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Final de temporada (¿de ciclo?)

"Usted no tiene cáncer, no le vamos a dar más quimioterapia", le dijo el médico a mi madre tras ver los resultados de las últimas pruebas. Le harán revisiones cada tres meses.  Me siento aliviada, también nerviosa. Tengo ganas de desconectar. Off. ¿Tengo ganas de descansar?  La perri está mejor, el medicamento hace efecto. Por lo visto, ya no le duele. Hoy hemos dado un paseo muy largo. Me gusta volver a verla feliz, con ganas de jugar. El domingo pasado redistribuí mi casa para no dormir en el lado en el que hacen ruido los vecinos. También me di cuenta de que pasaba todo el día en la habitación más pequeña y que era hora de expandirme. ¿Será esta la solución? Lo sabré con el tiempo. Hoy he llamado gilipollas a un señor que se ha saltado un semáforo (yo estaba cruzando el paso de peatones). El otro día también, a otro tío que iba en moto e hizo lo mismo. Gilipollas. ¿Qué me has llamado? Y le dije: Gilipollas. Otra vez. Y me metí en un supermercado. Me pareció un lugar seguro

Llegar de noche a Venecia

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Hay muchas cosas que me inquietan, en estos momentos. Algunas son banales, como llevar todo un año intentando que los del seguro de la comunidad vengan a arreglarme los desperfectos que causaron las goteras por el mal estado del terrado. Y no hay manera. Hubo un error en el parte que dio  el seguro, o no sé qué historias me cuentan desde hace 10 meses. Llamo cada semana. Y les he escrito muchos mails. No me hacen caso. Tampoco me hacen caso mis vecinos, que siguen haciendo ruido hasta las tantas, días sí día no. He hablado mil veces con ellos. Normalmente el que media es muy educado y pide disculpas y apaga la música y se trasladan a otro lugar de la casa a seguir hablando a gritos, porque no saben, por lo visto, hablar de otra forma. Tengo unas ganas de que abran los bares y las discotecas, espero que cuando puedan volver a salir, no pasen tanto tiempo en casa haciendo ruido por las noches. Gente desubicada de 40 años.  El mediador ya no vive en la casa y los que quedan son unos borde

Ser adulta, mi nuevo plan

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Te veo tocando con tu banda  y me reconozco en tus gestos y en las pegatinas de tu guitarra, y en todas las noches largas, y en nuestro veranos de los doce años, y en la isla, bajo el agua, porque compartimos alguna de esas máscaras que se llaman persona y también alter egos . Me gusta que hayamos decidido ser adultas y estar juntas en los días luminosos y en los aparentes callejones sin salida. Vamos a ayudarnos en esta misión, en este plan que nos traemos entre manos. Vamos a ser adultas - dices - porque   es justo lo que est ábamos esperando.  Sé lo que quieres decir. Es esperanzador. Tengo la sensación de que todo es novedad desde que lo hemos decidido. ¿Hace una semana? No, no, hace más tiempo... pero ahora tenemos más pistas, más piezas y lo comprendemos. Seguro que vendrán momentos extraños y que, como si estuviéramos desenganchándonos de alguna adicción, pasaremos por algo parecido a un síndrome de abstinencia, pero insistiremos las veces que haga falta y seremos constantes. Lo

Cuando te ven y no quieren cambiarte

Desde que hay toque de queda no hago nada los viernes por la noche, pero he recuperado una costumbre. Cuando me mudé a este piso, hace casi ocho años, justo abrieron un local en el que vendían sushi para llevar, lo hacían al momento. El sitio, pequeño, únicamente tenía el típico mostrador refrigerado, una barra de madera y la cocina abierta.  El primer día que entré me llamó la atención una pared decadente y desconchada, que incluso dejaba ver parte de ladrillo. Me causó mal efecto, no era la típica pared de ladrillo visto, era una pared que se estaba cayendo a trozos. Pensé que me sentía así, no sabía muy bien qué había hecho con mi vida, me parecía que se estaba desmoronando, pero tenía claro que los viernes por la noche bajaba a comprarme una bandeja de sushi para mí sola, y es lo que vuelvo a hacer ahora.  El local sigue exactamente igual y la pared también, pero la veo bonita, diría que perfecta tal cual es. Ni se cae ni le falta nada. A veces me siento tan en mi lugar, y a vece

Correr por la calle

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Dos veces por semana conduzco por la ciudad, una de noche y otra de día. Disfruto mucho de esos momentos. Del minuto de pausa en los semáforos, de la repetición de los intermitentes, del cambio de marchas, de acariciar el volante (ahora con olor a hidroalcohol de forma permanente), de los faros, de la ventanilla bajada. Abro el maletero para coger la pedalera de la guitarra y veo el saco de dormir . Siempre lo llevo. Un día se me ocurrió que nunca se sabe qué puede pasar y que llevarlo en el coche era una buena idea. Me siento orgullosa de esa ocurrencia. La calle que más me gusta para conducir de noche es la Gran Vía, sobre todo cuando paso por el Bingo iluminado con luces de neón . Me pone feliz o triste, no logro descifrarlo, en cualquier caso, me gusta. Una vez entré, con veintitantos. Queríamos beber y cenar barato. Lo que más, beber. Era el sitio ideal. Jugamos una partida. Había una chica, fue ella la precursora del plan. Yo estaba enamorada de la chica.   Con ella todo me pa

Oportunidades

Desde la casa de L se ve hasta el mar. Intenté señalar con el dedo donde quedaba la mía. Al pasar por calles por las que no había estado nunca, supe que podía encontrar algo nuevo en lo aparentemente conocido, como si las posibilidades no se agotaran. Me pareció bien, en ese momento, darle una oportunidad a todo, excepto a lo que ya sé que no merece la pena.

El planeta perdido

Esta semana me han mandado mensajes varias  personas a las que hace tiempo que no veo, ha sido muy curioso, como si se hubieran puesto de acuerdo, pero es imposible porque no se conocen. Y tengo muchas ganas de verlas, así que estoy tratando de cuadrar encuentros al aire libre, con distancia de seguridad y en horario Covid.  Por fin tenemos la fecha de inicio de la quimioterapia de mi madre: el martes. Va a ser preventiva, todas las pruebas están saliendo bien, así que el pronóstico es muy bueno. Le han puesto un aparato en el pecho para que pueda llevarse la quimio a casa dentro de una riñonera (literal). Me preocupa mucho ver cómo pierde peso (a causa de la dieta estricta tras la operación y durante el tratamiento) y me preocupa verla desanimada y cabreada. Y me preocupa el coronavirus. ¿Nada más? Muy pronto va a hacer un año de la ruptura. No veo demasiada luz en el tema del amor y las relaciones. Es como un planeta lejano, a veces aterrador, otras perdido, incomprensible, decepcion