A veces nos dan las tantas aquí

Esta noche he tenido un sueño de esos en los que todos los deseos surgen y ocurren y se manifiestan; te despiertas como si realmente hubiera pasado de verdad. Te sientes con todo eso dentro de ti mientras miras por la ventanilla. Sonríes al vacío, feliz. 

Voy de luto. He decidido ir de luto un tiempo. Los colores son importantes. Tienen que acompañarte.

He cogido un tren para ir a un lugar del pasado. Me he puesto en los coches de cabeza, por si acaso, porque no entendía muy bien el mensaje luminoso. Me he sentado ¡de cabeza! en el primero. Ponía "Destino - 3 coches de cabeza", pero... ¿hasta dónde llegaban los otros coches? Lo mejor era ponerse a salvo en los tres primeros.

Hoy me ha gustado un poco la chica del local de al lado. Ya me había fijado antes. No sé si es bollo, no puedo asegurarlo, pero sospecho que sí por su peinado tazón con rapado trasero. Y porque es un poco bollo y punto. No sé, detalles. A veces hablamos, más o menos hablamos. Tenemos conversaciones de ascensor, pero a pie de calle. Hoy me ha invitado a pasar dentro porque yo llevaba muchas cosas y no encontraba las llaves. Me ha dicho "entra y apoya la bolsa". He entrado. "¿Este es tu estudio?" le he preguntado. "Sí, ahí arriba tengo la mesa" Y he visto un altillo y unas escaleras. "Qué bonita es esta pared" "¿A qué sí?" Y me ha contado que cuando empezaron a pintar se dieron cuenta de que molaba mucho el tocho original y la dejaron así. Yo he empezado a sacar cervezas de la bolsa y he estado a punto de decirle, ¿nos tomamos una? Pero me ha parecido demasiado peliculero. Debería habérselo dicho, total, tampoco es tan raro. Me gustaría conocer a alguien de esa forma, sin tecnología de por medio. Sería cómodo liarse con la del local de al lado: "Oye, ¿te apetece subir?"."Vale, pero espera que estoy acabando una cosa, 15 min. 💂", "Okis... ".

(me acabo de dar cuenta, incluso en mis fantasías me pongo "peros", "esperas" y emoticonos que no entiendo qué significan)



Hay momentos de todo




Ojalá apareciera un ángel sobre berlín y me diera un trabajo que me gustara. 

Hoy he visto una peli rusa sobre una astronauta y un pastor. Me ha encantado pero se ha hecho de noche  y me he sentido un poco mal, por estar un lunes viendo una peli en el sofá mientras se hace de noche y no tener ni idea de cómo reconducir mi vida.  Cuando ha acabado la película, me he quedado a oscuras y únicamente iluminaban el comedor las farolas de la calle.

Por la mañana he limpiado todo el piso llorando. Me va muy bien limpiar mientras lloro. He pasado el aspirador, la fregona, he hecho la cama, he fregado los platos, he puesto dos lavadoras a moco tendido.  La perra trataba de animarme. Me traía pelotas y cosas. Juega, no llores, juega. 

Juega.

Después hemos bajado a la playa. He sentido un poco de paz. Lo necesitaba. Ha sido como encontrar el mar dentro del laberinto. Hemos caminado por la arena. Luego hemos ido a la tienda vegana y he comprado morcilla vegana. Soy lo peor. Está muy buena. Está hecha de avena y no sé qué más. 

Hoy he hablado con Elena por whatssap y me ha dicho que le gustó mucho el cuento de las niñas. Le he contado que estaba continuando la historia, pero llevo cuatro días sin escribir ni una sola línea. Hemos hablado de otras personas y de nuestras vidas paralelas, que siempre estamos en momentos similares. Cuando hablas de alguien es porque te gusta. Me parece el gesto más tierno del mundo. Hablarías sin parar de esa persona si los demás te dejaran. En plan tesis doctoral.

La perra va escribir algo:

xcemelelekew ,fr    vvg








De escala, entre avión y avión (o quién sabe)

Me estaba acordando de cuando nos abrazábamos y decíamos que se estaba muy bien, y ya me he desvelado del todo (no lo hago a propósito, el recuerdo aparece de repente). Y de que entonces la miraba y pensaba que me sonaba de algo, como si la conociera de vista, como si fuera alguien con quien te cruzas por la calle. O el peluquero. Una persona a quien no consigues ubicar aun estando a tu lado, pero a la que quieres un montón. Y siempre me daban ganas de escribir un carta y contárselo a alguien. Me parecía bonito ese misterio y muchas veces sentía que estaba a punto de resolverlo. 

Luego me he acordado de mi Ex_Oficial, así haciendo un ramdom de momentos perdidos para sumar un poco de melodrama. De cuando íbamos a comprar comida japonesa para llevar, hace ya un lustro, y volvíamos por la calle "alternativa" o de cuando volvíamos hechas polvo de TKD y el maestro nos parecía el ser más sabio del planeta. Si vuelvo a querer alguien, luego tendré que acostumbrarme a no querer a esa persona. Esto es así. Me parece que ya lo he pillado después de varias veces. Es como cuando te vas de viaje y te gusta mucho el sitio, pero tienes que volver a casa. Ese ejemplo lo entiendo muy bien (se me ha ocurrido a mí sola). Y coges un avión o varios. Supongo que estoy en el viaje de vuelta, todavía no he llegado a casa. Y está toda esta incomodidad de los aeropuertos, las maletas, los cambios de temperatura, pollo o pasta, pasta o pollo, pantallas, números de vuelo, las azafatas con el pelo recogido, los botones de llamar a la azafata, el botón de la luz, el libro, la pava de al lado sobando. Ahora estoy haciendo escala en Bangkog. Es un poco larga. Llevo varios cafés. Y me acuerdo de Willy Fog, con su sombrero y cara de león. Qué valiente era Willy Fog. 

En unas horas voy al entierro de la hermana mayor de mi padre. Es bonito estar viva y sentir todo este vendaval de emociones. A ver, voy a pulsar el botón de llamar a la azafata. 

Comida a domicilio

Vuelvo del velatorio. Son momentos raros en los que no sabes muy bien cómo actuar, y en los que te encuentras con personas del pasado. He estado de charla con una prima a la que hacía tiempo que no veía y que pasó por algo complicado. Me ha gustado volver a verla, saber de su vida actual. Me ha contado de qué trabaja, me ha hablado de su novia, nos hemos reído con algunas referencias al pasado... Yo le he dicho que no tenía ni trabajo ni novia, pero sí terraza y perra. 

Me he despertado tarde y he bajado a comer una hamburguesa con Croqui –últimamente no tenemos comida en casa; bueno ella sí, yo no, yo me he aficionado a pedir comida a domicilio en pijama, todo muy loser y peliculero al mismo tiempo. Sólo me quito el pijama si me invitan a comer. El lunes empiezo a poner cierto orden vital y a planear mi resurgimiento.

Le he dado un poco de hamburguesa a la perri y se ha vuelto como loca, se relamía y ponía los ojos en blanco. Croqui no entiende nada de lo que le cuento, lo noto porque pone caras que no van con la historia, creo que es muy pequeña para comprenderme. Al volver a casa, ha empezado a llover un poco y no hemos acelerado el paso. 

Me encanta ver que está nublado cuando levanto la persiana. Pero suelo rendirme ante el sol, acabo claudicando.














¿Término medio?


Leo en el blog de Elena que es especialista en saltarse duelos por amor. En mi caso, es todo lo contrario, los alargo mucho y suelo añadirles un bonus track en la cara B, por aquello de "si pensaba que se había acabado... temazo". No me he saltado ni uno.  

No sé qué opción es la mejor. Supongo que cada persona se las apaña cómo puede. A veces lo intento metiéndome unos días en la caja de cristal (como dice Elena), pero acabo retrocediendo y cambiando de opinión horrorizada. Me gustaría tratar de llevarlos mejor.


Se fundió la luz de la cocina hace meses y no la he cambiado todavía, voy tirando con la luz del extractor. En el fondo, creo que devolver la luz a la cocina es una esperanza simbólica, algo a lo que agarrarse, "cuando devuelva la luz a mi cocina, lo siguiente que sucederá será extraordinario..." y de momento, prefiero mantener esa ilusión.

Hoy también he pensado en temas laborales, podría tratar de apañármelas con lo que no me gusta del todo y dejar de revolverme. Adaptarme, no darle tanta importancia. Mirar hacia otra parte. Ayer me comí una pizza, un burrito y un croissant de chocolate lleno de grasas raras. Me lo estoy currando, me lo estoy... currando...

Fechas






Mi compañera de piso se ha ido de viaje hasta el lunes para aprovechar sus últimas semanas en Europa. (¿Europa?). He escuchado cómo abría la puerta a las cinco de la mañana.

La perra huele a palomitas de maíz.

Ayer estuve visitando a mi abuela (la niña de la foto). La semana anterior, también. Me gusta estar con ella en su casa, en ese lugar que me recuerda a meriendas con el murmullo de la máquina de coser de fondo. Me contó que llegó a Barcelona el día 28 de julio de 1948. Me conmueven las fechas que se nos quedan grabadas. Yo sólo tengo una, de momento, 26 de febrero de 2006. 


Para mí, todo esto es importante.

Great Balls of Fire





Uno de esos sábados por la tarde fuimos a los cines Victoria, que estaban en la Avenida Onze de Setembre, muy cerca de mi calle. Daban Great Balls of Fire y aunque también era de amor, y bastante, nos encantó a los tres. En un momento dado de la película, ella se levantó y se puso a tocar frenéticamente un piano imaginario, moviendo la cabeza y el flequillo, imitando a Denis Quaid, que en la película hacía de Jerry Lee Lewis. A mi me dio un ataque de risa tonta y empecé a moverme en mi butaca, excitada por aquel momento. Richie, su hermano, que ya era bastante marica con 14 años, aunque no nos enteramos del todo hasta bien tarde porque nosotras éramos más pequeñas, movía los brazos en el aire con delicadeza, como si agitara un pañuelo. Éramos tres futuras maricas, cada una a su manera. Cuando los  de la fila de atrás empezaron a quejarse, nos escurrimos en nuestros asientos. Vi su cara en la oscuridad, iluminada únicamente por el reflejo de la pantalla, y le di un beso en la mejilla sintiéndome Winona Ryder. Ella me preguntó ¿te está gustando la película?, con ese tono de, no sé... generosidad, si es que existe un tono así, como si ella fuera la creadora de todas las cosas y  las estuviera mostrando una a una.

A mí me pareció una película increíble. Esta noche me he acordado de la canción.

Variable

Las luces de los bares, de los pakis, de las tiendas de fundas para móvil, se estrellaban ayer noche en los charcos. Palabras, patillas rasuradas, cervezas, luces, sintetizadores, zapatos. Observo desde mi trono de desencanto. Fuegos de artificio.




Mi cama, teléfono

Que este par de meses de cambios significativos no me hayan pillado en mi cama es bastante simbólico. Pero todavía no sé qué quiere decir. Supongo que lo sabré cuando vuelva a estar en mi colchón y en mi habitación. Tengo ganas de recuperar mi territorio y de poner todas las piezas en su lugar. Me gusta vivir sola. Me parece curioso que  tengan que empezar tantas cosas los próximos meses. El trabajo, por ejemplo. ¿Dónde trabajaré? ¿Me gustará? ¿Tendré un buen sueldo? ¿Me sentiré bien? ¿Tardará mucho en llegar el nuevo trabajo? Hoy estoy casi optimista.

Ayer fui en autobús. Me encanta ver la calle y los árboles y a la gente caminando. Me fijo en todos los detalles. Es como si estuviera de excursión por otra ciudad. A la perri también le gusta, creo que me estoy convirtiendo un poco en ella. Esta mañana he ido a despertarla a su cama y me he confundido de nombre. Me pasa a menudo. Se mezclan cariños y afectos en mi mente,  me sale sin pensar. 

Hace meses que no veo a mis vecinas en el balcón, pero hay luz dentro. Ayer pensaba que tal vez se habían marchado y que al nuevo o nueva no le gustaba salir, pero justo hoy, al levantar las persianas, he visto a una de ellas barriendo... No se han ido. Me ha hecho una ilusión tonta. ¿Dónde está la otra? ¿Por qué ya no salen al balcón? ¿Han dejado de fumar? ¿Se han comprado una secadora? Es una lástima, me entretenía mucho mirarlas. Que salgan, que salgan... 


Regreso al futuro



Tuve un amigo con un ojo de vidrio. Se llamaba Moisés y llevaba aparatos en los dientes. Y se le quedaban los restos del bocadillo entre los hierros. Ya. Un día se quitó el ojo en mi casa. Sus padres tenían dinero. El ojo de vidrio se movía como su otro ojo, el de al lado. Se entiende esto. Me caía super bien Moi. 

He conseguido borrarme de todas las newsletters. Me siento muy orgullosa. Me ha costado mucho.

Hoy he estado pensando en que si pudiera estar un mes en el pasado, me iría al año 2004. A cuando quedábamos y nos emborrachábamos siempre en el mismo bar o en el piso de la calle Sant Domènec y le petábamos el candado de la habitación a L , y pensábamos en lo que escribiríamos en el blog "Me gusta el vicio y el autoservicio" y en qué personaje era cada una, y luego salíamos y no estábamos cansadas, e íbamos hasta el FEA a ver a las Dirty Princess y no nos daba pereza ir; y yo me enamoraba mucho y tampoco importaba, nadie me daba la chapa por ello, y G y M vendían chapas y camisetas, y el Primavera Sound era en el Poble Espanyol; y yo escribía poemas dramáticos y tampoco pasaba nada, no importaba exagerar las cosas; no existía la autoayuda ni el pensamiento positivo, ni las palabras "apego", "tóxico", "gestionar". Los budistas estaban en el Tíbet. Todo fluía. ¿Por qué ahora es más complicado?



Llacuna Inc.



Me he borrado de la app de conocer chicas. 

Todavía no estoy preparada para el campo de batalla. Ir con armadura y vendas debajo es bastante chungo. Es en plan, ¿qué coño haces?

No puedo abrirme a nadie de ninguna de las maneras, ni en serio, ni para sexo ni para amistad ni para ninguna modernidad postromántica. Sólo podría abrirme mostrando la verdad, y eso es imposible, nadie quiere la verdad, jamás. Estamos en la era del filtro. La verdad sería: estoy hecha polvo, ¿quieres cuidarme? Soy una perra del refugio, no del infierno. 

Esa especie de antídoto navideño seguido de las rebajas, que te lanza al consumo de personas, me ha servido para darme cuenta de ello. Supongo que era un falso reset. Quedan los teléfonos registrados en el whatssap, no se sabe para qué ni hasta cuándo. EPerfiles, estándares, patrones. Definitivamente, no estoy lista. 

Sigo en la app de buscar trabajo. Esa sí la mantengo activa. Aunque no tenga ninguna vocación clara de nada ni tiempo ya para crear una nueva. Pero necesito una nómina y un poco de cariño laboral, me conformo con cariño laboral, aunque lo realmente bueno sería pasión laboral.

Estoy resfriada. También tengo una especie de estornudos de echar de menos. Y tos de frustración. Y mocos de recuerdos.

Pero ayer me sentí muy afortunada volviendo en un Bus Nit que me dejó al lado de casa, esquivando el frío y la noche. Y pensé, qué bien, qué cerquita me deja, qué suerte tengo... Esas alegrías.






Experimento de escritura 1



Este es un experimento, se trata de improvisar escribiendo mientras suena una canción (lo he grabado en vídeo). En esta primera ocasión  es "Street Boy" de Sixto Rodríguez. 

La mañana que nos convertimos en especiales



Mi madre siempre cuenta que de pequeña la castigaron por preguntar quién era el Espíritu Santo. Y otra vez la castigaron por imitar a Sor María. Y otra vez por no lavar el trapo de costura. En los buenos tiempos, mi abuelo de verdad coleccionaba motos y brillaban tanto que la gente se giraba cuando subía por la Calle Calabria.
Mi abuelo de verdad, un día le dijo a mi madre "si pasa algo, mira dentro del bidón rojo". Mi abuelo de verdad saltaba a la cuerda y tenía un saco de boxeo. Mi abuelo de verdad tenía sonrisa de aviador. Mi abuelo de verdad le regaló ese pupitre a mi madre para que se convirtiera en una niña muy lista.

Mi madre me llevaba a trabajar con ella cuando no había colegio y yo siempre me aburría mucho, excepto cuando al mediodía íbamos a la playa. Y un día vimos un rodaje de una película en una carretera de la Costa Brava y yo me sentí muy especial. Y desde esa mañana me siento así, aunque eso signifique no encajar la mayoría del tiempo. El bidón rojo está en el fondo de nuestros ojos, tienes que mirar fijamente para verlo. Es una suerte tenerlo. Lo demás, carece de importancia. Mi madre me ha llamado para decirme "buenas noches".

Poema fantasma


56 días de escarcha en el estómago. 
Mi criatura moribunda 
esta madrugada tiene forma 
de bolsa de tinta de calamar;
de nido hecho de ramitas
y cáscaras de plátano
envases de yogur
etiquetas de agua
chapas de cerveza. 
Restos que yo traje 
desde el parque,
al atardecer, 
cuando el sol era denso,
miel.

Duermo fatal,  no sé dormir mejor. 
Tal vez eche de menos mi cama. 
No es suficiente con mi almohada.
Atravieso el pasillo 
veo luz dentro de mi antigua habitación,
pienso en si yo estaré dentro, 
como hace unos meses,
en si ahora soy el fantasma 
y me asomo por la puerta
y grito sin voz
y arrastro las cadenas
y descuelgo los marcos
y golpeo las paredes