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La felicidad de no sentir amor

Nos vamos despertando poco a poco, tan despacio que podemos poner el The End y los créditos a los sueños... En la casa de los balcones pasan cosas así y la vecina acierta y te despierta con tu canción preferida. ¿De donde viene la música? me cruzo con Lorena en el comedor, también en pijama buscando los acordes que suenan muy cerca pero no se ven.

Registramos todos los cajones, también los potes de perfume que huelen a tanta gente... y buscamos debajo de los cojines. Pegamos la oreja en la pared fría. Miramos hacia arriba, parece que viene del techo. Lorena arrastra una silla y la pone entre el sofá y el mueble. Me subo y me pongo de puntillas, ella me anima, me siento tan alta como la luna, ai ai, pero allí arriba no se oye nada. "Ya va por la mitad!" Nos quedamos mirando un momento (...) Lorena también guarda música en sus ojos si miras atentamente, y a veces parece que nada le importa y le falta un abrigo, como si quisiera gritarte que en realidad Carlos la quiere pero no tanto, aunque ella se empeña y no puedes mostrar rabia ni tampoco pena. Yo siempre le digo "claro, te quiere a su manera" y pienso en las formas que puede tomar mi cariño de pez, observando con los ojos muy abiertos y topando contínuamente en la pecera. Pero la canción sigue y abrimos impacientes el balcón. Por fín! viene de fuera, de la ventana del piso de al lado. Repetimos el estribillo una y otra vez, tanto como Lorena se repite lo de Carlos y yo le repito "a su manera".

Después de desayunar, salimos a la calle y dejamos una nota y "gracias" dentro de un buzón. Y sin prisas, bajamos a la playa canturreando la canción que se oye en los bares de Barcelona, preguntándonos si todo será algo más que un capricho o no...

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