25/6/21

#10 (Diario de verano, 2021)

Me parecen poéticos los autobuses, casi vacíos, que recorren la ciudad, de punta a punta, anunciando su destino en el cartel luminoso. Yo me los cruzo y pienso en lo bellos que son, un poco fantasmas de sábana blanca, y se desvanecen a lo largo de la calle como van esfumándose las personas a lo largo de la vida.

Hoy he estado leyendo en el césped de la piscina, no recordaba que era mi lugar preferido hace unos años. Me he puesto un bikini negro, uno con las clásicas tres rayas de adidas, que me dio, hace dos veranos ya, mi última pareja (ahora persona desvanecida) porque a ella le apretaba. Estaba en un cajón, no tenía presente que seguía allí. He estado pensando en que no estar es una forma bastante íntima de estar.

22/6/21

#9 (Diario de verano, 2021)

Estaba convencida de que jamás volvería a emocionarme con un poema de Córtazar, creía que era algo que sólo ocurría a los veintipico, cuando vas a la universidad y estás estudiando una carrera de letras, y te enamoras de los puentes, de los callejones, del cool jazz y de ciudades portuguesas, y no tienes ni idea de nada, pero te lo parece, y sientes esa especie de nostalgia del futuro, o de nostalgia por algo que todavía no ha pasado. Sin embargo, ayer, mientras conducía, escuché en la radio recitar "Estela de una encrucijada" y me partió en dos, porque me pareció que hablaba de ti y de mí, después de tanto tiempo y de tantas cosas. Tras tanto contexto perdido, cómo podía ser que hablara de ti y de mí. Hoy he ido a comprarme el libro para leerlo otra vez. 

Por tarde, he estado ensayando y he salido chorreando de sudor del local. Nos lo hemos pasado muy bien. 

Hoy he ido a trabajar presencialmente (no he teletrabajado) y me he sentido muy afortunada por estar haciendo algo que me gusta. Casualmente (o no tanto porque está en la misma calle), me he encontrado con antiguos compañeros de un trabajo que acabó consumiéndome, y de eso hace ya casi diez años. Me he sentido como una heroína, como alguien que escapó, que logró cambiar el rumbo, pero no por arte de magia ni por casualidad, más bien por insistencia. Y ahí estaba yo, contenta de haberme salvado, volviendo a casa.




20/6/21

#8 (Diario de verano, 2021)


He pasado día y medio con fiebre y sintiéndome fatal, pero hoy ya estoy bien. Me pusieron la vacuna en la Fira y entré por la misma puerta que se entraba al Sónar. 

Me emocioné al escuchar la despedida del locutor Julio Ruiz del programa Disco Grande, tras tantos años en antena. Tengo asociada su voz a una etapa feliz y a una carretera muy bonita, de curvas, y rodeada de árboles, escuchando una cinta de cassette de Los Planetas, porque mi coche todavía era de los de cassette, aunque todos llevaban ya CD. También se ha jubilado Tolentino, del Séptimo Vicio, tuve una época en la que escuchaba todos los programas mientras me duchaba.

Sigo teniendo días en los que me parece que el presente no tiene brillo, como si le faltara una buena ecualización. No sé, seguramente, mi visión está distorsionada. El trabajo me va muy bien, siempre me siento con "la obligación" de decirlo. 

Mi lista de balsas de supervivencia: las nuevas pinceladas que descubro en el cuadro que encontré encima del buzón, las golondrinas y las gaviotas de la mañana, mi lista de rocksteady para cocinar, mis canciones (el proceso creativo), mi perra, mis amigas, la salud de mi familia y  el último disco entero de DEHD. Bueno, visto así, todo es maravilla, salvo por el sentimiento de desesperanza. 


 



17/6/21

#7 (Diario de verano, 2021)

Ayer estuve tomando una cerveza en el bar de mi ex-vecino con A.

Ella me contó sus problemas prácticos, y yo mis problemas etéreos. 


¿Hasta qué punto se debe homenajear una pérdida? Homenajear en el sentido de rendir una especie de tributo íntimo, como quien se tatúa algo para acordarse de tal evento en su vida. O mantener lugares como algo sagrado. No lo sé. No lo he descubierto. No sé la respuesta. Tinta invisible.


El domingo pasado nos grabaron un vídeo tocando en directo y miré a “mi cámara” en las frases clave de las canciones. Por dentro me estaba partiendo de la risa con las frases clave. A saber.


14/6/21

#6 (Diario de verano, 2021)

Se me ha olvidado durante dos días que estaba escribiendo un diario. 

El sábado quedé con G a las siete de la tarde. Ya ha empezado a hacer mucho calor en Barcelona. Ya no se puede quedar antes. Se me ocurrió subir en bici hasta Gracia el primer sábado de calor extremo, pero no fue horrible porque todavía no hay humedad.  Estuvimos en el mismo bar durante horas,  mientras un niño, que estaba sentado en la puerta de una peluquería, se comía un helado, jugaba con su perro y se aburría un poco. Por la noche, bajé a casa, cuesta abajo y con el fresco. 

11/6/21

#5 (Diario de verano, 2021)

Tengo las plantas muy bonitas. Espero que logren resistir el calor que les espera. Y yo también. 

Cuando las persianas venecianas se mueven con la brisa nocturna tengo la sensación de estar navegando. Esta mañana me han despertado las gaviotas. Creo que, defintivamente, vivo en una casa barco.


Me siento orgullosa de las canciones nuevas. Las escucho y recuerdo todos los días que estuvimos juntos ensayando y componiéndolas. Es parecido al amor.

10/6/21

#4 (Diario de verano, 2021)

Con una amiga hemos imaginado que si hubiera una webserie bollo que girara en torno a una banda sería lo máximo de drama, porque en un grupo puede haber, ya de por sí, mucha intensidad, y si hay bollos de por medio, el drama podría elevarse a infinito. 

Estoy escuchando a la orquesta clásica que ensaya en las naves de la manzana interior, pero se está juntando con los ensayos del grupo de versiones que también toca justo ahí, y la verdad es que la mezcla es muy loca.

Es mi segundo día muy triste. Tal vez sea el eclipse. Me siento pequeña. La orquesta, ahora está tocando un pasaje hermoso, pero siniestro y desesperado. Qué pereza me da la apatía y estar triste, solo de pensarlo, me agota. Además, en verano, es muy complicado, es como ir a contracorriente de todo. Es una rebeldía absurda. 

9/6/21

#3 (Diario de verano, 2021)

He recogido la ropa limpia del tendedero y he sentido que era bonito dormir entre sábanas impregnadas de sol. Una alegría inesperada. Qué sé yo...


He estado hablando con un vecino de la calle, el de la editorial. En su pequeño catálogo hay una joya brillante que me encantó leer, una selección de cartas de Virginia Woolf a amigas suyas, escritoras y amantes. Esa conversación informal sobre novelas y sobre la vida, en la calle, sentados en la puerta, a la sombra, me ha encantado.


Por la tarde, he tenido que lidiar con la apatía y una tristeza muy mía, y con un montón de dudas e inseguridades que planean a mi alrededor, como águilas o cuervos. Me he acordado de aquel libro que leí el verano pasado, “El duelo es esa cosa con alas”, de Max Porter. Es una novela tan extraña y poética. Esa cosa con alas se va cuando ya no la necesitas.  


Ha llovido un poquito y luego he salido con la bici a dar vueltas sin ton ni son por el barrio, alrededor de recuerdos de cosas que no volverán. Me sentía guapa y triste. 

8/6/21

#2 (Diario de verano, 2021)

Me sorprende descubrir detalles nuevos en el cuadro que encontré encima del buzón. El otro día me di cuenta de que en uno de los edificios hay unas buhardillas muy bonitas, tipo parisinas. Mientras desayuno me imagino viviendo en una de esas buhardillas, asomándome, cerrando los ojos llenos de sol, pasando el rato mirando por la ventana al anochecer. El último descubrimiento ha sido esta mañana, entre las casas que hay frente a la playa del cuadro, hay un hueco. Un hueco para mí.  O para la persona que lo pintó. 

La perri ya sube de la calle con la lengua fuera. Calor moderado.

7/6/21

#1 (Diario de verano, 2021)

Todavía no es verano oficialmente, pero yo he decidido iniciar un diario de verano en el que, como la propia palabra indica, escribiré cada día hasta el final del verano.

Acabo de comerme un helado, estoy en  la terraza, son las diez menos veinte y todavía no ha anochecido. La "normalidad" va volviendo poco a poco y va revelando los huecos latentes que dejó el año pasado. Como si, inconscientemente, la vuelta a mi vida de antes buscara lo de antes, pero sin encontrarlo del todo. El buen tiempo trae sensaciones, temperaturas, picadas de mosquito, luces de atardecer y canciones. La melancolía se convierte en un espejismo en mitad del presente. He sacado la ropa de verano y toda me viene grande. He menguado durante el invierno. 

Esta mañana, a las siete, he pasado en bici por la playa y los chiringuitos ya estaban abiertos. Las mesas ordenadas, la arena sin pisar.

Todos los veranos son distintos. Incluso esos en los que parece que no pasa nada y solo hace calor.