viernes, junio 19, 2026

Plan improvisado



Esta tarde he ido a ver a una cantautora que se llama Kris Tena (acompañada por Leyre Estruch a las voces), no las conocía, pero me han gustado mucho. Me ha escrito una amiga que tenía entradas y quedaba cerca de mi casa. Ha tocado en un terrado de la calle Pere IV,  justo al lado de donde trabajaba mi padre cuando yo era pequeña. He recordado que en verano, cuando yo ya no tenía colegio, íbamos a comer con él.

Durante el concierto, las golondrinas revoloteaban y cantaban felices. Estaban contentas. Me ha parecido un momento muy bonito, entre lo sagrado y lo profano. He venido a escribirlo para recordarlo. 

Luego hemos estado cenando en un restaurante genovés y estaba todo muy rico, la verdad. Hemos pedido vino para ahogar penas silvestres. Nos ha encantado nuestro plan improvisado.

He llegado tarde, pero mañana quiero madrugar para ir a desayunar con mi madre y volveré a escuchar las canciones en el coche. Echaré de menos a los pajaritos.


sábado, junio 13, 2026

Poner en duda

Estoy afuera, sentada en el suelo con la espalda apoyada en la pared. Veo mucho cielo, muchísimo. Pasan gaviotas, aviones y golondrinas. Hay silencio. Huele un poco a cloro, a piscina, a bronceador. Olores fantasma.

Me he subido un helado (mascarpone con higos) de la heladería de mis vecinas italianas. Me lo he comido aquí, mientras trataba de parar el mundo. He bebido agua fresca. He llorado. He dado plantón a unas amigas. He sentido la brisa del atardecer. 


Esta mañana me he quedado dormida con mi ahijada encima. Tal vez en ella haya algo de mí que pueda permanecer cuando yo no esté. Algunos gestos, alguna receta, alguna anécdota, una carta sin enviar. 


Me apetecía conducir más rato. Y al mismo tiempo quería llegar a casa. Me hubiera gustado marcharme hasta muy muy muy lejos para huir de lo que siento. Pero no funciona así. Lo que siento viene conmigo.


El horóscopo me dice que voy a tener un mes de junio increíble porque no recuerdo qué planetas no se alineaban desde hace 300 años. Voy a ponerlo en duda.



martes, junio 02, 2026

Adagietto

He leído que cuando los barcos van a la deriva se entregan a las corrientes.

Eso me ha pasado hoy en el supermercado.


Avanzaba por los pasillos dispersa, ensimismada, hasta que he chocado con una estantería.


No ha sido un iceberg, pero me ha devuelto a la realidad. Me ha parecido que llevaba una eternidad dando vueltas con un solitario tetrabrik de leche de avena dentro del carro.


Me costaba concentrarme en lo que tenía que comprar. Me he quedado mirando un paquete de rollitos de primavera y he recordado la primera vez que los prové. 


Cuando era pequeña, mis padres tenían unas amigas que vivían juntas. Una de ellas era compañera de trabajo de mi madre. Mis padres nunca pronunciaban la palabra "lesbiana", pero yo tampoco sabía lo que era seguramente. Solían invitarnos alguna noche a cenar. Vivían en un piso de l'Eixample y tenían una hija.


Fue en aquella casa donde comí rollitos de primavera por primera vez. Ahora es una comida corriente, pero en aquel momento era exótica. Recuerdo saborear muy emocionada algo desconocido.


La hija era un poco más mayor que yo. A mí me encantaba estar con ella. Tengo fotos de un verano, juntas en una piscina. Ella lleva en la mano una red para recoger hojas y pinaza. Me tenía fascinada, la verdad. Cuando vi Muerte en Venecia, Tadzio me recordó a ella. 


Tengo un vinilo de segunda mano con la banda sonora de la película. El primer tema es el Adagietto de la sinfonia número 5 de Gustav Mahler. 


(Pienso en Alma Mahler, la Novia del viento, en el desquiciadísimo Kokoscka, la muñeca que encargó hacer idéntica a ella y a tamaño real cuando lo abandonó, aquel escándalo en la ópera... Recuerdo escuchar estas historias en el aula de la universidad, tomando apuntes y mirando por la ventana.)


El Adagietto son 9 minutos para cerrar los ojos y dejar que el corazón tome el rumbo que quiera. A veces por pasajes sin certezas, pero también, por momentos, llenos de luz.

domingo, mayo 31, 2026

La distorsión de la tristeza

Como cada año, ayer fuimos a ver los cortos del Mecal Festival, al aire libre. Yo llegué con los ojos como si me hubieran echado un puñado de arena en cada uno, después de pasar buena parte del día llorando. 

Fuimos a un sitio muy bonito a cenar, aunque tenía el estómago cerrado y la comida no me sabía a nada. Era íntimo y acogedor, con luz tenue, pero suficiente. 


Mi amiga B. nos estuvo contando su última cita de tinder que, como siempre, no le gustó. 


Estaba preocupada porque lleva mucho tiempo en la aplicación sin conocer a nadie que le interese. Su voluntad de encontrar el amor se va perdiendo. 


Su amiga L. me insistió para que me abriera un perfil. En mi bio pusimos: "Convénceme para que no borre esta app del diablo". 


Las apps de citas parten de algo erróneo, y es la descontextualización. Presentan personas como fichas aisladas, con alguna foto, alguna frase, pero no es contexto suficiente para saber si puede interesarte. Yo propondría una app de citas por carta, que incluyera una foto en papel y algún detalle. La dirección no se revelaría porque el envío lo gestionaría la app. El filtro inicial, quien escribe a quien, no lo tengo resuelto.


Hoy tengo que ir a ver a mi madre y no me apetece estar allí. La casa me pesa. El recuerdo de sentirme feliz en ella. También el pueblo. Las campanadas. Incluso, la carretera. 


Me sienta mejor la tristeza en Barcelona, le veo más posibilidades.


lunes, mayo 25, 2026

Mañana de verano a finales de mayo

He bajado pronto a la playa. He vuelto hace un rato y he estado barriendo la terraza o el balcón, todavía no sé qué es. Es un balcón que terracea. Estoy cocinando con cariño una receta inventada, mientras me bebo una cerveza y escribo alguna línea aquí. Parece domingo pero es lunes festivo en Barcelona.

En el tocadiscos suena Lee Fields y no puede gustarme más. De vez en cuando salta la aguja por alguna mota de polvo. Mi perra me mira desde el sofa. 


El agua del mar estaba fresca y cristalina. Me he acordado de mí el año pasado. Siempre me acuerdo de mí misma de verano a verano. Qué pensaba, qué sentía, qué me preocupaba, qué deseaba, qué echaba de menos, qué me hacía feliz, qué me ponía triste. 


He vuelto caminando y me he quitado la arena de los pies en la fuente del parque. En la playa, he leído dos relatos de Días de fantasmas, de J. Winterson. No acaban de gustarme, pero sí la idea, no el desarrollo. Hablan del duelo y el mundo digital, como si lo digital fuera paranormal, sobre todo con los griefbots, las IA diseñadas para "sustituir" a la persona que se ha ido, alimentándose de su huella digital. Salió el tema la otra noche en la cena que organizó A. en su casa. Vinieron amigas suyas que no conocía, pero nos caímos bien. Estuvimos entretenidas con varios juegos de mesa que daban para hablar entre tirada y tirada. 


...


La comida ya está lista.



viernes, mayo 22, 2026

atravesada por la vida

He abierto la puerta y estaba todo a oscuras porque mi madre seguía en la cama. He tardado poco en llegar porque no había tráfico. Todo el mundo entraba en Barcelona pero yo salía. He subido todas las persianas de la planta baja para que entrara el sol.  Mi madre estaba despierta y me ha sonreído. Me ha pedido que fuera a buscar croissants para desayunar. La semana que viene nos dirán cómo será la quimioterapia. 


L. hace ruiditos y agita los brazos como haciendo brujería, como si no supiera demasiado bien para qué sirven, como si se sorprendiera cada vez que se mueven. Le he dado besitos en su cabecita. No podía apartar mis ojos de ella, como en la canción. Hay algo muy esperanzador en alguien que acaba de llegar a la vida.


Hace unos días metí en un cajón la fotografía de mi padre y el relicario con las cenizas. Lo envolví todo en un pañuelo de seda. Acaricié la imagen y le pedí perdón por guardar su foto. Necesitaba hacerlo. 


7 años después de obsesionarme con saber qué sentían los zombies, lo he descubierto gracias a "Dura una eternidad y en un instante se acaba", de Anne De Marcken. Novela triste y bonita. La acabé en la tumbona de la piscina.