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Entrada nº 1514: Veintisiete rojo




Ha cambiado la visión que tenía de mi vecino desde que me he enterado que se va al Casino de Barcelona cada día. Yo que creía que iba al cementerio a visitar a su mujer. Puede que sea mejor ir al casino que al cementerio, más divertido, pero me está costando asumirlo. Creo que antes iba más con mi estado de ánimo que se fuera al cementerio a llorar. Puede que fuera un reflejo de mí misma. Ahora se va al casino a vivir la emoción de la ruleta y la bola dando vueltas esperando caer en un número o en otro. Me lo contó él mismo en el portal con un tubo de oxígeno en la nariz. De todos los juegos posibles, el de la ruleta, es de los de azar puro y duro. Puede que mi vecino de 80 años, y las distintas visiones que tengo de él, sean una metáfora de mis momentos vitales. Puede que ahora yo esté en un ciclo en el que no sé dónde va a caer la bola, pero sigo apostando. Al principio me enfadé un poco, pensé que lo de ir al casino era un engaño, me lo tomé así. Pero luego, teniendo en cuenta que tiene 80 años y que está solo, me parece de putamadre. Como si quiere hacerse adicto a la heroína. Me parece un buen plan hacerse yonkie a los 80. Tal vez, en vez de geranios, debería regalarle drogas. Pero luego... ya, que se las compre él.
La decadencia de Poblenou sigue dándome cobijo espiritual, todo parece que se haya acabado hace tiempo y sea una cicatriz que, vista en perspectiva, posea un encanto singular. Una importancia pasada que resuena en el presente, una belleza extraña, como si jamás la hubiera experimentado antes, no de ese modo, no de este modo. Incluso, ver pasar un tren –dirección a Vilanova, lo recuerdo– desde un puente, al lado de Els Encants, puede ser un momento trascendente. Me sentí otra vez tomando ese brebaje, entre sedante y excitante, propio de la niñez, que te llena de presente. Me sentí libre y sin miedo.

Sin embargo, el efecto de las pócimas no dura para siempre. La inseguridad salta como una liebre, te mira con los ojos iluminados por los faros, en la carretera... Eso está muy bien.





Comentarios

  1. Hay una casita al final de la Rambla de Poblenou, dirección a la playa, a mano izquierda, que para mí representa lo poco que queda de esa decadencia de la que hablas. Es mi favorita en ese lugar (que no es el mío, pero que a veces visito).

    Salud!

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    1. Ah sí... ya sé qué casa es, se ha quedado como en medio de la nada. A mí me gusta más la parte industrial de Poblenou.

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  2. Pensar que volveré a fumar cuando sea mayor [soy cachonda, ¿eh?] me llena de vida. Entiendo lo de hacerse yonki a los 80. Yo no lo descarto. Soy muy adictiva... Beso.

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    1. Sí, yo ya estoy deseándolo. Ya sé en qué me gastaré mi pensión. Si tengo... jaja En fin. Un petonàs

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  3. La decadencia, de los sitios o de las personas, desde fuera pueden tener su encanto. El problema es cuando es tu cuerpo el que se llena de goteras y tus pensamientos no son capaces de encadenar nada con sentido..

    jugar al bingo, meterse en las drogas o atracar un banco me parecen buenos intentos de hacerle una rabona al destino...

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    1. A mí encadenar con sentido ya me cuesta... Bueno, aprovecho para decir que mi vecino está ingresado :/

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  4. creo que llevo jugando a la ruleta toda mi vida; y parece que me dé morbo jugarme todo lo ganado al rojo o al negro. Puede más la emoción de la incerteza que la seguridad de lo conquistado. Sigo sin entenderme muchas veces...

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    1. Joder... jaja com ets de desordenat! Eso es ser inmaduro! :P

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