prima, verá que sound





Andrea tiene el símbolo del euro en un ojo, y en el otro, una cereza. Y con mirada tierna y de máquina tragaperras ronronea: "Pero 50 euros cada entrada... es mucho para una sola noche!!" Un escalofrío recorre de puntillas mi brazo, siento serpentinas en el estómago y en mi cabeza, el vértigo de un rascacielos. Y yo le digo: "Andrea... ¿será amor esto que siento?"

Y ella responde: "No Paola, lo tuyo es tacañería a flor de piel."

Pues enciende la máquina y dale al botón de hacer billetes. Saca dos o tres de 50, que el sábado nos vamos de conciertos, aunque me quede sin un duro.

viaje diario

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La chica del metro se parece a ti durmiendo y no sé en qué canción vas a despertar.
En la próxima parada suben los monstruos que olvidamos en el túnel cada día. No queremos dejarles entrar, pero las puertas se abren y ya es demasiado tarde para estar en otra parte. Incluso para pensar en algún camino que nos lleve no más lejos de nuestra habitación, porque mi deseo es viajar por tus cercanías y subirnos al globo en pijama y con calcetines a rayas. Para pasar estas vacaciones de miércoles-tarde a jueves por la mañana, enviando postales con vistas a nuestra ventana o a la silla, "Queridos amigos, qué bien no lo estamos pasando esta noche, mirad esta foto que nos acabamos de hacer junto al escritorio. Besos". Corre a despertarme si sueñas conmigo.

la palabra del cajón

La guardaba en la mesita de noche. Había una palabra en el fondo del cajón, junto a los bolígrafos que dejan de funcionar y las entradas de cine.

La palabra no era inútil por sí sola pero no podía dejarla escapar por cualquier tontería. Prefiere guardarla.

Como pasan los días en un papel, pero no tan rápido, volaron los meses en paracaídas con sus demostraciones acrobáticas de calendario. Un tiempo que pasaba, y no era en vano, porque se daba cuenta de todas las cosas que hacía, cuando le escribía cartas a David y le faltaban folios, y añadía frases entre línea y línea, tartamudeando, con las ideas amontonadas y sin espacio.

Una mañana de nubes bajas decidió darse un capricho, un impulso que encaminara su propósito. Decidió acercarse hasta la tienda, pero esta vez no sólo contemplaría el escaparate, entraría dentro, se aclararía la voz y con seguridad pediría una T. El hombre que estaba detrás del mostrador, iba hablando mientras miraba las estanterías
- ¿T de Te quiero va bien? han salido bastante buenas porque son las que más vendo.
- No, mira, dame una T más ligera...no sé...una T de tornillo o de tomate, con una de esas me arreglo.
- Muy bien. Sí, de esas tengo muchas porque no me las suelen pedir.
- ¿cuánto es?

Salió de la tienda como si llevara un crucifijo bajo el brazo y de camino a casa se paró en el super a comprar pasta de dientes y tiritas, porque le gustaba estrenar pasta de dientes y tiritas en los viajes. Por la tarde, haría la maleta para ir a ver a su hermano a Venecia. Un fín de semana muy corto pero suficiente para que Miguel le explicara los nuevos proyectos de la universidad y todo lo que había estado haciendo ese último año.

Durante la cena del sábado, Miguel le recordó la última vez que estuvieron bebiendo vino como entonces. Y en los cafés, intuyendo que no se iban a volver a ver en mucho tiempo, le dijo con voz de despedida "Te vas a tener que llevar una V de Venecia, de souvenir"

Y le hizo caso.

Cuando llegó a casa, sacó la V de la maleta, y la puso al lado de la T, que aún estaba encima de la cama.

Un par de semanas más tarde, viendo que la V y la T no podían ir solas y que no tenían sentido la una con la otra, se acordó del cajón y de la palabra que guardaba junto a las entradas y los bolígrafos sin tinta.

Puso la palabra frente a la V y la T.
Se las quedó mirando un rato.
Y ya sabía como utilizarlas.

Escribió en un papel la palabra que guardaba.
Le añadió dos E a la V y a la T, muy parecidas a un peine.

Y por fín, viéndolo todo muy claro, muy claro, muy claro, pudo decir, sin tener ninguna duda: Vete a la mierda.

Ahora

Te estoy mirando.

Te miro

mientras tus dedos me acarician los labios. Me dices "espera" e inclinas la cabeza hacia la ventana.
Ahora parece que no estás aquí, pero sigues enfrente y yo me siento espera en tu boca. Estoy dentro como una sílaba pegada al paladar, después suspendida en la punta de tu lengua, y estás a punto, casi a punto a punto de pronunciarme.
Tu otra mano está inmóvil, callada, recostada boca abajo... y en el hueco, no sé que puede haber,
no sé si hay cuentos o verbos que nos fijen un tiempo donde estén todos y podamos decir me-tocabas-me-tocas-me-tocarás, todo seguido y que signifique algo.
Algo de lo que podamos hablar tranquilamente mientras deja de llover o se hace de noche, cuando me vuelco sobre la palma de tu mano y te digo: "ahora".

Sé que estás

pensando en mí cuando mi cepillo de dientes cae torpemente al suelo. Porque son las 7:00 y estás despertándote y me dejo arrastrar hasta tu cabeza. Porque en la radio ponen canciones indescifrables a esas horas y no sabes si suenan de verdad o medio dormida cantas. Y casi dormida te preguntas, si me gustaría alguno de los estribillos de tus sueños.

Mi madre no deja de repetirme que soy un desastre, "¡eres un desastre!", y un vaso está hecho añicos en el mármol de la cocina. Pero yo sonrío y te guardo con mis descuidos en secreto.

Porque sé que estás pensando en mí.

Haces que el teléfono se estrelle contra el asfalto y que los cordones se desaten. Tropiezo con las escaleras y el periódico se va volando con las notícias de hoy. Tanto pensar y pensar en mí... un hombre me toca por la espalda, "Eh, se te ha caído esto..."

Es inútil intentar retener tus pensamientos con las manos. Mis monedas ruedan por la acera. Las recojo y se vuelven a caer. Y las recojo, pero todo se resbala. También caen mis indecisiones, quedándose sin un No o sin el Sí, que también se rinde a la gravedad de tus recuerdos. Saltan los minutos del reloj y para cualquier cita es temprano o tarde, hago tiempo o hacen tiempo.

Mientras tanto, tú, sigues pensando en mí.

Y de esta forma, como miguitas de pan se van cayendo nuestras cosas, cuando nos pensamos a la vez para no perdernos.

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11.5.04>radioblog, "No reason to come home" /Ani Difranco, dentro de Answering Machine, maqueta grabada con su contestador automático cuando tenía 15 años. Sonido: maqueta-contestador