Poema sin nombre porque puede que no sea un poema

En esta noche,
al ver un relámpago,
he recordado que fuimos grandes
y lo creíamos
como un hombre y una mujer
saliendo de un café en París.

En el único pueblo con gasolinera
había fiesta y proyecciones 
láser en la fachada de la iglesia.
El aire olía a palomitas y a chorizo asado
y tú te quedaste en la acera esperándome
frente a aquel restaurante de lujo
al que podríamos haber entrado,
pero preferimos cenar unos pinchos 
con un trozo de pan y una servilleta
en la calle, 
como todos los demás.

Sonaba Think de Aretha Franklin,
y la gente enloqueció.
No era nuestra canción preferida
pero nosotras también lo hicimos.
Y creímos que era para siempre.

Si hiciéramos caso a todo lo que
dicen los libros de autoayuda sobre el amor
no quedaría ni una pareja viva en el mundo,
este poema, si esto es un poema,
 no exisitiría,
y yo no fumaría más cigarrillos 
de tabaco de liar sin aditivos
100% green,
mientras bebo Trina de limón.
Son las dos de la mañana
y sí,
esta es una de esas muchas noches
en las que no sucede nada
pero pasan aviones por el cielo.





Conexiones





Últimamente pienso mucho en las conexiones que hay entre las cosas que nos pasan, las personas a las que conocemos y las historias que se van interconectando. En la piscina de Williamsburg tuve esa visión: todas las piscinas se conectan, y al nadar, no llegas al otro extremo de tu carril, llegas a otra piscina, y si fuéramos capaces de dejar a un lado el espacio-tiempo, nos daríamos cuenta de ello. Creo que a veces soy extremedamente lúcida y otras extremadamente poco racional. Quisiera conseguir dominar esa última parte porque puede que no me haga evolucionar. Aunque a veces creo que esas sensaciones tan al límite son similares a cuando haces ejercicios de elasticidad, hay un momento en el que no puedes más, hasta que alguien pone su mano en tu espalda y hace que toques con la nariz en el suelo. No voy a seguir por ahí porque yo estaba hablando de las conexiones. Que algo esté conectado no quiere decir que sea para bien. Puede ser para mal, pero siempre hay un segundo estadio, una segunda conexión que te lleva a otra parte.

Hace once años mi madre empezó a encontrarse mal y le diagnosticaron estrés. Más tarde, como seguía encontrándose mal le hicieron unas pruebas médicas y le detectaron varios tumores en el colon. Uno de ellos era maligno. El médico que se los detectó, de iniciales A.C.,  hizo un informe con las medidas de cada tumor y la localización exacta de cada uno. Los pequeños se los pudieron estirpar con láser pero el más grande lo tenían que cortar. El día de la operación mi madre salió del quirófano a la hora y media de entrar. Eso no era una buena señal. El cirujano nos explicó que había habido un fallo en las mediciones. Que el tumor no estaba dónde el médico A.C. había escrito en el informe. La nueva locaclización, la real, era muchísimo peor ya que complicaba  la situación haciéndola casi irreversible. Así que mi madre podría haberse ahorrado una operación si A.C. no se hubiera equivocado. Pero bueno, después de aquella hubieron cuatro más en menos de dos años, incluyendo una colostomia y una posterior anastomosis después de ocho meses.

 Durante ochos meses yo dejé de trabajar para estar con mi madre y llevarla al hospital, ya que la colostomia, durante las primeras semanas le daba muchos problemas y necesitaba curas diarias. También la llevaba a radioterapia y luego a quimioterapia. Recuerdo que gracias a aquel ir y venir yo aprendí a conducir y a esquivar los atascos de Barcelona como una auténtica taxista. Hasta entonces conducía pero no tanto. A pesar de que la situación era delicada, recuerdo estar tranquila y muy volcada en mi madre  porque sólo tenía un pensamiento: que se curara. No me importaba nada más en el mundo. Fui muy racional. A mí sólo me pierde el amor porque creo que depende al 100% de mí. Error. Y cuando no funciona me lo tomo como algo absolutamente personal y pienso que es por mi culpa. Pero no estaba hablando de esto.  Recuerdo estar en la quimio con mi madre, sentada a su lado mientras le entraba la química por la vena, riéndonos muchísimo de cualquier cosa porque nuestras prioridades habían cambiado.

 Pasaron tres años, más o menos, y mi madre se encontraba bastante bien ya. Mi amigo Ike estaba en Barcelona de visita. Yo salía con una chica francesa, con la cual no llegué a tener una relación demasiado profunda, pero estuvo bien. Aquella noche nos acompañó al cine a Ike y a mí y vimos 2046 de Wong Kar Wai. Salimos de los Verdi alucinando, nos había encantado. Llegué a casa a eso de las doce pasadas, casi a la una y me acosté. Lo siguienté que recuerdo es que sonó el teléfono y que era mi madre: a mi padre le había dado un infarto y se hallaba en un estado muy grave, de muerte por necesidad. Esa expresión empleaba el médico. Así que estuvimos esperando a que mi padre muriera una semana y tres días. Al cuarto día, el médico dijo que si no moría, quedaría en estado vegetal, así  que era mejor la muerte. Un buen día mi padre empezó a reaccionar bien a los medicamentos y unos 20 días después salía del hospital. Tiene un 33% de corazón y toma 15 pastillas al día, pero lleva vida normal. El doctor nos dijo que a mi padre lo había salvado haberlo llevado tan rápido a urgencias (mi madre ni me despertó aquella madrugada en la que yo dormía plácidamente después de ver la película de Wong Kar Wai) y que sobre todo había sido absolutamente decisiva la acción del médico de urgencias del hospital que lo había entubado. Aquel médico de urgencias era A.C., el médico que tres años antes, en un hospital diferente, había errado midiendo los tumores de mi madre.

Hay algunas conexiones que no sabes muy bien cómo interpretar, pero en otros casos está claro que son como un milagro.

Es verano y no es el mejor para mí porque echo de menos un lugar, una isla azul que tiene el color de unos ojos. Tal vez no sea un verano fantastic rice ni fantastic girl para mí, como dice la canción de la cerveza que siempre me salta las lágrimas porque me recuerda a otra canción del verano con la que sí fui feliz, pero nunca sabes cuando llegará la conexión fantástica ni el verdadero sentido de estar en el lugar X a la hora B y en el día D.

poema a tus pestañas

Si pudiera recuperar las pestañas
que se desprendieron de tus ojos
como esos papeles que vuelan sin rumbo,
por las grandes ciudades
recibos, tickets, notas a pie de calle,
si pudiera recuperarlas con mis dedos
y soplar muy fuerte
como un viento que proviene de los mapas,
pediría siempre el mismo deseo:
estar contigo para recuperar siempre
tus pestañas
las que se desprendieron de tus ojos
como esas felicidades
que vuelan sin rumbo
entre el deseo, los mapas y los desencuentros.

cisnes

Las alas de la noche son blancas
como cisnes que hunden la cabeza en la oscuridad
Los pájaros saben hacia el lugar que van
y buscan otros veranos
en cielosï lejanos
pero jamás están solos.
Algunos caen al suelo
y un abuelo de cinco nietas
y tres hijos, y otro más sin reconocer,
lo encuentra en una calle
y se lo lleva a casa y lo encierra.
Cree que le hace un favor,
pero el pájaro ya no es pájaro,
la vida ya no es vida
la noche es blanca y las alas negras
la noche es blanca como la cocaína.
Ya no bailaremos
ni escucharemos canciones que queramos bailar,
ya no soñaremos con bailar
ya no soñaremos con ser mejores
en alguna otra parte.
Ya no habrán más palabras
ni sonrisas que nos alivien
Muy lejos está el día que tu padre
te enseñó a atarte los cordones
Muy lejos estarán los días
de road movie con tu madre
por la costa brava.
Recuerdo aquel día que estaban
rodando una película en una carretera
de L'Empordà, tenía 7 años,
y creía que yo iba a salir por la pantalla
grande de un cine.
No sabrás que habrá sido de la chica
americana que dormía como una bendita
a tu lado en el avión.
No sabrás nada
pero darás las gracias
por el amor que diste.

1020: NY- la felicidad tiene muchas caras


Hace menos de 48 horas que estoy en Nueva York, pero me han pasado tantas cosas que parece mentira que no lleve ni dos días enteros aquí. Ser consciente de ello me acaba de impactar muchísimo, acojonarse en fino. Supongo que es porque, aunque he estado acompañada algún rato, tengo una autoconsciencia similar a la de los sueños: soy yo y todo está focalizado desde mi punto de vista. Es todo subjetivo. Es en primera persona. Si fuera una película sería como Mapa, de Siminiani (siento ser tan insistente con Mapa pero es que vuelve a mí en muchos momentos), se vería en pantalla lo que yo veo, pero en pocos momentos se me enfocaría a mí. Y bueno, supongo que por eso es tan intenso, me cuesta comprender todo lo que siento, pero no cambiaría todas estas sensaciones por nada en el mundo. Externamente todo se ha manifestado en forma de llanto repentino, ha sido fantástico llorar mientras amanecía y entraba esa luz maravillosa por la ventana (me he despertado a las cinco con mucha sed). Llorar no quiere decir que esté triste. La felicidad nunca es como una espera, por eso a veces cuesta reconocerla, pero sigue siendo felicidad igualmente. Tendríamos que tener un diccionario con todos los tipos de felicidad para poderla identificar siempre. Me he acordado de Inés en ese momento y la he sentido cerca. No sé si acordarse de un personaje inventado mientras lloras y encima sentirlo como si fuera "alguien real" se acerca a algún tipo de locura, pero bueno, es lo que hay. Sé que no estoy hablando de la ciudad, lo siento... ya hay unas guías fantásticas en las librerías... Tengo hambre y no, tengo sueño y no... todo es y no es.


post 1019: mi corazón calza unas nike air

Estoy contenta porque me voy de vacaciones a Nueva York, tengo una sensación bonita de libertad, belleza e incertidumbre. Y no me importa si en algún momento siento soledad porque será como nadar: siempre hay un momento crítico, pero luego están esos otros metros increíbles. Pero la vida no es guay exclusivamente porque me vaya de vacaciones, que también. Esta mañana, por ejemplo, estaba desayunando con unas amigas y en la radio sonaba una canción de la BSO de Dirty Dancing y nos hemos puesto a bailar. Entonces la vida ha sido muy guay.

Hoy me he dado cuenta, mientras tomaba un helado con mi amigo Juan, de que en el fondo, para mí, estas próximas cinco semanas son las Nike Air de bota que me trajo como regalo de la ciudad una amiga de mi padre que la visitó en 1988. En ese momento, las zapatillas me iban grandes -ella no sabía mi número exacto-, pero las llevaba con calcetines gruesos. Joder, es que me encantaban.

Hoy, mientras una camarera nos servía en Barcelona, y me preguntaba hasta tres veces si en vez de ensalada quería patatas, porque estaban muy buenas, he tenido muchas ganas de decirle a la chica, siéntate, cuéntanos tu vida. Qué haces aquí, dónde vives, de dónde es exactamente tu acento del sur. Queremos aprender de ti. Y dinos, también, algo que no nos sirva de nada, algo que podamos olvidar. Y lo mismo nos ha pasado con el heladero, un chico amabilísimo y guapísimo, que nos miraba a los ojos, que nos ha deseado buena tarde, que nos ha puesto el helado con amor. Porque aquello era tan maravilloso que tenía que ser amor. Cuéntanos tu vida, chico de la heladería, a qué hora te levantas, de dónde vienen los helados, ¿los haces tú?, ¿qué riesgos debes evitar en una heladería?, ¿a qué temperatura debes mantenerlos?, ¿qué pasa si se descongelan?