lunes, 2 de mayo de 2016

"El final te va a dejar igual"

Tarde en el parque con mi amiga Gemma, hablando de lo bonito que es el mes de mayo y del poco dinero que tenemos. Observando a los perros felices y comiendo galletas bio veganas ecológicas y de comercio justo con cerveza.

He pensado que tal vez voy a llevar casco en la bici. De repente, he sentido mucho amor por mi cabeza. Puede que influya que ayer viera un accidente bastante aparatoso bajando por  el Paseo de San Juan.

Me ha dado por fijarme en lo que hacen las personas que se sientan a mi lado en el metro. Una chica de unos veinticinco buscaba en google imágenes "pistola de narco forrada de diamantes". En cambio, la señora de mi derecha, de unos cincuenta y largos años, veía un vídeo titulado "El final te va a hacer llorar". Yo podía palpar que la señora estaba impaciente por pegarse el berrinche. Incluso yo lo estaba esperando.

La mujer llevaba unas gafas negras, así que no he podido comprobar si realmente ha surgido efecto el vídeo. Pero sí me he preguntado para qué ver en el móvil cosas que hacen llorar. Más tarde se ha puesto a eliminar las fotos que no le gustaban de su nieto. Que el niño salía en un tobogán con los ojos cerrados, botón papelera. Que el niño salía movido con la cara borrosa, botón papelera. Y así la señora se ha ido cargando fotos y más fotos.

Me he aficionado a Snapchat y me pego hartones de reír yo sola. Ojalá pudiera ser japonés y adolescente. Pero ya no estoy a tiempo para ser japonés.

Me gusta mucho mi trabajo actual pero gano la mitad de lo que ganaba en mi trabajo con ambiente Chernobil de antes. También es verdad que hago menos horas. No sé. La vida es un poco así. Toxicidades "bien pagadas" (para como está el patio) o calma placentera  mal pagada.

También me ha dado por escuchar a Bambino después de comer, que hacía bastante tiempo que no me lo ponía y me gustaba bastante en una época en la que. En la que no sé.





miércoles, 27 de abril de 2016

Noche de lobos

La vida no deja de sorprenderme con sus complicaciones. Yo quiero que sea sencilla. Sencilla como un árbol, una planta o una fuente. O un domingo por la mañana. No sé si llegaré a experimentarlo de nuevo. En el fondo, tengo la esperanza de que sí puede serlo. Me siento abrumada. Cansada. Hoy me siento triste.

Mi plan de perfección se ha ido a la mierda porque no he fregado los platos. Pero he ido a la piscina.

Esta sensación de no encajar es muy adolescente. Esta mañana, escuchando a Prince, he recordado a una persona con la que me escribía cartas durante la adolescencia, y de paso, me he acordado de otra. A ambas las conocí porque puse un anuncio en una revista de música. Busco gente para hablar de rock de los 60.'s y 70's. Me escribieron dos personas que me doblaban la edad.

La primera, Anna, que era una mujer que había tenido problemas. Y quién no, pienso ahora. Entonces pensaba que sólo algunas personas tenían problemas. Tenía un hijo de 7 años. Yo la veía bastante mayor, claro, pero a la vez pensaba que podía aprender mucho de ella. Había sido batería y siempre vestía con camisetas de grupos. La primera vez que nos vimos fue en un bar, aquí, en Barcelona. Mantuvimos una amistad entre postal y presencial durante varios años. Hablábamos de música, su grupo preferido era Led Zeppelin. Era aficionada a la astrología y me hizo una carta astral. Por Navidad, yo solía mandarle algún regalo para el nene. Nos veíamos de vez en cuando. Nos queríamos mucho. Yo tenía 16, ¿17? Internet no existía.

La segunda persona se llamaba Eva y era una fanática de Prince. El otro día, cuando murió su ídolo, me acordé de ella. Además, era fan de Janis Joplin. También me doblaba la edad, pero recuerdo que pensaba que a los treinta y pico quería ser como ella. Un día me mandó una foto con su novio, frente a la típica galería interior, donde se tiende la ropa. La cocina tenía azulejos blancos con una especie de sol abstracto en color anaranjado. Ella levaba el pelo decolorado, como rubio pollo, y despeinado. El novio se llamaba Simón y tenía cara de chico malo. Vivían juntos en un piso, cerca de la Sagrada Familia. Estuvimos escribiéndonos cartas durante dos años. No llegamos a quedar nunca, pero sé que su amistad fue importante para mí. En cierto modo, he estado persiguiendo aquella fotografía, con ellos dos abrazados, ella sonriendo y él con cara de dormido, desde entonces.

He sido muy feliz durante los últimos tres meses. Ha sido una especie de regalo muy largo, como si estuviera a punto de abrirse permanentemente, o comos si hubieran muchos escondidos y todos fueran para mí. Feliz es la palabra más exacta que se me ocurre.

martes, 26 de abril de 2016

Rosas esclavizadas





Hoy he empezado a leer de nuevo Just Kids, de Patti Smith. He leído la línia que escribí en la primera página, en lápiz, cuando me compré ese ejemplar (años antes lo había regalado a una amiga): "marzo'14, feliz". Así que dentro de aquel desierto existencial tuve momentos de iluminación. Vaya, vaya.

Sant Jordi era un día tranquilo y bonito. En el que podías pasear y regalarte libros. Ahora, la gente sufre entre la masa, se lincha en el metro y pasean atontados con la pobre rosa. A la mierda el Sant Jordi masificado y las rosas esclavizadas. ¿Cuántos años hace que no me regalan una rosa? Creo que tres o cuatro. :-/ No tengo palabras, sólo emoticonos. :-o :-x

Hoy me he encontrado a dos madres de dos ex-alumnos en el metro. Una de ellas era una de mis preferidas. Es un diamante inmaculado y rebelde, no sé cómo decirlo. En la salida del colegio, cuando recogía a los niños, yo escuchaba guitarrazos de Jimi Hendrix a su alrededor cuando la veía.





Jamás hubiera imaginado que haría un viaje de 11 paradas con ella. Nunca habíamos hablado y es muy agradable. Pero lo que me ha impactado de verdad es que me dijera que los niños me echaban de menos, que era algo generalizado. "Algo generalizado", ha sido la expresión que ha utilizado. Por un lado, me he sentido orgullosa -se supone que eso quiere decir que hacía bien mi trabajo, que ya lo sabía- pero, por otro, me he visto pensando de nuevo en mi futuro laboral. Y como ya lo tenía decidido y aparcado, me ha incordiado. "Tu sustituta... bueno sí, lo hace bien, pero no es lo mismo". ¡Ja! Lo sabía. Pero no pienso volver.

Sigo sin regular el sueño.

jueves, 21 de abril de 2016

Propósitos


Gasolinera abandonada en Poble Nou



Esta mañana estaba "el cantautor" en el pasillo de la parada de Paseo de Gracia. El cantautor suele tocar canciones nostálgicas y de añoranzas variadas. No me da tiempo de procesar lo que dice, pero suenan palabras como "paraguas", "tu pelo", "aquella mañana". Cuando paso por allí y lo escucho durante –¿30 segundos?– me lo imagino sonriendo en fotografías, con su ex. Fotos de viajes, findes, cenas y fiestas. Y me parto de risa por dentro. Si él supiera...


A veces echo de menos tener novia-novia (como la que tuvo el cantautor). Y poder hacer planes-planes y fingir que sabes-sabes perfectamente dónde vas a estar el otoño que viene, llegar a ese acuerdo silencioso en el que dos personas ignoran, expresamente, el factor impredecible de la vida-vida.  Es como tener contrato hasta diciembre, o algo así. En plan: no hay nada de qué preocuparse por unos meses, aunque sea algo ilusorio, porque te pueden despedir. Sin embargo, me cuestiono si debo superar esa necesidad de "falsa seguridad" y vivir al día, o si debo gestionarla de algún modo. Lo gracioso es que lo expreso y ya empiezo a sentir menos presión. 

Llevo un par de días con problemas de sueño. A las 20:00 me muero de cansancio. A las 24:00 soy un ave rapaz nocturna. La primavera es una estación inestable. Ahora sol, ahora lluvia. Ahora sueño, ahora ojos como platos. Ahora espada-drapo (comunmente conocido como esparadrapo), luego verborrea emocional. Creo que me iría bien cualquier pastilla acabada en -epam de las que hay en el segundo cajón. Per fer net, como se dice en catalán.

Propuestas: volver a nadar.

Propuestas: regular el sueño.

Propuestas: no pensar en el futuro.

Propuestas: gestionar mis necesidades.

Propuestas: entender mis emociones.

Propuestas: comprar una llave inglesa.

Propuestas: montarme en un ferry con mi bici y recorrer una isla. Montarme en un barco con mi coche y recorrer otra isla.




martes, 19 de abril de 2016

Esparadrapo






Al volver a casa me he cruzado con una chica en la calle que sonreía mirando hacia el suelo. Probablemente estaba recordando algo bonito. O algo que le ha hecho gracia. Hay momentos así. En los que te sientes indestructible.

Admiro la fortaleza que tienen algunas personas. También admiro a la gente que se deja llevar, aunque tengan miedo.

Hoy estoy silenciando algo. Emociones, sentimientos, pensamientos. Lo que sea que vaya primero. Ya me pierdo entre tanta interpretación. Últimamente, es como si yo misma me pusiera un esparadrapo en la boca.

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