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Mostrando entradas de julio, 2021

#14 (Diario de verano, 2021) - Me he saltado el trece, por si acaso.

Esta mañana, en la piscina, he tenido un carril solo para mí. O estaba todo el mundo en la playa o ya han empezado a marcharse de vacaciones. Me hace muy feliz haber encontrado una rutina para los sábados y los domingos por la mañana. Miro a mi alrededor. La hiedra, el jazmín, las otras plantas que no conozco el nombre. Me fijo en el edificio del gimnasio, una antigua fábrica de finales del siglo XIX, donde trabajaban tejidos. Es un edificio hermoso, blanco, con ventanales y buhardillas. Vuelvo a nadar. Nadar, nadar, nadar, es lo mejor del mundo. Me gusta un poco el socorrista. Ser lesbiana y que te guste el socorrista es de lo más absurdo. Tal vez ya no sea lesbiana. No, no es eso. Sencillamente, no quiero saber nada de aquello que potencialmente puede hacerme daño. Es un chico de pelo castaño oscuro, alto, con músculos definidos pero sin exagerar, y no lleva tatuajes. Es amable. Tiene la voz bonita, cálida, la mirada dulce. Me gusta de un modo platónico, poético, sin deseo. Es el soc

#12 (Diario de verano, 2021)

Devoro las mañanas de los sábados y los domingos nadando en la piscina, leyendo y tomando el sol en el césped, nadando-leyendo-sol. La luz se filtra por la claraboya e ilumina el agua. Contar piscinas me gusta y concentrarme en el número que estoy nadando.   Me voy sintiendo mejor. La tristeza se está domesticando. La desesperanza va menguando. Están ensayando ópera en la fábrica. En septiembre ya no estará y cambiará totalmente el paisaje urbano. Un bloque de oficinas llenas de gente con ordenadores la sustituirá. Lo peor será el ruido de las obras durante dos años. El polvo. No quiero que tiren la fábrica. Me cuesta mucho pensar que algo que lleva un siglo en pie vaya a desaparecer.

#11 (Diario de verano, 2021)

Mi madre me ha llamado desde el hotel y me ha contado que desde la habitación se ve el mar. Me ha mandado una foto. Y que todas las habitaciones que acaban en 10, como la suya, tienen la terraza más grande. Que han tenido suerte. Que mi padre se ha bebido un gin sour después de cenar mientras empezaba el karaoke del hotel (me conmueve, me suena a infancia, a música que viene de lejos, a mosquitos, a 1989, a coches de gasolina). Me gusta mucho que mis padres estén de vacaciones y que mi madre esté disfrutando, y que los dos hayan dejado atrás el susto de finales del año pasado e inicios de este. Lo pensé cuando estábamos en el hospital, que ojalá llegara el verano, luminoso y lleno de karaokes.  Hoy aquí ha hecho mal día, allí también, por lo visto.  Esta tarde he estado con A en el bar de mi ex-vecino. Me gusta mucho esa terraza y el airecito que sube de la playa. Ayer estuve en la tienda de discos y me dieron una mala noticia: desaparece la nave industrial que veo desde mi casa. Const