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Los cambios siempre me hacen dudar





He dejado el coche viejo en el concesionario, y aunque en un principio no era mi coche sino el de mi madre, durante estos dos últimos años ha sido mío. Para ser sincera, me hubiese dado más pena dejar mi primer coche, que se ha salvado por los pelos. Pero bueno, a finales de semana tendré el nuevo y se me pasará la tristeza por, a fin de cuentas, una máquina. Supongo que desde que fingí enamorarme de la robot Silvia, todo lo que lleva maquinaria me toca el corazón.
Estos días de fiesta, apenas sacudíamos las sillas de la playa porque se iba a ir al desguace, y total, por un poco de arena en el maletero... Qué rastrera. El coche viejo hoy ha adelantado a los últimos camiones de la A-7, hoy ha vuelto por última vez del apartamento, hoy ha pasado por última vez por el peaje. Lo he vaciado. Fuera mapas, fuera triángulos, fuera chalecos reflectantes, fuera mando del párking, fuera cintas de cassette. Porque era de los de cassette aún. En los compartimientos para guardar las cintas, he descubierto que llevaba una de Beth Orton, una que me grabó una compañera de universidad hace 10 años.

Carol y yo, a este coche le llamábamos "la chica", porque era muy de chica, y al otro, al que aún conservo, le llamamos "el chiquitillo", porque es como un niño. Al nuevo no sé cómo le vamos a llamar, no sé si es chico o chica. Lo sabré cuando lo conduzca y lo lleve unos días.

Carol me ha hecho una foto con "la chica", justo antes de dejarlo en el concesionario. Casualmente, hoy hemos descubierto que los del Google Maps la inmortalizaron aparcada delante de casa.

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