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Dejar de ser otra


Si digo "jamás un theremin sonó tan alegre." ¿De qué grupo estoy hablando?

Días raros. Aún no he encontrado el ritmo. Aún no estoy en la rutina y la necesito para salir de ella. Estudio poco piano, escribo poco, no hago canciones... pero sigo imaginando proyectos que ya es el colmo de la reimaginación. Y leer, leer sí, a Murakami estos días, pero sin pasión. Eso sí, me encantó el cuento “El año de los espaguetis”. Habla de un tipo que pasa un año entero cocinando espaguetis. Eso es la soledad. Es verdad. Cocinando soledad en una gran olla y aliñándola con diferentes salsas. Qué útiles son las salsas, cómo lo enmascaran todo.

No quiero ser adicta al trabajo o algo así. Hoy he logrado pasar la tarde sin hacer nada. No quiero cenar ensaladas aburridas y sosas. Quiero bocadillos de chorizo que huelan a ajo. A ver si en Madrid me encuentro. ¿Y si una vez encontradas no queremos volver ni ésta ni la otra?

Lo de no estudiar piano me mata. Luego me siento muy culpable y el atracón de notas el miércoles por la tarde no lleva a ningún sitio. Lo peor es que me gusta pero no lo hago. Tiraré de amor platónico por mi profesora, a ver si funciona. Antes lo hacía pero la confianza mata lo platónico. Aún así, su modo de colocarme los dedos sigue siendo especial, sirve para cruzar el parque sonriendo.

Mi perro negro gozó el otro día de una playa vacía y corrió como un caballo. Podría decirse que cabalgó toda su vida, no dejó ni una pizca para mañana.

“Ahora sí que hace frío”, apunta mi madre al teléfono.


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