30 de marzo de 2015

Fotocopia a color para un flequillo que sueña




































Hoy he viajado en tren. Iba mirando por la ventanilla cuando he visto aparecer la mano de un niño. Una mano que contaba muchas historias. Yo estaba viendo con el corazón en ese momento. 

El niño parecía soñar. Yo también. Pero no teníamos uno de esos sueños que se planean y se dividen en pasos y se contrata a un coach y a un hipnólogo y a un experto para lograrlo. No.

Era un sueño en mayúsculas, de los de antes, de los de apoyar la cabeza y ya está. Y de los de estar en él sin darse cuenta.



24 de marzo de 2015

Como una fotocopia

QUE MALA SOY DOSIFICÁNDOTE


TRANSCRIPCIÓN. Es como si intentara subir por unas escaleras automáticas que van en sentido contrario y, claro, todo el tiempo estoy en el mismo lugar.

No recuerdo temporada más extraña en mi vida que esta en la que estoy. Ya va para dos años. Lo curioso es que cada día espero que se produzca algún tipo de milagro. Me refiero a que no ha pasado un sólo día en el que no me haya buscado aquí y allá. No recuerdo ni un día (y dale) de esos en los que simplemente las horas pasan y no estás ni bien ni mal, en los que vas a trabajar, comes, vuelves a casa, ves la tele y te sabes todos los anuncios. No. No ha sido así en ningún momento. Creo que por eso no engordo ni un gramo, a pesar de de los bollycaos y los donettes. Todo es intenso, lo bueno y lo malo.

Hace una semana empecé a grabar a las primeras personas que veo pasar por delante de mi ventana balcón cuando levanto la persiana por las mañanas. Como esto es una fotocopia no puedo poner el vídeo, pero pondré una foto de una de esas personas al azar que veo. Es curioso que con cientos de calles, millones de caras y 24 horas al día, pase esa y no otra. Por eso las grabo.


23 de marzo de 2015

Una conexión en plan: lo has visto




Hoy he salido bastante tarde de casa, a las 10:45 todavía estaba cerrando la puerta, pero milagrosamente a las 11:05 entraba en clase y además era la primera en llegar. En el pasillo de la parada de Paseo de Gracia, el largo no, otro, el que conecta con el andén de la amarilla, me ha adelantado una chica que iba corriendo con una mochila de piel  y que ya por las escaleras avanzaba diciendo "perdón, perdón, perdón, perdón".

Al final del pasillo había un músico –un chico con una gorra, vaqueros, camiseta y gafas– y justo cuando la chica que corría ha pasado por delante, él ha dado el primer zarpazo a su guitarra. Ha sido muy emocionante. Le he mirado y hemos tenido una conexión en plan "lo has visto, lo has visto, ha sido genial cuando ella ha pasado corriendo y he empezado a tocar", yo he pestañeado una vez para decirle "sí, ha sido genial, la vida es bonita ahora, en este momento". No he podido pararme porque llegaba tarde. La canción era Street Boy. Gracias, chico del metro.


16 de marzo de 2015

11




Dijeron que los cometas pasarían a las 11. Pero sólo una vez.

El 11 era un número que, hasta ese momento, yo no había visto antes.