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Pesadilla antes de Sant Jordi

Está siendo una semana rara. Entre unas cosas y otras. Surrealista. Un par de tonterías me han sepultado bajo el polen primaveral y me han desmotivado bastante. Sin embargo, ayer noche me sentía bien escuchando a bob marley y pensé, qué fácil soy, me pongo bob marley y canto. Son momentos de felicidad sencilla. Automática.

Mi percepción de la realidad está alterada, no cabe duda, y probablemente no todo sea tan negro como yo lo siento y veo. ¿Habrá alguien que vea la vida real y verdadera? Me gustaría echarle la culpa a la depresión.  O tener una cabeza de turco que no sea siempre la mía...

Tengo la sensación de llevar años luchando contra algo invisible, un monstruo intranquilo, vacío... Poder expresarlo es una ventaja. Me encantaría poder mantener por un tiempo, más o menos largo, las cuatro patas de la mesa o las cuatro patas de la silla. Que los pilares importantes no se tambaleasen constantemente y mis puntos de referencia no desaparecieran.

Todo parece tan fácil, a veces. Me gustaría reclinar la cabeza en uno de esos momentos fáciles y sentirme rodeada de aquella nube indolora, de atardecer, protectora, de amor, nube amable, comprensiva, vital durante un largo tiempo. La vitalidad es lo contrario a la depresión. No es la felicidad, es la vitalidad, la motivación, sentir poder dentro de ti, amor por todo.

Pero finalmente acabo perdiendo la pata de la mesa otra vez. La tarea de reponerla de nuevo es lenta y solitaria. Primero tienes que encontrarla. Luego mantenerla. Encajarla es fácil.

Hace tiempo que no digo: voy a pasármelo bien. Me he dado cuenta esta semana. Me di cuenta al comprar la entrada del concierto.  No lo digo porque no lo siento. Dudo de mi capacidad para pasármelo bien cuando estoy  en periodo de bajón. Es una putada. ¿Puede que haya desaparecido en su totalidad? A veces la noto, pero muy lejana. A veces sí siento algo así como la ligereza previa al placer. Tampoco sé cómo combatir esto, la anhedonia generalizada.

Sin embargo, la perri me está enseñando a que a veces todo consiste en quedarse ahí, al lado. Quedarnos al lado de nosotros mismos sin más. Acompañándonos y tratando de asumir nuestra fragilidad y la de los demás. A veces me siento bien así, mirando el techo sin esperar nada.

En una de mis novelas inacabadas, una que inacabé en 2013, la protagonista,  N.M., se encierra en su casa con las persianas bajadas porque está harta del mundo exterior. Sólo tiene contacto con los repartidores de comida y mensajeros que llaman a su puerta. Sale de madrugada a tirar la basura para no cruzarse con nadie. Empieza a recibir cartas por error en su buzón. Van destinadas a otra persona que se llama igual que ella. El contenido de las cartas hace que se sienta obligada a abandonar su encierro para salir en busca del buzón correcto.

A veces fantaseo con esa posibilidad de olvidarme del mundo exterior. Es una sensación de fuga adolescente. Pero ¿cómo te fugas com 38 años de una vida sin apenas ataduras? Bueno, las ataduras son internas. Fugarse de todos y de todo, fugarse porque nada importa demasiado.

Necesito una pequeñísima oportunidad, una minúscula esperanza, una ayuda cósmica. Y volver a decir: qué ganas tengo de que llegue el verano para pasármelo bien. Sería maravilloso sentirlo de nuevo.

Hay algo que me arrastra. Cuando me dejo llevar por ello me siento liberada.


Comentarios

  1. Tricsina6:44 p. m.

    Siempre (a menudo) he tenido el deseo de huir, desconectar de todo, pasar de todas mis ataduras, y empezar de cero en otra parte. Cuando no estoy bien, siento que esa sería una forma de estarlo; también, cuando no estoy bien, no veo la manera de huir, de hacer nada, así que me quedo aquí y luego estoy bien y la vida sigue, y me pregunto, en fin.

    También pienso que a veces es un peso demasiado grande el deber de estar bien, disfrutar de la vida, ser feliz. Es muy cansado.



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    1. Siempre se idealiza el hecho de empezar de cero, borrar la cinta e reiniciarte. No es tan sencillo como en las pelis. Totalmente de acuerdo contigo, es verdad que hay una exigencia externa e interna, tenemos que estar felices siempre, independientemente de las circunstancias. Supongo que es una idea de nuestra sociedad del bienestar y de consumo de ocio y de sensaciones. Gracias por tu comentario, me ha hecho reflexionar.

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  2. Aunque lograses huir y empezar de cero te seguirías llevando a ti misma porque, al final, no puedes huir de lo que eres, volverías a fallar en los mismos puntos... las soluciones, de existir, deben buscarse en el interior... A veces sólo hace falta una leve, pequeñísima esperanza...

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    1. Cierto. Hacemos lo que podemos... nos equivocamos, acertamos, y así...

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  3. Cuando la señora anhedónica quiera, sabe perfectamente que estaré encantado de compartir charlas sobre lo humano y lo divino, bailes o los dEsoRdeNados surrealismos regeneradores que nos vayamos encontrando por el camino (suelo atraerlos, no me preguntes cómo ni por qué). Lo escribí hace poco: a veces uno no echa de menos lo que ha perdido hasta que no vuelve a hacerlo, vivirlo, sentirlo. Porqué a veces es nuestra propia mierda la que entierra la salida de emergencia. Pero la salida sigue estando allí...

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    1. Eres un sol divino. Qué ganas me dan de taparte y darte besitos. Ves lo que me pasa??
      Gracias. Serán unas birras antológicas.

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    2. whenever you want, dame un silbidito. I'll be waiting, darling (por si no te habías percatado aún, soy muy de mezclar idiomas cuando hablo: castellano, catalán, inglés, o hasta italiano cuando voy chisposo... puro dEsoRdeN lingüístico)

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  4. Hola Paola. Buffff... Qué jodido es encontrarse en ese estado que describes. La verdad es que creo que das en el clavo al señalar que lo contrario a la depresión es la vitalidad... De un zombie a otro zombie, hay esperanza; yo me he pasado más de dos lustros pensando que jamás volvería a disfrutar de nada y ha resultado ser falso. Nuestra interpretación de la realidad no es la realidad en sí misma en absoluto; ser conscientes de esto es una clave para relativizar nuestras creencias y estados de ánimo. Tu perri te ha dado otra clave buenísima (la inteligencia animal es insuperable): se trata simplemente de estar ahí, sin reproches, sin juicios… Ser, sin más. Un fuerte abrazo y muchísimo ánimo.

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