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andar-nadar



Mi primer día en Formentera estaba nublado. No había nadie en la playa, únicamente un perro que ladraba en italiano. Era septiembre.

Quedan poco más de dos meses para volver a la isla, pero esta vez contigo. Lo dejé escrito en el aeropuerto de Ibiza. Me emociona pensarlo.

Como tenía muchas ganas de nadar me bañé sin esperar a que despejara el día. Me rozaron los pies unos peces muy pequeños. Luego en seguida salió el sol. El agua me recordó a otra playa de otra isla. Binigaus siempre será Binigaus, desnudas y llenas de barro, comiendo bocadillos y fruta robada del desayuno del hotel.

Mientras yo estaba aquel primer día en Formentera, en un monasterio del sur de la península tú abrías una de las 15 cartas que escribí antes de marcharme. Como si me fuera a la guerra, igual. Te escribí una para cada día y te las di todas juntas para que el correo fuera seguro.

Todo salió tal y como lo inventé para tus cartas.


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