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Mostrando entradas de mayo, 2004

prima, verá que sound

Andrea tiene el símbolo del euro en un ojo, y en el otro, una cereza. Y con mirada tierna y de máquina tragaperras ronronea: "Pero 50 euros cada entrada... es mucho para una sola noche!!" Un escalofrío recorre de puntillas mi brazo, siento serpentinas en el estómago y en mi cabeza, el vértigo de un rascacielos. Y yo le digo: "Andrea... ¿será amor esto que siento?"

Y ella responde: "No Paola, lo tuyo es tacañería a flor de piel."

Pues enciende la máquina y dale al botón de hacer billetes. Saca dos o tres de 50, que el sábado nos vamos de conciertos, aunque me quede sin un duro.

viaje diario

La chica del metro se parece a ti durmiendo y no sé en qué canción vas a despertar.
En la próxima parada suben los monstruos que olvidamos en el túnel cada día. No queremos dejarles entrar, pero las puertas se abren y ya es demasiado tarde para estar en otra parte. Incluso para pensar en algún camino que nos lleve no más lejos de nuestra habitación, porque mi deseo es viajar por tus cercanías y subirnos al globo en pijama y con calcetines a rayas. Para pasar estas vacaciones de miércoles-tarde a jueves por la mañana, enviando postales con vistas a nuestra ventana o a la silla, "Queridos amigos, qué bien no lo estamos pasando esta noche, mirad esta foto que nos acabamos de hacer junto al escritorio. Besos". Corre a despertarme si sueñas conmigo.

la palabra del cajón

La guardaba en la mesita de noche. Había una palabra en el fondo del cajón, junto a los bolígrafos que dejan de funcionar y las entradas de cine.

La palabra no era inútil por sí sola pero no podía dejarla escapar por cualquier tontería. Prefiere guardarla.

Como pasan los días en un papel, pero no tan rápido, volaron los meses en paracaídas con sus demostraciones acrobáticas de calendario. Un tiempo que pasaba, y no era en vano, porque se daba cuenta de todas las cosas que hacía, cuando le escribía cartas a David y le faltaban folios, y añadía frases entre línea y línea, tartamudeando, con las ideas amontonadas y sin espacio.

Una mañana de nubes bajas decidió darse un capricho, un impulso que encaminara su propósito. Decidió acercarse hasta la tienda, pero esta vez no sólo contemplaría el escaparate, entraría dentro, se aclararía la voz y con seguridad pediría una T. El hombre que estaba detrás del mostrador, iba hablando mientras miraba las estanterías
- ¿T de Te quiero va bien?…

Ahora

Te estoy mirando.
Te miro
mientras tus dedos me acarician los labios. Me dices "espera" e inclinas la cabeza hacia la ventana.
Ahora parece que no estás aquí, pero sigues enfrente y yo me siento espera en tu boca. Estoy dentro como una sílaba pegada al paladar, después suspendida en la punta de tu lengua, y estás a punto, casi a punto a punto de pronunciarme.
Tu otra mano está inmóvil, callada, recostada boca abajo... y en el hueco, no sé que puede haber,
no sé si hay cuentos o verbos que nos fijen un tiempo donde estén todos y podamos decir me-tocabas-me-tocas-me-tocarás, todo seguido y que signifique algo.
Algo de lo que podamos hablar tranquilamente mientras deja de llover o se hace de noche, cuando me vuelco sobre la palma de tu mano y te digo: "ahora".

Sé que estás

pensando en mí cuando mi cepillo de dientes cae torpemente al suelo. Porque son las 7:00 y estás despertándote y me dejo arrastrar hasta tu cabeza. Porque en la radio ponen canciones indescifrables a esas horas y no sabes si suenan de verdad o medio dormida cantas. Y casi dormida te preguntas, si me gustaría alguno de los estribillos de tus sueños.

Mi madre no deja de repetirme que soy un desastre, "¡eres un desastre!", y un vaso está hecho añicos en el mármol de la cocina. Pero yo sonrío y te guardo con mis descuidos en secreto.

Porque sé que estás pensando en mí.

Haces que el teléfono se estrelle contra el asfalto y que los cordones se desaten. Tropiezo con las escaleras y el periódico se va volando con las notícias de hoy. Tanto pensar y pensar en mí... un hombre me toca por la espalda, "Eh, se te ha caído esto..."

Es inútil intentar retener tus pensamientos con las manos. Mis monedas ruedan por la acera. Las recojo y se vuelven a caer. Y las recojo, …