miércoles, enero 07, 2026

Tres primeras veces

Tu inicial ha estado en mi bandeja de entrada en distintas épocas. A veces, cuando estábamos muy cerca, nos alejábamos y nos dejábamos de escribir. Nuestra primera cita fue el penúltimo domingo de 2025. Mi padre ya no estaba. 

Quedamos en Joanic. Llegué pronto y estuve dando vueltas. En la plaza había un carrusel infantil de caballitos. Los niños estaban como locos porque llevaba una semana lloviendo y por fin había salido el sol. En la primera barra de bar en la que estuvimos, me rozaste la pierna y dejé de escucharte, porque sentí una alegría salvaje atravesándome. Tú también la sentiste. Me lo dijiste luego.

Nuestra segunda cita fue en mi casa, el tercer día del año nuevo. Estabas muy guapa. Llevabas una camisa de color teja, que te quedaba muy bien. Te enseñé todas mis guitarras sin nombre. Te recité al oído un poema que había escrito la tarde anterior. Te dije que cerraras los ojos porque lo tenía que leer, no me lo sabía. Luego me pediste que hiciera un esfuerzo y te lo dijera en los labios, sin mirar. Fuiste repitiendo los versos, pero te dejaste el último porque empezaste a besarme.


El poema decía:


algunas cosas se van para siempre

otras vuelven de improviso

solo necesito que sepas

de qué color era el tobogán de mi infancia

cual era mi pizza preferida

y quién me enseñó a nadar

con eso podría empezar

a hacer las paces.


Nuestra tercera cita fue el lunes pasado. Me viniste a buscar a casa de mi madre, yo estaba allí pasando un par de días. Puse en google maps el nombre de un mirador (un mirador poco conocido) y nos llevó hasta el lugar. Aparcaste el coche allí y nos pasamos tres horas dentro hablando y tocándonos, como adolescentes. Vimos el atardecer. Vimos el anochecer. Los cristales se empañaron. 

A mi madre le dije que habíamos ido al cine y que la peli había estado muy bien.