17 de abril de 2014

Primavera

Esta mañana estaba congelada la lluvia de ayer, pero ha hecho un día bonito y de sol, aunque frío.
Después de desayunar una porción de tarta de zanahoria, me he ido a pasear durante muchas horas por muchos lugares. Está siendo bonito y valioso para mí todo esto. Ya no volveré en mucho tiempo, supongo, pero ya me siento en paz.

15 de abril de 2014

He vuelto a un lugar del que me marché corriendo hace ya bastantes meses. Creo que he vuelto para reconciliarme conmigo. Todavía no lo sé.

Ha hecho dos días de primavera total. Ayer estuve tomando el sol en Central Park después de pasear un montón  y la gente estaba sin camiseta. Un pelín exagerados. Estuve feliz.  Entre los rascacielos vi a dos chicas que llevaban a un grupo de niños de guardería. Qué pequeñitos se veían. Un hombre en el metro decía que el sonido de los tambores transportan nuestra alma y por eso antes el ser humano se comunicaba a través de ellos. Hoy he dormido con la ventana abierta y he escuchado sirenas y gente en la calle hasta muy tarde. Por la mañana cantaban los pájaros y ladraban los perros. Ayer también. Han sido tres despertares muy hogareños en Manhattan, me parece curioso. Estoy en un apartamento muy acogedor. Me gusta mucho la ventana desde la que puedo fumar. La escalera de emergencia es muy vieja y creo que me daría más miedo bajar por esa escalera que cualquier emergencia. La persona con la que convivo y que conocí hace algo más de 48 horas me ha preguntado si quería un huevo frito para desayunar y le he dicho que sí, y luego ha dicho algo que no he entendido pero después me he dado cuenta de que me preguntaba si me gustaba mojar en el huevo. Lo ha hecho con mantequilla. Estaba muy rico. Es hospitalaria y generosa. Hoy está lloviendo y esta tarde me gustaría ir al cine porque me hace ilusión ver alguna peli de estreno.

12 de abril de 2014

Provisionalidad


Me acabo de dar cuenta de que está lloviendo y tenía la toalla del gimnasio tendida. Huele a lluvia en la ciudad. Lluvia sobre cemento, ladrillo, uralita. Las vistas que tengo desde mi casa me gustan tanto que a veces creo que están retocadas con algún tipo de programa. Esta tarde sólo tenía ganas de irme a la cama a descansar. He picado unas bravas con una cerveza y unas aceitunas en la terraza de un bar con unas amigas. Luego ya no tenía hambre. Me he metido en la cama porque estaba colapsada. También me sentía sola. Pero sin dramas. Sabía que era un miedo pasajero.
 
Recuerdo la vez que  encontré a mi madre en el pasillo de un hospital, en una camilla, con un camisón verde de papel, con ojos desconocidos, que no eran los de mi madre, y verla de lejos como una persona que tiene miedo y apenas reconocerla, pero a la vez saber que era ella. O cuando a mi padre le quitaban el tubo en la uvi y me miraba con ojos que tampoco eran los de mi padre, pero sí era él. Son esos momentos raros, en los que no sabes muy bien quién es el otro, porque está en otro papel. Me angustia no reconocer o no reconocerme.

Todavía no sé lo que quiero en mi vida, no puedo visualizar nada en concreto actualmente. A veces tengo ideas y  me agarro a ellas por un rato. Tengo, desde hace tiempo, un sentimiento de provisionalidad ante todo. Ante mi casa, mis amistades, mis ilusiones, mi rutina, mis pensamientos. Nadie sabe. 

11 de abril de 2014

Me cansan un montón los títulos

He tenido tres días de alegría, en algunos momentos desenfrenada. Hoy ya me estoy calmando. Casi que mejor porque tenía el estómago lleno de piedras. Pero me ha servido para darme cuenta de que  puedo volver a sentir un montón de sensaciones buenas a tope. Ayer hice una meditación guiada. Mejor así, si no me duermo. Tuve que visualizarme delante de mí y, curiosamente, me vi distinta, no me lo esperaba. Me pareció ver a alguien del pasado, que era yo, pero que ya no soy. Fue una sensación extraña. Puede que haya sufrido una pequeña muerte de mí misma en los últimos tiempos y no he sido consciente hasta ahora. No creo que sea malo porque la vida parece que sigue.

Todas las mañanas veo a varias personas desconocidas que se cruzan con mi vida de desconocida. Veo a una mujer con una anomalía en la cara, tal vez sean las secuelas de un accidente o una malformación de nacimiento. Siempre va con un perro que la escucha, la observa y la lame mientras toma el sol frente al edificio de oficinas. En ese lugar también me cruzo con una chica de fuera, lo único que sé es que es de algún país anglófono. En invierno llevaba orejeras y ahora que empieza el buen tiempo lleva vestido corto y va en patinete al trabajo. Tiene un poco de acné en las mejillas y me parece atractiva. En el bar de la esquina del metro está siempre en la misma mesa la mujer solitaria que toma café con la mirada perdida. Ayer vi cómo se marchaba con alguien, riendo y conversando. Dejé de verla solitaria.

Cada día bailo mejor que el anterior, creo que se me está subiendo a la cabeza; voy a tener que darme un baño de modestia o seguir creyéndomelo. Lo decido después de Semana Santa.