Mi amigo invisible y mudo

Estaba acórdandome de mi amigo invisible del verano. Se llamaba Carl. Fue terapéutico inventarme a ese compañero silencioso (Carl era mudo); pasado casi un año, sigo sintiendo cariño por él, me tienta abrir la puerta e invitarlo a entrar. ¿Para qué? Por si algo falla.

Carl y yo pasamos juntos un agosto de tristeza inconsolable. Los antiheroes solitarios.

Veíamos todo el día pelis y series de zombies. Íbamos a inglés, luego a la playa a nadar y luego al sofá. Y así cada día entre ola y ola de calor.  Los zombies era nuestra metáfora, todo lo que había cambiado y era irrecuperable. Nos comportábamos  como fugitivos en nuestras vidas. Y odiábamos los anuncios felices de cerveza. Sobre todo Carl, porque era alcohólico.

Crecimos juntos y era verano. Mañana haré una canción.



La cadena de la bici





Me encanta volver a casa a la una y que mañana no me dé pereza ir a trabajar. Creo que llevo diez años esperando este momento. 

Hoy he comprendido por qué necesito una navaja multiusos o, en su defecto, una herramienta multiusos, para ir en bici.

Cuando he acabado de cenar con E y con P, he ido hacia mi bicicleta y se le había salido la cadena. ?!?!?! Todavía no entiendo el cómo ni el porqué, pero así ha sido.

He intentado ponerla bien. Era la primera vez que lo hacía. Me he dado cuenta de que no podía poner la cadena en su sitio porque rozaba con un tornillo y se había quedado atrapada. Atrapada. En estas... ha pasado un ciclista y me ha preguntado "qué te pasa, tierna muchachita". El hombre, que resultaba ser de mi barrio, ha puesto la bici del revés y me ha dicho "yo llevo ya muchas milis hechas". Sin comentarios. Y lo ha intentado pero tampoco ha podido (y eso que iba con pantalones de ciclista, que por algún motivo me ha dado mucha seguridad. He pensado: este lleva mallas, este sabe.) Y ha llegado a la misma conclusión que yo sin pantalones de ciclista: roza con el tornillo. Entonces nos hemos fumado un piti en plan... la vida era esto.


Luego he entrado en un bar para preguntar si podían dejarme un destornillador. Me han mirado con cara de "qué dice", pero me lo han dejado. He aflojado el tornillo y entonces la cadena, por fín, se ha liberado y he podido ponerla bien. He vuelto a casa muy orgullosa y con las  manos muy negras. Me siento poderosa.

Me va acostar dormir de la emoción.

Una nueva canción de mi grupo

El otro día Marla me preguntó por mi diminuta cicatriz  en el muslo, recuerdo de una picada de mosquito voraz en la selva, que hizo que me desplomara mientras me ponían un ungüento milagroso. Ahora es un pequeña cicatriz que contar.

Mis heridas del pasado reciente se han convertido en bellas cicatrices, el único "pero" es que son una advertencia para no volver a lastimarme. En mis futuras heridas espero recordar que se convertirán en cicatrices. Es lo único que puedo decir.

La semana pasada hice una canción con Nieve, que es mi grupo. La titulé "Special friend", y es mi primera canción en inglés. Tiene sentido que sea en inglés, porque cuando cantas en un idioma que no es el tuyo es como si te disfrazaras y te convirtieras en otra persona, puedes decir I love you y seguir conservando todos tus escudos. Una tarde de lunes festivo en la terraza, tocando las guitarras hasta que se puso el sol. Es una canción de  admiración, de afecto y cariño. Esas cosas bonitas que de pronto descubres. Como cuando te sube un poco el vermut y al siguiente sorbo estás ya un poco borracha y los árboles son lo más. Pues algo así. 



Estás aquí




The Drums - Let's Go Surfing from POPFRENZY HQ on Vimeo.

Estoy feliz. Aquellos tiempos de mala cosechas y tormentas ya han pasado. Barra libre para todas.

Las complicaciones actuales me parecen subsanables. Me siento en plena forma para seguir avanzando. Y es nuevo. Es nuevo no saber por donde seguir y no sentirme desconcertada.

Hoy, en el metro, porque claro, mi blog se ha convertido en un monográfico metro, he estado hablando con un chico bastante joven que tenía una especie de ataque de ansiedad y no sabía dónde estaba. Y yo le decía, estás en Barcelona. Estás en el pasillo que une la amarilla con la verde en Paseo de Gracia. Estás aquí. No sé exactamente qué le pasaba, estaba desorientado pero a la vez muy consciente. Luego han venido los del metro, porque si te encuentras mal tienes que apretar un botón y vienen a buscarte. ¡Es fantástico! El botón lo ha apretado una señora. Yo no, porque no sabía si tal vez supondría un problema para él. De todos modos, el concepto "apretar un botón para que vengan a rescatarte" me parece muy Wes Anderson.

Yo llevo mi botón en mi chaqueta de cuero. Y otro en mi gabardina. Entonces, acudo en mi ayuda.


Resaca






Una conversación de madrugada con B de Breeders y algunas reflexiones que he hecho durante los tres últimos días, me han revelado que a veces no adapto mis expectativas a la realidad. O algo así. Creo que es porque tiendo a comparar. Supongo que el tema estaría en revisar por qué creo que son mejor algunas cosas, y otras no. A veces esas expectativas son imposiciones mías basadas en creencias que no sé si me limitan. 

Sería tan fácil, en teoría, ser feliz, aceptando todo lo que viene... Aunque no sea divertido. Aunque no coincida con nuestra ilusión de lo que "debería ser". Eso acabaría con toda insatisfacción. Bueno, todo esto es bastante de 1º de Budismo o 3º de Terapia.

Este fin de semana me voy a Oporto a despedir a una buena amiga que inicia un camino. Y va a llover.

Me encanta la guitarra distorsionada y distante de No Aloha. Ayer me dijeron que en Hawaii necesitaban a  1500 profes que hablaran español. ¿y si me voy a Hawaii? Yo no entiendo por qué cuando se acerca el verano me vienen estas ganas de cambiar de vida, si me encanta Barcelona, tal cual. Aunque claro, es que en Hawaii, seguro que está esperándome todo.

Hoy me he despertado como con resaca pero sin haber hecho nada para tenerla. Y me he dicho: sufre tu resaca, no la retengas más. Y aquí estoy, con una resaca... ui qué resaca.


Fragmentos



Ayer me quedé dormida en el sofá a las 23:00, ese placer máximo. Me desperté a las tres de la madrugada. Escuché a mi ratón dar vueltas en su caja. Me lavé los dientes con los ojos cerrados. Puse el despertador. Me me metí en mi cama y me tapé. Lo último que pensé es que hacía frío.

En la facultad en la que trabajo ayer hubo una fiesta de 9 de la mañana a 12 de la noche. Me dieron envidia los estudiantes, bailando y bebiendo. Encontraron a 8 desnudos y follando en un lavabo. Este último dato me lo ha dado el conserje mientras se fumaba un cigarrillo. Yo imaginaba el bosque en la noche, la música y la cerveza.





"El final te va a dejar igual"

Tarde en el parque con mi amiga Gemma, hablando de lo bonito que es el mes de mayo y del poco dinero que tenemos. Observando a los perros felices y comiendo galletas bio veganas ecológicas y de comercio justo con cerveza.

He pensado que tal vez voy a llevar casco en la bici. De repente, he sentido mucho amor por mi cabeza. Puede que influya que ayer viera un accidente bastante aparatoso bajando por  el Paseo de San Juan.

Me ha dado por fijarme en lo que hacen las personas que se sientan a mi lado en el metro. Una chica de unos veinticinco buscaba en google imágenes "pistola de narco forrada de diamantes". En cambio, la señora de mi derecha, de unos cincuenta y largos años, veía un vídeo titulado "El final te va a hacer llorar". Yo podía palpar que la señora estaba impaciente por pegarse el berrinche. Incluso yo lo estaba esperando.

La mujer llevaba unas gafas negras, así que no he podido comprobar si realmente ha surgido efecto el vídeo. Pero sí me he preguntado para qué ver en el móvil cosas que hacen llorar. Más tarde se ha puesto a eliminar las fotos que no le gustaban de su nieto. Que el niño salía en un tobogán con los ojos cerrados, botón papelera. Que el niño salía movido con la cara borrosa, botón papelera. Y así la señora se ha ido cargando fotos y más fotos.

Me he aficionado a Snapchat y me pego hartones de reír yo sola. Ojalá pudiera ser japonés y adolescente. Pero ya no estoy a tiempo para ser japonés.

Me gusta mucho mi trabajo actual pero gano la mitad de lo que ganaba en mi trabajo con ambiente Chernobil de antes. También es verdad que hago menos horas. No sé. La vida es un poco así. Toxicidades "bien pagadas" (para como está el patio) o calma placentera  mal pagada.

También me ha dado por escuchar a Bambino después de comer, que hacía bastante tiempo que no me lo ponía y me gustaba bastante en una época en la que. En la que no sé.