viernes, junio 12, 2026

Ya no

Hemos sido eso. Un inicio y un final todo el tiempo. Una especie de promesa siempre para mañana. Tantas veces ya. La mejor forma de ponerle trampas a un amor es encendiéndolo y apagándolo cuando prende.  


Ya no volveré a decirle que soy la persona del mundo que más piensa en sus pestañas. Ya no volveremos a planear ningún viaje. Mi cama ya no olerá más a ella, ni la suya a mí. 


Mis deseos ya son muy difíciles de cumplir. Ya son imposibles. Ya son un acertijo. Ya tengo que pedir otros. Pasarme a los básicos: salud y que estemos bien. Que estemos bien.


Me apetecía mucho compartir un viaje o una escapada de amor este verano, pero ya no va a ser. Lo atravesaré en pértiga e iré a la playa. Quedaré con mis amigas, intentaré ser una buena hija, odiaré las campanas del pueblo y odiaré las aceras sucias de mi ciudad. 


Haré intensivos de natación y de padel, para pensar poco. Me compraré un disco que me salvará la vida. Querré escribir esa mierda de novela que siempre quiero escribir. Tal vez haga el amor con alguna mujer. Atravesaré esto con buena cara para que nadie se enfade.


La semana pasada me encontré al Griego en un concierto y me recomendó tres islas de las que no son conocidas, y que va alternando cada año con su novio. Me las anoté en el móvil. Podría ir y empacharme de feta, seducir a una camarera, escribir mis miserias en una libreta y llorar sola en una playa. Y luego, vomitarlo todo en el ferry de vuelta.


¿Os he contado alguna vez que Sant Joan es una de mis noches preferidas? Lo es. Cuando era pequeña hacíamos una verbena alrededor de la piscina. Todos los vecinos traían algo. Mis padres bailaban hasta que se acababa la música, y yo corría con mis amigas, de un lado a otro. Siempre acababa alguien en el agua.


Hoy hace siete meses que murió mi padre.  



martes, junio 02, 2026

Adagietto

He leído que cuando los barcos van a la deriva se entregan a las corrientes.

Eso me ha pasado hoy en el supermercado.


Avanzaba por los pasillos dispersa, ensimismada, hasta que he chocado con una estantería.


No ha sido un iceberg, pero me ha devuelto a la realidad. Me ha parecido que llevaba una eternidad dando vueltas con un solitario tetrabrik de leche de avena dentro del carro.


Me costaba concentrarme en lo que tenía que comprar. Me he quedado mirando un paquete de rollitos de primavera y he recordado la primera vez que los prové. 


Cuando era pequeña, mis padres tenían unas amigas que vivían juntas. Una de ellas era compañera de trabajo de mi madre. Mis padres nunca pronunciaban la palabra "lesbiana", pero yo tampoco sabía lo que era seguramente. Solían invitarnos alguna noche a cenar. Vivían en un piso de l'Eixample y tenían una hija.


Fue en aquella casa donde comí rollitos de primavera por primera vez. Ahora es una comida corriente, pero en aquel momento era exótica. Recuerdo saborear muy emocionada algo desconocido.


La hija era un poco más mayor que yo. A mí me encantaba estar con ella. Tengo fotos de un verano, juntas en una piscina. Ella lleva en la mano una red para recoger hojas y pinaza. Me tenía fascinada, la verdad. Cuando vi Muerte en Venecia, Tadzio me recordó a ella. 


Tengo un vinilo de segunda mano con la banda sonora de la película. El primer tema es el Adagietto de la sinfonia número 5 de Gustav Mahler. 


(Pienso en Alma Mahler, la Novia del viento, en el desquiciadísimo Kokoscka, la muñeca que encargó hacer idéntica a ella y a tamaño real cuando lo abandonó, aquel escándalo en la ópera... Recuerdo escuchar estas historias en el aula de la universidad, tomando apuntes y mirando por la ventana.)


El Adagietto son 9 minutos para cerrar los ojos y dejar que el corazón tome el rumbo que quiera. A veces por pasajes sin certezas, pero también, por momentos, llenos de luz.

domingo, mayo 31, 2026

La distorsión de la tristeza

Como cada año, ayer fuimos a ver los cortos del Mecal Festival, al aire libre. Yo llegué con los ojos como si me hubieran echado un puñado de arena en cada uno, después de pasar buena parte del día llorando. 

Fuimos a un sitio muy bonito a cenar, aunque tenía el estómago cerrado y la comida no me sabía a nada. Era íntimo y acogedor, con luz tenue, pero suficiente. 


Mi amiga B. nos estuvo contando su última cita de tinder que, como siempre, no le gustó. 


Estaba preocupada porque lleva mucho tiempo en la aplicación sin conocer a nadie que le interese. Su voluntad de encontrar el amor se va perdiendo. 


Su amiga L. me insistió para que me abriera un perfil. En mi bio pusimos: "Convénceme para que no borre esta app del diablo". 


Las apps de citas parten de algo erróneo, y es la descontextualización. Presentan personas como fichas aisladas, con alguna foto, alguna frase, pero no es contexto suficiente para saber si puede interesarte. Yo propondría una app de citas por carta, que incluyera una foto en papel y algún detalle. La dirección no se revelaría porque el envío lo gestionaría la app. El filtro inicial, quien escribe a quien, no lo tengo resuelto.


Hoy tengo que ir a ver a mi madre y no me apetece estar allí. La casa me pesa. El recuerdo de sentirme feliz en ella. También el pueblo. Las campanadas. Incluso, la carretera. 


Me sienta mejor la tristeza en Barcelona, le veo más posibilidades.


lunes, mayo 25, 2026

Mañana de verano a finales de mayo

He bajado pronto a la playa. He vuelto hace un rato y he estado barriendo la terraza o el balcón, todavía no sé qué es. Es un balcón que terracea. Estoy cocinando con cariño una receta inventada, mientras me bebo una cerveza y escribo alguna línea aquí. Parece domingo pero es lunes festivo en Barcelona.

En el tocadiscos suena Lee Fields y no puede gustarme más. De vez en cuando salta la aguja por alguna mota de polvo. Mi perra me mira desde el sofa. 


El agua del mar estaba fresca y cristalina. Me he acordado de mí el año pasado. Siempre me acuerdo de mí misma de verano a verano. Qué pensaba, qué sentía, qué me preocupaba, qué deseaba, qué echaba de menos, qué me hacía feliz, qué me ponía triste. 


He vuelto caminando y me he quitado la arena de los pies en la fuente del parque. En la playa, he leído dos relatos de Días de fantasmas, de J. Winterson. No acaban de gustarme, pero sí la idea, no el desarrollo. Hablan del duelo y el mundo digital, como si lo digital fuera paranormal, sobre todo con los griefbots, las IA diseñadas para "sustituir" a la persona que se ha ido, alimentándose de su huella digital. Salió el tema la otra noche en la cena que organizó A. en su casa. Vinieron amigas suyas que no conocía, pero nos caímos bien. Estuvimos entretenidas con varios juegos de mesa que daban para hablar entre tirada y tirada. 


...


La comida ya está lista.



viernes, mayo 22, 2026

atravesada por la vida

He abierto la puerta y estaba todo a oscuras porque mi madre seguía en la cama. He tardado poco en llegar porque no había tráfico. Todo el mundo entraba en Barcelona pero yo salía. He subido todas las persianas de la planta baja para que entrara el sol.  Mi madre estaba despierta y me ha sonreído. Me ha pedido que fuera a buscar croissants para desayunar. La semana que viene nos dirán cómo será la quimioterapia. 


L. hace ruiditos y agita los brazos como haciendo brujería, como si no supiera demasiado bien para qué sirven, como si se sorprendiera cada vez que se mueven. Le he dado besitos en su cabecita. No podía apartar mis ojos de ella, como en la canción. Hay algo muy esperanzador en alguien que acaba de llegar a la vida.


Hace unos días metí en un cajón la fotografía de mi padre y el relicario con las cenizas. Lo envolví todo en un pañuelo de seda. Acaricié la imagen y le pedí perdón por guardar su foto. Necesitaba hacerlo. 


7 años después de obsesionarme con saber qué sentían los zombies, lo he descubierto gracias a "Dura una eternidad y en un instante se acaba", de Anne De Marcken. Novela triste y bonita. La acabé en la tumbona de la piscina. 

lunes, mayo 11, 2026

Contrastes

He salido al patio a descansar después de tres reuniones seguidas de trabajo. Me he quedado mirando las flores. Se mueven con el aire y sus colores brillan bajo el sol. Hace mucho calor. Esta noche regaré con la manguera. El agua refrescará las plantas.

Siento añoranza y, por momentos, una pena que llega muy fuerte. Tras un rato, se va yendo lentamente hacia su madriguera.

Este fin de semana lo he pasado en mi piso, después de un mes entero pendiente de mi madre. He paseado mucho por mi barrio.


Fui a la tienda de discos.


R. me recomendó un vinilo de Lee Fields. Lo publica  "Daptone Records", un sello mítico de soul de Brooklyn, que tiene siempre un gusto exquisito, tanto para las ediciones como para los artistas. Lo puse en cuanto llegué a casa. La aguja pasaba sobre los surcos y sonaban las canciones, casi como un milagro. El soul es para cuando estás rota, pero viva. Fue una mañana bonita conmigo, en la que me sentí muy acompañada recuperando algunas rutinas.


El sábado invité a cenar a mis amigos a casa. Al principio, no sé si por el cansancio emocional que arrastro, me sentí abrumada y desconectada, pero se me fue pasando y terminé riéndome mucho.