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La resonancia



Yo siempre llevaba un diapasón en el bolsillo. De vez en cuando lo hacía sonar. Por la calle, en las cafeterías, en el cine. Quién sabe, tal vez alguien podía llevar un diapasón que emitiera un sonido de la misma frecuencia que el mío. En el momento en el que yo lo hiciera sonar, gracias al fenómeno de la resonancia empezaría a vibrar el otro. Yo esperaba ese tipo de señales. Dos diapasones contagiándose.

El sábado estuvimos con Nuria y Cristina en el bar de Doctor En Alaska, con todas esas lucecillas de colores, los bancos de madera. Me gusta. Lástima de la música que es horrible como en todos los bares de ambiente de Barcelona. Cuando salimos les conté que en esa clínica de ahí al lado había estado mi padre ingresado cuando le dio el infarto. Siempre lo cuento, soy como un guía turístico. Me sentía tan sola allí, mirando a las cotorras desde la ventana del pasillo.

Hoy me siento afortunada. Diapasón encontrado.

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