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Mostrando entradas de noviembre, 2009

Menos lo "nuestro"

Busco a alguien que quiera transportar mi piano hasta tu casa, a alguien que lo lleve como llevarías una bala, con cuidado y protegida. Hoy me han mirado todos con lupa y se han dado cuenta de que arrastro un mar a mi alrededor. He intentado defenderme moviendo los brazos, espantando agua, nadando. Al final, me he quedado quieta y ha sido lo mejor, pasar desapercibida, pero luego he tenido una sensación uno de esos chicles agrios que te llevas a casa y que no puedes parar de masticar hasta que te sale sangre de la lengua porque te has mordido me he acordado de los toros en la plaza con la lengua fuera y he pensado que tal vez alguien estaría aplaudiéndome que alguien pediría que me dieran una vuelta al ruedo, por lo menos, un toro digno. Ha sido un día asqueroso, pero no sabría decir el motivo, la causa, el porqué, no ha pasado nada malo. Ayer no vi el partido porque me daba exactamente igual que ganara o perdiera el barça, por mí, cómo si ganan todas las putas ligas, o por

El alivio de pifiarla

El otro día metí la pata en el trabajo. La verdad es que a quién le importa. En el momento lo pasé mal, pero luego sentí un alivio muy grande porque, joder, ya era hora de equivocarse. El año pasado no hice nada mal pero cada día sentía pánico por si sucedía, por si pasaba, por si me equivocaba, y la verdad es que esa presión me angustiaba. Por suerte, por fin, ocurrió. Además, la pifié a lo grande, aunque se trata del típico error que se convierte en anécdota divertida con el tiempo: me llevé a 100 niños a un museo el día que cerraba. Lo dicho, un alivio. Ahora sé que si cometo un error no se acaba el mundo. Que los demás lo entienden. No sé quién me metió en la cabeza este afán por ser perfectita... Y nada, que ya llevo más de dos semanas preparando el espectáculo navideño. Espero que nadie crea que esos festivales que representan los niños en los colegios son coser y cantar. La verdad es que conlleva mucha dedicación por parte de ellos y por parte de la maestra, claro. Para los

Morder o no morder, esa es la cuestión

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Me he metido en un lío. Bueno, mejor dicho, he metido en un lío a Clara Monforte, mi personaje en el Hotel Melancoisla . Un lío del que no sé salir, es evidente, Clara Monforte lleva sin escribir en su blog un mes. <--- aquí suena una alarma tipo anti-incendios---> Todo empezó cuando se me metió en la cabeza convertir a Clara en vampira. ¿En vampira! ¿Pero qué dices! ¡Pero si no pega ni con cola que ahora se convierta en vampira! Para, para. OK. Pero es que yo quería un golpe de efecto, darle un giro al personaje. Entonces fue cuando se me ocurrió que podía hacerla vampira. Lo malo es que investigando por ahí (Google y una tarde en la biblioteca) empecé a ver el tema de los vampiros de un modo diferente, digamos que no tan romántico como me parecía en un principio. Y empecé a rajarme. ¿Cuál es el problema? Que aunque Clara Monforte no ha salido del armario "vampiril", relativo a vampiro, sí ha dejado pistas. Concretamente, Clara escribía el día 15 de oct

Sorpresas dentro de la ropa

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Cuando te pones una prenda de ropa del revés y sin darte cuenta, tarde o temprano tienes una sorpresa. Las sorpresas aguardan en la parte interior de las prendas de vestir, o sea, en la parte que toca o que queda más cerca del cuerpo. No sé quién las pone ahí ni cómo se aguantan, tal vez vayan cosidas o pegadas con algún tipo de cola para tejidos, como esa tiras que se enganchan al plancharlas y que las mamás usan para poner el nombre de su hijito en la bata del colegio. En vez del nombre, una sorpresa. Yo qué sé. En cualquier caso, sólo salen a la luz cuando te pones la ropa del revés sin darte cuenta. No se puede engañar a la sorpresa de dentro del jersey poniéndotelo del revés a propósito, así no funciona. A veces, aunque se cumplan las dos condiciones, del revés y sin darte cuenta, las sorpresas no caen con facilidad. Más de una vez me he descubierto el pijama del revés a las 3 de la mañana y no ha habido ninguna sorpresa.

Suerte, ventanas, enamorarse, sol, desayuno, radio

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Últimamente estoy viendo unas cúmulonimbus impresionantes a eso de las 17:30. Están en el horizonte del mar de la ronda litoral, tras esos bloques de cemento cuadrados que tapan la playa, pero si te fijas bien puedes ver cómo se asoma entre cubo y cubo. Nunca hubiese imaginado que la vida estuviera tan llena de cúmulonimbus, de nubes preciosas y crecientes avisando tormenta. Y eso es buenísimo porque a mí la lluvia suele traerme suerte. No puedo poner ninguna fotografía de la nube en cuestión porque las fotos siempre me pillan conduciendo, ya se sabe, la continua atracción por la imposibilidad, pero pongo esa otra de estratocúmulos, o eso creo. *** ¿He contado alguna vez que el amanecer en el Nudo de la Trinidad es hermoso? Una franja naranja en el cielo, luces de freno que se encienden y se apagan, intermitentes que parpadean, paneles que informan de los límites de velocidad y de las caravanas, el autobús dorado de "Autocares Jimenez" vacío -¿dónde están los pasajero