
Me he metido en un lío.
Bueno, mejor dicho, he metido en un lío a Clara Monforte, mi personaje en el Hotel Melancoisla. Un lío del que no sé salir, es evidente, Clara Monforte lleva sin escribir en su blog un mes. <---aquí suena una alarma tipo anti-incendios--->
Todo empezó cuando se me metió en la cabeza convertir a Clara en vampira. ¿En vampira! ¿Pero qué dices! ¡Pero si no pega ni con cola que ahora se convierta en vampira!
Para, para. OK.
Pero es que yo quería un golpe de efecto, darle un giro al personaje. Entonces fue cuando se me ocurrió que podía hacerla vampira. Lo malo es que investigando por ahí (Google y una tarde en la biblioteca) empecé a ver el tema de los vampiros de un modo diferente, digamos que no tan romántico como me parecía en un principio. Y empecé a rajarme.
¿Cuál es el problema? Que aunque Clara Monforte no ha salido del armario "vampiril", relativo a vampiro, sí ha dejado pistas. Concretamente, Clara escribía el día 15 de octubre:
Minutos más tarde, un dolor en los dientes no me dejaba dormir. ¿Cómo puede doler algo de textura tan sólida? Pues sí, todo el mundo sabe que pueden dolerte los dientes aunque sean duros y fuertes como una piedra.
La pista: a Clara le duelen los dientes porque le están empezando a crecer los colmillos.
Ahora sería muy fácil desentenderme de ese dolor de dientes, no mencionarlo más, pasar del tema y no convertir a Clara en vampira. Punto. Total, quién lo va a notar... Pues yo, yo lo noto. Y por eso estoy dándole vueltas.
O sigo con mis planes y la convierto, o me invento algo para justificar que Clara mencionase el dolor de dientes recordando una noche tan importante como aquella.
Tengo otro pequeño problema. Quién escribe el personaje Elena Trueno, que no soy yo, ya descubrió la pista de los dientes:
Se repetirá la historia: desvanecimientos, dolor de dientes, insomnio por las noches… (...) La sustancia está en su piel, en su cuerpo, en todo su ser. Hicimos el amor y pronuncié la palabra en su cuello sin que se diera cuenta. El deseo y el placer la cegaban, la aturdían. Y yo la sentí al borde del precipicio. Ella aún no debe de haber abierto la caja que hay en su habitación porque si no sabría quién soy y que mi alma no pertenece a este mundo ni a este tiempo.
Más claro no puede estar. Cuidadín que esto se pone serio. Vampira fija.
Además, tengo una entrada guardada en borrador en la que Clara Monforte sigue con el rollo de los dientes sin mencionar nada sobre los vampiros pero preparando el terreno.
No sé qué hacer.









