29/10/20

No es lo mismo caminar para volver




Ayer salimos a las 21:20 del ensayo, todo el mundo corría antes de que empezara el toque de queda a las 22:00. Los coches, en el breve tramo de la ronda litoral que cojo para volver del local, iban a toda velocidad. Cuando llegué al barrio, la sensación era la misma. Gente caminando sola, o de dos en dos, volviendo a casa. No es la misma forma de caminar la de volver a casa, que la de ir a alguna otra parte.

Estuve en la piscina porque ya imaginaba que la iban a cerrar con las nuevas restricciones. La luz se filtraba por la claraboya y a ratos cambiaba, porque las nubes pasaban y tapaban el sol, y el agua se veía de otra tonalidad. 

Hoy me han hecho una limpieza dental, no ha habido anestesia, una pena. Aun así, me ha encantado. Sentía el aparatito escarbar, el agua, el aire pasando entre los dientes. Algún calambre de vez en cuando. No entiendo por qué me gusta tanto ir al dentista. Es un descubrimiento tardío. Estoy allí un rato y me olvido de todo. 60 €uros.

Estoy saliendo adelante. 





24/10/20

El videoclub que no cerraba nunca


Son las 20:30 de un sábado y he recordado el videoclub que no cerraba nunca. Era un lugar ideal para refugiarse. Entrar allí, pasar el rato leyendo contraportadas de películas tratando de descifrar la que podía gustarte más, sin ver el trailer, sin consultar Google, sin leer mil opiniones. Tú sola ante la caja de plástico con la portada. Finalmente, escogías una y, a veces, llegabas al mostrador para alquilarla durante 48 horas y la chica te decía que ya no estaba, que alguien ya se la había llevado. 

Recuerdo ese momento, el de estar entre las estanterías buscando alguna historia en la que perderse, como algo maravilloso que se vivía en el presente y se proyectaba en el futuro. Aquello era, nada más y nada menos, que la felicidad. Eso que tanto se busca, o se desperdicia,  o se pierde, o se encuentra. 

La perri está dormida mientras escribo y veo sus patitas y su morrito hundido en la manta, hundido en el presente. Acabo de acordarme de mi amigo Pereira porque él podría decirme algo que sirviera.

Qué guapo y solo Jude Law en la película. Me encantaría tener un café así, aunque mi trabajo de ahora es lo mejor. Pero si tuviera ese café me comería un trocito de tarta al final del día, de la que ha sobrado, qué rica. Qué guapa y sola Cat Power compartiendo ese cigarrillo y marchándose.



23/10/20

Baltimore está a 3 horas



Desde que fui al dentista, me duele la muela del juicio, no sé si son mis ganas de volver a por una nueva dosis de anestesia o si de verdad me duele. Todo así.


Siento que mi muela empastada no funciona del mismo modo y que es distinta, como esos cambios a los que debes acostumbrarte para seguir masticando a diario. 


Llevo una semana escuchando a Future Islands y Beach House sin parar. Ambas bandas son de Baltimore, que está a tres horas en coche de Nueva York. Lo primero que voy a hacer en cuanto todo vuelva a ser como antes de marzo de 2020, será ir a verlos en directo a la primera ciudad en la que toquen, y si tengo que cruzar algún océano o coger un avión, mucho mejor. 


Soñé una vez que estaba en una casa mirando por una ventana, las calles estaban inundadas, la fuerza del agua arrancaba los postes de la luz. A menudo recuerdo ese sueño cuando estoy despierta, sin venir a cuento. Por ejemplo, ahora. Ahora ha aparecido por aquí...


Hoy pensaba que tengo un poquito de mala suerte, pero solo a veces, porque en ocasiones tengo una suerte inmensa.


Se me rompen muchos vasos. También platos. Nunca me enfado porque cuando los veo hechos añicos en el suelo sé que lo único que puedo hacer es recogerlo y tirar los restos a la basura. 


Una canción me ha recordado que, hace cuatro años, cuando estaba enamorada de (?),  imaginaba que ella vivía en un bloque feo de la barriada de La Mina y que yo cogía un bus para ir a verla mientras el corazón latía tan fuerte que golpeaba contra la ventanilla. Bueno. Toda esta apocalipsis sexoafectiva (o como se llame ahora) se me ocurrió un día yendo en autobús a una entrevista de trabajo. Me dejó una camiseta que olía a ella. Usaba un detergente buenísimo. Me gustaba esa idea de la Mina y del amor en barrios quinquis de los 80’s.


Hoy tengo revisión médica. Si muero pronto, pues nada, me quedaré con las ganas de un concierto y de un autobús hacia alguna parte y de una camiseta que huela bien.





16/10/20

Anna Calvi es la que mejor versiona a Elvis



En el coche llevo un cd de Elvis con las primera canciones. En mi cabeza, Elvis es un chico de 13 años, tímido y vergonzoso, que perdió a su hermano gemelo (Jesse) al nacer, y que toca la guitarra y canta después de trabajar. Vive en una humilde casa blanca de madera, construida por su padre, en Tupelo. Anna Calvi es la mujer que mejor versiona a Elvis. En este vídeo pide un poco de luz para empezar porque  necesita saber a qué altura del mástil van los dedos. Yo tengo una pegatina luminosa tras el mástil, en el quinto traste, para poder situarme cuando hay poca luz. 

Hice una lista de últimas voluntades para cumplir antes de que acabe este peculiar año. La que mejor se me da es la más frívola de todas, que es la de comprarme toda la ropa que me apetezca, aunque solo sea para llevarla en casa y para salir a pasear con la perri.

Ahora que para frenar la vida social y los contagios se cierran los bares y restaurantes, me he dado cuenta de que no voy a bares ni a restaurantes desde hace meses, creo que he ido tres veces desde mayo, y que ninguna de las restricciones me afecta porque ya las llevo a cabo de forma personal. 

Hoy he roto la rutina yendo al dentista y he pasado dos horas excelentes con la boca anestesiada. Me ha gustado mucho cómo ha vaciado la caries y la ha dejado limpia. Y también, la dedicación con la que le ha ido dando forma al empaste para taparme el agujero. Y qué alucinante es la anestesia, no notar nada aunque te estén taladrando el diente. Me he sentido a gusto, me ha tratado con mucha amabilidad y cariño, y en todo momento me iba advirtiendo sobre lo que iba a sentir. Me ha costado 90€.

El último rayo de la tarde de ayer me recordó al último rayo de la tarde de hace 10 años y me he sentido feliz, como si estuviera viviendo los dos rayos en paralelo. Pero estoy enfadada, y un poco triste, también. Joder. Joder. Joder. Joder. Joder.

 Amabilidad, cariño y anestesia, mis tres nuevos tótems.




11/10/20

No sabemos cómo será ese día ni tampoco el de hoy



Cada año compro algo en el supermercado que caduca el día de mi cumpleaños,  y pienso: ¿Cómo será ese día? ¿Será normal o especial? ¿Acaso será malo? Este año caducan el 14 de octubre unos flanes, unos huevos y una bandejita de bacalao desalado. No sabemos cómo será ese día.

El 2020 me parece provisional para todo, dada su excepcionalidad, como si fuera un año en pausa en el que nada puede planearse, pero no es así. Pasan los días y las semanas y los meses. Estoy cuidando mi corazón que late.

Esta semana no paro de escuchar a Girl Names, una banda de Belfast, pero ya hace dos años que no sacan disco con canciones nuevas. Este año han publicado, por lo menos en digital, una colección con todas las demos desde que empezaron en el 2009, pero no sé si siguen tocando. Acabo de comprar en el bandcamp de la banda una copia en vinilo de un disco que sacaron en 2018. Fijo que se van a poner super contentos cuando vean que alguien, desde Barcelona, les compra un disco de esos que deben tener en una caja bajo la cama o en un rincón. El cantante, que seguramente debe ser el que reciba el aviso, le enviará un whatssap a la bajista y le dirá "tía que nos han comprado un disco desde Barcelona". La bajista, que estará sola en su casa bebiendo café y mirando a su perra, lo leerá y le contestará "Tenemos que volver a ensayar y sacar temas nuevos, tengo algunas ideas!"



7/10/20

Lo vi distinto, lo vi todo más bonito

 

Se está muriendo el geranio. Puede que sencillamente esté entrando en esa fase de estar mustio para renacer de nuevo, aunque yo no recuerdo que mi abuela tuviera los geranios feos en ninguna época del año. Yo veía aquella terraza de la calle del Clot como una selva húmeda y sombría, pero en cierto momento de mi pre-adolescencia descubrí que podía sentarme a escribir en la mesita y pasar la tarde fuera, en la selva misteriosa. Hará un par o tres de semanas,  fui a visitar la exposición de una amiga y me di cuenta que el lugar estaba cerca de aquel piso en el que vivía mi abuela y los geranios. Lo vi distinto, lo vi todo más bonito. Tanto que al día siguiente volví a dar un paseo por el barrio y estuve toda la mañana por allí, sobre todo en el parque.


Esa tarde, la de la exposición, sentí alegría. No sé si porque estaba haciendo algo “normal” o algo que era habitual en la “normalidad pre-pandemia”. Volví a casa y me puse el disco que me regaló V e imaginé que estaba en un bar tranquilo, tomando algo. Y aunque fuera imaginario, en mi recuerdo veo a una camarera y también a otra gente, en otras mesas, hablando y riendo. Creo que era verano. También me veo a mi en casa disfrutando escuchando el disco. Es un recuerdo con dos imágenes.


Últimamente estoy pasándolo muy bien en los ensayos. No tener la presión de tocar el setlist para preparar algún concierto hace que podamos pasarnos horas y horas probando canciones nuevas. Me siento tan a gusto con mis compañeros de grupo. Quizás es porque nos centramos en la relación que tenemos (el grupo) y la cuidamos. Es el único lugar en el que estoy en un lugar cerrado, sin ventilación, sin mascarilla y con 3 personas más, eso me preocupa un poco pero solo los cinco primeros minutos y los cinco últimos. En medio, me olvido.







2/10/20

Solo me gustan los nadadores

Podría decir que estoy en el séptimo cielo laboral. También podría decir que he hecho grandes esfuerzos. 

Siento amor cuando mi perra corre por el parque, contenta y despreocupada, y luego volvemos a casa tras la alegría inmensa del césped, los àrboles, la fuente y el sol de la tarde escondiéndose, y se oyen platos en las cocinas de las casas y algunos televisores encendidos.


Me he comprado una linterna para leer cuando no hay demasiada luz. Creo que también va a ayudarme a iluminar eso que tanto miedo da.  ¿Y si me quedo atrás? Y el mundo sigue y no logro alcanzarlo...


Hoy he nadado mucho y he sentido que avanzaba. Había un chico en el carril de al lado. Solo me gustan si son nadadores. Ha salido del agua y se ha puesto un albornoz negro. Era el chico más guapo del mundo y lo he mirado.  


Últimamente tengo el sueño roto. Me he despertado a las cuatro de la mañana. Me he acordado de que A. me había dicho que la luna de octubre era la más redonda. Y me he levantado de la cama para verla.