viernes, abril 10, 2026

Disociación

Cuando he llegado al hospital, me he maquillado dentro del coche. Un maquillaje de primeros auxilios, solo para mí. 

En el ascensor, he coincidido con un paciente que ayer bajó a la calle con un enfermero a recoger un pedido del Kentucky Fried Chicken. 

Cuando he llegado a la habitación, mi madre estaba despierta y me ha sonreído. Me he puesto contenta al verla mejor.

Una enfermera nos ha enseñado cómo cuidar la ileostomía. Yo recordaba algunos detalles de la vez anterior, cuando hace veinte años mi madre ya tuvo que llevarla temporalmente. Ahora es de forma permanente, pero los cuidados son los mismos. 

La enfermera llevaba un tatuaje en el antebrazo: Marinetti. Me hubiera gustado preguntarle si era en homenaje al artista al autor del Manifiesto Futurista. Estábamos las tres frente al espejo del baño, mi madre y ella muy concentradas en las maniobras, y yo mirando. Y con la mente, me he ido de allí durante varios segundos. No sé adónde he ido (tal vez a un lugar mejor) pero cuando he vuelto, mi madre estaba empezando a llorar. Entre la enfermera y yo hemos tratado de consolarla. La hemos llevado a la cama. 

Cuando se ha tranquilizado, he bajado a comer.

He salido a la terraza de la cafetería del hospital porque dentro había mucho ruido. He buscado la mesa que me ha parecido más bonita. Una que estaba frente a unas enredaderas y que quedaba entre sol y sombra. Una ensalada de pasta. Mientras iba pinchando los macarrones con el tenedor, un montón de lágrimas se me han ido acumulando en los ojos. 

Me he visto desde fuera, como en una película. Llorando sola, con el rímel ensuciándome la cara mientras masticaba. Si la secuencia la rodase Isabel Coixet tendría un punto melancólico y muy estético, y si fuera Mar Coll sería más cruda. Pensar en la tontería de las películas me ha calmado.

No me ha importado llorar en público. A nadie le importa que llores. Y si les importa, no te dicen nada. 

Por la tarde, han llamado a la puerta de la habitación y ha aparecido una de mis primas lesbianas (en total, somos cuatro primas lesbianas). 

Hemos convencido a mi madre para salir a pasear un poco por el pasillo, eran las siete y media de la tarde. Mientras íbamos pasito a pasito, mi madre me ha preguntado "¿Voy bien peinada?. Le he dicho que sí. He mirado a mi prima de reojo y se ha empezado reír. La verdad es que no, iba cero peinada. 

De vuelta a casa, he esquivado un atasco inmenso en la Ronda de Dalt gracias a google maps. Le he hecho caso y ha sido una buena decisión. Me iba guiando para escaparme por la ruta más rápida. Cuando por fin he llegado a mi calle, estaba cortada por la Guardia Urbana. No me lo podía creer.

He bajado la ventanilla y le he preguntado al guardia que por donde podía acceder a mi parking. Me ha contestado "circule". Le he dicho que podría tener un poco más de empatía, que era tarde y que quería llegar a casa. Se ha puesto como una fiera. 

Me ha dicho que llevaba 13 horas trabajando y que ya había contestado a "300 personas lo mismo", que qué empatía esperaba que tuviese... Me ha llamado la atención que escogiera el número "300". Le he escuchado callada, mirándole a los ojos. No he dicho ni mu por si me multaba, pero por dentro lo estaba mandando a la mierda más grande. Ha finalizado su retahíla de quejas, que ha sido muy muy larga, con un "pase y espérese en doble fila a que se vayan los bomberos". Había habido un accidente. 

He estado dentro del coche unos diez minutos. Me he bajado y me he acercado a otro guardia urbano. "Si us plau, em pot dir si queda molta estona per poder accedir a aquell parking d'allà?" Me ha dicho que sí, que iba para largo, pero que me podía meter en dirección contraria por la calle de abajo.  

Cuando por fin he llegado a mi casa, he bajado a mi perra al parque. Mientras la paseaba, me he sentido muy orgullosa de haber superado un día tan cabrón. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu mensaje secreto.