1996. dejar una vida


Página de Los Ingrávidos, de Valeria Luiselli


Me gustaría saber en qué momento exacto dinamité mi vida. O mejor, saber en qué momento empecé a colocar la dinamita. O irme más atrás todavía, y saber en qué momento la compré. Quién fue mi contacto. Cuánto me costó encontrarla. En qué pensaba entonces. Por qué lo hice.

No sé si serviría de algo saberlo. Una vez ha explotado toda la munición, no sé si tiene demasiado sentido volver atrás, que los pasos vayan al revés como en los videoclips. 

En algunos momentos me siento en blanco y negro, cuando todo lo demás tiene color. Esta va a ser una temporada larga. No sé hacia dónde me va a llevar. A veces me da miedo volverme estática. Transparente. Sólo deseo ser suficiente para mí. Ser mi agua, mi alimento, mi orina, mi menstruación, mi saliva. Escoger una película de la cartelera e ir a verla.

Ya no tengo el poder de decisión. Dependo de las decisiones de los demás. Mi vida es un resultado, no una operación. 

He vuelto de la piscina agotada. He nadado muchísimo, llevaba una buena munición de hidratos. Hoy en la sauna había una chica estirando. Me ha puesto muchísimo ver su cuerpo en tensión. Me hubiera encantado levantarme y acariciarla. Besarla. Hacer el amor con ella allí mismo, sin saber su nombre ni el color de sus ojos, ni a qué se dedica, sólo su piel. De vez en cuando suspiraba. Ella suspiraba. Yo me miraba la piel llena de gotitas de vapor y sudor. 

Hay un borracho en la calle. Grita palabras. ¿Qué hará que diga ésas y no otras? Parece que recite versos. Lleva una botella en la mano. Se oyen pasos. Cada cierto tiempo sale gente de las entrañas del metro. Esta es la zona ruidosa se la casa, la del balcón que da a la calle por donde entro a mi portal. Luego está el oasis de la terraza, silencioso y en calma. Dónde la ropa crece y las plantas se tienden.

Ha salido una rosa. En esa maceta hay un papel con mis sueños escritos y enterrados. Por eso era tan importante que no muriera. Creo que están desfasados. Pero la vida de esta planta, como la mía, sigue su curso. Superar que ya no te quieran. Asumir que fuiste otra que ya no eres. Descubrir quién eres ahora. Quedarte dormida en el sofá hasta el día siguiente. 

Bona nit.



1095. piscinas a las ocho de la tarde

Bajo el agua un amor sigue intacto, como si el cloro lo salvara del germen de la realidad. Nado y siento, siento y nado. Por eso soy capaz de estar allí una hora entera. Nado por amor. Cada brazada es un poco más de amor. Amo en el agua todo lo que no puedo amar en seco. Mis piscinas son una carta escrita a mano. Luego salgo del agua, me quito las gafas, el gorro, y ya soy otra vez yo, de nuevo en el umbral del olvido.

He compartido carril con un nadador impoluto, cuerpo diez, aleteo perfecto, espalda imposible, piel bronceada. El sueño de muchas mujeres, probablemente. Era amable y sonriente. Creo que más joven que yo, unos 29. De vez en cuando nos mirábamos. Nos hemos encontrado en la sauna. Me ha preguntado si era yo con quien compartía calle. Le he dicho que sí. Me ha preguntado cuanto había hecho. Le he dicho que no lo había contado. Me ha contestado que habré hecho unos 1800. 1800 de amor, he pensado. Le he dicho que él nadaba muy bien, que era muy elegante. Me ha dado las gracias. Él me ha dicho que ha estado contando mis respiraciones -¿las ha estado contando?!- y  que eran muy buenas, que a él le faltaba eso. Se ha presentado. Se llama Luís. Me ha preguntado a qué hora suelo ir a nadar, que no me había visto nunca por allí. Le he dicho que solía ir al mediodía, pero que ahora empezaba a ir de tarde. 

He ligado un poco, ¿no?

1093.

Esta tarde volvía a casa con una bolsa del supermercado y se me ha acercado un niño de unos ocho años que iba montado en su bici. Sin pensárselo, me ha preguntado: ¿Cómo te llamas?  Así, sin más. Le he contestado con mi nombre y le he preguntado el suyo. "Me llamo Adam" Y ha desaparecido por un callejón. Yo he seguido avanzando hacia mi casa. Un poco más adelante, he vuelto a encontrármelo. ¿Tienes bici? -ha seguido preguntándome. Pues claro -le he contestado. Yo tengo dos -ha dicho él. Y se ha despedido de mí diciendo "ciao". Y se ha ido. 
Creo que se trataba de un niño de otra ciudad. A veces camino por lugares diferentes al mismo tiempo.

1092. Día Elvis


Voy a explicar el significado de un "día Elvis". En las películas de Elvis siempre hay una secuencia en la que pasa un día entero con una chica y hacen de todo: van en helicóptero, en moto, toman el sol en la playa, hacen un picnic, cantan una canción, bailan... etc. Un día Elvis es un día muy intenso. Así ha sido mi domingo. Pero en mi caso, lo he pasado conmigo, y ha sido fantástico. He sido muy feliz.

Me he despertado en mi nueva cama y todo era como estar de vacaciones, pero en la ciudad en la que naciste. Es raro, no? He ido a buscar croissants con el patinete -por fin estoy madurando- y he desayunado en la terraza de casa. Luego me he ido en bici. Es genial vivir a cinco minutos de la playa.




Para celebrar que era un día Elvis, me ha apetecido mucho comer chipirones. Creo que los chipirones, junto a la pasta italiana, es uno de los alimentos más felices del mundo. Por eso, los chipirones siempre van con esos mantelitos de papel que parecen de pastel de cumpleaños.



Luego he vuelto a la playa porque tenía mucho sueño. Qué guapas eran algunas chicas. No sé, tal vez hoy lo veía todo con otros ojos.




Luego he ido al mercadillo de segunda manoo. Y he encontrado una camiseta por 3€ que me ha encantado. Era de rayas y flores. Sí, a priori no combina, pero juro que en este caso sí ¿A quién habrá pertenecido? ¿Será mala persona? La chica de la parada me ha contado que cuesta 40 euros tener cuatro metros de tienda.

Me han encantado estos patines, pero es que yo sólo sé patinar sobre hielo. Hacía patinaje sobre hielo de extraescolar en el cole.





También podías cortarte el pelo. Me ha apetecido mucho cortármelo, pero he optado por beberme un mojito y observar cómo se lo cortaban a otros.



En un puesto de vinilos he encontrado uno original del 78 de Led Zeppelin.




Lo más curioso es que los títulos del magnífico álbum Led Zeppelin III estaban traducidos al español y parecían canciones de Manolo Escobar.



Que tiemble Williamsburg. Postureo mil en el mercadillo. 



He estado buscando una camisa similar a la de este chico. Es ilegal poner fotos de matrículas de coche en internet? Y de personas? No quiero ir a la cárcel.



Había una parada de ropa militar auténtica. Los gorros de marinero me han encantado, pero no sé en qué ocasión podría ponérmelo. ¿En la playa?¿En los aeropuertos? En el mercadillo?



He tenido un poco de flechazo con ese blusón- vestido. Pero cabían dentro dos paolas. Se trataba de un amor absurdo e imposible. Junto con el gorro de marinero ya hubiera sido lo más.




Flash de la infancia: me encantaba disfrazarme de Spiderman los domingos. Creo que es una señal haber visto este disfraz.



Un Mac como los de antes. Todo el mundo lo quería. Me he acordado de Ike. Creo que en ese momento estaba conmigo. 


Estas chicas no me pueden denunciar porque no se les ve ni la cara ni la matrícula.



1091. Primera noche

Hoy es un día muy feliz. Hoy es el inicio de una nueva etapa. Creo que la luna está llena. Y si fuera astróloga escribiría: Libra, empieza tu ciclo de cumpleaños, prepárate para lo mejor. Siempre pensé que sería divertido escribir el horóscopo. Inventar la vida para los demás. Es un buen trabajo. 

Me gusta mucho mi nueva casa. Es acogedora. Es bonita. Es como la soñé, es gratificante que algunos sueños se cumplan. Hemos trabajado duro para ello. De hecho, esta noche, me siento capaz de cumplirlo todos. ¿Qué problema puede haber? Estoy convencida de que sabré escoger bien mi camino.

Me gusta mucho cómo ha quedado la habitación de lectura. Está justo detrás del sofá en el que estoy ahora mismo. Sólo tengo cinco libros porque falta una parte de mi mudanza. Ya lo dije, es dispersa. Tengo un libro de Baricco, uno de Auster, otro de Julio Oliva, otro de Marina Perezagua, uno de Valeria Luiselli y un cómic de Julie Maroh. Y una única película: Persona. Me la regaló un amigo hace muchísimos años por mi cumpleaños. Mi amigo era cartero. Ahora no sé si todavía lo es porque perdí el contacto. Repartir cartas es un oficio bellísimo. Una amiga, esta tarde, se ha reído de mí y de mis cartas de amor. Me ha dicho que eso ya no se lleva. Es cierto. Pero es que yo hago muchas cosas inconvenientes. Pero no me importa. No me importa. Es una noche maravillosa y me siento orgullosa de todo lo que nace de mí. 

Hoy voy a estrenar una cama. Un colchón en el que nadie ha dormido antes. Es muy emocionante. Empezar a escribir en una cama como a soñar en una libreta. Ahh. Quiero gritar.





1087. Los ingrávidos

Hoy he salido del mundo una hora y he estado leyendo Los Ingrávidos de Valeria Luiselli, que ha llegado hasta mí en el mejor de los momentos.

Prendí un cigarro en un rincón soleado y me puse a esperar a que pasara algo.
 Lo he hecho tantas veces. Siempre espero que la noche me traiga algo. A menudo sucede que esperas. Y nada más. Esperar es bastante arriesgado. Puedes perder tanto esperando.

Me gustaba caminar por la calle cargando un mueble. Es algo que ya no hago. Pero cuando lo hacía, me sentía una persona con propósitos.
Cargar muebles, pintar puertas, tapar antiguos agujeros en paredes que poco a poco empiezan a pertenecerte. Es un ritual. A los lugares no se llega sin más. 

Tenía una teoría que no sé si era mía pero me funcionaba. Los espacios públicos, como las calles y las estaciones de metro se iban volviendo habitables a medida que les asignara  algún valor y les imprimiera alguna experiencia.
Para mí es eso exactamente dejar postits en el metro.  Le estoy muy agradecida al metro por haberme cuidado tan bien. Ya de pequeña me encantaba el metro. Recuerdo con cariño aquellas diez paradas que recorría con mi abuela  cuando yo era niña. Muy muy niña. Para la vuelta, mi abuela me compraba croquetas calentitas. Estaban riquísimas. Yo me las comía en el vagón, antes de llegar a casa. ¿Sabes cuando vas en el metro y te invade una sensación de calma y sueño? Sientes que todo está bien.




La felicidad también depende de la cantidad de miedo que tengas. Mi padre solía decirme que el miedo estaba en un saco y que cada uno tomaba la cantidad que quería. Yo hoy he tenido algún momento de vértigo. De mirar hacia atrás y ver tantas cosas buenas, y mirar hacia delante y que todo sea una incógnita. Pero entonces he pensado, ¿y hoy? Qué pasa con lo que estoy sientiendo hoy. ¿Si no fuera por el antes y el después sería agradable? La respuesta es sí.  Pero es muy difícil llegar hasta aquí. Para mí lo ha sido y lo es. Puede que a otros les cueste la mitad dejar de pensar en tiempos pasados o futuros.

Ahora mismo soy mi propio comodín. Soy mi plan a y mi plan b. Si hay una excusa, la excusa soy yo. Estoy empezando a sentir un amor distinto por mí. Un amor que no depende de mis logros, hazañas o conquistas. Es algo así como tener un jersey favorito porque sí.




1085. Melón con jamón en los bares normales




Una vecina le canta canciones preciosas a su hijo. Se la ve una madre feliz. Hay madres que parecen estar hartas. Yo, si fuera madre, le cantaría todo el rato a mi niño. Tengo una amiga a la que no le cantaban de pequeña y ahora ella es incapaz de reproducir con la voz ninguna de las canciones que le gustan actualmente. No tiene nada de oído musical.

Hoy he comido en el "Bar Pérez". Me ha hecho cantidad de gracia el nombre. Era un bar normal, de esos de carajillos de Terry, por eso se llama Pérez. Un bar de los que tienen fotos descoloridas (y no era filtro vintage) colgadas del equipo de fútbol de algún pariente y cosas así.

Para saber si se trata de un bar "normal" tienes que fijarte en el menú. En los primeros platos siempre tienen "melón con jamón" y "entremeses". El melón con jamón antes era un plato de boda, ahora a nadie se le ocurriría ponerlo. Bueno, luego estaba el high level, que era piña con jamón. Sobre los entremeses, jamás he comprendido por qué se llaman así. A ver, un plato con un surtido de fiambres y un poco de ensaladilla rusa, ¿qué tiene qué ver con los meses del año? Pues seguro que tiene su explicación, tal vez esté relacionado con algo de la matanza, no? Es que ni idea de estos temas. Yo sólo fui una vez a una matanza y fue en el pueblo de mi padre. Recuerdo que yo no quería ir porque me daba pena el cerdo, pero es que era una especie de evento VIP y mi tío Paco me obligó.

El colofón del Bar Pérez eran los postres. Atención, tenían contesa. CONTESA ¿Quíen se acuerda de ella? Yo no sabía que aún se vendía. Pero qué buena está. Otro de los postres entrañables del menú era el "Pijama". Flan, con piña y nata, igual a "Pijama". ¿Por qué? ¿Dónde está la relación con el hecho de irse a dormir? Y ya, para acabar, tarta de Santiago.

Las raciones del Bar Pérez eran enormes. En los bares normales no se estila la dieta ni nada parecido. Creo que los modernos de Barcelona podrían poner de moda los bares normales. En el fondo tienen un toque muy alternativo. Joder, la contesa es alternativa. El Bar Pérez me ha puesto de buen humor.


Luego he llegado al piso y el pintor estaba cantando. Me encanta oírle cantar en árabe, así como súper místico, seguido de Andy y Lucas. Mohamed me cae muy bien. Es un buenazo, se le ve. He hecho un poco de café y me ha estado contando que su padre murió hace cuatro meses y que está muy triste, que nunca había estado tan mal. Me ha contado cómo se prepara a los difuntos en su país según la religión musulmana. Llovía mucho.  Hemos quedado que cuando ya esté instalada, un día vendrá y hará couscous para celebrarlo. Luego me ha hablado de su mujer y sus dos hijos. Nos llevamos bien porque ambos somos amables y fáciles de tratar. Mohamed, dónde tienes la pintura, aquí, pues pásamela, por favor, gracias. Sin problemas.


1084. réplicas

Me ha picado un mosquito tigre por la calle. Puede que en un paso de cebra.

Hoy he pintado una puerta muy bonita, realmente lo es. Es reconfortante recuperar algo que ha tenido esplendor en otro tiempo. Espero que el fantasma de la casa esté contento. Seguro que sí porque noto muy buena vibración cuando estoy sola. Hoy he estado cantando en la futura habitación de las guitarras. Me llevaré la española y la acústica. Estoy mejorando mucho con la española, estoy aprendiendo una falseta de tango (palo flamenco) con un tipo que me cae muy bien y que cuelga los vídeos en Youtube. Lo explica muy despacio. Os lo recomiendo porque es buen profesor. Ya me sale bastante claro. No soy Tomatito,  soy tomate cherry. Aquí una clase de Toni:



Bebiéndome una cerveza en la terraza he sentido que era como empezar a vivir en todas las ciudades que alguna vez he querido vivir. Son sensaciones luminosas. Es como cuando caminas por la calle y notas que lo haces por muchos lugares al mismo tiempo, porque hay algo en ti que va más allá y que pisa aceras distintas, caminos de tierra, arena... ¿Estaré repetida y, por algún motivo, ahora siento mayor conexión con mis réplicas? Y en todos esos sitios distintos amo a la misma persona. Eso sí sería fuerte. Wong –de Kar Wai– te dejo que copies esta idea para alguna de tus películas.



1083. Volverán a buscarte


Esta canción de Radiohead me encantaba en su época. Supongo que estaba enamorada de alguien que no me hacía caso y yo repetía muchas veces la última frase. Pero ahora creo que no hay soluciones mágicas ni nadie que salve todos nuestros condicionales. Pero a veces está bien engañarse un rato y pensar que sí. Es como cuando te pones una tirita sobre un corte. Parece que te cura.


Radiohead - Fake plastic trees from musiclover on Vimeo.

Lo que más me llama la atención de los inicios de curso son las reacciones de los alumnos de infantil. Sobre todo los que entran con tres añitos.

Todos lloran muchísimo, o casi todos. Lo viven como un abandono. Los dejan en un lugar extraño, con un montón de niños a los que no conocen. No saben si van a volver a recogerlos o si van a quedarse allí para siempre. Son niños, no pueden comparar con otras experiencias, puede que no tengan ninguna similar. Se quieren ir, pero no pueden. Muchos se cuelgan la mochila –el único equipaje que conocen– y se dirigen a la puerta de la clase. Es algo así como "yo ya estoy listo o lista para marcharme, ¿a qué coño esperas para dejarme salir?". A los adultos también nos sucede algo similar cuando estamos ante una situación desconocida, o cuando perdemos algo o a alguien que nos sirve de referencia. Nos desorientamos un poco.

En esa especie de abandono no real, el niño suele buscar el apoyo de algún adulto. Buscan a alguien que les proporcione seguridad, que les diga "Volverán a buscarte".

Un niño de tres años, al que llamaré Ferran, ha sido mi sombra durante toda una hora. Lloraba muchísimo y sólo decía "mama... mama..." Yo lo he cogido de la mano y le he dicho que íbamos a dar una vuelta por el patio, que íbamos a explorarlo un poco. No me comprendía pero sí era capaz de captar el tono de mi voz, mis gestos. En la segunda vuelta al patio –que es una verdadera locura, algunos niños superan el trauma del primer día corriendo sin ton ni son, es su forma de inspeccionar el terreno, se paran, observan, te miran, se acercan a sus nuevos compañeros, los olisquean, los tocan, los retan, vuelven a llorar, etc.– Ferran se ha calmado. Me ha preguntado de nuevo por su mamá. Le he dicho que volvería más tarde. Le he cantado dos canciones. Le he acariciado la palma de la mano con los dedos mientras le cantaba y luego él me ha imitado y ha hecho lo mismo con la mía. Entonces se ha sentado en el suelo. Ya estaba tranquilo. Se ha acercado una niña y se ha sentado con él. Se han tocado el pelo. Se han mirado.  Sin que se dieran cuenta, me he ido al otro extremo del patio y desde allí los he observado. Ferran ya podía estar solo. 

La paciencia es tan importante. Si Ferran hubiera tenido la capacidad de saber que sólo tenía que esperar, no se hubiera pegado el disgusto. Con los adultos pasa lo mismo. A veces no somos capaces de esperar. No comprendemos que todo requiere un tiempo. Cuando tenemos un problema queremos acelerar la solución y a veces no es posible.  Yo me incluyo en el saco de los no pacientes, pero quiero trabajar esa virtud, la de la paciencia, porque me estoy dando cuenta de que es muy importante.  El tiempo es necesario. Quiero incorporar la paciencia a mi vida porque es el motor que hace que el presente sea lo que verdaderamente importa.

Estoy aprendiendo mucho este año y sé que me hará avanzar. O eso creo. Pero para aprender hay que equivocarse muchas veces y buscar la salida otras tantas. Puede llegar a desgastarte. Pero hay que tener paciencia.

Día bonito. El de mañana aún lo será más. Tengo algo así como una cita. He ido a la pelu y todo. Vale, me acabo de cargar todo mi discurso racional en dos frases.



1082. Ventanas





Edificio industrial con un corazón que pasa inadvertido mientras una chica morena habla por teléfono.



Estaban haciendo fotos dentro del corazón.

Ya he decidido en qué habitación voy a dormir.  Si luego no me gusta me cambiaré, pero creo que va a estar bien. En la otra voy a poner mis guitarras y un tocadiscos. Y una lámina de Cat Power. 

El viernes tendré mi primera invitada a comer. Compraré vino porque es especial.

Ya no me quiero hacer ningún tatuaje. Pero eso puede cambiar mañana. Pero quiero ir a la pelu. Por primera vez en mucho tiempo sé lo que quiero que me hagan.

Hoy he descubierto que las canciones no sólo te traen recuerdos de momentos vividos, también de sueños pasados. Y cuando las escuchas, las ilusiones que tenías toman una bocanada de aire y abren los ojos de repente, como un cuerpo que creías sin vida y a punto de ahogarse. Cuando acaba la canción vuelve a quedarse inconsciente.








1081. Hacerse



Empiezo a habituarme a las rutinas de la calle. El peluquero de al lado sale de vez en cuando a fumarse un cigarrillo. Hoy me ha dicho hola dos veces y hemos comentado que iba a llover otra vez. Una chica me ha invitado a pasar a un taller de artistas. Escultura, pintura, multimedia, no sé, de todo un poco. El lugar era una fábrica antigua. Hoy hacían un mercadillo de algo. Me he asomado y parecía interesante pero  no tenía demasiado tiempo, así que queda pendiente entrar el jueves u otro día. También hay otro espacio muy cerca en el que hacen conciertos de música electrónica y proyectan pelis que no se entienden y moderneces varias. Y una tienda de vinilos. Qué fuerte, vinilos. Tengo que investigar la subcultura de las calles colindantes. Me encanta esa estética industrial y de fábricas antiguas, mezclada con edificios de arquitectura ultramoderna y con las  típicas fincas barcelonesas de los años 30's. No tiene ni pies ni cabeza. Creo que por eso me siento acorde, porque ahora estoy así. Soy una amalgama de diferentes tiempos, compases, ritmos. Tengo montones de pena, pero ya forma parte de mi ropa, mi pelo, mis retinas,  ya no es una carga añadida. El hecho de estar iniciando algo nuevo está compensando.   Cuando estoy sola siento que me hago compañía. Pero echo de menos un abrazo externo que dure toda una noche.

En la piscina se me ha pasado el tiempo volando y cuando me he dado cuenta llevaba cincuenta minutos nadando. A veces es huir, alejarse. Cada vez pienso menos debajo del agua. Eso me gusta. 

Una de las ventajas de mi nuevo hogar es que estoy a cinco minutos en bici de la playa. Me he bebido una horchata viendo jugar a voleibol en la arena. Luego me he tumbado y he hecho una especie de siesta sin dormir. Era como estar de vacaciones muy lejos.

Estoy baldada. 

Tengo una cerveza, un melocotón y una manzana. Y una cafetera. 




1079. Bicicletas




La bicicleta nostalgia estaba aparcada delante de mi nueva casa el día que me la enseñaron por primera vez.



Estos días he descubierto que muy cerca está aparcada la bicicleta alegre. Es de una chica a la que le encantan las flores.  Sólo conozco ese detalle sobre ella y porque me lo chivó la  camarera. ¿No es genial?

Me quedo con la segunda bicicleta, sin dudarlo. Es la que quiero que me lleve.

He decidido que mañana saldré pronto. Antes de entrar al trabajo compraré un café con leche para llevar y un cruasán. Me pasaré por mi futuro hogar para desayunar allí por primera vez. Me hace ilusión llegar temprano, abrir las persianas, ver el primer sol rozando los edificios. Aunque puede que esté nublado. Bueno, pues ver las primeras nubes. 

La ilusión por esas cuatro paredes nuevas que llegan a mi vida es similar a estar enamorándome. Hoy he estado pensando todo el día en ella –en mi casa. No he podido ir a verla porque tenía compromisos. Pero por la tarde, cuando se ha puesto a llover como si se acabara el mundo, he imaginado cómo sería si yo estuviera allí en ese momento. Es amor, está claro. Nos estamos conociendo y es emocionante.

1077. Cuántas pestañas habré perdido ya





Hoy me han dado las llaves del lugar en el que viviré. Son muy grandes. Son de castillo. Necesito unas llaves grandes para mi nueva temporada. Llaves que no quepan en cualquier bolsillo. Que no puedan perderse en un bolso. Que no se confundan con otras. Llaves con historia –porque yo la tengo.

Me imaginé viviendo allí en cuanto el sol de la habitación me iluminó las pestañas –¿cuántas pestañas habré perdido ya?– y sentí eso que se siente cuando unos labios son tu cama revuelta unos instantes.

Muy cerca hay un local de sushi a domicilio. Era muy familiar, no era una franquicia, no era la copia de otra copia. Creo que lo regenta Scarlett Johanson por las mañanas y Jude Law por las tardes. También hay un bar muy de toda la vida, con carajillos, pinchos de tortilla, bocadillos de salchichas con pimientos, cerveza de barril y jamones fascinantes colgados. Y un quiosco de prensa. Y muchas bicicletas. Y una parada de metro por donde la gente baja a a las entrañas de la tierra ciudad.

 El número de la calle es el 69. Siempre que el azar me da un número tiene un 6. Lo tengo comprobadísimo.

He decidido que si hay un fantasma será bueno. Me preparará sopa para los días de invierno. 

Me siento mucho mejor desde ayer. Me liberé de algo que me angustiaba, que era una parte de mí que me dominaba en exceso. Ese espacio se llenará de amor, lo presiento. Todo está bien en la selva. No hablo de olvidar, porque eso no se hace. Eso pasa aunque no quieras. Hablo de mirar desde otras ventanas y vivir con lo que vaya viniendo. Llaves grandes para verme mejor.

Probablemente sienta mucha soledad, pero será de la buena, de la que es como nadar.




1074. Me cuesta dormir

Hoy me cuesta dormir.

Ayer hablé mucho con dos personas distintas, en bares distintos, sobre los finales, los inicios de los finales y los finales de los finales. Con ambas brindé con cerveza (pero no por los finales).

Aunque queramos darle muchos significados, justificaciones, motivos e interpretaciones, es mucho más sencillo entender que lo que duele de los finales es no poder continuar. Seguimos respirando y no pasa nada.