Noche de lobos

La vida no deja de sorprenderme con sus complicaciones. Yo quiero que sea sencilla. Sencilla como un árbol, una planta o una fuente. O un domingo por la mañana. No sé si llegaré a experimentarlo de nuevo. En el fondo, tengo la esperanza de que sí puede serlo. Me siento abrumada. Cansada. Hoy me siento triste.

Mi plan de perfección se ha ido a la mierda porque no he fregado los platos. Pero he ido a la piscina.

Esta sensación de no encajar es muy adolescente. Esta mañana, escuchando a Prince, he recordado a una persona con la que me escribía cartas durante la adolescencia, y de paso, me he acordado de otra. A ambas las conocí porque puse un anuncio en una revista de música. Busco gente para hablar de rock de los 60.'s y 70's. Me escribieron dos personas que me doblaban la edad.

La primera, Anna, que era una mujer que había tenido problemas. Y quién no, pienso ahora. Entonces pensaba que sólo algunas personas tenían problemas. Tenía un hijo de 7 años. Yo la veía bastante mayor, claro, pero a la vez pensaba que podía aprender mucho de ella. Había sido batería y siempre vestía con camisetas de grupos. La primera vez que nos vimos fue en un bar, aquí, en Barcelona. Mantuvimos una amistad entre postal y presencial durante varios años. Hablábamos de música, su grupo preferido era Led Zeppelin. Era aficionada a la astrología y me hizo una carta astral. Por Navidad, yo solía mandarle algún regalo para el nene. Nos veíamos de vez en cuando. Nos queríamos mucho. Yo tenía 16, ¿17? Internet no existía.

La segunda persona se llamaba Eva y era una fanática de Prince. El otro día, cuando murió su ídolo, me acordé de ella. Además, era fan de Janis Joplin. También me doblaba la edad, pero recuerdo que pensaba que a los treinta y pico quería ser como ella. Un día me mandó una foto con su novio, frente a la típica galería interior, donde se tiende la ropa. La cocina tenía azulejos blancos con una especie de sol abstracto en color anaranjado. Ella levaba el pelo decolorado, como rubio pollo, y despeinado. El novio se llamaba Simón y tenía cara de chico malo. Vivían juntos en un piso, cerca de la Sagrada Familia. Estuvimos escribiéndonos cartas durante dos años. No llegamos a quedar nunca, pero sé que su amistad fue importante para mí. En cierto modo, he estado persiguiendo aquella fotografía, con ellos dos abrazados, ella sonriendo y él con cara de dormido, desde entonces.

He sido muy feliz durante los últimos tres meses. Ha sido una especie de regalo muy largo, como si estuviera a punto de abrirse permanentemente, o comos si hubieran muchos escondidos y todos fueran para mí. Feliz es la palabra más exacta que se me ocurre.

Rosas esclavizadas





Hoy he empezado a leer de nuevo Just Kids, de Patti Smith. He leído la línia que escribí en la primera página, en lápiz, cuando me compré ese ejemplar (años antes lo había regalado a una amiga): "marzo'14, feliz". Así que dentro de aquel desierto existencial tuve momentos de iluminación. Vaya, vaya.

Sant Jordi era un día tranquilo y bonito. En el que podías pasear y regalarte libros. Ahora, la gente sufre entre la masa, se lincha en el metro y pasean atontados con la pobre rosa. A la mierda el Sant Jordi masificado y las rosas esclavizadas. ¿Cuántos años hace que no me regalan una rosa? Creo que tres o cuatro. :-/ No tengo palabras, sólo emoticonos. :-o :-x

Hoy me he encontrado a dos madres de dos ex-alumnos en el metro. Una de ellas era una de mis preferidas. Es un diamante inmaculado y rebelde, no sé cómo decirlo. En la salida del colegio, cuando recogía a los niños, yo escuchaba guitarrazos de Jimi Hendrix a su alrededor cuando la veía.





Jamás hubiera imaginado que haría un viaje de 11 paradas con ella. Nunca habíamos hablado y es muy agradable. Pero lo que me ha impactado de verdad es que me dijera que los niños me echaban de menos, que era algo generalizado. "Algo generalizado", ha sido la expresión que ha utilizado. Por un lado, me he sentido orgullosa -se supone que eso quiere decir que hacía bien mi trabajo, que ya lo sabía- pero, por otro, me he visto pensando de nuevo en mi futuro laboral. Y como ya lo tenía decidido y aparcado, me ha incordiado. "Tu sustituta... bueno sí, lo hace bien, pero no es lo mismo". ¡Ja! Lo sabía. Pero no pienso volver.

Sigo sin regular el sueño.

Propósitos


Gasolinera abandonada en Poble Nou



Esta mañana estaba "el cantautor" en el pasillo de la parada de Paseo de Gracia. El cantautor suele tocar canciones nostálgicas y de añoranzas variadas. No me da tiempo de procesar lo que dice, pero suenan palabras como "paraguas", "tu pelo", "aquella mañana". Cuando paso por allí y lo escucho durante –¿30 segundos?– me lo imagino sonriendo en fotografías, con su ex. Fotos de viajes, findes, cenas y fiestas. Y me parto de risa por dentro. Si él supiera...


A veces echo de menos tener novia-novia (como la que tuvo el cantautor). Y poder hacer planes-planes y fingir que sabes-sabes perfectamente dónde vas a estar el otoño que viene, llegar a ese acuerdo silencioso en el que dos personas ignoran, expresamente, el factor impredecible de la vida-vida.  Es como tener contrato hasta diciembre, o algo así. En plan: no hay nada de qué preocuparse por unos meses, aunque sea algo ilusorio, porque te pueden despedir. Sin embargo, me cuestiono si debo superar esa necesidad de "falsa seguridad" y vivir al día, o si debo gestionarla de algún modo. Lo gracioso es que lo expreso y ya empiezo a sentir menos presión. 

Llevo un par de días con problemas de sueño. A las 20:00 me muero de cansancio. A las 24:00 soy un ave rapaz nocturna. La primavera es una estación inestable. Ahora sol, ahora lluvia. Ahora sueño, ahora ojos como platos. Ahora espada-drapo (comunmente conocido como esparadrapo), luego verborrea emocional. Creo que me iría bien cualquier pastilla acabada en -epam de las que hay en el segundo cajón. Per fer net, como se dice en catalán.

Propuestas: volver a nadar.

Propuestas: regular el sueño.

Propuestas: no pensar en el futuro.

Propuestas: gestionar mis necesidades.

Propuestas: entender mis emociones.

Propuestas: comprar una llave inglesa.

Propuestas: montarme en un ferry con mi bici y recorrer una isla. Montarme en un barco con mi coche y recorrer otra isla.




Esparadrapo






Al volver a casa me he cruzado con una chica en la calle que sonreía mirando hacia el suelo. Probablemente estaba recordando algo bonito. O algo que le ha hecho gracia. Hay momentos así. En los que te sientes indestructible.

Admiro la fortaleza que tienen algunas personas. También admiro a la gente que se deja llevar, aunque tengan miedo.

Hoy estoy silenciando algo. Emociones, sentimientos, pensamientos. Lo que sea que vaya primero. Ya me pierdo entre tanta interpretación. Últimamente, es como si yo misma me pusiera un esparadrapo en la boca.

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He convertido mi entrada de ayer en una canción

Esta noche he vuelto a recuperar mi concepto de canción exprés, que son esas canciones que se hacen rápidas y no se piensan mucho.

La letra está inspirada en la entrada de ayer. La he grabado con mi ukelele y con el iPhone. Los ritmos y los efectos los he hecho con Garage Band.

 Soy muy fan de mi canción.

(Editado: Ya voy por la tercera versión)




Para karaoke:

Esta mañana he recibido un mensaje de Juan
Decía: Tu blog es lo único que leo estos días.
Y me he puesto contenta,
tengo ganas de verle,
pero su viaje no tiene fin.

Por la tarde ha empezado a temblarme el pulso,
estaba nerviosa pero no sabía por qué,
puede que fuera emoción,
estaba en los Encantes
buscando cosas para mi bici.

Cuando era pequeña las buscaba
en los containers,
me gustaba ponerle mierdas a mi bicicleta,
en esa especie de mundo de los 7 años
mi bici era siempre la mejor.

 

Mercurio




Esta mañana he recibido un mensaje de  Juan: "Tu blog es el único que entro a leer estos días". Me he puesto contenta. Tengo muchas ganas de verle, pero el suyo es un viaje de los que no se sabe cuando acaban.

El otro día me temblaba el pulso. Estaba un poco nerviosa, pero no sabía por qué. Puede que fuera de emoción. No me suele pasar -lo de que me tiemble. Estaba en los Encantes buscando cosas para mi bici, entusiasmada.  Cuando era pequeña las buscaba en los contenedores de basura. Me gustaba ponerle mierdas a la bicicleta y en la basura encontraba siempre un montón. En esa especie de mundo paralelo en el que vives cuando tiene 7 años, mi bici era la más especial. No la comparaba con ninguna, sencillamente lo ERA. Tal vez por eso, porque no la comparaba, era la mejor. Es una gran lección.









...estaba nerviosa y subí al bar a tomar un café. Mis orejas a contraluz. Mi diminuta cicatriz en la espalda. Mis zapatos grandes pero, curiosamente, mis pies pequeños.

Luego me fui a la playa a dar una vuelta. Me senté un rato. Había un montón de gente pensativa. ¿Qué piensan? Últimamente veo mi ciudad como si fuera nueva.  Ahora voy a dormir entre las sábanas que se han secado al sol.
Puede que esté en ese momento en el que una siente que ha llegado a algún lugar.
Y me dedico a correr de una punta a otra. Como si me hubieran cambiado de jaula.



Júpiter

La vida está llena de plazos. Momentos para apuntarse y desapuntarse. Momentos para ser felices o para comerse un marrón. Para levantarse de la cama a beber agua, para decir "qué bien", o para no tener ni idea de qué dar en clase, o para saber que te esperan en algún lugar, o para que ya no te esperen.

Y para sacar pecho. Pedalear. Nadar. Madrugar. Superar algún miedo. Aceptar que no eres infalible ni infalibre. Para inventarse palabras. Para empezar a echar de menos. Para tocar una canción que nadie conoce.




Entrada nº 1514: Veintisiete rojo




Ha cambiado la visión que tenía de mi vecino desde que me he enterado que se va al Casino de Barcelona cada día. Yo que creía que iba al cementerio a visitar a su mujer. Puede que sea mejor ir al casino que al cementerio, más divertido, pero me está costando asumirlo. Creo que antes iba más con mi estado de ánimo que se fuera al cementerio a llorar. Puede que fuera un reflejo de mí misma. Ahora se va al casino a vivir la emoción de la ruleta y la bola dando vueltas esperando caer en un número o en otro. Me lo contó él mismo en el portal con un tubo de oxígeno en la nariz. De todos los juegos posibles, el de la ruleta, es de los de azar puro y duro. Puede que mi vecino de 80 años, y las distintas visiones que tengo de él, sean una metáfora de mis momentos vitales. Puede que ahora yo esté en un ciclo en el que no sé dónde va a caer la bola, pero sigo apostando. Al principio me enfadé un poco, pensé que lo de ir al casino era un engaño, me lo tomé así. Pero luego, teniendo en cuenta que tiene 80 años y que está solo, me parece de putamadre. Como si quiere hacerse adicto a la heroína. Me parece un buen plan hacerse yonkie a los 80. Tal vez, en vez de geranios, debería regalarle drogas. Pero luego... ya, que se las compre él.
La decadencia de Poblenou sigue dándome cobijo espiritual, todo parece que se haya acabado hace tiempo y sea una cicatriz que, vista en perspectiva, posea un encanto singular. Una importancia pasada que resuena en el presente, una belleza extraña, como si jamás la hubiera experimentado antes, no de ese modo, no de este modo. Incluso, ver pasar un tren –dirección a Vilanova, lo recuerdo– desde un puente, al lado de Els Encants, puede ser un momento trascendente. Me sentí otra vez tomando ese brebaje, entre sedante y excitante, propio de la niñez, que te llena de presente. Me sentí libre y sin miedo.

Sin embargo, el efecto de las pócimas no dura para siempre. La inseguridad salta como una liebre, te mira con los ojos iluminados por los faros, en la carretera... Eso está muy bien.