Riesgo de contagio


Soy la chica de la maleta desde que vivo entre dos casas. Hoy he estrenado una bolsa que me regalaron comprando una colonia. He decidido dejar atrás el perfume que usaba antes porque era demasiado caro y prefiero gastarme el dinero en Formentera. El lema es: Oler bien y cenar fuera.

Mi madre está contenta teniéndome en casa, lo noto. Me ha hecho crema de puerros templada, lenguado con salsa de limón sin espinas, batido de yogur y... mi pasta preferida. Hoy le he dicho que me iba a tu casa a pasar una noche. Me ha dado crema de puerros para que cenemos las dos. Creo que una vez escuché en la radio que al tercer día las anginas ya no se contagian.

Esta mañana hemos desayunado juntas en el jardín. Hacía mucho tiempo que no desayunaba con mi madre tranquilamente. El níspero está a rebosar y hemos hecho una lista de posibles candidatos/as a enchufarles unos cuantos. Es una pena que se queden ahí. Es una suerte para los pájaros.

El sol se colaba entre las ramas y a mí la imagen me parecía muy Sofía Coppola, como si mis vecinas fueran unas suicidas. Ha pasado un coche y llevaba la música a todo volumen. Eran las 9'30 de la mañana. Mi madre ha dicho: "Ahí va uno que no se ha acostado".

Mujeres jóvenes, mayores, inciertas, escaladores y doctora



He tenido que ir al médico por un fuerte dolor de garganta. Me duele tanto al tragar que me dan ganas de vomitar, ¿eso puede pasar? En el CAP he tenido que esperar un poco porque no tenía hora.
Me he puesto a leer.
He tenido que dejarlo porque me distraía todo el rato.

Carol siempre dice que escucho las conversaciones de los demás con mucho descaro y que eso no está bien. Yo no noto mi descaro, así que lo sigo haciendo. Soy experta en ponerme siempre en el mejor sitio para "captar". Eso a Carol le jode mucho porque yo siempre puedo "captar" en los restaurantes y ella no. Pero luego comparto las historias que capto.

Hoy, por ejemplo, he apartado los ojos del libro rápidamente porque se iniciaba una conversación espontánea, de esas de sala de espera, entre una paciente de unos 70 años y otra de unos 36. Por algún motivo que desconozco, la mujer joven le ha contado a la mayor que estaba allí porque le parecía que tenía un tapón de cera en el oído y que oía una especie de pitido constante. Entonces, la mujer mayor le ha contestado: "Yo oigo como salen las cucarachas todas las noches". La mujer joven ponía cara de normalidad pero seguro que estaba acojonada.

Lamentablemente he desconectado de la conversación porque ha salido la doctora. Aún no era mi turno. Enfrente de mí se ha sentado un chico de 41 años, lo sé porque lo ha dicho. Cuando la doctora se ha metido en la consulta, el chico de 41 años, que además era escalador, ha exclamado en voz alta: "Siempre me cambian a la doctora, ¿no les pasa?". Ha sido una pregunta general pero sólo le ha contestado una pareja de unos 60 años. Entonces, el chico ha empezado a explicar su historia.

En el año 92 había sufrido un accidente en una montaña de Marruecos. Lo daban por muerto pero finalmente lo encontraron. Cuando lo rescataron se dieron cuenta de que aún estaba vivo. Se rompió todos los huesos del cuerpo y tuvo alguna que otra lesión cerebral. Despertó con un coeficiente intelectual de un niño de 7 años. Así que a los 24 años volvió a estudiar para sacarse el graduado escolar y el bachillerato, y por supuesto, aprendió a hablar. Vaya que si aprendió... el amigo Almasi rajaba que no veas.

Lo peor es el motivo por el que cayó de la montaña. Fue por culpa de un porro. Por lo visto, al compañero que le iba dando más cuerda al descender se le resbaló el canuto -él ha dicho canuto- de los labios y se quemó la mano, entonces soltó la cuerda de golpe y cataplum, compañero a tomar por culo. El chico ha explicado que la revista Playboy estaba prohíbida en Marruecos pero el hachis no. Me he imaginado al compañero haciéndose una paja con el playboy y soltando la cuerda igualmente.

Cuando se ha ido el montañero, la pareja de 60 años y yo de 30 nos hemos mirado pero no nos hemos dicho nada. ¿El montañero nos estaba vacilando o qué? A mí me han dado ganas de contarle que precisamente ayer a mí todo me parecía una montaña.

Luego ha entrado una mujer morena muy atractiva. Tenía estilo. El estilo es difícil de mantener y de hacer. Hacerte con un estilo. Me he preguntado qué edad tendría. Hay una franja de edad en las mujeres que no sé calcular. Es la franja que va de los 40 a los 55, creo.

Últimamente me fijo mucho en mujeres mayores que yo, a mí siempre me ha dado morbo la diferencia de edad. Pero las mujeres que me atraen repentinamente por la calle siempre están en esa franja que no sé calcular. Hoy se ha desvelado el misterio. Estando allí, a la morena la han llamado por teléfono y después de un rato de conversación que no he podido entender porque eran frases sin pistas, ella ha dicho "tengo 46 años".

La doctora tendría unos 30, como yo, era muy simpática. Yo creo que perdía un poco de aceite y que le he gustado, pero bueno, esto ya son vaciladas mías. Me ha mirado las anginas y ha dicho "uh, tienes una blanca y la otra con piquitos, esto está bastante mal." Me ha recetado antibiótico e ibuprofeno. Me encanta el ibuprofeno, sobre todo en sobres. Soy fan. Al salir le he dicho "Muchas gracias, doctora" y creo que le ha gustado. Le iba a dar la mano pero antes de sacar la pistola he pensado que era demasiado formal.

Lo peor de todo es no estar contigo, de 35. Ojalá me ponga buena para mañana por la tarde o el domingo.

Qué días más rollo, qué días más solos




Llevo unos días en los que todo se hace una montaña. Lo malo es que la naturaleza se me da fatal, no he ido nunca de cámping.
He salido a la terraza y he recordado lo mucho que me gustaban los tejados antes. ¿Antes de qué? pues ni idea, parece que haga cientos de años. Sí, sí, antes. Toc toc toc. ¿Dónde estás?




Reconozco que



Reconozco que busco vídeos de Fama en youtube, que la palabra "coreo" ya forma parte de mi vocabulario, y que incluso puse a Vicky de fondo de pantalla el año pasado. Si volviera a ser adolescente me apuntaría a clases de funky o algo así, como cualquiera. Pero seguramente me quedaría leyendo el guardián entre el centeno por las noches. Eso sí, movería los pies dentro de mis nike para no olvidar ningún paso aprendido.

Ahora que lo he admitido, voy a seguir con lo mío.

Por favor, que hoy pueda dormir bien

En medio de una descomunal caravana he mirado hacia arriba. He visto a una mujer sacudiendo una colcha al sol. Qué suerte, he pensado. Qué suerte por no tener que llegar a ningún sitio.

Me siento intranquila.

Cosas de cada día




Hoy hablaban en clase todos a la vez. Tienen 8 años y hablan de las cosas que pueden haberles sucedido en 8 años, supongo. Y a todos se les ocurren al mismo tiempo. De las cosas que les suceden cada día en el patio, que si los tazos, que si me has hecho falta, que si tu flauta suena mal. Las niñas hablan muchísimo más. Pero, ¿de qué?

¿señorita, puedo vigilar? Siempre quieren vigilar. Son vigilantes natos. Cuando empiezo a echarles bronca se acusan unos a otros. Les cuento que a eso se le llamaba ser acusica cuando yo iba al cole. Entonces se callan, porque lo que les gusta son las historias y no la clase en sí. Me he dado cuenta. Los castigados sin patio reciben la visita de los niños libres que si pueden jugar. Se acercan y les hablan, a los castigados. Y se van.

Era la festa di San Gennaro...





El sábado vi preciosa Barcelona, con mucha luz, y aunque las señales no me dejaban girar, no me importó seguir por la Diagonal.


Durante el desayuno del domingo te conté las mini road movies que vivía con mi madre en tiempo de vacaciones, cuando me llevaba a trabajar con ella. Y me emocioné con las madalenas. Las madalenas siempre han sido muy de llorar. Yo la observaba mientras se arreglaba el pelo con esos secadores que están amarrados en la pared de los hoteles.

Desde hace menos de 24 meses hay una cantante italiana a la que sólo me gusta escuchar en verano. Pietra Montecorvino. Aquel concierto en el patio de una casa...

Es música para escuchar en el balcón.

Apechugar

Desde que puedo descapotar el coche, llueve cada día. Me imagino conduciendo y tú sujetándome un paraguas azul.

Volviendo del trabajo se ha detenido un autobús a mi lado. Me he fijado en los pasajeros y he visto una manecilla de niña de 4 años agitándose. Una alumna me lanzaba besos minúsculos, casi no le cabían en la mano. La niña ha seguido saludándome durante tres semáforos seguidos. Ella se iba a su casita y yo a mi casa, para las dos acababa la jornada. Me ha parecido muy bonito, algo así como un ángel. ¿Recordará mañana la canción que le he enseñado hoy?

Sailor y Danny no son lo que parecen. Es una pista.

Me pasaría el día contigo. ¿Por qué nos hacen trabajar? Qué cabrones. Pues sí, tal vez dependo demasiado de ti, ¿ y qué? que cada cual apechugue con su amor.


Capítulo 5 titulado "Cada día de verano".

video


Cada día de verano, mamá llevaba a Sailor a la playa. Cada día de verano.

Los toldos eran de rayas azules y blancas como los de Muerte en Venecia, pero aún nadie lo sabía. De hecho, tampoco yo recuerdo si eran así en la película, pero estaría bien.

Sailor se plantaba en la orilla y las olas mordían sus tobillos. Un día, un mordisco demasiado grande se llevó sus pies, luego todo lo demás. El agua salada y la espuma blanca llenaron sus ojos. Cuando volvió a sentirse a salvo en la orilla, Sailor le juró miedo eterno al mar. Pasó muchos años de su vida siendo cobarde un minuto antes de ser valiente.

Prometió que únicamente le daría una oportunidad cuando todo a su alrededor estuviera perdido: su mamá, su papá, su amor, su honradez, su cordura... su su. Susurra.

Por eso, años después está en aquel barco. Así no piensa, tiene demasiado miedo.

Los cambios siempre me hacen dudar





He dejado el coche viejo en el concesionario, y aunque en un principio no era mi coche sino el de mi madre, durante estos dos últimos años ha sido mío. Para ser sincera, me hubiese dado más pena dejar mi primer coche, que se ha salvado por los pelos. Pero bueno, a finales de semana tendré el nuevo y se me pasará la tristeza por, a fin de cuentas, una máquina. Supongo que desde que fingí enamorarme de la robot Silvia, todo lo que lleva maquinaria me toca el corazón.
Estos días de fiesta, apenas sacudíamos las sillas de la playa porque se iba a ir al desguace, y total, por un poco de arena en el maletero... Qué rastrera. El coche viejo hoy ha adelantado a los últimos camiones de la A-7, hoy ha vuelto por última vez del apartamento, hoy ha pasado por última vez por el peaje. Lo he vaciado. Fuera mapas, fuera triángulos, fuera chalecos reflectantes, fuera mando del párking, fuera cintas de cassette. Porque era de los de cassette aún. En los compartimientos para guardar las cintas, he descubierto que llevaba una de Beth Orton, una que me grabó una compañera de universidad hace 10 años.

Carol y yo, a este coche le llamábamos "la chica", porque era muy de chica, y al otro, al que aún conservo, le llamamos "el chiquitillo", porque es como un niño. Al nuevo no sé cómo le vamos a llamar, no sé si es chico o chica. Lo sabré cuando lo conduzca y lo lleve unos días.

Carol me ha hecho una foto con "la chica", justo antes de dejarlo en el concesionario. Casualmente, hoy hemos descubierto que los del Google Maps la inmortalizaron aparcada delante de casa.