en el aire

Han alquilado el piso de atrás. Son una pareja. Estaban en el balcón besándose. Echo de menos besar y ver más allá. Hoy  he estado muy aquí todo el día, y no me gusta nada el aquí. Excepto por la tarde, que he bailado en el gimnasio y el espejo me devolvía una imagen de mí que me gustaba y que me hacía sentir distinta. Es una hora maravillosa.

Hoy he abrazado a una amiga que estaba llorando, y me he olvidado de mí un rato, alguien me necesitaba. Me he sentido útil. Hace una hora, a mí me ha levantado en el aire un amigo como si fuera un pin y pon. Qué bonita sensación, que te eleven como cuando eras pequeña y te llevaban en brazos. Es que eso las chicas no lo pueden hacer.

Tic tac

Siento el silencio en casa. El tic tac del reloj. Un croissant de chocolate en el armario. Tierra entre mis uñas de escarbar aquí y allá para encontrar tierra fértil. Quiero descansar, estoy muy cansada de cargar con tantas cosas que no me importan. Tener un sueño bonito. Que mañana sea un día de esos de silbar. Ojalá mañana sea el día en el que me pongo a silbar.

El baile de las seis de la tarde


sombra de geranio al atardecer


Mi casa da por un lado a la calle por la que entro en mi portería del año 1936, y por la otra al interior de una de esas manzanas cuadradas de Barcelona. Los edificios son todos distintos. Me hipnotiza ese mosaico de muchas vidas y ventanas; observar los cambios de luz en las fachadas y el cielo. Y las gaviotas, que me parecen tan salvajes y terribles, pero tan blancas. Sé que soy yo quien hace bello este lugar, mi percepción de él.

En algún sitio cercano celebran cada tarde de fin de semana, a partir de las seis, un baile para personas de la tercera edad con música en directo. A mí me encanta pensar que un día seré mayor y me arreglaré para ir a bailar a las seis, aquí o donde sea. Escucho las canciones desde la terraza. Me recuerda al verano, a la música lejana de los hoteles en la costa. Son recuerdos felices –de pronto he leído difíciles, como si todo lo feliz fuera a convertirse en difícil más tarde.

El repertorio de la orquesta es variado y suenan muy bien. Hoy han tocado Wonderful Life y me ha parecido muy moderno. Luego ha sonado un paso doble muy bonito. Los pasos dobles me parecen nostálgicos, no sé por qué. Como si en otra vida yo hubiera bailado muchos pasos dobles enamorada de alguien maravilloso y eso permaneciera en alguna parte primigenia de mi memoria.

La última canción que han tocado ha sido New York New York, y me ha dado un poco la risa tonta, como si todo estuviera ultra-conectado y lleno de links transparentes en el aire; yo me estaba pintando los ojos para salir a tomar algo con un amigo y ya llegaba tarde –como siempre.

A las 5 am

La luz del anochecer me encanta y me da ganas de enamorarme. Creo que soy demasiado sensible a la luz y a las novias. La luz del amanecer, del atardecer, del mediodía... basta ya. Es sólo luz. Puede que haya agotado todas mis posibilidades de amor ya. Estoy siendo negativa. Al final es que creo que me encanta este rollo agorero y cenizo, porque luego me río bastante.

Cambiando de tema.

No sé a qué tema cambiar. 




(están todos dando vueltas por ahí)

Me he levantado muy pronto porque no podía dormir. Me he puesto una playlist en Spotify que se llama East Village Radio Favorites y me he transportado a un café en el que me sentí felizmente feliz la semana pasada. 

Hoy he sido una profesora dedicada que se sube a un escenario a tocar la guitarra con sus alumnos, mientras ellos cantan canciones sobre la leyenda de Sant Jordi en una bonita rambla de la ciudad de Barcelona, en un soleado y luminoso 23 de abril. He estrenado ropa para que me diera suerte y ha sido así. He escuchado como una madre le decía a otra, aunque ella no sabía que yo la estaba escuchando, esta profesora se preocupa mucho por los niños, se le nota que disfruta con su trabajo... ¿Transmito esa sesanción? Supongo que formo parte de esas personas anónimas que trabajan para los demás y por los demás, y que intentan hacerlo lo mejor que pueden. Somos muchos los anónimos. Algunas historias hablan de nosotros. Me gusta la historia anónima de la cajera del supermercado que se parece a Madonna en los 80's y que suele estar sonriente y triste a la vez.  Y también la de mi vecino viudo que se va a un pueblo del sur en vacaciones a ver a sus hermanas, y que se deja las bolsas de la compra en el rellano para subirlas poco a poco por la escalera. No les van a dar ningún premio ni ningún reconocimiento, pero mentalmente yo les voy a dar el primero.

Nadie me ha sacado a bailar durante esta tarde de Sant Jordi, así que me he quedado sola tocando esta canción tan bonita con el banjo.


no quedarme en el me gustaría



He vuelto a mi vida de me gustaría que, pero no quiero que sea así. Quiero hacer las cosas que quiero, no quedarme en el me gustaría.

También he vuelto al gimnasio después de diez días. Me voy a apuntar a un curso de hip hop. Me hace mucha ilusión. Hoy he ido a conocer a la profesora y me ha encantado, de qué manera. Lo mío no tiene nombre ni fecha en el calendario.

También le estoy dando vueltas a la posibilidad de cambiar mi trabajo, siento que no me llena lo suficiente. Tengo que pensar en algo. Necesito otra cosa pero no sé el qué. No entiendo por qué todavía me cuesta saber lo que quiero, pero creo que por lo menos sé lo que no quiero. Es muy arriesgado, pero también sé que sólo hay una vida y hay que vivirla con emoción. Estos días, lejos de mi rutina, me he limpiado por dentro, era el objetivo pero no sabía si iba a salir bien porque siempre quedan dudas. Vuelvo a sentirme yo en evolución. Ojalá me sirva de algo y no quede todo en una vana ilusión.

Mañana es Sant Jordi y probablemente no voy a tener rosa. No importa. Voy a intentar, por una vez, ser yo la rosa.

De vuelta



He salido sola por la puerta de Llegadas. Nadie estaba esperando a nadie. Una sensación extraña.

Mis padres han llegado en modo sufridores del Un, Dos, Tres. Tener solo una hija debe ser muy duro. Tener más, también. En el coche me han contado historias sobre mis primas. A la pequeña, la de 16 años, como es una fanática del cine y de todo lo relacionado con ello (sí, es una adolescente en peligro de extinción) le he traído una camiseta del Tribeca Film Festival que le compré en una sesión matinal. Le ha gustado mucho porque es una persona guay. Lo va a ser.

Es la primera vez que vuelvo de unas vacaciones a mi hogar de soltera. He empezado a dar vueltas desubicada. En NY recordé muchísimo a la persona con la que más días me he despertado en mi vida. Esto le gustaría, pensaba, y esto también. La imaginaba muy guapa caminando delante de mí por las calles como quien observa de lejos a alguien.  Llevo en la cartera la primera carta que me escribió y un mechón de su pelo como si fueran amuletos mágicos. A veces me sorprende que yo continúe por el mundo y ella también, pero por separado.

Mención especial a una chica a la que conocí allí y con la que he compartido techo y muchas horas, y que ha sido clave para mí en este NY. Una desconocida que el azar ha hecho que ya sea una amiga, y que una mañana volvió de la lavandería con una botella de Fireball Cinnamon Whisky de regalo y una ramo de flores azules tan azules y estupendas. Envidio su generosidad y su buen humor constante. Yo quiero ser así.  El whisky sabe a canela y está buenísimo. Viva el whisky y el color azul.
 Me parece curioso esto de la vida, cómo se va cosiendo y descosiendo. 

En el avión he empezado a leer Just Kids, de Patti Smith. Se lo regalé hace tiempo a una amiga y desde entonces tenía pendiente comprarme un ejemplar para mí. He disfrutado muchísimo de la lectura durante el vuelo.
Me he emocionado con la última frase del primer capítulo y he tenido que hacer  otra vez lo de la cabeza hacia arriba y el aire en los ojos.











No te vayas si te vas




El viernes por la noche guardé un momento en mi memoria; ojalá el tiempo no diluya su intensidad. Fue esperando el metro después de cenar y beber cerveza en Williamsburg. Un chico estaba tocando el saxo con una base reggae pregrabada. En ese momento llegó un tren a la estación  y una marea de gente invadió el andén. Fue como un vendaval de belleza, colores y sabores distintos. Miradas sonrientes, luces de neón en los ojos y pasos alegres acompasados con el tempo de la música. Un desfile de esperanza, de sueños, de ilusión. Es complicado describirlo con palabras,  lo tengo todo en imágenes en movimiento dentro de mi cabeza. Es como tener una GoPro en mi cerebro.

De forma improvisada, una pareja se puso a bailar al ritmo de la música... así, sin más. Y luego se añadió otra, y otra más. Y luego un chico rubio y solo. El chico solo era guapísimo, bailaba haciendo el moonwalk como si hubiera nacido con ello en los pies. Sonreía pero sin exageración. No sonreía para nadie, sólo para sí mismo. Me proyecté en él. Fueron varios minutos maravillosos, de no necesito nada más en la vida. O de taja os quiero mucho a todos. Me sentí tan feliz que tuve que alzar la cabeza hacia atrás para que no se me resbalaran las lágrimas de emoción y agitar las manos como para darme aire en los ojos. Ya sólo puedo sentir amor y gratitud por esta ciudad. No me quiero marchar. Eran tan necesario volver, pero ni antes ni más tarde, justo ahora. 

Quiero aprender ya mismo a hacer el moonwalk y entrar en los sitios deslizándome. Es mi objetivo para esta primavera.

Primavera

Esta mañana estaba congelada la lluvia de ayer, pero ha hecho un día bonito y de sol, aunque frío.
Después de desayunar una porción de tarta de zanahoria, me he ido a pasear durante muchas horas por muchos lugares. Está siendo bonito y valioso para mí todo esto. Ya no volveré en mucho tiempo, supongo, pero ya me siento en paz.

He vuelto a un lugar del que me marché corriendo hace ya bastantes meses. Creo que he vuelto para reconciliarme conmigo. Todavía no lo sé.

Ha hecho dos días de primavera total. Ayer estuve tomando el sol en Central Park después de pasear un montón  y la gente estaba sin camiseta. Un pelín exagerados. Estuve feliz.  Entre los rascacielos vi a dos chicas que llevaban a un grupo de niños de guardería. Qué pequeñitos se veían. Un hombre en el metro decía que el sonido de los tambores transportan nuestra alma y por eso antes el ser humano se comunicaba a través de ellos. Hoy he dormido con la ventana abierta y he escuchado sirenas y gente en la calle hasta muy tarde. Por la mañana cantaban los pájaros y ladraban los perros. Ayer también. Han sido tres despertares muy hogareños en Manhattan, me parece curioso. Estoy en un apartamento muy acogedor. Me gusta mucho la ventana desde la que puedo fumar. La escalera de emergencia es muy vieja y creo que me daría más miedo bajar por esa escalera que cualquier emergencia. La persona con la que convivo y que conocí hace algo más de 48 horas me ha preguntado si quería un huevo frito para desayunar y le he dicho que sí, y luego ha dicho algo que no he entendido pero después me he dado cuenta de que me preguntaba si me gustaba mojar en el huevo. Lo ha hecho con mantequilla. Estaba muy rico. Es hospitalaria y generosa. Hoy está lloviendo y esta tarde me gustaría ir al cine porque me hace ilusión ver alguna peli de estreno.

Provisionalidad


Me acabo de dar cuenta de que está lloviendo y tenía la toalla del gimnasio tendida. Huele a lluvia en la ciudad. Lluvia sobre cemento, ladrillo, uralita. Las vistas que tengo desde mi casa me gustan tanto que a veces creo que están retocadas con algún tipo de programa. Esta tarde sólo tenía ganas de irme a la cama a descansar. He picado unas bravas con una cerveza y unas aceitunas en la terraza de un bar con unas amigas. Luego ya no tenía hambre. Me he metido en la cama porque estaba colapsada. También me sentía sola. Pero sin dramas. Sabía que era un miedo pasajero.
 
Recuerdo la vez que  encontré a mi madre en el pasillo de un hospital, en una camilla, con un camisón verde de papel, con ojos desconocidos, que no eran los de mi madre, y verla de lejos como una persona que tiene miedo y apenas reconocerla, pero a la vez saber que era ella. O cuando a mi padre le quitaban el tubo en la uvi y me miraba con ojos que tampoco eran los de mi padre, pero sí era él. Son esos momentos raros, en los que no sabes muy bien quién es el otro, porque está en otro papel. Me angustia no reconocer o no reconocerme.

Todavía no sé lo que quiero en mi vida, no puedo visualizar nada en concreto actualmente. A veces tengo ideas y  me agarro a ellas por un rato. Tengo, desde hace tiempo, un sentimiento de provisionalidad ante todo. Ante mi casa, mis amistades, mis ilusiones, mi rutina, mis pensamientos. Nadie sabe. 
Me siento tranquila, como si hubiera descubierto algún camino, o lo hubiera limpiado de zarzas. O es que estoy en el tramo despejado, de campos alrededor. O es que ir cada día al gimnasio hace milagros. Estás allí, contigo, y al margen de todo lo demás. No quiero más zarzas. Como mucho puedo permitirme aburrimiento, pero no arañazos. Estoy enseñado a dar palmas a mis alumnos porque están preparando una rumba que cuenta la leyenda de Sant Jordi. Yo tocaré la guitarra con ellos ese día. Ha sido muy divertido porque al principio les salía fatal, se sentían cohibidos, pero en la segunda sesión de ensayo ya ha ido mucho mejor porque ya se lo estaban pasando bien. Hemos estado gritando burradas, que para eso sí sirven, y tocando un cajón flamenco. Se tenían que soltar.

Cola de lagartija

Creo que es un ciervo, pero seguro que hay miles de lagartijas por ahí escondidas

Hoy he conocido a una persona tan absurdamente romántica como yo. Bueno, ya la conocía, pero esta tarde, tras una larga charla en mi casa mientras nos tomábamos un gin tonic para merendar, he descubierto ese rasgo de ella. Lo ignoraba. Hemos comparado momentos para ver cual de las dos ganaba en nuestra carrera romántica y absurda, incluso se le han puesto los ojos rojos; a mí no porque ya estoy acostumbrada a mi vida lírica. Ha sido como reconocer a alguien de tu misma especie y olisquearse. Menudo cuadro a las siete de la tarde. Perder la cabeza por amor es excitante, y vivirlo un tiempo largo intensamente o intensamente breve, aunque luego debas sobrevivir a todo ello sin nada encima de los hombros, como la cola cortada de una lagartija que se sigue moviendo. Esa ha sido mi conclusión.

A mí ya me está saliendo una cabeza nueva y empiezo a parecer un bípedo normal, a ratos. A ver si logro mantenerla.

Mi primer amor fue Johnny Castle



Cuando iba a sexto o a séptimo, mi amiga Silvia y su hemana Raquel eran las únicas que tenían aparato de vídeo. En mi bloque teníamos vídeo comunitario, pero ese es otro post. Los domingos quedábamos en su casa, junto con Elena, que era otra compañera de clase, para ver Dirty Dancing. No fue sólo un domingo, fueron unos cuantos, nos sabíamos la película de memoria. Poníamos siempre en pausa justo el momento en el que Patrick Swayze se giraba y le decía ven con el dedo meñique a ella. Nos moríamos. 



Esta tarde he vuelto a ver Dirty Dancing en mi casa, mientras me bebía un par de cervezas. He disfrutado muchísimo. Me he dado cuenta de que no me acordaba de casi nada. Creo que las emociones desbordadas que sentíamos de pre-adolescentes nos hacían obviar toda la trama. Probablemente pase eso mismo con la vida en general. Qué emocionante es cuando Baby está aprendiendo a bailar y cruza cada día ese camino en el que se pinta los labios. Qué excitante cuando se van al lago a ensayar el salto y se ríen en el agua. Lo he vivido un montón, como si estuviera pasándome a mí, tal cual sucedía cuando teníamos doce o trece años. Y lo que son las cosas, hoy he visto guapa a Jennifer Grey. En serio, tenía el pelo bonito y era genial.





Recuerdo que de pequeña me flipaba la secuencia en la que Baby, después de salvarle el pellejo a Johnny bailando el mambo con él en el otro hotel, y después de que su padre le meta la bronca por andar con esas amistades, se atreve a ir a la habitación de Johnny y es cuando le dice: "tengo miedo de salir de esta habitación y no volver a sentir nunca más lo que siento cuando estoy contigo..." Bueno, bueno, bueno, ese momento era apoteósico, a las tres se nos caían las patatas fritas. Es curioso porque la escena en la que, en teoría, se supone que se acuestan por primera vez, la recordaba como si fuera una película porno, lo digo en serio, me parecía guarrísima de la muerte, de madre mía qué cosa prohibida estamos presenciando, y resulta que no se ve nada. Pero nada de nada. Mientras lo estaba viendo esta tarde he pensando, incluso, que habían eliminado alguna parte, que no podía ser así. ¿Cómo éramos tan inocentes? A mí me impactaba mucho que Baby se quedara en sujetador y que él tuviera esas manos tan grandes. Y la lámpara japonesa. Definitivamente, creo que la lámpara tiene la culpa de que yo recuerde esto como si fuera un vídeo de Sinn Sage.





Me he emocionado hasta llorar con el baile final. He pensado en todos esos momentos de los últimos quince años en  los que me he sentido como en el baile final de Dirty Dancing. Todos hemos estado ya ahí, dando nuestro gran salto.


Esto no es llegar y besar el santo

Qué feliz acabo el día después de bailar. Hoy ya hemos hecho la clase con luz natural, la que entraba por los ventanales. Creo que es incluso más guapa a la luz natural. Una amiga me ha dicho que tampoco es para tanto. Un mechón de pelo ondulado se le salía de la coleta. Qué importante me parece ese leve movimiento del universo. Hoy me he puesto justo detrás de ella, un poco a la izquierda, y en el espejo nuestros cuerpos se movían a la vez, totalmente acompasados. Era muy sensual. He estado tan cerca que podía olerla. Sentía como un imán, como la luna con las mareas. ¿Será atracción? He acabado la clase empapada en sudor. Luego he estado en la sauna con una compañera del gimnasio y nos hemos contado un poco la vida a susurros como en las termas romanas. Como nadie me espera en casa, voy con la calma. Las vidas a susurros en las saunas son más interesantes.

Vuelvo a tener esa sensación de que lo siguiente que sucederá será extraordinario, por lo menos en este instante, pero no puedo bajar la guardia. Debo calmarme un poco. Después de tantos altibajos, los destellos de alegría me ponen por las nubes y subo, subo y subo. Y luego a ver cómo bajo, a hostias.

Hoy he vuelto a despertarme a las cinco y otra vez me he quedado sola en mi cama con algunos recuerdos. Me mata tener esta memoria que registra timbres de voz, palabras exactas, movimientos. Esto no es llegar y besar el santo.