El significado desconocido

Nos hemos apuntado a una mierda de curso. Hemos decidido dejarlo.  Lo mejor han sido las cervezas de después. Por suerte, era barato.

Acabo de volver a casa. Todos los semáforos estaban en verde y el aire me secaba los ojos y las lentillas.

Volver sigue siendo un momento preferido. Hay una calle que es tu calle y donde hay una puerta que es la tuya.

Volver significa algo.



Guitarras

Cuando esta mañana me ha dado la llave la conserje, le he preguntado a bocajarro," ¿la vida qué es? ¿Complicada, fácil  o aventura?" Y me ha dicho, "las tres".

La noche del martes fue tan larga que hoy creía que era jueves. Quiero recordarla con todas las palabras, los gestos, los sabores y el tacto. A los 80 años, cuando comparta piso con mis amigas de 80 años, quiero poder recordar esta noche de finales de septiembre, magnética y enigmática como el punteado que empieza en el segundo 27.




Por la tarde he estado tomando cerveza con Paola y Erika, como si las conociera de siempre y no fuera la primera vez que nos veíamos. Paola me cuidó mucho desde México durante agosto de 2013. Fue como un ángel sobre Berlín pero en versión e-mail. Y son gestos de personas desconocidas que llegan en el momento justo, como si el mundo te hiciera un favor y supiera lo que necesitas.

Ladridos

Oigo una carcajada al final del bus y pienso que la propietaria de esa risa sólo puede ser ma-ra-vi-llo-sa.

Me he pasado la parada, y cuando he ido a preguntar cual era la siguiente, el conductor le estaba dando un mordisco a un bocadillo de chorizo. Lo ha escondido para que yo no lo viera. Y le he dicho que no hacía falta, que comiera tranquilo. Tengo hambre, dice. Le he enseñado mi pase. ¿Tu padre es XXXX de Lutxana? Le digo que sí. Fue mi jefe. Dice. Y entonces, comete algo ilegal y para el autobús a una calle de las cocheras viejas. Paso por la puerta de hierro y me acuerdo de mi padre y de ella. Y me parece curioso mezclar dos recuerdos tan distintos en un mismo lugar. Aunque no es raro del todo, creo que el nexo son las pelotas de ping pong de mi infancia. Es como ubicar pedazos de memoria en lugares que no son los originales.

Puede que continuamente haya vivido, y siga viviendo, en temporadas que son como el verano de los 12 años, seguidas de temporadas que son como el invierno de los 13 años.

Ayer me peleé dos horas con la bici para instalar el soporte del candado. Porque ya estoy preparándome para la llegada de Queer, que de momento ese es su nombre, así la ha bautizado L. Me hace ilusión que ella sea su madrina. Le tengo que buscar una tía. Una tía de tía, no de tía de tía. Cuando Queer vaya en la mochila no puedo llevar el candado. Queer es mi primer compromiso real desde hace tres años. Pensando en ello, me he dado cuenta de que últimamente he huído de compromisos reales, pero con disimulo. Es decir, he querido establecer compromisos imposibles o practicamente inalcanzables. Es un modo indirecto de huir de ellos. Este autoanálisis es un poco chapucero. Queer va a ser un ancla. Tendré que sacarla a pasear y darle de comer y quererla mucho. Es como estar esperándome.

Vamos a ser dos en casa. Una perraca y una perra.

Embalaje

Ayer, la puerta se abrió de golpe. Con ayuda, la cerré y la aseguré antes de comprobar si era huracán o brisa. En la caja sigue escrito No agitar. Son copas que prefiero proteger de los vaivenes de la mudanza y el viento. Siguen siendo mis copas de cristal. En su día las calenté, las moldeé y bebí en ellas a sorbos grandes y pequeños.

Hay una muy buena noticia: gato está vivo. Lo he visto corretear sobre el tejado de uralita. Me ha hecho muy feliz saber que está bien.

End of summer

Ayer también me divertí pero tuve momentos de cristal. Es como tostar pan de ayer para que no parezca que lo es. Se me humedecieron los ojos en el concierto de los Zephyr Bones. Pero intenté llevarlo bien. Tormenta. Fin del verano. Me recordaba a todo lo contrario, al inicio de la primavera, a cuando los descubrí y esa fue la primera mañana que me puse manga corta este año.

Me he despertado como si tuviera que pasar algo, una sensanción de alerta, y ya no he querido seguir. No me gusta salir hasta tarde porque luego no puedo dormir, y me despierto a las tres horas. Hace un día muy bonito. He entrado en la exposición de Julia Clay. 



Cerveza


Me he comprado una camiseta que dice "Mis libros son más raros que los tuyos." No tengo el virus. No lo tuve jamás, siempre fue nostalgia. Y mi medicina, un placebo, no voy a volver a ello. Ayer fue un día muy largo porque salí y de repente era hoy, y el hoy continuaba más allá... aunque últimamente tengo días que son como vidas enteras.

Ayer  bailé mucho mientras pinchaba Tupinamba, me reí mucho, bebí mucho y de todo mucho. Besé apasionadamente con lengua a una chica, sentadas en una acera, fue muy adolescente. 

La luna llena trae verdades. Siempre están, no las vemos para protegernos de algo que sabemos que nos dolerá. Sigue mi duelo por desamor. Luto de pies a cabeza.

Plantas y personas





Hoy me he despedido de una profesora visitante que ha estado durante toda la semana  dando unas conferencias, y hemos compartido con ella varios almuerzos en el campus. Al decirme adiós, me ha dado un abrazo sincero, como cuando conoces a alguien en un viaje y te haces amiga y hablas en un idioma que no es el tuyo y cuentas detalles sueltos de tu vida, que al final son como piezas de un puzzle o, mejor dicho, instantáneas, como esas de la infancia, que a veces, con el tiempo, quedan fuera de contexto. Algunas personas entran, otras se van, otras se quedan, otras se van por un tiempo y vuelven de otro modo, otras se convierten en invisibles, otras en fantasmas, otras en desconocidas y otras son futuribles.


Esta mañana he salido al balcón a asegurarme de que mis plantas habían sobrevivido a la gran tormenta de ayer noche que, por lo que me han comentado esta mañana, no fue igual en todas las zonas. He revisado los tiestos y ha habido sorpresa: el esqueje de una planta había dado otra indéntica a ella pero más pequeña. Las primeras semanas la miraba cada noche y no veía nada nuevo. Y hoy, que ya ni me acordaba de que estaba ahí, me he dado cuenta de que había enraizado. He recordado que ese tallo lo encontré por la mañana,  encima del capó de mi coche, justo en el medio, tras dormir por última vez con mi persona preferida del primer semestre del año. Y me la llevé pensando que trataría de plantarla para ver si salía algo... Yo de nombres no sé, pero me pareció bonita y curiosa. La vida es algo imprevisible, no sabes qué va a brotar y qué no. En el balcón de Carmelo todavía queda un geranio. Vaciaron todo el piso pero dejaron esa maceta. No se ha secado porque, casi estratégicamente, el agua del extractor del aire acondionado del vecino de arriba le cae justo encima. Me alegro. Son huellas en forma de planta de las personas que han formado parte, de algún modo, de mi rutina. Una transformación de ellas.

Todavía sigue nítida, aunque ya no tanto, la imagen de mi vecino Carmelo, muerto en el  balcón, aquella mañana, con el sol estrellándose en su cuerpo, rodeado de sus plantas, que creo que eran lo único que lo mantenía vivo. Bueno, eso y el casino. A finales de la semana pasada vi que su piso estaba abierto. Supongo que quieren alquilarlo. Pedí permiso y entré a verlo por curiosidad. 

Fue extraño. Fue como estar en el santuario de alguien. El hogar es el sitio en el que somos nosotros en esencia, el lugar en el que no fingimos nada. Vi su cama, su armario, su cocina. Algunos platos en el armario. Quizás soy la única persona que se acuerda de ese hombre en la faz de la tierra. Era viudo, no tenía hijos. Siguen llegando cartas para él. Ninguna interesante. Yo quiero que reciba alguna postal, una carta escrita mano, algo que pueda parecerse a la  vida. 


La plataforma indestructible



He estado analizando durante todo el día cómo he empezado hablando de mi cumpleaños y he acabado utilizando la palabra "funeral". 

Me he estado peleando con ello, una lucha interna.

Me ha parecido una voz de alarma y una especie de oportunidad para darme cuenta de que necesito serenidad. Pensando en los últimos  años (contando a partir de 2013), en resumen,  han estado dominados por la tristeza y la ansiedad. Como meterse en una batalla diaria. Diaria, quiere decir diaria. Entrando en detalle, tuve un paréntesis de 4 meses buenos en 2014 (de mayo a septiembre) y de seis meses de buenas sensaciones este año (de enero a junio, más o menos, en los que sentí que por fin recogía algún fruto y que todo empezaba a colocarse en su lugar). Y  bueno, si hago cuentas, tampoco es tan terrible. Pero la verdad es que preferiría sentirme de otro modo. Preferiría que se acabara ya esta etapa tan larga de saltos al vacío, de todo/nada y de altibajos. Mañana defiendo mi tesina y a las siete de la tarde, cuando acabe, voy a dar el primer paso por darle la vuelta a la situación  con un gesto muy pequeño: voy a llevar a mi madre a cenar. Me necesita. Y si con eso la puedo hacer feliz, ¿cómo no lo voy a intentar? ¿Acaso no me gustan a mí los gestos de amor? De amor, de amabilidad, de gratitud. No sé. Puede que me esté flipando un poco, igual son los nervios por lo de mañana, pero necesito cambiar de perspectiva, olvidarme de que pasan cosas. Que pasen. Y ya está. No quiero engacharme ni que me arrastren. Pasan cosas, pues vale, que pasen. Lo siguiente sería contruir una especie de plataforma en la que poder estar a salvo. Una plataforma indestructible. Me encantaría conseguirlo. Bueno, creo que estoy sobrexcitada. Lo dejo ya.


8:43

Me he despertado en mi cama desconocida, porque la he vuelto a mover de pared, dudando entre si celebrar mi cumpleaños o no en un mes y dos días. Hace dos que no hago nada  porque no me apetece. En abril pensé en hacer una gran fiesta, con un concierto en el que yo sería la estrella, y al que invitaría a todas mis amistades sin distinción de grupo ni origen, batiburrillo de personas con un único nexo en común: yo. Pero ahora ya no me siento como en abril, abierta, me siento como en cerral. Así que, probablemente, dejaré de nuevo pasar un cumpleaños más y ese día echaré de menos mi no cumpleaños celebrado en el momento en el que me apetecía. Qué tristeza por venir.
Bueno, hoy es un día feo. Mañana será un poco mejor, o pasado, o al otro o en una semana. *Hoy me apetece un funeral en silencio, por lo menos ahora, a las 8:43.

*Editado: siento haber usado esta imagen por si se ha puesto triste alguien.

Extrañas vacaciones: Postal 5


Querida persona: 

Sucedieron dos cosas que cambiaron el rumbo de los acontecimientos: 1) llegó un autocar con un adulto nuevo (un treintañero andaluz graduado en enfermería) 2) los niños cayeron en trance al ponerse a tocar los instrumentos. Hice un gesto con la mano para que la nueva conductora del bus (morena, pelo liso) me esperara. "Un momentito", dije con el gesto. Recogí todas mis cosas excepto una (es un secreto), saludé a Diego (el nuevo) y eché una última mirada a los cabronazos de los niñxs carnívoros que estaban practicando un ritmo y unos acordes. Me marché y nadie me lo impidió. Era tan fácil...

Esta postal la escribo desde el aeropuerto. Probablemente vuelva a casa, todavía tengo que pensarlo; fíjate qué resultado me ha dado huir de mi tristeza, casi se me comen viva. Nadie suele reconocer estas cosas.
 
Con un extra de amor,

 PV

Extrañas vacaciones: Postal 4


Querida persona: 

No encontré el autobús. Me desmayé. Es una salida de emergencia. Cuando vuelvo en mí algo ha cambiado en mi ausencia: las ganas de respirar y de vomitar son tan fuertes, que todo lo demás no importa. Había una niña dándome agua. Me sentía débil, era incapaz de huír.  La niña me está alimentando. CHUCHES NO, le digo. Ella repite mis palabras. Me da arroz. FIESTAS DE CUMPLEAÑOS CANÍBALES NO. Lo repite todo. Lleva un ukelele colgado a la espalda. Lo usa para espantar moscas. Con señas le dije que me lo prestara y toqué una canción. Puso cara de asombro y fue a buscar a los demás. Me hicieron reverencias y me ofrecieron tiras de pica de pica. ESTO KK. MALITA YO. No me entienden. En la fiesta del otro día bailaban, pero sin música, por eso las canciones son mi único poder aquí. Han llenado mi cabaña de instrumentos. Supongo que pertenecen a los adultos que han ido devorando. Mañana empiezan las clases de música en el poblado. Debo hacerme imprescindible.  
Con amor botánico, PV

Extrañas vacaciones: Postal 3





Querida persona:  
He salido fuera y lo he visto todo distinto. He consultado mi manual de botánica. El poblado está rodeado de Nidiformis Omphalotus y Omphalotus Olearius brillando en la oscuridad con un verde intenso clorofila. Precioso. He escuchado las risas de loxs niñxs. Estaban celebrando una fiesta de cumpleaños nocturna. Alimentaban la hoguera con algo pesado; eran maletas de viaje que se abrían al lanzarlas. Gritaban, saltaban, reían. A un lado había un corro de niñxs agachados alrededor de algo, como aves carroñeras. Al acercarme, he ido viendo. Espeluznante. De la conductora de autobús sólo quedaba la cabeza con su bonito pelo rizado –por eso la he reconocido.  

He vuelto corriendo hasta la cabaña y me he puesto a escribir esta postal, por si no sobrevivo. Acabo de comprender que se comen a los adultos que llegan del aeropuerto. Debo salir a escondidas y encontrar el autobús, cruzar los dedos para que tenga las llaves puestas.    Escapar. Dejar la postal en el buzón.

Con amor y valor,
PV 

Extrañas vacaciones: Postal 2





Querida persona:

Estoy escribiéndote cada día pero no sé si mis postales te llegan a diario. Las dejo en un buzón con la esperanza de que salgan de algún modo de ahí. Cargar con la máquina de escribir ha sido buena idea. Me ayuda a respirar. En este pueblo desconocido sólo viven niñxs y perros. No usan dinero. Para conseguir alimentos, alojamiento y agua tienes que jugar  al escondite, al pilla pilla, a las canicas, a polis y cacos o al bote. He enfermado de sentimientos y estoy en cama. La asamblea de los niñxs se ha reunido y han entrado en la casa con ofrendas: collares de macarrones y pulseras de hilo. Los perros aúllan en mi honor y yo me duermo entre delirios porque me ponen droga en las chuches. Estoy esperando a que pase el autobús que me trajo para que me lleve a otra parte. Con espasmos de cariño, 
PV.

Extrañas vacaciones: Postal 1






Querida persona:

Te escribo desde estas extrañas vacaciones. Entrañas vacaciones. Los viajes siempre dan la posibilidad de ser otra, aunque los espejos sean los mismos en todos los lugares. También son como un gran salto con pértiga, apareces en otro sitio. Lo cierto es que mi destino todavía me parece incierto, a pesar de que el comandante del avión, con ese tono de voz despreocupado, como si no fuera con él la cosa, nos ha dado dos detalles: 1) la temperatura exterior 2) la hora. Ambas cosas me han parecido terribles:  39 grados y las 16:20, hora desangelada donde las haya. Ni un nombre, ni unas coordenadas, ni un  oceáno.
En el aeropuerto he tomado el primer autobús que ha aparecido. La conductora –una mujer de pelo rizado– al verme, ha abierto la puerta y me ha mirado. He supuesto que debía subirme. Hemos llegado a un pueblo. A uno. Puedo decirte que hay casas, no muchas, y habitantes, sobre todo niños. Todavía no he visto a ningún adulto y eso me asusta. En la tienda -la única-, he comprado varias postales de lugares al azar. Estoy sola. Son tiempos complicados para viajar en compañía. Con amor verdadero,
PV.