8/11/17

Noche de insomnio

Tres magníficas compañías en mi última estancia en tristeza transitoria y antisocial:

- La entrevista en el programa "A fondo" a Julio Cortazar. Inquietante pensar que ya no se hagan entrevistas así. Aunque debo reconocer que hace cinco años que no veo la televisión, así que no tengo ni idea de lo que se emite. 
- La maravillosa película francesa Les Garçons et Guillaume, à table! Una joya que descubrí en Filmin, inteligente y divertida.
- El libro de fotografía "Waiting", de Txema Salvans

Al final, tuve que cambiar la cadena de la bici porque se había dado. Me gusta mucho el mecánico de las bicis, siempre me trata con cariño y simpatía. Se nota que le gusta su trabajo. Hay varias personas del barrio que me alegran la vida: el chico de las bicis; Diana de la Gabriella (un sitio de comida para llevar), con quien siempre hablo un ratito o me fumo un piti; la sonrisa de Debora de Can Bigotis, cuando me la encuentro por la calle; el buen rollo de Raül del Ultra-local cuando llego a casa; el "chino" (o no sé, disculpen mi poca destreza para distinguir asiáticos) que recoge chatarra, que es a la primera persona a la que saludo por las mañanas; el paki guapo y amable del paki. 

Tengo vacaciones en diciembre y no sé qué hacer con ellas. Qué dilema. 

No puedo dormir porque tengo mucho trabajo y quiero irme a trabajar ya, pero son las cuatro de la mañana.





3/11/17

Mordor, de nuevo

Hoy he vuelto a sentir el vacío que, de vez en cuando, me desmonta el tinglado, como una especie de vendaval infernal que me lleva hasta Mordor. Me desmonta el andamio en el que voy trabajando. El día era bonito, claro, limpio, luminoso, soleado y cálido. Hasta que me he puesto a llorar en la bici, con mucha pena, con desolación. Un día hallaré el lugar en el que empieza el vacío y lo convertiré en una piscina climatizada con luces para el invierno, y en piscina rodeada de árboles para el verano. 

De momento, sólo sé las situaciones o circunstancias que actúan de desencadenante. Que en sí mismas no son nada, no tienen un significado extraordinario, pero dejan al descubierto mis debilidades. Debo enfrentarme a esas situaciones. Aunque suponga riesgo de huracán constante. Debo confiar en mis recursos. 

A todo esto: me han subido el sueldo. Y me han felicitado por cómo estoy haciendo mi trabajo. Me dijeron, exactamente, "estàs molt en el teu lloc i confiem en tu". La verdad es que sí, que lo de que estoy muy en mi sitio es algo que he notado en los últimos 6 meses, en general. Excepto cuando caigo en Mordor. Pero, en general, creo que sí, que estoy muy en mi sitio en todos los aspectos. En mi sitio. Como la perri, cuando la mando a dormir a su sitio.

Tengo ganas de volver a Granada. Me gustaría recorrer Andalucía, sin prisas. Empezar por una punta y acabar por la otra. 

Hoy he estado escuchando, mientras trabajaba molt en el meu lloc, a Alicia de Larrocha.


1/11/17

Unilateral

Hoy me he despertado acordándome de Excelsis. Cuando dentro de unos años vuelva a leer esta entrada, en esos días en los que me da por revisar qué hacía o sentía yo hace cinco años, no sé si recordaré a quien pertenece el sobrenombre Excelsis. Ya me ha sucedido antes, releyéndome. Tengo que hacer esfuerzos por distinguir sobrenombres de nombres reales. Esto no ocurriría si, sencillamente, escribiera un diario personal en una libreta, pero creo que escribiendo mi autobiografía y dejándolo a la vista de quien esté por ahí (¿qué sentido tiene escribir unas memorias si nadie las va a leer?) hay algo de oficialidad y de proclamación solemne, como diría Anna Gabriel, de mi propia república vital. Una declaración unilateral, siempre, puesto que no busco consenso. Dicho esto, voy a continuar.

Hoy me he despertado acordándome de Excelsis. Me ha sobrecogido el hecho de pensar que haga tanto tiempo ya. Y he sido consciente de que, tiempo atrás, Excelsis se movía por mi casa, supongo que de un modo más o menos familiar. O sea, sabía dónde estaban las cosas. Sabía dónde estaba el secador, sabía donde estaban los vasos, sabían dónde estaba el café. Y que tenía, supongo, una silla simbólica que le pertenecía. Una silla en la terraza. Y que tenía un lado en la cama y no otro. Y que tenía un cepillo de dientes, que tiré, claro, para no someterme al drama. A mí me gustaba Excelsis. Claro, me gustaba mucho Excelsis. Aunque no desde el principio. Al principio, sólo me caía bien y me parecía un ser curioso. Una persona que despertaba mi curiosidad. Recuerdo el primer día que nos conocimos y recuerdo que nos costó un poco encontrarnos. "Estic aquí", "jo també", "no et veig", "jo tampoc". Algo así. Tal vez sea un buen resumen. También recuerdo que cuando la vi pensé que me sonaba de algo. Hacía frío, se estaba yendo el sol, era invierno. Por ese tiempo yo arrastraba, todavía, algo de tristeza por haber perdido a (siguiendo con el latín) a Oleum. De hecho, ese mismo día me compré una especie de colgante que me recordaba a Oleum. O sea, el día que conocía Excelsis me había comprado algo que me recordaba a Oleum.

También recuerdo la primera vez apoyé la cabeza sobre Excelsis. Fue en el sofá. Le pedí permiso, aunque tal vez no debería haber hecho esa pregunta porque ella me estaba tocando la pierna. Pero yo  hacía bastante tiempo que no tocaba a nadie. Como ahora. O sea, más o menos como ahora. También recuerdo la primera vez que Excelsis me tocó la nuca. Fue en una parada de metro y me puse nerviosa. También recuerdo pasar una tarde entera con Excelsis, al principio, y estar preguntándome todo el rato, mentalmente, si me gustaba o no. Pues claro que me gustaba.  Qué tontería, tanto dudar. Luego ya, me encantaba. Me encantaba Excelsis. Me encantaba dormir con Excelsis. Me encantaba despertarme con Excelsis. 

Tengo ganas de volver a enamorarme. No deja de ser curioso y divertido tener la mente del revés.

Ahora me ha dado por ver pelis y documentales sobre Hitler y los nazis. Aunque sigo con mi temática apocalítica. Descubrí la serie Van Helsing hace poco. Me encanta que los zombies vampiros puedan volver a ser humanos. Creo que es bastante simbólico. Siempre he querido que los zombies pudieran volver a ser humanos. Van Helsing tiene el poder de morderles y reconvertirlos, como cuando se encuentra con su amiga lesbiana, que está en modo vampira zombie total, en la guarida, pasándoselo bien. Es una putada, en el fondo, que te hagan humana, de nuevo, porque creo que los vampiros zombies se lo pasan bastante bien en su orgía de sangre y descontrol. Pero bueno, es el guión de la serie.