Esta madrugada me he levantado porque no podía dormir. He visto tres ventanas iluminadas, así que no era la única, había otros vecinos de la manzana con insomnio.
Me ha salido en tik tok el chico que te avisa de que llevas mucho rato deslizando. Me ha hecho sentir peor. "Eh tú, cuánto rato hace que estás ahí?".
Me pregunto cómo estará ese chico en la actualidad. ¿Continuará llevando ese corte de pelo? ¿Habrá dejado de ser adolescente? ¿Le pagan derechos de imagen o algo así? ¿Es un chico real o es un actor?
Debería dejar esa red social y aprovechar mejor el tiempo, pero me evade de los problemas. No sé todavía si eso es bueno o malo. Soy espectadora pasiva, no creo ningún tipo de contenido y tengo un nombre inventado. Otro más.
Hoy ya se nota que la ciudad ha vuelto al trabajo. Me han despertado las obras de las casas que están haciendo detrás. Seis casas unifamiliares de 290 m2 con jardín y piscina privada, "en el corazón del barrio", dice la pagina web, "diseñadas para quien busca diseño y amplitud, a pocos metros de la playa y el metro".
Han aprovechado el terreno de una antigua nave industrial que estaba en desuso. El precio de cada casa es "desde 1.800.000 euros". Ya solo quedan dos, las otras cuatro están reservadas. Pienso en cómo será esa gente que tiene tal cantidad de dinero disponible para comprar una casa que ni siquiera ha visto. Y yo aquí sintiéndome demasiado "privilegiada", en ocasiones un tanto culpable, por tener una hipoteca.
En la publicidad también dice que van a aprovechar al máximo la luz natural y el sol. La verdad es que el sol poco lo van a ver, porque siendo tan bajas, los edificios se lo taparán. El agua de las piscinas estará fresquita, eso sí. Tendrán que usar mucha calefacción en invierno y puede que menos aire acondicionado en verano. Las piscinas serán pequeñas, porque no hay tanto espacio. No podrán nadar. Uf, más de un millón de euros para no poder nadar... Mi madre tiene una piscina desmontable en el patio mucho más práctica.
Sigo de vacaciones, pero sintiendo que quiero volver ya a la rutina. Sintiendo que necesito ordenar mi vida y mi corazón. Sintiendo que tal vez no soy tan feliz como me gustaría. Sintiendo una especie de cráter.
Este año no he viajado ni he vuelto a la isla bonita de siempre. El verano que imaginé a principios de año no he podido hacerlo realidad.
Me he quedado en mi casa, he sido feliz algunas semanas, algunos días, en algunos momentos. En mi imaginación, todos esos planes que me hubiera gustado hacer realidad, ahora se fragmentan, se rompen, se rasgan, y forman un mosaico de fin de verano.