He hecho una canción para felicitar la Navidad

Ahora sí que ya puedo felicitar oficialmente la Navidad y el Año Nuevo, porque ya tengo el villancico listo.

No es una canción que pretenda ser importante, pero sí tiene grandes y buenas intenciones. Espero que os guste y os traiga mucha suerte.

El villancico de este año:


"ESTÁ EN TU CARA" (2009)





Los de las navidades pasadas:


"YA ESTÁ AQUÍ Y YA ESTÁ ALLÍ" (2008)

"VILLANCICO DIMINUTO" (2007)

Dónde está la canción



Sigo sin poder escribir mi villancico. He tachado muchas frases y la idea que tenía me parece demasiado complicada para desarrollarla en una cancioncita de tres minutos. Así son mis problemas. Un suspiro. Eso sí, tengo los acordes y la melodía.

La verdad, este año estoy notando poco la navidad, y eso que ayer, la parte más folclórica de mi familia cantó, incluso, la Mari Morena, y lo escribo así porque me parece más enigmático que junto. Cuántas estrofas, cuántas versiones, y la Mari Morena siempre andando. Me hicieron sacar la guitarra, es lo peor que le puedes pedir a alguien, que saque la guitarra para tocar la marinorena. Ahora sí, todo junto.

¿Por qué será menos navidad este año? Hace frío, llueve, nieva, nos estamos congelando, llevo dos semanas con las manos heladas, hicimos el árbol, el belén, pusimos luces en la foto de Marilyn (la marirubia), el rugido de la caldera cada dos por tres, el festival de los niños, el turrón, la ya mítica selección de canciones navideñas de Popcasting... están todos los elementos pero falta ligarlos. En el fondo, creo que es porque no logro escribir la letra del villancico. Tal vez la convierta en canción de febrero o algo así, porque a este paso no voy a llegar a tiempo. Febrero es un mes de nada, el pobre se merece una canción. Están los carnavales, pero aparte de los canarios, ¿quién lo celebra con fervor a estas alturas?

Y no es que no lo intente, me he puesto ya varias veces, no estoy esperando un momento de iluminación divina, estoy currándomelo bastante. Tengo una teoría: hay dos navidades buenas y una sosa, dos buenas y una sosa, dos buenas y una sosa, dos buenas y una sosa...

Mi antihéroe





En mi casa, para la nochebuena siempre hay algún lesionado. Este año, la estampa navideña la protagoniza mi perro negro, que ha recibido un tijeretazo en la oreja esta mañana en la peluquería. La pinta que tiene el pobre con la cabeza vendada es para echarse a llorar de la risa. No sé el motivo, pero siempre me siento tan identificada con él...

Estoy intentando componer el villancico de este año, pero me está costando, así que va a tardar un poquito.

Encuentros

Cuando los mails, los comentarios y los vídeos se convierten en persona de carne y hueso es increíble. Por eso me parecía tan irreal este mediodía tener a Carmen J. en casa, comiendo paella, bebiendo vino y contagiándonos su risa. Una buena tipa, y tanto que sí.

Cuando se ha marchado he recogido la mesa. Las luces de navidad iluminaban las paredes intermitentemente, algo fugaz se anunciaba con neones: estoy a punto de desaparecer. En un abrir y cerrar de ojos.

A mí me sigue emocionando este vídeo que me regaló por mi 30 cumpleaños, aunque ella diga que se trata de una tontería.

Pues yo debo ser retonta.



video

Me siento eso, feliz, aunque prefiero no pensarlo demasiado. Estoy deseando que llegue la semana que viene para dormir con Carol todas las noches y mudarme, ahora sí, definitivamente, a su casa. Estamos formando una pequeña familia con libros, cd's, dvd's y nuestra ropa.


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Si esta noche alguien me diera calabazas, pedalearía sin parar hasta congelarme. Pero ni eso. Ni eso me aliviaría.

Por suerte, nadie me va a dar calabazas hoy. Qué pereza, sacar la bici y toda la movida.

El trazo de avión, otro tipo de nube


Creo que me he enamorado de esta versión de la mítica canción de Harry Nilson. La voz de Silvia Pérez me encanta. Escuché esta versión por primera vez una noche de verano en la radio y no pude dejar de perseguirla, tarareándola todo el rato para que no se me olvidara. El grupo se llama Las Migas.

Hace tiempo que no publico ningún texto de ficción en el blog. Aquí va algo que escribí la semana pasada para el curso de escritura que estoy haciendo. El ejercicio consistía en mostrar un rasgo de carácter sin decirlo. El rasgo nos lo daba la profesora y los compañeros tenían que adivinarlo al leerlo. A ver si lo acertáis. Ya sé que sin dar pistas es un poco difícil.



***

David subió al 23, el autobús que lo llevaba al hotel donde se celebraba el XXIV Congreso Internacional de Astronomía. No dejaba de mirar el cielo, su gran proyecto estaba a punto de ver la luz ante cientos de expertos en la materia.

Sus ojos buscaban desde hacía tiempo todos los tipos de nubes existentes en el firmamento: stratus, stratocumulus, cumulonimbus, nimbostratus, altostratus y, por supuesto, el trazo de avión, que era la que más le fascinaba. Se formulaba muchas preguntas sobre esos caminos dibujados ahí arriba: ¿a dónde llevaban?, ¿estaban permanentemente allí y se revelaban al pasar una aeronave?, ¿eran los pilotos los descubridores y exploradores de aquellas sendas blancas?

No tenía pase de acreditación, en realidad no sabía ni lo que era eso. Su cuerpo menudo se coló entre los trajes y corbatas de los invitados al evento. Él, por su parte, había hecho todo lo posible por adecuar su ropa a la circunstancias. Optó por los pantalones grises del uniforme y un polo blanco con chaqueta azul marino.

Fue tras la intervención del prestigioso astrónomo Rufus Garamond, cuando David apareció en el escenario tras las cortinas negras. Los allí reunidos no daban crédito. Se acercó al micrófono y se dirigió al público con voz clara y firme, como si fuera a cantar en el festival navideño.

Empezó diciendo que iba presentar su proyecto sobre las estelas de avión. Contó que una tarde, mientras paseaba a su perro Matías -un chucho negro, dijo-, miró hacia el cielo y se fijó en el rastro que dos aviones habían dejado al cruzarse allí mismo, sobre su cabeza. Fue entonces cuando pensó que todas aquellas carreteras flotantes no estaban dibujadas en ninguna parte y que él, David Mejías Candil, de quinto B, con 10 años casi 11, podía ser el primero en dibujar un mapa de los caminos blancos del cielo de Barcelona. Es más, no sólo había hecho un plano, también diseñó un atlas fotográfico con las imágenes de cada uno de los senderos, a los que había bautizado con las iniciales de los compañeros de su clase: A.L., J.D., M.H., L.B., I.G., E.M. -de Estela Marín, la más guapa-, R.S., etc. Mientras soltaba su discurso, pasaba las páginas de un dossier con fundas de plástico donde había encuadernado todos los dibujos y fotografías.

Tras la intervención se hizo silencio absoluto. Un aplauso aislado se convirtió, como sucede con las tormentas que empiezan poco a poco, en una gran ovación. El publico de expertos en la materia quedó maravillado ante aquel chaval que había visto el cielo con unos ojos diferentes a los de ellos, tal vez con los ojos de un corazón puro y sin manchas.




Dedicado




Hola, sis. Estoy esperando a que se hagan las patatas para hacer una tortilla. Mi madre me ha dicho que las deje a fuego lento hasta que se pongan blandas. La he llamado antes. El otro día nos fue a buscar al aeropuerto con un trozo de empanada de pollo que hizo por la mañana y que estaba riquísima por la noche. Escucho bandas ligeras lideradas por chicas morenas. Carol está trabajando en su mesa. Yo sigo en la cocina esperando a que se hagan las patatas. El curso de escritura nos va bien, los compañeros no saben nada. Fingimos que no nos conocemos, así es más divertido. Hacemos ver que nos leemos por primera vez.

Creo que las patatas ya están hechas. Ahora tengo que escurrir el aceite y mezclarlas con el huevo y todo eso.

Luego viene lo que más miedo me da. A mi padre, una vez, haciendo una tortilla de patatas se le espachurró toda por los fogones en el momento de darle la vuelta. Yo tenía diez años o así. Puso el plato encima de la sartén y cuando la giró, la tortilla se fue escurriendo por un lado. Yo lo estaba viendo, pero él no. Cuando fue a ponerla en la sartén de nuevo para que se acabara de hacer, vio que no estaba y dijo: ¿dónde está la tortilla?!
No sé por qué no le conté donde estaba.


Tampoco sé cual es la moraleja. Pero creo que la tiene. O por lo menos, me gustaría tener una para ti esta noche.