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Buscando excusas

Estaba triste pero me ha tocado las manos. Yo he colocado mal los dedos en el piano a propósito. Siempre deberían corregirnos así, acariciándonos.

Hoy me han ofrecido el trabajo con el que había soñado. He dicho que sí. Pero los sueños me dan miedo, sobre todo cuando dejan de ser un sueño. Tal vez me venga grande pero ya creceré, ya creceré, hasta enseñar los tobillos y medio brazo.

Hay dos montañas, en una nos besamos. Mi carta siempre acaba y empieza ahí.

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