¿Sabes qué? Un día nevó





Ya llevo guantes, bufanda y abrigo largo.

Una niña de primero se me ha acercado esta mañana y me ha dicho: "¿Saps què? Un dia va nevar."* Ambas hemos puesto cara de asombro. Un día nevó. Qué día más bonito y destacado, el que nevó. Qué día blanco y helado, tan único, casi imaginado. "¿Doncs saps què? un altre dia tornarà a nevar."** -he respondido yo-. Los ojos como platos.

Ha sido una niña de 6 años la que me ha encontrado. Las 9 y 10 creo que eran. Caía agua nieve del cielo.

*¿Sabes qué? Un día nevó
** ¿Pues sabes qué?
Otro día volverá a nevar.

Dejar de ser otra


Si digo "jamás un theremin sonó tan alegre." ¿De qué grupo estoy hablando?

Días raros. Aún no he encontrado el ritmo. Aún no estoy en la rutina y la necesito para salir de ella. Estudio poco piano, escribo poco, no hago canciones... pero sigo imaginando proyectos que ya es el colmo de la reimaginación. Y leer, leer sí, a Murakami estos días, pero sin pasión. Eso sí, me encantó el cuento “El año de los espaguetis”. Habla de un tipo que pasa un año entero cocinando espaguetis. Eso es la soledad. Es verdad. Cocinando soledad en una gran olla y aliñándola con diferentes salsas. Qué útiles son las salsas, cómo lo enmascaran todo.

No quiero ser adicta al trabajo o algo así. Hoy he logrado pasar la tarde sin hacer nada. No quiero cenar ensaladas aburridas y sosas. Quiero bocadillos de chorizo que huelan a ajo. A ver si en Madrid me encuentro. ¿Y si una vez encontradas no queremos volver ni ésta ni la otra?

Lo de no estudiar piano me mata. Luego me siento muy culpable y el atracón de notas el miércoles por la tarde no lleva a ningún sitio. Lo peor es que me gusta pero no lo hago. Tiraré de amor platónico por mi profesora, a ver si funciona. Antes lo hacía pero la confianza mata lo platónico. Aún así, su modo de colocarme los dedos sigue siendo especial, sirve para cruzar el parque sonriendo.

Mi perro negro gozó el otro día de una playa vacía y corrió como un caballo. Podría decirse que cabalgó toda su vida, no dejó ni una pizca para mañana.

“Ahora sí que hace frío”, apunta mi madre al teléfono.


brillar, vivir, tintinear

Me siento alejada. A veces paso y me saludo con la mano pero es tan poquito el rato que me cruzo que apenas lo noto. Voy en un tren, en un autobús, en algo que se mueve. Y quiero decirme muchas cosas, pero paso tan rápido... Hoy he llegado pronto y he desayunado en el bar. Me ha parecido una parada. Desde la ventana veía los restos de un edificio derrumbado, los azulejos y el papel de la única pared en pie. El esqueleto de las antiguas habitaciones. Construirán un nuevo bloque más moderno, más seguro, mejor. Pero hasta que lo levanten, lo que queda del antiguo sigue a la intemperie y con una capa finísima de humedad y frío. Finísima es peor que fina porque es más sutil, no tan evidente. Supongo que seguiré sintiéndome lejos hasta que agarren bien los cimientos nuevos. Las últimas cosas que me dije hablaban de fruta y de árboles. De brillar, de iluminar. Algo como vivir. Tin, tin, tin, tin, tin... el sonido de un triángulo. Mandarinas. Quiero ser cantante de rock.
Que el cor no m'hi cabia al pit.

Colirio





Cuando me molestan las lentillas pienso un poquito en esa cosa que aún sigue dándome pena, porque me humedece los ojos. Pero es que a mí las cosas que no entiendo no hay manera de entenderlas. Pero no es nada que me cambie el humor, en sencillamente un poco de colirio natural.

Hoy me siento muy Emilio. Me gustan los post de Emilio porque son de chico que sale a la calle y empieza un nuevo día.

Hoy me he besado con Carol en el coche, a oscuras, y me ha recordado a cuando no tenía casa para besar. Ha sido un beso de esos que sólo se dan la primera vez. Carol, con sus ojos de replicante, Carol y sus cien colores que aún no conozco. Hoy me ha esperado muerta de frío a que yo saliera de la sesión de estudio de mi ombligo, que cada vez está más definido, y luego nos hemos tomado un Bitter Kas porque es rojo, y hay pocas bebidas rojas.

Me hace gracia porque cuando entro a la consulta, la ombligóloga anota algo rápidamente, y no sé que puede ser... pues no sé... "Hoy ha entrado sonriente y perfumada, pero eso sí, algo despeinada."

Luego he perdido el coche en el parking. Era la plaza 3229 no la 2932.

Es bonito el cartel que ha escrito el tal Rafael, ¿verdad?

He visto atacar naves en llamas más allá de Orión



Hacía meses que no tocaba el piano en mi casa en domingo por la mañana. Ayer lo hice. Mi perra rubia tomaba el sol. Mi perro negro lloraba un poquito porque le cuesta ser valiente. Y tanto que cuesta. "Abriga las notas", me dijo mi profesora la semana pasada, pero yo tenía los dedos fríos y el vals era sobre hielo. Pensé en bufandas, guantes, gorros, leotardos. Y claro, a la vez en leopardos.

Algunas de las cosas que he visto son imaginadas.

Es nieve en las montañas

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2 de noviembre. La lluvia del barrio es nieve en las montañas. El cemento gris y mojado es nieve blanca allí, en la noche. Yo antes escribía de amor, que es como hablar de amor, pero ahora, en esta casa, bajo los tejados que sobrevuelan los coches del futuro, sólo deseo que me toque la lotería (quien dice lotería dice la quiniela, o una beca, o la rifa en la feria) para poder dedicarme al amor. Qué aburrimiento, pensarán algunos. La esperanza siempre tiene algo pendiente. Y por qué no, hoy espero que me lea la chica de Daimiel, y que repita conmigo: "La pasta con tomate siempre está buena- La pasta con tomate siempre está buena", de ese modo ya seremos dos con la misma certeza.