Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2015

Fotocopia a color para un flequillo que sueña

Hoy he viajado en tren. Iba mirando por la ventanilla cuando he visto aparecer la mano de un niño. Una mano que contaba muchas historias. Yo estaba viendo con el corazón en ese momento. 
El niño parecía soñar. Yo también. Pero no teníamos uno de esos sueños que se planean y se dividen en pasos y se contrata a un coach y a un hipnólogo y a un experto para lograrlo. No.

Era un sueño en mayúsculas, de los de antes, de los de apoyar la cabeza y ya está. Y de los de estar en él sin darse cuenta.



Como una fotocopia

TRANSCRIPCIÓN. Es como si intentara subir por unas escaleras automáticas que van en sentido contrario y, claro, todo el tiempo estoy en el mismo lugar.
No recuerdo temporada más extraña en mi vida que esta en la que estoy. Ya va para dos años. Lo curioso es que cada día espero que se produzca algún tipo de milagro. Me refiero a que no ha pasado un sólo día en el que no me haya buscado aquí y allá. No recuerdo ni un día (y dale) de esos en los que simplemente las horas pasan y no estás ni bien ni mal, en los que vas a trabajar, comes, vuelves a casa, ves la tele y te sabes todos los anuncios. No. No ha sido así en ningún momento. Creo que por eso no engordo ni un gramo, a pesar de de los bollycaos y los donettes. Todo es intenso, lo bueno y lo malo.
Hace una semana empecé a grabar a las primeras personas que veo pasar por delante de mi ventana balcón cuando levanto la persiana por las mañanas. Como esto es una fotocopia no puedo poner el vídeo, pero pondré una foto de una de esas person…

Una conexión en plan: lo has visto

Hoy he salido bastante tarde de casa, a las 10:45 todavía estaba cerrando la puerta, pero milagrosamente a las 11:05 entraba en clase y además era la primera en llegar. En el pasillo de la parada de Paseo de Gracia, el largo no, otro, el que conecta con el andén de la amarilla, me ha adelantado una chica que iba corriendo con una mochila de piel  y que ya por las escaleras avanzaba diciendo "perdón, perdón, perdón, perdón".

Al final del pasillo había un músico –un chico con una gorra, vaqueros, camiseta y gafas– y justo cuando la chica que corría ha pasado por delante, él ha dado el primer zarpazo a su guitarra. Ha sido muy emocionante. Le he mirado y hemos tenido una conexión en plan "lo has visto, lo has visto, ha sido genial cuando ella ha pasado corriendo y he empezado a tocar", yo he pestañeado una vez para decirle "sí, ha sido genial, la vida es bonita ahora, en este momento". No he podido pararme porque llegaba tarde. La canción era Street Boy. Gr…

11

Dijeron que los cometas pasarían a las 11. Pero sólo una vez.

El 11 era un número que, hasta ese momento, yo no había visto antes.



La bocina del barco que transporta hielo de forma ilegal

Esta mañana, las gaviotas graznaban y los perros ladraban. Y los gatos, pues ya se sabe. Desde la cama, he escuchado la bocina del barco que transporta hielo de forma ilegal; vuelve de pozos de nieve lejanos. Aquí casi es primavera. Está la chica, la chica que trabaja en el barco y desayuna por las mañanas en Can Dendé.

Hace poco entré en la cafetería justo cuando ella se marchaba. Me senté en su mesa. Se había dejado una libreta en la silla. Era un diario personal. Leí lo más bonito que había leído en mi vida. Pregunté en la barra y me dijeron que la chica estaba dos calles más abajo, en las cámaras frigoríficas. Fui al estanco, compré un sobre marrón, metí el diario dentro con una nota  y me acerqué hasta allí. Se lo dejé al portero. En el post it ponía: "No lo he leído."

Testimonio

La piscina en la que nado ahora da a la calle. Cuando tomo aire veo edificios y ventanas, personas caminando, árboles, bicicletas, fragmentos de cielo. Yo estoy en el agua. Desde ahí  todo parece nuevo porque es extraño.
Más tarde, tras escuchar algunas conversaciones al azar en los vestuarios, salgo y la calle huele a cloro. Miro a través del cristal con curiosidad. Pongo las manos así. Veo la piscina.