Refugios




Ayer me desperté y tenía cuatro mails de personas. Me alegré mucho. Estaba lloviendo. Era una lluvia hermosa. Y las gotas se quedaban atrapadas en las cuerdas de tender, pero luego volvían a caer.

Me pasé el día tocando la guitarra. La enchufé al ordenador y le puse un amplificador y varios pedales de ditorsión y estuve tocando una y otra vez  Starman, de David Bowie. A la perri no le gusta demasiado cuando distorsiono la guitarra, se asusta.

Por la noche quedé con "mi contacto" para que me diera la entrada del concierto. Ffnalmente me pudo conseguir  dos. Así que en el último momento  invité a C a venir. Llegó en taxi porque salía de trabajar tarde. Había tomado marihuana y le había sentado rara y estuvo muy callada y rayada. Yo le dije que si se encontraba mal la acompañaba al lavabo. Pero cuando James Rhodes ya iba por la mitad del concierto, C me hizo una señal de OK, y me dijo "ya estoy bien". Y volvía a sonreír como siempre. Me concentré mucho en la música durante el concierto y en las luces lilas, y en el techo. Estuve muy atenta a todas las explicaciones que James daba entre pieza y pieza, aunque ya las había leído en el libro. Fue emocionante. Luego nos fuimos a tomar algo. Volví a casa sonriente.

Esta mañana no  me podía levantar. Se estaba tan bien en la cama. Cuando por fin lo he logrado, he visto que la perri estaba tomando el sol, y me ha hecho gracia esa especie de vida autónoma. ¿En qué piensan los perros?

He bajado a comprar y en el ultralocal había concierto. He entrado y estaba bien. Había bastante gente en la calle bebiendo y charlando. Se me ha contagiado la alegría. Después de comer me he acordado de g. y del día del open record store, y en que la luz y las cosas son igual que entonces. Sobre todo la luz.  Pero en realidad nada es igual. Es como cuando vuelves a un lugar del pasado y aunque todo siga de la misma forma sabes que es absolutamente distinto. Querer a alguien a quien no puedes querer es una catástrofe de dimensiones íntimas. Me he metido de nuevo en la cama, me sentía abrumada. Y la luz seguía siendo la misma, todo el tiempo.  Creo que cuando tengo subidas de alegría de algún modo se vengan de mí, después, con bajadas repentinas.

Voy a refugiarme en la guitarra y a esperar que pasen las horas.




Si escuece

@aureaeme


Me despierto. Me vuelvo a dormir.

Me levanto a las 12:45. Desayuno y como, todo a la vez.

Hago arreglos en casa. Cambio, por fin, la bombilla de la cocina, y desde lo alto de la escalera se ve todo distinto. Oh, la luz. Bienvenida sea. Vuelvo a empalmar los cables de una lámpara rota (la mordió la perri, por suerte estaba desenchufada). Me siento muy empoderada cortando el cable con el... no sé cómo se llama la herramienta. Ordeno lo libros de la estantería. Cuelgo unas postales en mi habitación porque tengo la sensación de que es un lugar vacío y necesito llenarlo. Me encanta que me escriban postales. Sólo lo hacen dos personas, pero lo hacen muy bien. Desde Madrid y desde Los Ángeles. 

Alicate, creo que se llama alicate.

Rompo con un martillo cinco bombillas fundidas. Siento placer. 

A falta de pan.

Llevo dos días sin llorar. Me preocupa. Tengo dolor de estómago. Sin embargo, puede que sea algo real, y que me sienta mejor. Hacerse añicos y desmenuzarse tiene fin y un fin. Hoy he pensado en un viaje por carretera con mi coche. Me llevaría a la perri. Tal vez por el sur, a finales de abril o principios de mayo. Pensarlo me entretiene. El sur es barato. 


Tengo ganas de que me escriban mails personas, y no newsletters. 





Días...









Me despierto. Estoy bien, pero cansada. Vamos a desayunar, perri.

He soñado que no podía dormir. En mi sueño de insomnio me levantaba, abría el tercer cajón de la cocina y me tomaba un lorazepan o un alprazolam –me daba igual uno u otro.

Luego he estado pensando que tal vez no era un sueño y que era verdad, pero no estoy segura.

He desayunado viendo una entrevista de Virginie Despentes. Se encendía un cigarrillo y me parecía poderosamente atrayente, como si disparara una pistola. La entrevista era interesante. Me estoy preparando para empezar a leer "Vernon Subutex". Pero primero tengo pendiente "Que me quieras", de Merritt Tierce. Ayer acabé "Basado en hechos reales", de Delphine de Vigan. Me ha gustado, es una novela de esas que enganchan hasta el final.

Playa. Caminar es bueno porque avanzamos simbólicamente.

Ayer hablé con una chica en la playa. Tenía unos brazos fuertes, muy fuertes, y una cara muy dulce. Una sonrisa muy bonita. Me pareció muy guapa. Todo muy. Llevaba el pelo muy rapado y recordé mi sueño de la noche anterior. Tenía muy tatuadas las montañas de joy division. Bueno, montañas, yo le llamo montañas. Se paró porque la perri salió corriendo tras ella y blablabla. Nos volvimos a encontrar a la vuelta. Ella iba cogiendo pechinas. Me dijo "hace un día genial, pronto nos podremos bañar". Y yo sí. Sí. Sí. Sí. Yo sólo decía Sí. Las perras se lo estaban oliendo todo. Me dieron mucha envidia... Luego, la perri le daba besos en la cara. Y su perra me daba besos a mí. Volví a encontrármela en las escaleras quitándose la arena. Nos volvimos a saludar. Adéu. Fin. Offline.

Hoy, un chico estaba con la guitarra en los bancos del paseo, pero no pedía dinero, era como si estuviera allí pasando el rato. Ha empezado a cantar una canción de Jonnhy Cash, la de I walk the line. Yo he puesto cara de conozco bien esa canción. Ha sido bonito. No sé cómo describirlo. Tenía buena voz.

He vuelto por la rambla y me he parado un rato frente a la casa superviviente. Al lado están construyendo y se ha quedado ahí, en medio de la nada.















Preguntas

Me despierto. Estoy feliz. Vamos a la playa, perri.

Caminamos hasta la nudista.  El agua está fría. Pienso en que me gusta mucho la playa en invierno y en que todo está bien, y en que oye, ¿me estaré curando? ¿La primavera furtiva ha dejado de molestarme? ¿O es sólo hoy? 

Mañana lo sabré.


Extrañeza






Me despierto. Sol en las fachadas. Estoy tristecontenta. He soñado que me rapaba al 1 y que cenaba con mi madre en un restaurante francés.

Es lunes. Inicio esperanzador, calmachicha, o algo así.

La perri escondida entre el montón de ropa por lavar, me ve y empieza a mover la cola a cien por hora y parece que va a salir volando.

Me queda bien el flequillo.

Voy a desayunar. Hablo con el camarero.  Me dice, a que hago bien los cafés, le digo que sí, que muy bien. Me hago la simpática en chándal.

Salgo al balcón y Stranger Beast ha dado una hija fálica. No sé si me da pena o alegría, lo dejo para luego porque no tengo tiempo de decidir emoción.

Me visto. Me queda bien el pelo.

Echo vistazo antes de cerrar la puerta y la perri está sentada en medio del pasillo, mirándome.

Me bajo del metro. Paso por delante de un bar muy feo que se llama DNI y en el que recuerdo que hace dos años tomé una cerveza y me fijé en el nombre y pensé que era un despropósito de bar. Y veo una tienda que venden únicamente camisetas de freedom for catalonia, pero en varios colores, modelos y texturas. Y pienso en familias paseando por la montaña el domingo con los distintos tipos de camiseta.

Tengo entrevista. Llego 10 minutos antes. Me pongo nerviosa. Entro al lavabo y me digo, estoy bien, estoy bien. Salgo de nuevo al escenario. Me dicen que les gusto.

Camisa de manga corta. Calor a mediodía en el centro. Extraña alegría. Me sube a la cabeza. Me pongo nerviosa otra vez. Me duele la cabeza. Me da vueltas la plaza urquinaona.

Paso por Inspección Educativa a recoger un certificado y cierra a las 13:00. Vuelve mañana, dice. Buen horario, ¿poco que inspeccionar?

Llego a casa, la chica del local de al lado fumando. No hay estrellas, ni likes ni puedo arrastrar el dedo ni abrirle un chat. Ligar offline es complicado y online lo tengo descartado. Se me ocurre decirle "ey hola qué tal el lunes".

Me hago la comida. No tengo hambre. Sol. Extraña tristeza de repente.

Segundo capítulo de Girls de la última temporada. Extraña alegría. Sofá. Me río cuando Jessa le dice a Shoshanna "¡madura!" y cuando Elijah dice "me aburro". Desi es adicto a algo que no sé qué es. Me gusta el personaje de la tienda de trastos cuando dice "estoy viviendo mi verdad".

Me como un plátano. Pienso en el juego de "esto no es un plátano". Vuelvo a mirar a la hija fálica.

Se me mezcla todo, la alegría. la tristeza, la extrañeza y los nervios. Y rompo a reír-llorar.








Girl from the North Country



Ayer me fui a la cama muy pronto, a las diez y cuarto. Cuando te aíslas el tiempo pasa muy lento. Verdaderamente estás como en una isla en la que el reloj tiene otro horario. No tenía hambre; traté de imaginar algo que me apeteciera, una ensalada, un bocadillo de jamón, una tostada con aguacate, sopa de fideos, un sandwich vegetal con atún, una tortilla a la francesa… Pero nada me apetecía. Escribo esto por si alguien se aísla como yo y se siente identificada. Después, cuando sales del aislamiento, todo parece intenso y no conoces la mitad de los bares de los que te hablan los demás porque has estado meses recluida o moviéndote por lugares seguros, o que tú consideras que son seguros. Hasta que crees que puedes volver a arriesgarte. Y cuando conectas con alguna persona nueva te parece extraordinaria. Literalmente así. La última vez que me aislé fue en enero de 2015. Fueron unos siete u ocho meses en total. Bueno, a veces corría riesgos, pero siempre volvía a casa pensando que no había valido la pena o que eran sensaciones con sabor amargo al final.

Hubo un tiempo en el que siempre cenaba ensalada, me apetecía mucho comer hojas y masticarlas. Volvía del gimnasio, de entrenar, y cenaba ensalada de salmón o jamón, y antes, un vaso con sal coreana. Nos la vendía nuestro maestro de Taekwondo, decía que era saludable y con aquello nos volveríamos fuertes. Eso era con Sofía, cuando vivía con ella. Hacía años que no la llamaba así.

Salíamos a las 21:00 de Taekwondo, llegábamos sobre las 21:20 a casa y no duchábamos, porque en el gimnasio nos daba asco, era un lugar decadente, pero muy auténtico, podría decirse que no se había limpiado desde los 80’s. En el plato había siempre una madeja de pelos, probablemente mutante. Nadie se duchaba allí.

Éramos un buen grupo. Cuatro chicas y cinco tíos. El entrenamiento era casi militar, sudábamos mucho. A mí me encantaba sentir que formaba parte de algo arriesgado, sentir que yo podía ser algo peligroso. Supongo que siempre he tenido esa inclinación muy en el fondo de mi corazón, porque mi madre no me dejaba hacer nada que supusiera un riesgo para mi salud física.  

Sofía y yo apartábamos los muebles del salón para practicar los pumses. El maestro Kim nos hablaba de la disciplina, de la Naturaleza, de la Sal, del Bambú, del Ying y el Yang, y sobre todo, de la respiración. Al final de todas las clases hacíamos respiraciones. Era muy importante saber aguantar el aire, durante un minuto, dentro del estómago, y expulsarlo suavemente. También practicábamos el saludo al sol. Kim decía que si hacías el saludo al sol 50 veces equivalía a correr 10 km cada día. O 5, no me acuerdo. Recuerdo hablar de esto en el blog, pero en presente.

Antes de empezar con técnicas de puñetazos y patada, corríamos durante diez minutos dando vueltas por el tatami, descalzas. Yo cada vez adelgaza más y el pantalón se me caía. Tuve que comprarme uno nuevo. Desde entonces no he vuelto a ganar peso. Creo que, sencillamente, aquellos dos años de entreno me equilibraron el cuerpo. Jamás me sentí tan en forma y ágil como entonces. 

El gimnasio estaba hecho una mierda, pero era amplio, a veces se caían trozos de yeso del techo. El maestro los barría mientras nosotros entrenábamos. Encima del espejo había una bandera coreana ya raída. Kim daba unas patadas acojonantes sin apenas despeinarse. Mis ejercicios favoritos, sin duda, eran los puñetazos. Practicar puñetazos mientras nos mirábamos al espejo. Verse en el espejo era importante para corregir posiciones. Me sentía fuerte e invencible. A media clase empezábamos a hacer combate. Lo que más me gustaban eran los saltos del inicio y ese juego de pies para despistar al contrario. Era una especie de baile muy rápido y espitoso. Todo aquello ocurría en silencio, únicamente escuchábamos los pies arrastrándose, los gritos de guerra que lanzábamos al final de cada patada y los golpes contra las protecciones, los mits o el saco. Hacer combate con Sofía me gustaba, porque era como estar en la cama con ella pero en otra circunstancia, y cuando cambiábamos de pareja me gustaba observarla de lejos con otra u otro, ver cómo se las arreglaba. 

Todavía tengo cajas por abrir de la mundanza –después de cuatro años. Están en el garaje de mis padres. Supongo que son cosas que no necesito, tal vez debería echarles un vistazo y tirarlas. Lo que más echo de menos es mi piano. Lo tiene mi prima en su casa. Cuando decida que mi vida ya no es provisional, lo recuperaré. Por algún motivo, no logro convencerme de que  ya no es provisional. Es como si  andase sobre un tablón encima de una pelota, haciendo malabarismos. Acabo de recordar que en los exámenes de cinturón nos hacían romper tochos con el reverso de la mano. Siempre lo lográbamos y era la prueba más espectacular. Ese día venían a verme mis padres y venía también el novio de mi amiga Imma, a la que conozco desde que teníamos cinco años. Éramos amigas del verano. A ella también la echo de menos, pero parece que, de repente, las distancias no son físicas, sino temporales, y nadie se atreve a volver cabalgando desde el pasado. Únicamente yo. Y es como volver del reino de los zombies.

escaleras automáticas






esta mañana he salido al balcón y una planta había dado flores. Eran diminutas, tan pequeñas como un grano de café. Lo he vivido como una tragedia. Puede que desee que todo se ponga en pausa hasta que yo pueda volver a darle al play. En estos momentos no puedo fluir con esta presunta primavera. 

He vuelto a fumar. Echaba de menos el ritual de liar el cigarrillo. Las adicciones con ritual son peores que las que no lo tienen, supongo. Creo que digo tonterías, muchas más que las que ya digo habitualmente. Un día más a la basura, que quedará diluido en algún mal resumen, algo así como "estuve triste un tiempo" y ningún consejo me servía. Acabo de escribirle a Silver. Le he puesto "Silver", "hola". Es que no sé qué quiero decirle exactamente. Me estoy quedando sin palabras. Necesito otras cosas. Algo invisible.

 Ya es jueves. Se acerca el maldito fin de semana. Si me lo pudiera saltar durmiendo... A veces sueño que vuelo muy rápido y paso por encima de las palmeras de la playa, tan rápido, y estoy en éxtasis, tan fuera de mí y, a la vez, muy adentro.

Hoy he hecho una regresión, o algo así.  He entrado en un estado extraño en el que yo era yo en otros escenarios de mi vida pasada. Y me impregnaba de emociones. Luego he vuelto y he comprado pan y fruta.

No sé qué más hacer con el día de hoy. Ayer volví a ver los The Royal Tenenbaums. Me gusta la secuencia en la que el abuelo lleva a los nietos a hacer cosas peligrosas. Me encantaría que me llevaran a hacer cosas peligrosas.  Yo sola sé que no las voy a hacer. No me voy a subir a un camión de la basura sola. Tampoco voy a viajar sola. No soy nada interesante, lo sé. Ni voy a estar en la selva haciendo algo peligroso sola. Ni voy a  maravillar a nadie con mis cosas peligrosas.

No siento curiosidad. "Estuve triste un tiempo, no sentía curiosidad y ningún consejo me servía". La gente siempre cuenta estas cosas cuando ya han pasado, no cuando están en ellas. Supongo que porque, en el fondo, son un rollo. El proceso es un rollo. Es mucho mejor hablar en pasado de la tristeza y no en presente. Me despertaba y no había nada que me hiciera ilusión, pero me duchaba y salía a la calle. Todo el mundo confía en que nadie pulse el botón que para las escaleras automáticas. Ese tipo de esperanza.


(se ha jodido lo de las imágenes de blogger, no puedo adjuntar ninguna).

La meta








Me he quedado sentada en el pasillo mirando las marcas en la pared que dejó el roce de una rueda. 

Ha sido un día raro. Diría que hemos estado muy solas todo el tiempo y que hoy no hemos sabido conectar con los demás. De aquí para allá, haciendo recados. Las tardes alargan y me ha dado pena, como si todavía quedara un corredor por llegar a la meta y ya estuvieran recogiendo la carrera. 

Creo que debería cambiar de ciudad o de cerebro.

El temporal de los últimos días ha llenado la orilla de basura y cañas.



Surcos







Mañana es el último día en mi habitación temporal y sobre mi colchón provisional, que tiene un hueco en medio y por eso duermo en diagonal. Como si pasara un riachuelo por el surco. 

Estoy nerviosa por volver a mi cama. La perri también cambiará de lugar, la trasladaré al otro comedor para que no se sienta en Australia. Me temo que va a llorar porque no va entender nada. Pero como yo también voy a llorar al volver a mi habitación original, vamos a desequilibrarnos equilibradamente.

El porvenir









He desayunado fuera. Me ha hecho gracia darme cuenta de que llevaba un buen rato en el sitio con los brazos cruzados, como esperando el porvenir. Al marcharme, una chica me observaba mientras me ponía el abrigo. Lo he visto por el espejo. Estaría tan aburrida como yo. Hoy tenía que ir a hacer recados. Tenía que ir a buscar un regalo para mi compañera de piso que ya se marcha el martes. Probablemente, la echaré de menos. El otro día le dije, siento haber estado llorando la mayor parte del tiempo. Y me dijo que no me preocupara por eso, que ella había estado muy bien, de hecho. Me alegré.

He comprado una piña. 

Al llegar a casa me he puesto a tocar el ukelele. No sé, tenía ganas. He "compuesto" una canción y he estrenado una libreta para escribir la letra. Me compré colores, rotuladores y papel vegetal. Tengo ganas de calcar algo, todavía no he decidido qué.

Conocí a alguien. Conversamos durante un par o tres de horas en la barra de un bar. Sentí una calidez repentina. No suele pasarme. Me preguntó si nos volveríamos a ver. Ella se marchó en moto y yo en la bici. Fue una noche inusual.

He visto El Porvernir, de Mia Hansen-Løve. Me encanta el nombre de Mia Hansen-Løve. Me ha gustado mucho porque el personaje de Isabelle Huppert afronta las adversidades sin inmutarse. Creo que es porque no se deja llevar por ellas, pero no va de rollo optimista. Es verdadera. Me ha dado qué pensar. Tal vez pueda copiarlo con mi papel vegetal.

A veces siento que no he sabido dirigir mi potencial hacia nada en concreto. ¿Cuál será mi pasión? Yo no la sé ver.  Pero creo que ya me he cansado de todo este rollo de buscar. 

Lo que me gusta y lo que no me gusta







Lo que me gusta de estos días de desempleo y desamor:

- Los paseos por la playa con la perri.

- Llenar carros virtuales de ropa y zapatos. Y no comprar nada.

- Llenar carros virtuales de comida a domicilio.  Y no comprar nada.

- Estar bajo la ducha.

- Escuchar "No volveré" y saltar mientras suena.

- Estar despierta de madrugada y durmiendo por la mañana.

- Fantasear.

- Hablar sola. Estar sola.

- Limpiar la casa.

- Ir en bici hasta el sandwichez y pedirme un zumo rojo de remolacha.

- Comer a deshoras.

- Ver llover.

- Pasear por el cementerio y visitar al Santet.

- Sentir  –por momentos– que vivo en otro lugar y que parezca real.

- Desconectar el teléfono.


Lo que no me gusta:

- Que sea viernes.

- Que sea sábado.

- Que sea domingo.

- Que todo sea pasado.

- Mi música preferida.

- Tocar la guitarra.

- Preocuparme por el futuro.

- Meter la llave en la puerta de abajo.

- Cancelar planes.

- Que se me rompa el corazón.

- Que me juzguen por mi bien.

- Que se acerque la primavera y luego el verano y luego septiembre y luego octubre y luego navidad.







Cubos





En los cubos de cemento he recordado a una chica con la que quedé hace dos años y medio. Estaba de paso y era de donde Kurt Cobain. Supongo que salí con ella por ese detalle y porque era poeta. Quedamos en la parada de metro de mi casa y bajamos hasta la playa. Nos sentamos en los cubos y estuvimos hablando mucho rato sobre qué caminos tomar en la vida.


Acabo de recibir una llamada. Quieres venir a un concierto sorpresa de... ggssssh (interferencias),  mañana, es sorpresa (gsssh)  sopresa Sí o no! que se acaban las entradas, (gssssh) que se acaban




Ramas silvestres de otros lugares










Hoy me he despertado insultante, tal vez porque he dormido 10 horas y me sentía como nueva de trinca y feliz. Hola, ¿quién eres tú? Pero si soy yo. Y minutos después, he recibido una llamada telefónica. Todo se ve distinto con ilusión, las calles son las mismas y no lo son. Parece que mi conjuro common people de la entrada anteriorque aunque era pesimista también era honesta, ha surgido algo de efecto. 

Luego he ido a la playa y me he encontrado una ramita, tal vez llegada de algún lugar remoto con el viento de estos días, y la he plantado en una maceta, aunque no sé si está viva. Pero qué más da, hoy me siento esperanzada y todo puede arraigar. ¿Y si viene de otro continente? Sería bello y poético.

Como hacía tanto tiempo que nadie me hablaba de la independencia, ayer fue como una especie de fogonazo, me acordé de repente viendo las noticias en casa de JP. Y pensé, hostia, la independencia! Pero si soy catalana!! ¿Cómo se me había olvidado la independencia? El procés! la CUP, Artur Mas!  Todo sigue ahí... y yo en esta especie de limbo.

Tengo una entrevista de trabajo y me he acicalado como si se tratara de un encuentro sexual. Ay, follar. Siempre me parece complicado encontrar un buen libro, y leer por leer, nunca me ha gustado demasiado. Soy de  literatura delicatessen. Aunque envidio un poco a la gente que se lo lee todo, la verdad. Tener esa capacidad de abstracción... Pero la gente no sabe que follar equivale a intercambio de energías y que cuando te acuestas con alguien no sólo te acuestas con esa persona, también con todas sus ex!? (lo he leído) porque hay un remanente de energía, y hay que limpiarse energéticamente antes de follar con otras y/o otros... porque si no eres como una montaña de energías sin ton ni son. Y eso se nota, al final, se nota.




dejando de fumar

Quiero fugarme de mí, dejar de creer que soy especial y de que merezco mucho más. Vivir como persona corriente, común, tener un trabajo que no me guste demasiado y viajar en verano, como todo el mundo. Quiero ser tirando a fea, para no tener que convencer a nadie de ser tirando a  guapa, y quiero encerrarme los sábados a ver todas las temporadas de Girls.  Quiero dejar de pensar que las cosas pueden ir mejor, porque cuando lo intento  me siento muy cansada, me paso la noche y el día dando vueltas  y vuelvo a casa con ganas de llorar. No quiero nada de esto pero me parece que si logro convencerme de ello... o ser la mujer elefante y que alguien firme una petición en change.org




mi camiseta amarilla y un calcetín

pastis & cookies
MUSTANG





Diane

Diane es mi asistenta soluciona vidas.

Diane me ha encargado ir a recoger unos documentos importantísimos, que tengo que llevar mañana a un lugar determinado. Todo muy secreto. Me ha dicho: ve a tal lugar, recoge unos documentos. Y eso es lo que he hecho. Luego me ha dicho, ve al supermercado, compra todo esto, no te olvides de la fruta. Y eso es lo que he hecho. Luego me ha dicho, ve al médico, no hagas tarde. Hazte la comida, come. Y eso es lo que he hecho. Ordena tus armarios por tipo de prenda y luego por color. Imagina un pequeño futuro agradable. Pequeño y agradable. Futuro. Y eso es lo que hecho.



Netol para los rasguños





Caminar por la playa tiene algo de travesía por el desierto. Me he sentido lejos de todo. La perra me sigue, nunca se aleja demasiado. Su devoción por mí no tiene parangón. Hemos dado 6523 pasos. A veces pienso que somos como los personajes de la Constelación del perro.

Hoy estaba todo el mundo contento porque empezaba febrero. A mí febrero siempre me ha parecido un mes tonto, como de relleno. Y todo el mundo decía que pronto llegaba la primavera. A mí no me hace ilusión, la verdad. Me veo bebiendo cerveza sentada en el mármol de la cocina.

A mí me apetece no estar. Me he dado cuenta caminando por la playa,  estaba desconectando y me sentía bien. 

A mí me apetece, no sé qué me apetece. Me apetece echarme a dormir y despertarme con todo lo de dentro brillante –y los rasguños disimulados con aquello, como se llamaba, ¿Netol? Y cantar: hoy estoy de celebración y no quiero ponerme trascendental, pero es que hoy empiezo a contar hacia delante.

No sé si tengo fuerzas para volver a hacerlo de nuevo.

Que alguien me haga la ola.