domingo, abril 12, 2026

Vientos favorables

Hoy mi madre ya está en casa, con dolor, pero aquí. Yo también estoy aquí.

He pasado una hora sentada en el suelo de la habitación, vigilando cada gesto, cuidándola cómo he podido. No está siendo fácil sostenerla a ella y sostenerme a mí al mismo tiempo. Pero lo estoy haciendo

Hay momentos en los que vuelvo, inevitablemente, a hace cinco meses, a los pies de la cama con mi padre. ¿Ahora me siento más vulnerable que entonces? Puede que sí, que esté más tierna, pero también sé de lo que soy capaz.

Tengo el corazón en un puño, y cuánto más aprieta, más  lo siento.


Hay recuerdos recientes que hoy parecen espejismos:  aquella buhardilla parisina y aquel vino, instantes radiantes. Sé que aquella felicidad sigue dentro de mí, incluso ahora, bajo muchas capas.


No sé adonde me llevará este periplo, pero encontraré  viento favorable.


viernes, abril 10, 2026

Disociación

Cuando he llegado al hospital, me he maquillado dentro del coche. Un maquillaje de primeros auxilios, solo para mí. 

En el ascensor, he coincidido con un paciente que ayer bajó a la calle con un enfermero a recoger un pedido del Kentucky Fried Chicken. 

Cuando he llegado a la habitación, mi madre estaba despierta y me ha sonreído. Me he puesto contenta al verla mejor.

Una enfermera nos ha enseñado cómo cuidar la ileostomía. Yo recordaba algunos detalles de la vez anterior, cuando hace veinte años mi madre ya tuvo que llevarla temporalmente. Ahora es de forma permanente, pero los cuidados son los mismos. 

La enfermera llevaba un tatuaje en el antebrazo: Marinetti. Me hubiera gustado preguntarle si era en homenaje al artista al autor del Manifiesto Futurista. Estábamos las tres frente al espejo del baño, mi madre y ella muy concentradas en las maniobras, y yo mirando. Y con la mente, me he ido de allí durante varios segundos. No sé adónde he ido (tal vez a un lugar mejor) pero cuando he vuelto, mi madre estaba empezando a llorar. Entre la enfermera y yo hemos tratado de consolarla. La hemos llevado a la cama. 

Cuando se ha tranquilizado, he bajado a comer.

He salido a la terraza de la cafetería del hospital porque dentro había mucho ruido. He buscado la mesa que me ha parecido más bonita. Una que estaba frente a unas enredaderas y que quedaba entre sol y sombra. Una ensalada de pasta. Mientras iba pinchando los macarrones con el tenedor, un montón de lágrimas se me han ido acumulando en los ojos. 

Me he visto desde fuera, como en una película. Llorando sola, con el rímel ensuciándome la cara mientras masticaba. Si la secuencia la rodase Isabel Coixet tendría un punto melancólico y muy estético, y si fuera Mar Coll sería más cruda. Pensar en la tontería de las películas me ha calmado.

No me ha importado llorar en público. A nadie le importa que llores. Y si les importa, no te dicen nada. 

Por la tarde, han llamado a la puerta de la habitación y ha aparecido una de mis primas lesbianas (en total, somos cuatro primas lesbianas). 

Hemos convencido a mi madre para salir a pasear un poco por el pasillo, eran las siete y media de la tarde. Mientras íbamos pasito a pasito, mi madre me ha preguntado "¿Voy bien peinada?. Le he dicho que sí. He mirado a mi prima de reojo y se ha empezado reír. La verdad es que no, iba cero peinada. 

De vuelta a casa, he esquivado un atasco inmenso en la Ronda de Dalt gracias a google maps. Le he hecho caso y ha sido una buena decisión. Me iba guiando para escaparme por la ruta más rápida. Cuando por fin he llegado a mi calle, estaba cortada por la Guardia Urbana. No me lo podía creer.

He bajado la ventanilla y le he preguntado al guardia que por donde podía acceder a mi parking. Me ha contestado "circule". Le he dicho que podría tener un poco más de empatía, que era tarde y que quería llegar a casa. Se ha puesto como una fiera. 

Me ha dicho que llevaba 13 horas trabajando y que ya había contestado a "300 personas lo mismo", que qué empatía esperaba que tuviese... Me ha llamado la atención que escogiera el número "300". Le he escuchado callada, mirándole a los ojos. No he dicho ni mu por si me multaba, pero por dentro lo estaba mandando a la mierda más grande. Ha finalizado su retahíla de quejas, que ha sido muy muy larga, con un "pase y espérese en doble fila a que se vayan los bomberos". Había habido un accidente. 

He estado dentro del coche unos diez minutos. Me he bajado y me he acercado a otro guardia urbano. "Si us plau, em pot dir si queda molta estona per poder accedir a aquell parking d'allà?" Me ha dicho que sí, que iba para largo, pero que me podía meter en dirección contraria por la calle de abajo.  

Cuando por fin he llegado a mi casa, he bajado a mi perra al parque. Mientras la paseaba, me he sentido muy orgullosa de haber superado un día tan cabrón. 



miércoles, abril 08, 2026

La paloma

Una paloma se colaba por la rampa cuando he entrado en el parking del hospital. Una rampa interminable, en espiral y en pendiente.

La operación de mi madre ha durado cinco horas. Mientras esperaba, he estado mirando por el ventanal. Se veía toda Barcelona y, al fondo, el mar. Una vistas preciosas y relajantes. Ya sabéis que me conmueve la belleza en lugares insospechados.


Cuando han acabado, he hablado con el cirujano. Había ido todo bien.


Me he quedado en los pasillos de la UCI esperando a que pasara la camilla de mi madre. La he visto. Iba diciendo "quiero que mi hija esté contenta...". Y se la han llevado.


Al cabo de un rato, me han dejado entrar a verla. He estado mojándole los labios con una gasa. 


Le he dicho a mi madre que estaba contenta y me ha sonreído.  Me ha dicho que podremos volver a ver cómo se abren las flores que pusimos el otro día en el jardín. Hemos llorado un poco.


La enfermera, que tenía unos ojos preciosos, como de verano, ha entrado a ver cómo estábamos. 

 

He salido del hospital muy tarde y ya casi no había gente. He bajado al parking y una paloma se paseaba frente a mi coche. Me he quedado unos minutos dentro, con las luces apagadas y las manos sobre el volante, mirando a la paloma. Sabrá salir.


He cruzado la ciudad vacía, en silencio. Viendo cambiar los semáforos de rojo a verde, de verde a rojo. Ya en mi piso, mi perra me ha recibido moviendo la cola y lloriqueando. 


martes, abril 07, 2026

A mi padre muerto

A mi padre muerto:


Ya debes saberlo todo. No es necesario que te lo cuente. Ya lo debes saber todo. 

Cuídame.


Tu hija.

jueves, marzo 26, 2026

En una noche despejada

Hay un área de descanso desde la que se ve el mar. Siempre me ha parecido un lugar inesperadamente bello, pero es como si estuviera en el sitio equivocado, en medio de una autopista. El término "área de descanso" me gusta. Que exista un lugar para descansar, cada cierto tiempo, a pesar del caos y pase lo que pase.

Tiene una cafetería impersonal, anónima y muy similar a la de otras áreas de descanso, sin embargo, tiene una tarta del día horneada por una de las empleadas. Su nombre es Concepción pero sus compañeros la llaman Conce. Que yo recuerde, he probado la de queso, la de manzana y la de chocolate. Sencillas, frescas y deliciosas. Te templan el alma, el cansancio y cualquier pena silvestre.

Por la noche, desde los ventanales, se ve la autopista iluminada y, desde el parking, una noche despejada vi una luna llena reflejada en el mar.

Solo he entrado para retenerlo aquí, para encontrarla siempre que la necesite.

lunes, marzo 23, 2026

Jabata

He empezado a escribir a mano un diario personal, o más bien una bitácora, porque quiero que sirva como registro de todo lo que me parezca importante anotar al final del día. El motivo no es otro que, desde que murió mi padre, tengo bastantes lagunas mentales. Se entremezclan los días, los hechos, los momentos, lo acontecido. Mi rutina ha cambiado mucho desde entonces, voy más a ver a mi madre, paso menos tiempo en mi casa, veo menos a mis amigos. Hasta que todo no se vaya asentando, creo que intentar poner un poco de orden interno anotando un par o tres de cosas diariamente, me va ayudar. No es ninguna obra literaria, es un registro. 

Ayer hice el trabajo de empezar a escribir datos a partir del día que murió mi padre. Llené varias páginas pero algunas las dejé en blanco, porque no me dio tiempo y porque necesito recopilar información. Por ejemplo, del día después no recuerdo nada, ni dónde estuve ni lo que comí ni donde dormí. Tampoco recuerdo qué hice después del entierro de mi padre. Creo que vine a mi piso con mi madre y nos pedimos una hamburguesa, la más rica del mundo, la verdad. Y que nos mirábamos como diciendo ¿qué hacemos aquí disfrutando de una hamburguesa con patatas fritas y ketchup como si nada? De hecho, esto mismo no recuerdo si fue el día del funeral o el primer mediodía sin mi padre. 

He leído por internet que es normal sentir confusión y tener como una especie de neblina mental, sentir que la mente está desorganizada y que todo se mezcla. En resumen, no me pasa nada grave. Pero sí es verdad que la vida me está poniendo, últimamente, muchas pruebas, de esas que son objetivamente jodidas. No de esas que son de tanto mirarse el ombligo. Pero ahí estoy yo, contra todo pronóstico, hecha una jabata.

En la libreta he ido anotando días de los que me acuerdo y dejando páginas en blanco para los que no. De momento, del presente, llevo tres días.