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Mostrando entradas de abril, 2004

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Tengo unos días malos. Me apetece dejar de escribir aquí para no tener que pensar en algunas cosas que me hacen daño gustan. Así que cuando esté mejor, vuelvo. Eso es seguro. Ojalá me dure dos muchos días porque me suele ir bien divertir escribir, pero ahora mismo no. :)



Cubos

Ahora empiezan a ser largas las tardes y nos sentamos un rato a mirar como se llena y se vacía el cubo de la fuente. "¿Cuántos llevas?" "no sé...muchos" "yo ya llevo cincuenta..." Nuestro tiempo a cubos, mi hermano los llena de dibujos y yo pongo en las gotas a Julia, aunque sea una fantasía, pero la pongo y me paso noches enteras de cubos con ella.

Es un alivio saber que siempre llega el buen tiempo. Excepto hace dos años, que el frío no se quería ir de casa y era nuestro huésped del verano. La abuela no guardaba los abrigos en el armario y en el sofá se pasó todo el agosto la manta de las siestas. Ni hablar de caminar descalza por casa. Por la noche bajábamos las persianas y el viento no paraba de golpear. Yo subía la cremallera del saco de dormir hasta arriba para que no entrase nada, pero ya tenía demasiadas cosas dentro. Recuerdo al hombre del hospital que nos saludaba por la ventana desde su cama. Le decíamos "adiós" con la mano y hací…

Diada de Sant Jordi

Si pudiera inventar un silencio que apenas se oyera.

Que llevara dentro muchos silencios. Todos los que encierro en la boca y los que guardo en los párpados cuando me duermo.
Silencio de un cuerpo que abraza otro cuerpo. Silencio de calles cuando salgo de casa.

Al abrir los ojos,
el silencio de las sábanas.
Silencio de h.

Si pudiera inventar un silencio que apenas se oyera para llevarme dentro, y que pudiese trepar por las ventanas y guiarse por las carreteras que están en tus mapas,

olvidarse de todo sin olvidar nada, cobijarse en tus manos y cubrirte la piel sin que lo notaras.



canción radioblog: DJavan - Samurai


La felicidad de no sentir amor

Nos vamos despertando poco a poco, tan despacio que podemos poner el The End y los créditos a los sueños... En la casa de los balcones pasan cosas así y la vecina acierta y te despierta con tu canción preferida. ¿De donde viene la música? me cruzo con Lorena en el comedor, también en pijama buscando los acordes que suenan muy cerca pero no se ven.

Registramos todos los cajones, también los potes de perfume que huelen a tanta gente... y buscamos debajo de los cojines. Pegamos la oreja en la pared fría. Miramos hacia arriba, parece que viene del techo. Lorena arrastra una silla y la pone entre el sofá y el mueble. Me subo y me pongo de puntillas, ella me anima, me siento tan alta como la luna, ai ai, pero allí arriba no se oye nada. "Ya va por la mitad!" Nos quedamos mirando un momento (...) Lorena también guarda música en sus ojos si miras atentamente, y a veces parece que nada le importa y le falta un abrigo, como si quisiera gritarte que en realidad Carlos la quiere …

un ( )

****, el del bar, me prepara el café cuando me ve entrar. Un día lo despisté pidiéndole una Coca-cola. Siempre tiene de fondo bandas sonoras de película, para que sigamos con nuestro guión de "tú y yo". Mientras, leo los poemas de un concurso que organiza un periódico. Mi desayuno en compañía de "el Sr. Verso y la Sra. Versa".

Rojas
Rojas de atardecer,
las dunas de tu cuerpo.
Amor,
memoria en mi desierto.

(Pedro Manuel Peña Pérez, 67 Años. Palafrugell)


Es
Las horas sin sal,
la sonrisa hueca,
el vestido blanco,
las palabras gruesas.
Mi voz de chiquillo escondida entre tus trenzas.

Los sueños dormidos,
tu maleta abierta.
Y este ayer lluvioso en mi caja de quejas.

(Montse Rodríguez, 30 años. Barcelona)


café

Se va a la parte trasera de la librería, porque llega la hora del descanso, y su compañera se queda en la tienda. Abre el periódico, lee los titulares y las columnas de opinión. Entre la cortina ve la entrada y espera que suene la campanilla de la puerta como cada mañana a esa hora.

Otro día más está esperando que entre Eva, que se dé una vuelta por las estanterías y lea la contraportada de algún libro de tapas blandas. No sabe si Eva es consciente de que la ve, de que está allí, a poca distancia, pero el recorrido de apenas diez pasos se hace largo, como cuando olvidamos lo que hemos soñado y las imágenes son absurdas y sin sentido, lo mismo. Los pasos, ¿qué son diez pasos? pero no acortan nada. Y sigue mirando a Eva que está a un segundo, el mismo segundo que separaba su piel de la de ella, y era sencillo cruzar con los labios y morder los hombros del tiempo, o eran los de Eva, bueno, que más da.

Se prepara un café y empieza a darle vueltas con la cucharilla. Lo nota, el azúc…

amistad circular

hace dos noches sentía la risa temblar en tu pecho y mi cabeza vibraba. Estábamos tan cerca que no sólo tu voz palpando a oscuras se mezclaba conmigo. Y los garabatos de otras veces no eran de papel y el deseo no era tinta, pero se deslizaba como el susurro de la mina de un lápiz sin punta. Me mojé intentando atrapar con el cuenco de las manos, tu cuerpo tan de agua. Y de las cosas que puedo ser, o podría ser, creo que sencillamente era yo acariciándote y tú besándome, tan natural como seguir riéndonos en los bares como hace dos noches cuando sentía la risa temblar en tu pecho y mi cabeza vibraba. Estábamos tan cerca que no sólo tu voz palpando a oscuras se mezclaba conmigo. Y los garabatos de otras veces no eran de papel y el deseo no era tinta, pero se deslizaba como el susurro de la mina de un lápiz sin punta. Me mojé intentando atrapar con el cuenco de las manos tu cuerpo tan de agua. Y de las cosas que puedo ser, o podría ser, creo que sencillamente era yo acariciándote…

david

Si no sé donde está David, le busco de viaje. Pero no está en los mares de plástico, ni en las montañas sin relieve que sigo con el dedo. Las rutas de David son humanas, arriesgadas, solitarias, de safari, de mapas, de brújula, de meses. Son historias que después me cuenta. David me quiere y me rescata como aquel fín de año desde Portugal. A veces siento que me pierdo algo sin él. Sus postales me deslumbran, me abren la ventana, sopla el viento... y bajaría la calle corriendo y gritando, deseando estar con él , o ser él !! o ser los dos a la vez. David, me gusta verte en un autobús, sin ganas de llorar y escribiéndome una carta.David!!!.

piscinas

Cierra los ojos al cansancio de no encontrarte en ninguna parte. Ni ahora ni en los días que no sabe. Por la tarde soñó que sólo tenía que darte la mano. Se sintió idiota por no haberlo descubierto antes. Y le pareció tan fácil... tan fácil como confiarle a un borracho que está jodida y triste, pero muy muy viva, igual que las piscinas que se ven por la ventanilla del tren, sucias y frías, pero azules como en verano, deseando que llegue el buen tiempo. Expectantes.