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Mostrando entradas de mayo, 2013

Post 1007. Taxi

Cuando el día ya no da para másestiras estiras y estiras y se hace añicos. Queda un pedazo de mañana aquí otro de tarde allí un semáforo averiado  que no se ponía en verde para nadie una adolescente que deja el curso un zombie comiendo una hamburguesa con patatas una cajera que me pregunta por el tiempo y me cobra 75 céntimos. Si no estoy en la ola estoy debajo.  ¿Y la noria que había al final de la playa? No puedo ofrecer demasiado si no gano mis apuestas. Los taxis siempre me parecen confortables te llevan, giran,  el intermitente suena diferente, pero la ventanilla  jamás está a mi gusto. Como por la ventanilla de un taxi, así miro yo.


Post 1006. Preguntas

Qué cosas de mi vida actual tienen sentido. Y qué otras no. Descartar, elegir, saber... es complicado sin antes probar, arriesgar, errar, intentar. ¿Por qué a veces se ve la luna y el sol a la vez y yo conduzco un coche por una autopista que empieza cada día?  Amor. ¿Amor? amor y soledad.

Post 1005. Una historia sin importancia

Hoy he comido en el Parque de la Ciutadella. Siempre he pensado que alguna vez podía acercarme hasta allí al mediodía, que tardaría cinco minutos en coche. Y ha sido así. Hay otro mundo más allá de mi parking. Comer en el Parque de la Ciutadella está dentro del mapa de cosas posibles, como nadar, comer pizza en Italia, escribir una novela o ir a una clase de hip hop al otro lado del Oceáno Atlántico. Todo lo que se incluye dentro de ese mapa debe ser postergado una y otra vez. Debe ser posible y aplazable para que un día deje de serlo. No se vale soñar por soñar, si sueñas debes colocarlo en un mapa.

Hacía buen día y en la radio sonaban canciones alegres, de tener suerte y cosas así. El sol ha iluminado mis pestañas y el interior de mi coche cuando he bajado la lona de la capota. Mi coche que es feliz en primavera y tontorrón en días de lluvia. Esa es la verdad. He entrado en el parque y había unos chicos jugando a ping pong. He pensado que aquella parada, la de jugar a ping pong con…

post 1004. Una desconocida en el jardín

Mi refugio es Inés, que ya se ha levantado de la mesa del desayuno y ha salido por la puerta. Ahora veo cómo se marcha. Inés es como liarse un cigarrillo y fumárselo a solas en la terraza, de noche, cuando nadie pisa la calle pero un avión pasa por el cielo con un centenar de pasajeros. Ladra un perro, no hay luna. Con Inés no pasa el tiempo y el amor siempre sigue intacto. Inés es la canción que cada tarde escucho en spotify y tarareo por las mañanas cuando se sube la barrera del párking. Inés es la sábana con la que me tapo en la cama. Inés son mis temores. Inés, tras la ducha, se seca el pelo, pero no del todo. Siempre se lo deja un poco húmedo. Puede que Inés seas tú misma, lo que te queda de ti por conocer. Inés siempre responde a mis llamadas, pero no siempre me habla.
Hasta mañana, Inés.

post 1003. Cuando no sabes, haces otras cosas. O aprendes.

Me gustaría que tú y yo, todos, pudiéramos afrontar el dolor que viene de dentro con una sonrisa. Que jamás nos sintiéramos perdidos y no tuviéramos que buscar. Nacer en un lugar y crecer en él siempre. Que lo que una vez estuvo bien no cambiara. Que pudiéramos ver más allá y darnos cuenta de que todo está muchísimo más cerca de lo que pensamos. Que tuviéramos paciencia, que no nos sintiéramos como en una carrera. Me gustaría permanecer en mi lugar y saber esperar. Y que pudiéramos disfrutar del momento y no de lo que será ni de lo que sería. Que nos riéramos y que mañana estuviera bien ese recuerdo. Hacerte feliz y serlo. Verte feliz y ser feliz viéndolo. Que el presente no se alargara hasta un futuro y que el futuro no fuera como un presente muy largo.
Me gustaría que todo el mundo pudiera hacerlo. 
Pero no sé. Pero no sabemos. Y por eso hacemos otras cosas.

Post 1002. Como el horóscopo o algunos sueños

Lana Del Rey - Ride  on Vimeo.


No he avanzado demasiado con Inés. Su imagen está congelada con las cuatro galletas -las cuatro a la vez- entre los dedos y sus labios. Pero, curiosamente, todo lo demás va hacia adelante: una brisa primaveral, algo fresca, de mañana, mueve los árboles que se ven a través de la ventana; pasa algún coche por la calle, suena un motor; los vecinos salen a pasear a sus perros contentos (son los perros los que están contentos); las mamás llevan a sus hijos saltarines al colegio y un bocadillo de salchichón da cien vueltas dentro de una mochila. A mí me ha dado tiempo de caminar alrededor de Inés, observarla de cerca. Se la ve tranquila. No voy a tocarla. Eso no estaría bien. Mis pasos resuenan en el parquet. Ella está descalza. Saco una galleta del paquete. Me la como frente a ella. Cruje en mi boca.
Todo lo que escribo debe tener algún tipo de significado. Es como el horóscopo o como algunos sueños.

post 1001: galletas y tipos de nubes

Estoy escribiendo una novela desde hace un par de meses.
Hay un personaje que me tiene en ascuas: Inés. Es fotógrafa y trabaja en una empresa de publicidad. Nació en Cartagena, pero ya no vive allí. Durante seis meses colaboró con una agencia inglesa de metereología fotografiando tipos de nubes. Tuvo que aprenderse todos los nombres: cirros, cirrocúmulos, cirrostratos, altocúmulos, altostrato, nimbostrato... En aquella época, cuando se emborrachaba con las amigasdecía que había visto un tipo de nube llamado cunnilingus. Su mejor amigo trabaja en ese bar que hace esquina, el de la foto, pero eso no sale en la novela. (Este detalle sólo lo sabemos nosotros.)
Ha pasado algo inesperado que me ha ayudado a conocerla mejor. Hasta ahora la tenía idealizada. Lo reconozco. Hoy, en cambio, mientras escribía cómo desayunaba, me he dado cuenta de que es una chica de lo más normal. Yo creía que se prepararía unas tostadas con miel y sésamo, o cereales con frutas del bosque; pero no, …

Post 1000: Y lo siguiente es esto

Escribo mi post número 1000. No es que haya pasado nada extraordinario, quizás sean cosas tan pequeñitas, y yo ando tan mal de la vista últimamente. Tengo mil dioptrias en el corazón y otras tantas en la cabeza. Es miopia pasajera. O eso quiero creer.
Tal vez esperaba algo grande como las imágenes que acabo de ver en televisión, embalses llenos y las compuertas abiertas. El agua bajando con fuerza hacia el mar. Perdiéndose otra vez. Fuegos artificiales. Puede que yo haya estado reteniéndome un tiempo y ahora vuelva a fluir hacia los mismos lugares pero de un modo distinto. Aún así, siento cierta nostalgia, como cuando te enamoras a los 16. Tengo ganas de salir a la terraza y observar la calle en silencio, sin nadie. Como si todo el mundo fuera esto. No quiero que mi post 1000 sea triste. Es sólo que mi invernadero necesita aire y todo no va a sobrevivir. Lo sé.
Bienvenido momento extraordinario. Pasa, deja que te abrace, he estado mucho tiempo esperándote.