Hoy mi madre ya está en casa, con dolor, pero aquí. Yo también estoy aquí.
He pasado una hora sentada en el suelo de la habitación, vigilando cada gesto, cuidándola cómo he podido. No está siendo fácil sostenerla a ella y sostenerme a mí al mismo tiempo. Pero lo estoy haciendo.
Hay momentos en los que vuelvo, inevitablemente, a hace cinco meses, a los pies de la cama con mi padre. ¿Ahora me siento más vulnerable que entonces? Puede que sí, que esté más tierna, pero también sé de lo que soy capaz.
Tengo el corazón en un puño, y cuánto más aprieta, más lo siento.
Hay recuerdos recientes que hoy parecen espejismos: aquella buhardilla parisina y aquel vino, instantes radiantes. Sé que aquella felicidad sigue dentro de mí, incluso ahora, bajo muchas capas.
No sé adonde me llevará este periplo, pero encontraré viento favorable.
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