Mis almas

almas de paola vaggio


Ayer vacié mi taquilla. Me llevé todas las cosas acumuladas durante estos años. Algunas no eran importantes. Cosas del trabajo y del día a día. Irte de los lugares cuesta, sobre todo de esos en los que has crecido y te has superado, o has luchado por ello.

Lo más simbólico fue mi guitarra. Porque las guitarras son el alma de quién las toca y no puedes dejarlas en cualquier lugar. Tenía que ir a buscarla.

Me traje (de gala) a mi bonita guitarra azul oscuro de batalla, que ha sido como una hermana para mí —como hija única tengo totalmente idealizadas a las hermanas pero que nadie me haga entrar en razón—, ha sido como una hermana gemela para mí. A veces me incordiaba y tal... pero la quiero.

A mi guitarra hermana debo buscarle un lugar en nuestro campamento base. Ahora está junto a mi otra guitarra, que no es hermana, es amiga. Es que mi relación con ella es distinta. Mi guitarra amiga ha compartido muchos momentos conmigo y también es muy importante, súper importante, pero a ella le tengo que contar las cosas, mostrárselas a través de canciones. A mi guitarra hermana no tengo que contarle nada porque me capta todo el rato. Ahora las pondré en el sofá a ver pelis en Filmin. No vamos a caber. Voy a tener que hacer comida para tres. Quiero mucho a mis dos guitarras (como mis guitarras saben leer el blog, excepto las frases en cursiva, debo procurar que no se pongan celosas ahora que van a estar juntas todo el día). Mi guitarra amiga nació en una ciudad que está en mi corazón; mi guitarra hermana creció conmigo (con esto me las las acabo de camelar a las dos). Parece que, de momento, se llevan bien.

Las guitarras tienen una parte que se llama "alma". No se ve porque está dentro del mástil y ayuda a  soportar la presión de las cuerdas tensadas. Sin alma, el mástil de una guitarra se dobla.



(¿Y ahora qué? ¿Se me ha ido la olla? La pinza?)


Yo. Aquello. Un día.





Cuando paso por delante pienso: es un bar feo. Suspiro sin atreverme a entrar, siento que puede ser un lugar bello, que tiene esa posibilidad extraña. Una entre una. Pero es un secreto. El extractor de aire (que va de lavadora) con un jarrón encima y flores secas. La maceta vacía. La mirada perdida de un hombre que mira a través del vidrio y se cruza con mis ojos. El aire gris. La oscuridad. Me parece ver una sillas, la barra. Una máquina tragaperras. ¿No entraré nunca? Bar Mónaco. Neón. El mar azul, los yates, las gafas de sol Rayban. ¿En qué pensaba quién le puso el nombre? ¿En Mónaco en sí o en la princesa? ¿O en la hermana? Era un hombre enamorado. Puso un bar. Le llamó Monaco sin acento. Carajillo, cerveza, ron, brandy. Un cruasán duro. El suelo pegajoso. Bocadillos. A veces. No siempre. Vasos de vidrio. Posos de café. Un nido de serpientes. El amor bonito. Un taxi muy tarde.




Eso es

Estuvimos en la playa y nos sentamos al final del espigón. Hacía mucho sol, no como hoy. El agua quedaba atrapada entre el muro y los bloques de cemento y hacía glu glu glu tan claramente que podía escucharse perfectamente glu glu glu. Había un hipopótamo allí abajo. Mientras mirábamos el mar y nos contábamos algún detalle sobre nuestras respectivas existencias, yo pensaba "qué rara es la vida". Sigo pensándolo todavía esta noche.

Hoy he seguido a la marea de gente en el metro. Me he congelado en la calle. He pisado charcos. Me he topado un par de veces con la realidad. Y bueno, eso es todo.

chistorra

Me he reservado la malana, digo la mañana, para mí. A veces, ser muy sociable me cansa, como si necesitara tener un tiempo de reflexión. Ayer estaba en un bar y empezaron a entrar chicas rubias. Todas habalaban en inglés. Digo hablaban. No iban juntas. Yo estaba con mis dos amigas morenas y hablábamos en catalán. Las rubias no iban juntas, eran rubias por separado. Algunas bebían copas de vino y otras copas de cerveza. Estuve hablando de chistorra con el dueño del bar. Una de las rubias me preguntó qué era la chistorra. Yo me acordé de mi abuela. Si yo fuera un tío le podría haber dicho, yo te enseñaré lo que es la chistorra nena, pero hubiese sido desagradable, incluso para ser un tío hubiera sido desagradable. Le explicamos lo que era la chistorra de un modo técnico. El dueño del bar me dijo que era automático: a la que alguien se pedía una tapa de chistorra todas las demás mesas también querían, porque el olor era irresistible. Yo me imaginé sacando un plato de chistorra y  todas las rubias elevándose de sus sillas y siguiendo el olor como hipnotizadas.  Sigue haciéndome gracia.

Error vs Acierto



Cuando tomas una decisión arriesgada y luego no sale como tú esperabas, y tu mente tiende al arrepentimiento, lo mejor es pensar: ¿Y si hubiera salido como yo esperaba? Ahí se te quita esa sensación de error, seamos honestos. ¿Consuelo de tontos?


mapas

Tus mapas están obsoletos. Los lugares ya no están donde antes estaban. ¿En qué momento cambiaron? Debes hallar un sitio seguro, sólo uno, para poder descansar y señalar un punto. Y ya tendrás dos. El mío y otro. Podrás trazar la primera línea de tu nuevo mapa. 


Un día más para buscar. 

Fabricando hielo

Ahora mismo estoy en un lugar en el que nieva. 

En estos instantes está nevando.

Para los que no estamos acostumbrados, la nieve siempre es como un milagro. Por eso doy gracias. Quiero estar aquí, bajo esta nieve.

No hace demasiado, caminando por la calle un día cualquiera encontré una fábrica de hielo. Caminando un día cualquiera, por una ciudad, una fábrica de hielo. A veces ocurre. Me pareció hermosa. En la fachada estaban pintadas las letras en color rojo. Ponía: FÁBRICA DE HIELO. DESDE 1901. Imaginé los cubitos bajando por una pasarela de metal y desfilando en línea como diamantes; y a los trabajadores vestidos como esquimales y con el aliento congelado. 

Sé que no es así, pero qué importa.


El mandarino



Ayer, al volver de la playa descubrí una calle con un mandarino. Los mandarinos son los árboles que dan mandarinas. Lo he buscado en Google y está bien. De hecho, en Panama hay un hotel Boutique Spa que se llama Los Mandarinos.


Mientras contemplaba el mandarino con sorpresa (había pasado por allí varias veces sin darme cuenta de que existía) y me emocionaba con el hecho de que la naturaleza pudiera dar un color naranja tan real, de una puerta de la calle salió un japonés con una cámara reflex que parecía un rifle automático + visión nocturna + periscopio submarino.

Nada más acercarse empezó a dispararle fotos. Me tuve que ir porque salía en todos sus encuadres; él se reía tímidamente y decía algo entre dientes en japonés, algo como apártate coño, por favor, jiji. Hice una tímida foto con mi iPhone y me marché.

Pero fui yo la primera en descubrir el árbol.