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Todo me parece nuevo



Hoy he pasado por el colegio en el que haré mis primeras prácticas. Es un colegio muy grande. Supongo que los niños lo deben ver muy muy muy muy grande, tres muy más porque a esa edad todo es el triple de grande. Los alumnos llevan uniforme y parecen Beatles desgreñados con los zapatos llenos de barro.

Las madres aparcan el todoterreno donde les da la gana y bajan a hablar y a fumar con las otras madres... mientras algunos conductores protestan a golpe de claxon. Me ha encantado ese ambiente de las madres a sus anchas colapsando la calle con sus coches. Un caos a las nueve de la mañana. Niños que se olvidan el desayuno, niños que llegan los últimos, mochilas andantes con niños debajo, flautas al borde la locura, botas de lluvia.

A las 9 y 12 minutos, justo cuando la conserje cierra la puerta, el lugar se transforma.

La calle despejada y silenciosa, un barrendero solitario sin papeles en el suelo, Música es Tres sonando en la radio y el cielo a punto de llover. ¿Quién no imaginaba lo que ocurría en la calle cuando estaba en clase? Pues a la calle le pasa como al verano, que no dura todo el año, que en la playa también se acaba.

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