, casi a la vez, nos hemos liado un cigarrillo y nos lo hemos fumado. Yo me hubiera acercado a decirle, hola, qué tal, fíjate, estamos aquí haciendo lo mismo y llevamos el mismo tipo de gafas de sol, ¿de dónde eres?. Y creo que a ella también le hubiera apetecido charlar un poco. Pero no por ligar ni nada de eso, sencillamente camadería de náufrago. No nos hemos dicho nada. Yo he escrito un mensaje en un postit y lo he dejado enganchado en el banco. Luego me he ido. Antes de perder de vista el camino, me he girado y he visto cómo ella se acercaba a leer lo que yo había dejado escrito. Ha sido curioso. ¿Habrá llegado a la página de #stickynoting?

Luego he vuelto a mi parking. Sonaban canciones de bailar y cosas así, y me he tomado un café con hielo en la terraza de un bar al que siempre entraba a por un café para llevar. Tienen un camarero un poco empalagoso pero por lo menos es amable. Y además, me ha acompañado durante todo el invierno. Hemos sobrevivido los dos.

Me encanta Siminiani. Creo que es mi alma gemela, pero no para enamorarme ni nada de eso. Hola, Siminiani, si llegas hasta aquí, escríbeme, por favor, pero no para enamorarnos ni nada de eso.



post 1004. Una desconocida en el jardín


Mi refugio es Inés, que ya se ha levantado de la mesa del desayuno y ha salido por la puerta. Ahora veo cómo se marcha. Inés es como liarse un cigarrillo y fumárselo a solas en la terraza, de noche, cuando nadie pisa la calle pero un avión pasa por el cielo con un centenar de pasajeros. Ladra un perro, no hay luna. Con Inés no pasa el tiempo y el amor siempre sigue intacto. Inés es la canción que cada tarde escucho en spotify y tarareo por las mañanas cuando se sube la barrera del párking. Inés es la sábana con la que me tapo en la cama. Inés son mis temores. Inés, tras la ducha, se seca el pelo, pero no del todo. Siempre se lo deja un poco húmedo. Puede que Inés seas tú misma, lo que te queda de ti por conocer. Inés siempre responde a mis llamadas, pero no siempre me habla.

Hasta mañana, Inés.

post 1003. Cuando no sabes, haces otras cosas. O aprendes.

Me gustaría que tú y yo, todos, pudiéramos afrontar el dolor que viene de dentro con una sonrisa. Que jamás nos sintiéramos perdidos y no tuviéramos que buscar. Nacer en un lugar y crecer en él siempre. Que lo que una vez estuvo bien no cambiara. Que pudiéramos ver más allá y darnos cuenta de que todo está muchísimo más cerca de lo que pensamos. Que tuviéramos paciencia, que no nos sintiéramos como en una carrera. Me gustaría permanecer en mi lugar y saber esperar. Y que pudiéramos disfrutar del momento y no de lo que será ni de lo que sería. Que nos riéramos y que mañana estuviera bien ese recuerdo. Hacerte feliz y serlo. Verte feliz y ser feliz viéndolo. Que el presente no se alargara hasta un futuro y que el futuro no fuera como un presente muy largo.

Me gustaría que todo el mundo pudiera hacerlo. 

Pero no sé. Pero no sabemos. Y por eso hacemos otras cosas.

Post 1002. Como el horóscopo o algunos sueños



Lana Del Rey - Ride  on Vimeo.


No he avanzado demasiado con Inés. Su imagen está congelada con las cuatro galletas -las cuatro a la vez- entre los dedos y sus labios. Pero, curiosamente, todo lo demás va hacia adelante: una brisa primaveral, algo fresca, de mañana, mueve los árboles que se ven a través de la ventana; pasa algún coche por la calle, suena un motor; los vecinos salen a pasear a sus perros contentos (son los perros los que están contentos); las mamás llevan a sus hijos saltarines al colegio y un bocadillo de salchichón da cien vueltas dentro de una mochila. A mí me ha dado tiempo de caminar alrededor de Inés, observarla de cerca. Se la ve tranquila. No voy a tocarla. Eso no estaría bien. Mis pasos resuenan en el parquet. Ella está descalza. Saco una galleta del paquete. Me la como frente a ella. Cruje en mi boca.

Todo lo que escribo debe tener algún tipo de significado. Es como el horóscopo o como algunos sueños.

post 1001: galletas y tipos de nubes




Estoy escribiendo una novela desde hace un par de meses.

Hay un personaje que me tiene en ascuas: Inés. Es fotógrafa y trabaja en una empresa de publicidad. Nació en Cartagena, pero ya no vive allí. Durante seis meses colaboró con una agencia inglesa de metereología fotografiando tipos de nubes. Tuvo que aprenderse todos los nombres: cirros, cirrocúmulos, cirrostratos, altocúmulos, altostrato, nimbostrato... En aquella época, cuando se emborrachaba con las amigas decía que había visto un tipo de nube llamado cunnilingus. Su mejor amigo trabaja en ese bar que hace esquina, el de la foto, pero eso no sale en la novela. (Este detalle sólo lo sabemos nosotros.)

Ha pasado algo inesperado que me ha ayudado a conocerla mejor. Hasta ahora la tenía idealizada. Lo reconozco. Hoy, en cambio, mientras escribía cómo desayunaba, me he dado cuenta de que es una chica de lo más normal. Yo creía que se prepararía unas tostadas con miel y sésamo, o cereales con frutas del bosque; pero no, Inés ha cogido cuatro galletas y las ha mojado en leche hasta que se han ablandado. Después se las ha llevado a la boca. En silencio, como un ritual. Luego ha hecho lo mismo con un par de galletas más y se ha bebido a sorbos el resto de café con leche.
Estaba bellísima. Luz natural. La que entra por una ventana situada a su derecha. Es morena, pero aún no me ha dado tiempo de ver el color de sus ojos al sol. A ver, Inés, gírate un poquito. Mírame.

Alguien, en algún lugar, debe estar enamorándose de ella.

Post 1000: Y lo siguiente es esto



Escribo mi post número 1000. No es que haya pasado nada extraordinario, quizás sean cosas tan pequeñitas, y yo ando tan mal de la vista últimamente. Tengo mil dioptrias en el corazón y otras tantas en la cabeza. Es miopia pasajera. O eso quiero creer.

Tal vez esperaba algo grande como las imágenes que acabo de ver en televisión, embalses llenos y las compuertas abiertas. El agua bajando con fuerza hacia el mar. Perdiéndose otra vez. Fuegos artificiales. Puede que yo haya estado reteniéndome un tiempo y ahora vuelva a fluir hacia los mismos lugares pero de un modo distinto. Aún así, siento cierta nostalgia, como cuando te enamoras a los 16. Tengo ganas de salir a la terraza y observar la calle en silencio, sin nadie. Como si todo el mundo fuera esto. No quiero que mi post 1000 sea triste. Es sólo que mi invernadero necesita aire y todo no va a sobrevivir. Lo sé.

Bienvenido momento extraordinario. Pasa, deja que te abrace, he estado mucho tiempo esperándote.