domingo, junio 21, 2026

Cariño, hacen turnos


El supermercado al que voy abre los domingos cuando empieza la temporada de playa, porque está muy cerca. En domingo hay otros trabajadores que no son los de los días de entre semana. Este es un dato que me recuerda que hace mucho tiempo tuve un amor que, siempre que íbamos a alguna tienda que estaba abierta en festivo y yo decía "pobrecillos, qué mierda que tengan que trabajar", ella siempre me contestaba amorosamente: "cariño, hacen turnos". Y ahí se acababa el drama. Me encantaba esa solución.

Entre los que trabajan en festivo, está un chico que lleva un mullet y bigote. Un bigote muy joven. Como de 19 años. El primer día que pasé por la caja y estaba él, se le notaba que no tenía mucha práctica. Todo iba bien hasta que llegó la bolsa de los melocotones. Se los quedó mirando y me preguntó flojito "¿son melocotones o nectarinas?". Me pareció muy tierno que no los supiera distinguir y la verdad es que me llenó el corazón de algodones de azúcar rosa. 

Hoy, también estaba él en la caja, y mientras yo estaba pagando cuatro cosas que necesitaba, ha entrado un hombre de la calle, muy enfadado, reclamando que le había cobrado "apios" en vez de "puerros". La diferencia era de céntimos, pero bueno, la gente es la gente.  Él ponía cara de no haber roto un plato, pero yo sabia muy bien qué es lo que había pasado. Pues adorable, qué más decir... Ha tenido que llamar al encargado porque no sabía hacer el cambio y la cola cada vez era más larga. Finalmente, ha confesado: "es que he confundido los puerros con los apios".

Un chico que trabaja en un supermercado y que la lía porque confunde la fruta y las hortalizas siempre estará bajo mi protección. Yo le daría el mejor turno y le pondría los dibujitos de la fruta mucho más claros. Amén.


 


viernes, junio 19, 2026

Plan improvisado



Esta tarde he ido a ver a una cantautora que se llama Kris Tena (acompañada por Leyre Estruch a las voces), no las conocía, pero me han gustado mucho. Me ha escrito una amiga que tenía entradas y quedaba cerca de mi casa. Ha tocado en un terrado de la calle Pere IV,  justo al lado de donde trabajaba mi padre cuando yo era pequeña. He recordado que en verano, cuando yo ya no tenía colegio, íbamos a comer con él.

Durante el concierto, las golondrinas revoloteaban y cantaban felices. Estaban contentas. Me ha parecido un momento muy bonito, entre lo sagrado y lo profano. He venido a escribirlo para recordarlo. 

Luego hemos estado cenando en un restaurante genovés y estaba todo muy rico, la verdad. Hemos pedido vino para ahogar penas silvestres. Nos ha encantado nuestro plan improvisado.

He llegado tarde, pero mañana quiero madrugar para ir a desayunar con mi madre y volveré a escuchar las canciones en el coche. Echaré de menos a los pajaritos.


sábado, junio 13, 2026

Poner en duda

Estoy afuera, sentada en el suelo con la espalda apoyada en la pared. Veo mucho cielo, muchísimo. Pasan gaviotas, aviones y golondrinas. Hay silencio. Huele un poco a cloro, a piscina, a bronceador. Olores fantasma.

Me he subido un helado (mascarpone con higos) de la heladería de mis vecinas italianas. Me lo he comido aquí, mientras trataba de parar el mundo. He bebido agua fresca. He llorado. He dado plantón a unas amigas. He sentido la brisa del atardecer. 


Esta mañana me he quedado dormida con mi ahijada encima. Tal vez en ella haya algo de mí que pueda permanecer cuando yo no esté. Algunos gestos, alguna receta, alguna anécdota, una carta sin enviar. 


Me apetecía conducir más rato. Y al mismo tiempo quería llegar a casa. Me hubiera gustado marcharme hasta muy muy muy lejos para huir de lo que siento. Pero no funciona así. Lo que siento viene conmigo.


El horóscopo me dice que voy a tener un mes de junio increíble porque no recuerdo qué planetas no se alineaban desde hace 300 años. Voy a ponerlo en duda.



martes, junio 02, 2026

Adagietto

He leído que cuando los barcos van a la deriva se entregan a las corrientes.

Eso me ha pasado hoy en el supermercado.


Avanzaba por los pasillos dispersa, ensimismada, hasta que he chocado con una estantería.


No ha sido un iceberg, pero me ha devuelto a la realidad. Me ha parecido que llevaba una eternidad dando vueltas con un solitario tetrabrik de leche de avena dentro del carro.


Me costaba concentrarme en lo que tenía que comprar. Me he quedado mirando un paquete de rollitos de primavera y he recordado la primera vez que los prové. 


Cuando era pequeña, mis padres tenían unas amigas que vivían juntas. Una de ellas era compañera de trabajo de mi madre. Mis padres nunca pronunciaban la palabra "lesbiana", pero yo tampoco sabía lo que era seguramente. Solían invitarnos alguna noche a cenar. Vivían en un piso de l'Eixample y tenían una hija.


Fue en aquella casa donde comí rollitos de primavera por primera vez. Ahora es una comida corriente, pero en aquel momento era exótica. Recuerdo saborear muy emocionada algo desconocido.


La hija era un poco más mayor que yo. A mí me encantaba estar con ella. Tengo fotos de un verano, juntas en una piscina. Ella lleva en la mano una red para recoger hojas y pinaza. Me tenía fascinada, la verdad. Cuando vi Muerte en Venecia, Tadzio me recordó a ella. 


Tengo un vinilo de segunda mano con la banda sonora de la película. El primer tema es el Adagietto de la sinfonia número 5 de Gustav Mahler. 


(Pienso en Alma Mahler, la Novia del viento, en el desquiciadísimo Kokoscka, la muñeca que encargó hacer idéntica a ella y a tamaño real cuando lo abandonó, aquel escándalo en la ópera... Recuerdo escuchar estas historias en el aula de la universidad, tomando apuntes y mirando por la ventana.)


El Adagietto son 9 minutos para cerrar los ojos y dejar que el corazón tome el rumbo que quiera. A veces por pasajes sin certezas, pero también, por momentos, llenos de luz.